8 de septiembre de 2017

María

Por Ileana Medina Hernández




Probablemente la humanidad surgió patriarcal. Si hubo existencia de matriarcados o de sociedades más igualitarias aisladas, las pruebas son escasas. Da igual. A los efectos, desde que hay Historia con mayúsculas, las sociedades que conocemos son patriarcales.
Los mitos fundacionales, tanto los greco-romanos, como los judeo-cristianos, tuvieron como función principal legitimar el patriarcado. Dioses masculinos que usurpaban la capacidad de crear y procrear de las mujeres. De los muslos y costillas de los hombres surgía la vida.
"Parirás con dolor y tu marido te dominará" parece asociar el dolor del parto con la condición de dominada de la mujer. Mujeres empoderadas, salvajes y dueñas de sí mismas parirían sin dolor, como el resto de las mamíferas (lo de la pelvis estrecha por la bipedestación es otra explicación quizás falsa: unas pocas pero cada día más mujeres estamos descubriendo que se puede parir sin apenas dolor, incluso hasta orgásmicamente.).
El cristianismo tuvo obstáculos en su misión de extenderse como religión católica (que significa universal) y no le quedó más remedio que sincretizarse con los cultos más extendidos por las tierras paganas: los cultos a la maternidad, a las diosas, a la fecundidad, a las cosechas, a la tierra. De ahí surgen todas las advocaciones marianas.
Había sacado a la mujer de la Divina Trinidad: Padre, Hijo y... Madre, claro. La omitió y la travistió en el Espíritu Santo. En concesión a los cultos mayoritarios, volvió a incluir a la Madre (con el truco de una Sagrada Familia diferente de la Divina Trinidad). Incluyó una madre aséptica, virgen, asexual, pasiva. Desde entonces, las mujeres debíamos ser, o madres sumisas, o putas usadas y despreciadas a la vez. La sexualidad de las mujeres quedaba aniquilada.
También la de Cristo y la de los sacerdotes. Un mundo con la sexualidad aniquilada es una herramienta poderosísima de dominación: a los bueyes se les castra para que trabajen mejor.
La dominación de la mujer en realidad era necesaria no por la mujer en sí misma, sino para poder dominar a su vez a las criaturas: nacidas con dolor de sus vientres, separadas de las madres al nacer, cambiada la leche humana por leches de vacas, ovejas y cabras, dejados solos para jugar y dormir, castigados, golpeados, sin una madre conectada desde el momento del parto que los protegiera, peor aún, con una madre patriarcalizada que a la vez castigaba, golpeaba, abandonaba y vertía su propia infelicidad de mujer dominada sobre sus hijos.
La humanidad nacida y criada así, tanto ricos como pobres, es muy fácil de ser manipulada. Nos criamos débiles, sumisos, sin autoestima, dispuestos a convertirnos en dominados o dominantes, en víctimas o en verdugos. Así se estructura y se trasmite de generación en generación la sociedad de guerras, esclavos y humanos neuróticos que conocemos.
El culto a la virgen esconde sin embargo, el culto a esa Madre perdida, a esa Madre poderosa que protege y ama, conectada con la Naturaleza, con la Sexualidad y con lo Salvaje. Culto que ha permanecido vivo en diferentes religiones paganas y esotéricas.
Hoy es el día de María. Los creyentes y no creyentes deberíamos recordar que honrar a María es honrar a las mujeres, a su capacidad creadora, y con ella a la Madre Naturaleza. Separarse de la naturaleza y separarse de la madre es lo mismo. La cultura patriarcal es dañina no solo porque daña a las mujeres, sino porque daña también a las criaturas, o sea, a todos. Los hombres también son víctimas de las crianzas autoritarias, desapegadas, de la falta de amor. Es precisamente eso lo que puede llegar a convertirlos en maltratadores, en violentos, en autoritarios... alimentando  una rueda dentada sin fin. 
María fue fecundada por un hombre al que ojalá hubiese amado y la hubiese amado. Parió libre, en la naturaleza, en cuatro patas, en un establo que recuerda su condición de mamífera. El niño fue "adorado": todos los niños son hijos de Dios y deben ser adorados al nacer. Su nacimiento es una bendición y merecen el amor, el respeto y el cuidado de toda la comunidad.
María: te devolvemos tu derecho a tener sexo con placer y libertad, a parir con placer, a amamantar con placer, a criar con placer, a amar con placer y a regar y a difuminar tu amor entre tus hermanas, tus parejas, tus hijos, los animales, la humanidad y la naturaleza.
Humanas: recuperemos nuestra capacidad de amar y de cuidar, a nuestros semejantes y a todos los seres vivos. Recuperemos y honremos la sexualidad, el cuerpo, el manantial de amor que sale de nuestros vientres, úteros y vaginas. Las mujeres somos las tejedoras de amor del universo.
Humanos: honremos no ya solo a la madre que les dió la vida, sino también a todas las mujeres y a los frutos de su vientre. El amor empieza por uno mismo y se difumina hacia quienes nos rodean. No son las leyes ni los rezos los que pueden darnos la felicidad, ni mejorar el mundo. Es el poquito de amor que podemos dar hacia quienes nos rodean. Alegría, amor, generosidad, en cada acto cotidiano.
No se necesitan iglesias, palacios, juzgados... No se necesitan complejos sistemas políticos y legales, complejas escrituras religiosas, complejos sistemas de santería o brujería, complejos manuales de filosofía, complejas novelas abstractas, complejos análisis sociológicos o semióticos: es todo más simple.
Gracias, María. Gracias, Caridad, Candelaria, Pino. Gracias, Oshún. Ojalá los humanos te entiendan de verdad algún día.
Amen.

7 de septiembre de 2017

Lo que sé sobre mí misma

Por Ileana Medina Hernández



Todo lo que sé sobre mí misma lo aprendí después de tener hijos.

No digo que no haya otras maneras de aprender sobre una misma, pero la maternidad ha sido para mí la luz de la linterna divina que me enseñó cuáles son mis limitaciones, capacidades, mierdas, sombras, inseguridades y miedos... y también todas mis luces, mi energía, mi creatividad, mi capacidad de amar y cuidar, mi apertura mental y emocional, mi resistencia, mi tolerancia...la oportunidad de comprobar cómo funciona mi cuerpo, mi inteligencia y mis emociones.

Sinceramente creo que nadie puede presumirse mental y emocionalmente sano sin haber pasado la prueba de tener hijos, o de haber sufrido la pobreza, la emigración, el maltrato o la enfermedad. Si nunca se ha visto obligado a salir de su zona de confort.

Creo que desde el relativo bienestar permanente no conseguimos conocernos a nosotros mismos, por mucha terapia que vayamos o muchos libros que leamos, por mucha comprensión teórica que tengamos sobre la vida o los asuntos.

Si tengo un trabajo que me gusta, y salgo del trabajo y voy a una casa confortable, con una pareja armoniosa, y me dedico a leer, a hacer deporte, a escuchar música, a viajar... vale sí, es un mundo adulto aparentemente sano (así era mi propia vida antes de tener hijos) pero... ¿cómo puedo saber cuáles son mis límites, mi capacidad para responder a las demandas, mi capacidad para amar incondicionalmente, mi capacidad para cuidar, para no violentarme con las demandas y necesidades ajenas, mi capacidad de dar, mi paciencia... en definitiva, lo que podemos llamar mi grado de desarrollo humano, emocional, espiritual?

Siempre digo que es muy fácil ser "gurú" desde un púlpito. Que es fácil ir por el mundo dictando conferencias. Que es fácil retirarse a meditar en soledad, incluso creo que es fácil ser un ermitaño. Todo el conocimiento "espiritual" (igual que el científico, el político y casi todos los conocimientos que manejamos) han sido desarrollados y escritos en su mayoría por hombres que no han cuidado nunca en su vida a nadie, ni a sus propios hijos cuando los han tenido. Que encerrados en despachos, no han puesto a prueba su capacidad para relacionarse con las personas, mucho menos con personas necesitadas, niños pequeños, enfermos, mayores... que tengan que estar al pie del cañón cuidándolos las 24 horas del día los 365 días del año. Cerramos la puerta cuando algo nos molesta y seguimos en nuestro mundo. Alguien nos ayuda con la limpieza, la comida o la ropa... alguien satisface nuestras necesidades más básicas. Es una vida ideal, no lo niego, no juzgo tampoco a quien la lleva, podría ser yo misma en muchos de esos aspectos.

Pero así no podemos ponernos a prueba. Saber cuál es de verdad nuestra capacidad emocional, nuestra capacidad de dar y de cuidar, sin que salgan los demonios, las violencias y las mierdas que llevamos dentro. Todas nuestras neurosis provienen de la falta de cuidados que recibimos cuando somos niños que a su vez proviene de un orden social de dominación. Y esas, solo salen cuando tenemos de nuevo ante nosotras otra niña demandante, otra niña libre y sin programar que nos recuerda constantemente cuán poco libres somos y cuán poca capacidad tenemos para cuidar, para permanecer, para dar.

Me parece una tontería eso de mandar a la gente a "salir de la zona de confort". Nadie sale por su propia cuenta de la zona de confort, y si sales, es porque no era tan confortable como creías. En realidad todos buscamos el confort, material y emocional. Pero es la propia vida la que ya se encarga de ponerte en situaciones que te ponen a prueba. Viví una dictadura, viví situaciones de pobreza, fui emigrante, luego fui madre. En esas situaciones se produjeron digamos "despertares" (el de salir del matrix de la dictadura, el de acostarme con hambre y sin agua para ducharme, el de irme a vivir a otra cultura sola y sin conocer a nadie, el de tener en brazos una maravillosa criatura que lo es todo para mí y depende de todo para mí...) No he vivido afortunadamente enfermedades graves, ni en mí ni en mi entorno. Ninguna de esas situaciones fue sin embargo tan potente como la maternidad. Ninguna me mostró más sobre mí misma y sobre mi linaje y sobre la sociedad.

Sinceramente, dudo mucho que quien no ha vivido una experiencia de cuidado permanente y relativamente larga pueda estar capacitado para dictar sobre las neurosis ajenas, o sobre el desarrollo personal y trascendente, por muy psicólogo o terapeuta o gurú espiritual que sea. Me gustaría ver a un gurú de esos rodeado de niños pequeños, haciendo la comida, limpiando, lavando... a la vez que intenta satisfacer las necesidades de los niños con presencia, amor y respeto por su integridad emocional.

La maternidad y la crianza sacan de nosotras pues toda la maravilla que llevamos dentro. Toda la luz y todo la capacidad de amar que no sabíamos que teníamos. Y también las que no tenemos. Ninguna escuela, ninguna terapia, ninguna lectura, ninguna carrera, ningún taller de crecimiento personal.. tan potente como este.


18 de julio de 2017

"Decálogo de la madre feliz"



1.- Serías igualmente feliz si no tuvieras hijos. Amas tu vida tal cual es antes de tener hijos. No esperas que los hijos vengan a arreglarte ni a darte nada.

2.- El padre de tus hijos te pone mucho y cuando follas con él te sientes como una diosa y con ganas de procrear, como hembra en celo. Están de acuerdo en las cosas principales de la vida y ambos se sienten personas seguras, maduras y felices, juntos y por separado. Sabes que si algún día podéis separaros, él es una persona confiable, la mejor persona del mundo para ser padre de tus hijos.

3.- Cuando el embarazo ocurre, te abres a la experiencia. No te importa que tu cuerpo cambie ni que deje huellas. El colocón de oxitocina y prolactina, y la posibilidad de parir, de lactar y de criar te parecen un reto y una aventura maravillosa.

4. - Sabes que tu vida cambiará y no te importa. Has vivido cada etapa a plenitud y sabes que la nueva etapa comportará maravillas, pero también esfuerzo, cansancio y mucha capacidad de dar y de crecer.

5.- Te informas, lees y preparas, pero sigues abierta a las sorpresas de la vida. Sabes que la vida no puede encajar en ninguna teoría ni dogma. Sobrevives a la cantidad de información que pulula por internet y eres capaz de quedarte con lo que te sirve, sin angustiarte por lo que no.

6.- Aceptas que las cosas no siempre salen como esperas, y que los hijos tienen personalidad propia y no tienen que concordar con las expectativas que te haces sobre ellos. Sabes que, como dijo el poeta, "tus hijos no son tus hijos", no son tu obra y su libertad es sagrada.

7.- Disfrutas aprendiendo las lecciones que vienen a darte. Sabes que ellos son los verdaderos maestros y que la infancia es la edad de oro de la vida. Permites que desde su centro interior, sean los protagonistas de su propio aprendizaje.

8.- Pueden salir dolores, miedos, iras y sombras que no sabías que estaban y otros nuevos. Los dejas pasar por ti, los aceptas, aprendes lo que puedas y los sueltas. El carrusel de la vida se trata de eso. ¡Todo cobra más intensidad, matices y color!

9.- Buscas y cuentas con una red de apoyo, familia, amigas, grupos de apoyo a la crianza, etc... que te echan una mano y te sacan a flote en los momentos más duros. Reconoces tus debilidades y vulnerabilidad,  y eres capaz de pedir ayuda si la necesitas.  Las sociedades modernas son muy solitarias y egoístas, y esto es el peor enemigo de la crianza.

10. Abandonas el perfeccionismo y no pretendes ser todo el tiempo una superwoman. Aprendes a ser feliz con lo que tienes, y además sabes que ser feliz no es permanente ni obligatorio. Estableces tus prioridades y las haces saber a quienes te rodean. Sabes que lo más valioso es el tiempo compartido con las personas que amas, y sacar partido de los pequeños momentos y detalles de la vida cotidiana.

11. No te crees ningún "decálogo de la madre feliz".

6 de junio de 2017

Conciencia plena



te levantas con el pie derecho con conciencia
meditas en la alfombra con conciencia
desayunas semillas con conciencia
te vistes algodón pintado a mano con conciencia
sales a la calle en bicicleta con conciencia

trabajas en una startup con conciencia
ahora las empresas son mindfulness
-no pienses en otra cosa mientras trabajas aquí y ahora-
y te montas tu negocio con conciencia
para enseñar a otros a hacerlo con conciencia
estás cambiando el mundo con conciencia

vas al gimnasio y bailas con conciencia
respiras con conciencia contando hasta veinte
inspiras y espiras
te bañas y defecas con conciencia
media descarga del váter

haces el amor con conciencia
con música budista en conciencia
y aceites elegidos con conciencia
en la tienda verde de la conciencia

cultivas el jardín con conciencia
crías a tus hijos con conciencia
los llevas a colegios con conciencia
lees libros escritos con conciencia
votas con conciencia en urnas sin conciencia
consumes desde y para la conciencia
protestas con orden y con conciencia

a veces la conciencia
se parece demasiado a la disciplina

eso sí
una nueva y liberadora disciplina con conciencia
que te lleva directo a la felicidad
a la inmortalidad
y a la paz mundial
en un solo gesto

pero lo que verdaderamente eres
estalla en el segundo
en ese diminuto segundo
en que se te ha olvidado
la conciencia


Ileana Medina Hernández

24 de mayo de 2017

Lo más revolucionario que me pasó



Decían que era progre leer a Baudelaire
a Kierkegaard y a Camus
a Beauvoir y a su marido
y a los malditos poetas
Decían que era progre apuntarse
a las Revoluciones con mayúsculas
y trabajar en las cosechas de la papa
pero habiendo estudiado
primero a Carlos Marx
para hacerlo con conciencia
Decían que era pogre fumar
tabaco y maría
y beber alcohol barato
probar la ayahuasca y la campana
y seguir las enseñanzas de Don Juan
Dicen que sigue siendo progre
un profesor de filosofía
que lidera un partido proletario
dicen que sigue siendo necesario
Dicen que es progre follar en grupo
y ser homosexual a ratos o todo el tiempo
ser niña y tener pene
trabajar con el ano
Es progre tatuarse la nalga
y operarse la nariz
coger el propio cuerpo
y convertirlo en otra cosa
meterlo en el gimnasio y el quirófano
someterlo hasta que cumpla
qué se cree
Dicen que es progre triunfar en el trabajo
y ser independiente
y divorciarse
y abortar
y suicidarse
Es progre ser una misma, desde luego
Eso sí que es progre
y aceptar a los demás tal como son
hagamos la prueba
Pero a mí, que cumplí fielmente con casi todo lo anterior
-siempre fui una niña buena-
lo más revolucionario que me pasó
-luego de follar con un hombre a quien le ponen las mujeres inteligentes-
fue hincharme con una vida dentro
y hacerme redondita
eso mismo que había hecho mi madre y mi abuela y mi bisabuela
y todas mis tatarabuelas
hacerlo como ellas
pero distinto
con menos sacrificio
sin hombres que golpearan
ni hambres que aguijonearan
dejarme inflar por la vida latiente
eso sí es crecimiento
crecimiento personal de ese que llaman ahora
crecer hasta duplicarme o triplicarme
y luego abrirme en dos
de pie y sostenida
abrirme sin resistencia
abrir la mente y el cuerpo
para que quepan en ellos
todo el universo
también todos los sexos y todas las ideas
esas que no eran progres ni bien vistas
parir es abrirse a lo desconocido
a la vida y a la muerte
dejar tu vieja vida y aceptar la nueva
y amarla como sea
abrirse abrirse
abrirse hasta no ser
para volver a ser
y coger en los brazos
una criatura tiernecita
que era yo misma pero mejor
perfecta
con todas las posibilidades del mundo en ella misma
y mecerla mecerme
y cuidarla cuidarme
y nutrirla nutrirme
Parir y dar la teta
Ay la teta
Cuánta falta de teta en este mundo
Luego nos pasamos la vida buscándola
en todo eso tan progre
que es ser adicto a todo
a todo lo que nos faltó
cuando éramos pequeños
Dar la teta es fluir
convertirme en leche
licuarme
derretirme
brotar a borbotones
derramarme
tapar los agujeros de los sólidos
hacerme río y mar
y convertir las piedras en arena
la vida líquida
sin moldes ni esquinas
el cuerpo aquí y ahora
incontenible
dar amar nutrir
expandirme hasta límites
que nunca estuvieron allí
qué saben los gurús
desde la cueva o desde el púlpito
Después de hincharme
de abrirme
y de licuarme
ahora puedo contarte
qué significan las drogas y las revoluciones.