25 de noviembre de 2020

"8 predicciones para el mundo en 2030"

Por Ileana Medina Hernández

El 22 de octubre la revista Time publicó este artículo firmado por Klaus Schwab, empresario alemán presidente del Foro Económico Mundial, quien también publica este video en 2017:




Se trata de la llamada "Agenda 2030" obviamente.
Aunque estas fuerzas las representen ciertas personas, no creo que sea una "conspiración" de unos malos, ni tampoco el remedio para todo que nos traen unos "buenos". Creo que tanto los "malos" como los "buenos", sea esto lo que sea, somos expresión de unas fuerzas universales que están ahí, antes, después y por encima de nosotros.
La evolución humana nos ha llevado, por un lado, quizás a ser una plaga insostenible. Por otro, a una ética contraria a la "ley del más fuerte", es decir a una consideración cada vez mayor por los "débiles" que son mayoría. Y esto va más allá del conflicto de la izquierda y la derecha, o de su representación hoy en día, que podría ser entre Trump y Soros, por ejemplo.
Estamos hablando en todo caso de millonarios que son los que "empujan" tanto una fuerza como otra: la tradicional izquierda, el "progreso", no nos engañemos, hoy es el lado de la tecnología y la robotización. El progreso, llegados a este punto, no consiste en el humanismo, sino en el transhumanismo, tal como vamos viendo.
Tendremos corazones artificiales, y brazos artificiales, y cerebros conectados a máquinas que se modificarán mutuamente (ya los tenemos, ya nuestros cerebros están todo el día conectados a máquinas que modifican la forma en que se conectan y funcionan nuestras neuronas).
La reproducción sexual y la condición mamífera caen en picado (control de natalidad, infertilidad, aborto, cesáreas, lactancia artificial, vientres de alquiler, transgénero...) es el fin del cuerpo, el fin de la biología y de sus funciones sexuales y reproductivas tal como las veníamos entendiendo, unida a una tendencia clara a la disminución de la población. "Nuestras decisiones" no son nuestras decisiones, son el síntoma de lo que va cambiando.
Probablemente suponga también, a la larga, el fin de la especie humana tal como la conocemos, y su evolución hacia otro tipo de organismos, del tipo de los que hoy llamamos "robots". Es decir, fusionados con la tecnología.
La corriente marxista se ha convertido en la corriente de la lucha por los grupos identitarios (los "dominados" ya no solo por la economía, sino por la cultura) pero la derecha también se ha sumado (la llamada "ideología de género" y la ecología están ya en todas las agendas) y sobre todo la clase intelectual, académica, tecnológica y los medios de comunicación están de forma casi unánime adscrita a esto, tanto en Estados Unidos como en Europa. Ya no son la resistencia, son la hegemonía. Hay matices y conflictos entre ellos, siempre los habrá mientras haya dos humanos que opinen, pero la fuerza arrasadora de la tecnología es quizás hoy lo único indiscutible. La convergencia entre las llamadas "ideas progresistas" y la "robotización" no es siempre bien admitida por la gente que se autodefine de "izquierdas", pero parece innegable.
Esto es lo que está en el plato cuando hablamos de "guerra cultural". Es decir la lucha ideológica que acompaña a la implantación de un modelo económico y político u otro. La guerra es siempre una guerra de poder y muchas veces de ambición personal. Una guerra por la riqueza, que va cambiando de manos. De los terratenientes a los industriales, de los industriales a las petrolíferas, de las petrolíferas a las tecnológicas. De la tierra al intelecto. Del cuerpo a la mente. Las guerras se libran hoy en y con la mente. Estamos evolucionando de lo "material" a lo "inmaterial".
La guerra de poder se disfraza de lucha por la "justicia social" y el bienestar común, pues al fin y al cabo, que unos u otros lleguen al poder significa también mayor bienestar para otros grupos de humanos, nadie llega ahí solo. De ahí que pueda vestirse de utopía, e incluso convertirse en ella. ¿Cuál de los modelos propuestos es mejor para las personas, en qué sentido es "mejor", para cuántas personas, para qué tipo de personas? Esa es la pregunta compleja.
Hubo un momento en que todo esto para mí parecía el apocalipsis. Hoy me he dado cuenta de que es inevitable y no lo para nadie.
Me propongo a mí misma la observación de esta realidad tan apasionante sin luchas internas ni externas, (no siempre lo consigo obviamente, no es fácil abandonar los juicios), lamento si con esto decepciono a menudo tanto a gente "progresista" como a gente "conservadora".
Yo iba para intelectual y me he quedado en la orilla, viendo pasar el río. Ya no soy una persona demasiado informada, no leo mucho, para bien o para mal, así las ideas que aquí comparto no las copio de ningún dogma vendido por ningún medio, de ninguna revista de lenguaje críptico, de ningún congreso patrocinado por nadie... sino que las he ido viviendo en mis propias carnes: la carne de la niña de altas capacidades que se fue de Pinar del Río no a estudiar matemáticas como todo el mundo esperaba, sino periodismo. La carne de la niña que vivió en La Habana de los 90, pasando literalmente hambre y necesidades a la vez que se abría su cerebro y su cuerpo a las experiencias de la vida. La carne de la jovencita que salió de su país muy pronto, con un futuro por delante, pero que llegó a unas islas apacibles que más que a ser catedrática invitaban a la playa, a la contemplación y al amor... y la carne de una mujer madura que tuvo hijos y se dio cuenta de que en la concepción, el embarazo, el parto y la lactancia radica una esencia humana que nunca nadie ha escrito bien, y que venimos a darnos cuenta ahora, cuando ya están en peligro de extinción.
Es la carne quizás hoy lo más revolucionario o reaccionario, según como se mire. La carne de un cuerpo no modificado genéticamente, no modificado por el gimnasio ni por la cirugía, no modificado por las corrientes de la moda... solo modificado por el amor, por la sexualidad bien vivida, por el canal que se abre para que lleguen los hijos, y por el paso del tiempo.
Las mujeres no llegamos a poder comprender bien lo que era una sexualidad femenina bien vivida, en libertad y en poder, acompañadas de hombres grandiosos y generosos... y ya casi se nos hizo tarde.
Todo cambio entraña la tentación del totalitarismo o de la libertad... Las revoluciones burguesas trajeron las democracias pero también trajeron el fascismo y el comunismo. La revolución tecnológica puede usarse para una cosa o para la otra. El control sobre los humanos es hoy más posible que nunca, el pensamiento único, la unanimidad, el linchamiento de los que piensen distinto. Pero también la línea de la evolución humana parece abrirse a lo largo de la historia hacia cada vez mayores cotas de libertad. ¿Podemos confiar? 
Estamos viviendo el paso de lo Material a lo Inmaterial. De la economía de recursos a la economía intangible, de lo industrial a lo intelectual, del cuerpo a la mente, de la tierra al cielo, del petróleo al sol, de lo lleno a lo vacío, de lo humano a lo transhumano. ¿Es eso la Muerte? Siempre fue eso la Muerte para nosotros. Pero también están los que dicen que no existe la Muerte y es solo Evolución.
Sea lo que sea que este mundo traiga para nuestros hijos e hijas, esperemos que sea para bien. Sea lo que sea lo que sientas, cuando veas este video, que sea para bien. Cuando una tiene niños, no puede creer en el apocalipsis, y tal vez empieza a creer en ¿Dios?.

8 de mayo de 2020

Congreso HOGAR SANO, VIDA PLENA del 3 al 7 de junio

¡Ya puedo contarles una sorpresa!

Es un orgullo para mí participar como ponente en este Congreso, organizado por María del Mar Jiménez Redal, fundadora de El Blog Alternativo, uno de los primeros grandes blogs que existieron en español, y líder en temática espiritual, alternativa y ecológica en España.





Este congreso HOGAR SANO, VIDA PLENA, me pareció una idea genial, mucho más en este momento, cuando todos estamos "obligados" a pasar muchas horas en el hogar,  necesitando convertirlo en un lugar donde verdaderamente queramos estar, nutridas emocionalmente, en armonía y belleza.

El congreso incluye muy variadas herramientas prácticas sobre diferentes temas, mi ponencia específicamente trata sobre EL AMOR Y LOS CUIDADOS EN EL CENTRO DE LA VIDA

-> 5 días, 27 personas sabias y expertas
Una gran oportunidad para cambiar tu realidad a muchos niveles
-> Del 3 al 7 de junio 2020
"Antes de cambiar el mundo, da tres vueltas por tu propia casa"
Podéis verlo todo de 2 formas:
🌟 gratuitamente del 3 al 7 de junio al apuntaros. Cada día se da acceso a varias conferencias y se pueden ver durante 24 horas
🌟 acceder a todo el contenido para SIEMPRE en el “Pase Oro” junto con grandes regalos extras.

Espero que pueda serles de mucha utilidad y ¡vayan corriendo a afiliarse! Aquí toda la información:
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3 de mayo de 2020

Origen del Día de las Madres en España

Por Ileana Medina Hernández

El propulsor del ‘Día de las Madres’ en España fue el poeta y escritor palmero Félix Duarte Pérez, quien propuso celebrar este día tal y como se hacía en Cuba y en distintos lugares del continente americano.
Duarte fue uno de los intelectuales canario-cubanos más importantes. Nacido en la Palma, emigró a Venezuela con dieciséis años, publicando sus primeros poemas en la prensa caraqueña.
En 1919 se trasladó a Cuba, donde fundó la revista Cuba y Canarias, de la cual fue su director. En 1923 colaboró en la fundación del Liceo Canario de Cuba, siendo elegido presidente de la sección de Literatura.
En 1930 regresó a Canarias y escribió artículos para el periódico La Tarde y las revistas Mensaje y Hespérides. En 1945 obtuvo en los Juegos Florales de Santa Cruz de La Palma el primer premio por el relato Tanausú. En 1960 publicó el carro alegórico Amor eterno y en 1965 Poemas del Atlántico. Murió a los noventa años en Santa Cruz de La Palma en 1985.
Fue así como Breña Baja, en 1936, se convertió en el primer municipio de España en festejar el ‘Día de las Madres’.
(Fotografía: Monumento de la Plaza de las Madres, en el municipio de Breña Baja, La Palma, que homenajea este hecho)


Fuentes: Wikipedia y Canarias Ahora
 

19 de abril de 2020

La nueva escuela


Pinar del Río, Cuba, 1984-1990.



Don din, don din, don din, don din, don din, don din, don din...
Son las 5.45 de la mañana. Suena la diana por los altavoces. 60 niñas de 11 y 12 años duermen en filas de diez, cinco literas con sus respectivas taquillas.
Cada taquilla, sin puerta, está dividida en tres partes. Una pequeña encima donde van los libros. Una vez, detrás de los libros que iban quedando al fondo, encontré un montón de cucarachas.
Otra parte central, donde se cuelga la ropa de trabajar en el campo y se coloca horizontal la maleta, que no puede llevar candado ni cerrarse, pues pueden ser inspeccionadas por la dirección mientras estamos en las clases.
Y una debajo, donde van los zapatos, chancletas y tenis.
Don din, don din... Se encienden las luces. Por los altavoces suena la radio con un tema de Silvio Rodríguez:
Esta es la nueva escuela/
esta es la nueva casa/
casa y escuela nueva/
como cuna de nueva raza.
"Todo el mundo abajo", va gritando la profesora de guardia. A las más remolonas nos cuesta levantarnos. Somos siempre las mismas, las últimas en acostarnos y las últimas en levantarnos.
Por la noche, las luces se apagan a las 10, o a las 10.30, ya se me olvidan un poco las horas. Algunas seguimos contando chismes bajito un ratito más. Nos contamos películas que hemos visto el fin de semana, hablamos de chicos guapos. El director, un señor bajito y calvo con muy mal carácter, un día me sorprendió en su ronda nocturna alabando el pelo rubio de no sé qué ídolo juvenil y atronó en voz alta: "¿y el pelo mío no te gusta?". Pretendía ser un chiste, pero todas nos quedábamos temblando.
Por la mañana, claro, teníamos muchoooo sueño. Sueño y hambre permanentes. Pero con tal de dormir unos minutos más, algunas renunciábamos al desayuno.
A las 6 y media, al equipo que le tocaba limpiar debía dejar brillando todo el albergue. Un equipo de diez niñas, por filas de camas se rotaba cada semana para limpiar. Los albergues había que limpiarlos ¡tres veces al día! y dejarlos como los chorros del oro, el subdirector de guardia venía a inspeccionarlos antes de salir y no podía encontrar una mota de polvo sobre una taquilla o un pelo en un tragante del baño.
A las 7 de la mañana, formación. Todos los grupos en fila. Acto matutino con lecturas revolucionarias. Consignas de "Seremos como el Che". "Somos fragua martiana, marxista-leninista, forjadora de futuros comunistas".
Revisión por la fila a ver si todo el mundo usaba el uniforme correctamente. Los varones tenían que estar bien pelados, no podían llevar el primer botón de la camisa abierto ni las patas de los pantalones muy estrechas ni ninguna cadena o arete.
Las niñas no podíamos usar adornos de pelo si no eran azules o blancos, los colores del uniforme. Las medias blancas justo por debajo de la rodilla. Los zapatos negros colegiales y bien limpios.
Subida a las aulas a las 7 y 30. Seis turnos de clase. En el receso nos daban de merienda un batido de fresa de polvo diluido en agua, y unos dulces muy secos, por los que no obstante la gente se peleaba si sobraba alguno. Al finalizar, también había que limpiar el aula. Dos niñas o niños cada día.
A la una y media de la tarde, comedor y abrían los albergues. De almuerzo, en una bandeja metálica, arroz blanco, frijoles negros, spam (oh, el spam entonces no era email no deseado, sino un ¡embutido de carne que venía en lata de la URSS!), un poco de col picada y un vaso de leche. Se hacían colas y te marcaban en una tarjeta para que no pudieras pasar dos veces. ¡Eran buenos tiempos en el comedor! Años más tarde llegó a haber solo arroz y un limón. Después de comer, vuelta al albergue y cambio de ropa por la ropa de trabajo.
Por la tarde, según grupos, a algunos nos tocaba entrenamiento en ciencias exactas (yo era de un equipo que competía en Matemáticas y entrenábamos todo el año para luego ir a los concursos nacionales y a las competencias con otras escuelas), otros pertenecían a equipos de deportes (judo, ajedrez, pelota...), otros limpiaban los pasillos y los comedores, y la mayoría, iban al campo a hacer trabajo agrícola. Sí, dos o tres horas interminables de trabajo con la azada, que en Cuba se llama guataca y da origen al verbo "guataquear" que además de labor agrícola significa adular a los jefes. El trabajo ennoblece.
No he dicho aún que estudié en un centro que se llamaba Escuela Vocacional. Era una especie de escuela para alumnos de altas capacidades, a la que se entraba por nota. Una en cada provincia. Eran las mejores escuelas del país, las que mostraban al mundo como ejemplo del gran sistema educativo cubano. Una mezcla de internado suizo con cuartel militar. Esas escuelas tenían laboratorios de física, química, biología, computación, teatro, anfiteatro, piscina (casi siempre sin agua), canchas deportivas, cafetería, etc. El resto de chicos estudiaban también en escuelas internas, pero con muchos menos recursos y mucho peor ambiente. El acoso escolar, los robos, los abusos y la suciedad eran mucho mayores en esas escuelas normales que en la "vocacional", donde también había pero menos.
Recuerdo cuando entré en séptimo grado, once años, las niñas caminábamos por los pasillos agarradas de la mano fuerte unas a otras, éramos nuestro propio sostén. Alguna vez me dejaban llamar por teléfono desde una centralita a casa (luego eso desapareció) y recuerdo el nudo en el estómago, los nervios cuando se podía llamar por teléfono o cuando era el día de visita de los padres, solo los padres de la propia capital provincial podían visitarnos, a quienes eran de otros municipios los padres no podían desplazarse para esas visitas.
Un nudo permanente el estómago, que aún me viene automáticamente los domingos al atardecer, que era la hora en que prepárabamos la maleta y salíamos a los puntos de recogida donde las guaguas nos tragaban de vuelta a la escuela.
A las cinco de la tarde volvían abrir los albergues, hora de baño, relax y cena. Se lavan a mano las camisas del uniforme y se cuelgan en un perchero en la ventana para que se sequen. Se juega con agua, fría por supuesto, en las duchas colectivas. Nos prestamos jabón o champú unas a otras, que llevamos en unos pequeños pomitos con las dosis justas.
Y vuelta a dejar los albergues muy limpios, para a las 8 de la noche volver a las aulas a estudiar y hacer las tareas.
Llegada a este punto de la historia, mi hija exclama angustiada:
-Mamá, por dios, pero eso es abuso infantil, qué injusticia.
Un día a la semana había recreación, hija. Baile en la plaza. Yo no sabía bailar.


 PD: 
(Quiero aclarar que yo no lo viví entonces como una tortura, y que era en esa época una gran "integrada revolucionaria". Lo cual demuestra que los seres humanos podemos vivir bajo la dictadura más cruel, sin ni siquiera darnos cuenta y formando parte de sus aparatos represores.
Si queréis, quedaros con esa moraleja, que se avecinan tiempos difíciles.)

6 de marzo de 2020

El odio a un enemigo

Por Ileana Medina Hernández


El odio proviene de una rabia que es interna, cuya acumulación probablemente tenga su origen, como todo, en el maltrato, represión o dejaciones que sufrimos en la infancia.

Esa rabia/miedo, al no poder expresarse en el momento contra los verdaderos causantes (indefensión aprendida), busca hacia dónde proyectarse.

Y entonces se busca un "enemigo". 

¿Quién será ese enemigo? Ahí entran a jugar las manipulaciones políticas del grupo, que suele decirte cuál es el enemigo sobre el que debes proyectar tu odio/miedo, generalmente un exogrupo (nosotros vs. otros) estereotipado de antemano.

El estereotipo permite meter a todos los individuos de un grupo en una misma categoría y considerarlos a todos por igual, y esa separación por categorías (blancos, negros, extranjeros, ricos, pobres, de derechas o de izquierdas...) nos permite reaccionar abstractamente contra una categoría (el capitalismo, el patriarcado, etc...)  en lugar de contra hechos concretos. 

Para que el odio se concrete y se convierta en guerras que pueden terminar en genocidios es necesario que no veamos a las personas en su individualidad, sino que las consideremos abstracciones: 

"El odio es siempre difuso. Con exactitud no se odia bien. La precisión traería consigo la sutileza, la mirada o la escucha atentas; la precisión traería consigo esa diferenciación que reconoce a cada persona como un ser humano con todas sus características e inclinaciones diversas y contradictorias. Sin embargo, una vez limados los bordes y convertidos los individuos, como tales, en algo irreconocible, solo quedan unos colectivos desdibujados como receptores del odio, y entonces se difama, se desprecia, se grita y se alborota a discreción: contra los judíos, las mujeres, los infieles, los negros, las lesbianas, los refugiados, los musulmanes, pero también contra los Estados Unidos, los políticos, los países occidentales, los policías, los medios de comunicación, los intelectuales. El odio se fabrica su propio objeto. Y lo hace a medida." (Emcke, Carolyn: Contra el odio).