19 de diciembre de 2018

La carencia o el amor

Por Ileana Medina Hernández



El estado psicológico normal de casi todos los humanos es de guerra.
Carencia, lucha, competencia, necesidad, mendicidad, urgencia de recibir algo a cambio, de obtener recompensa, atención, perdón, razón o desagravio.
Estado de miedo, de inferioridad, de rabia, de estrés, modo supervivencia.
Luchar, luchar, luchar, decimos, y nos sentimos héroes.
Pero el estado de lucha, huida o sumisión está diseñado por la biología para situaciones de peligro puntuales. Los humanos, debido a cinco razones fundamentales (a saber: la conciencia de la muerte, la conciencia del tiempo, la conciencia del yo, la sociedad basada en la dominación y la crianza maltratadora... entre otras) lo hemos convertido en crónico, en habitual.
Esto es a la vez la causa y la consecuencia del desamor. La falta de amor, por tanto, el miedo, la guerra, es el estado normal de la civilización humana.
De ahí que sea tan milagroso construir una relación de pareja (y menos aún familiar, grupal, social) basada en el amor real, que empieza por el amor propio, y son directamente proporcionales. Dos naranjas completas que se encuentran y no dos medias naranjas que cojean.
Mientras más completas sean las naranjas, más probabilidades habrá de que los dos círculos se encuentren en el centro. Mientras más agarrotadas estén las naranjas, más pequeñas, más heridas.. menos tendrá para dar y para llegar a la otra. 
La "media naranja" busca que el otro la llene, y a veces por casualidad, nos encontramos dos amebas cuyos seudópodos se complementan, y a eso llamamos amor, pero es frágil, porque las formas son siempre cambiantes.
Ha de sobrar el amor, hemos de reencontrar el manantial de amor interior que somos, hemos de cultivar ser anchos, gordos, amplios y generosos en amor, para que los cambios, las cicatrices, las crisis... nos sigan dejando dentro del círculo que encuentra, abarca, contiene, nutre y comprende al otro.

18 de octubre de 2018

"La biología no importa: todo es cultural"

Por Ileana Medina Hernández 

En todas las universidades se han creado cátedras de estudios de género, en todos los gobiernos centrales y regionales se han creado Institutos de Igualdad y observatorios de género, etc. Cursos, másteres y hasta grados universitarios sobre la cuestión de género son hoy multitud.

El objetivo explícito de estos centros es erradicar la desigualdad de derechos y oportunidades y los diferentes tipos de violencias que las mujeres hemos sufrido a la lo largo de la historia. Lo cual es por supuesto, incuestionable y nadie con dos de frente podría hoy en día cuestionar.

Sin embargo, la idea teórica central que atraviesa casi todos esos enfoques de género (algunos no, como el radfem, me han hecho aclarar), es la misma idea que atraviesan los estudios queer y lgtb y que hoy se ha convertido en dogma incuestionable en todos los ambientes políticos y académicos. Queers y feministas, amén de tener diversas corrientes cada uno, a veces se enfrentan (por ejemplo en relación con los vientres de alquiler) pero en general comparten una idea central que es la siguiente.

"LA BIOLOGÍA NO IMPORTA: TODO ES CULTURAL"

Este es la nueva idea que cualquiera que se atreva a rebatir es acusado de "biologicista", "determinista", "dogmático", "conservador", que discrimina a los homosexuales o que es cómplice de la violencia machista.

"El animal humano se define por su carencia de instintos, porque la naturaleza es tan sólo en él una falta…”; “el hombre no es por ello el producto de una evolución natural, sino tan sólo el resultado de una ruptura con las leyes naturales”; “la sexualidad humana es libre por cuanto no está sujeta a ley natural alguna, se inscribe desde el principio en el terreno de lo simbólico”; “destituyo a la naturaleza lo mismo que a la cultura”… Estas frases (extraídas del prólogo que el poeta español Leopoldo María Panero escribió para una recopilación de textos del Marqués de Sade) son un buen resumen de una poderosa corriente de pensamiento que ha atravesado por el mismo centro a la cultura occidental en sus más de dos mil años de historia, y que parece gozar ahora mismo de su mayor apogeo.

La evolución de pensamiento occidental a favor del individuo, presenta los derechos individuales como sagrados, y así se llega al derecho a la construcción de la propia personalidad como nos dé la gana. La evolución lógica de los derechos individuales llegó con la posmodernidad hasta los "márgenes", abarcando, como no puede ser de otra manera, a todo tipo de sujetos independientemente de su género, raza, condición sexual, etc.

Partamos del hecho de que ninguna persona debería sufrir discriminación de ningún tipo por ninguna característica individual, y que la sociedad debe trabajar por la integración, respeto y dignidad de todas las diferencias individuales.

Ahora bien, si asumimos como hacen las teorías queer (revísese por ejemplo la obra de Beatriz/Paul Preciado y su utopía anal) y buena parte de las teorías feministas, que todo es cultural y nada es biológico, que el sexo por tanto no existe en ninguna de sus variantes... ¿qué ocurrirá con la reproducción sexual humana?

Aquí es donde vemos que las teorías queer y las teorías feministas que niegan toda determinación biológica coinciden, son funcionales a-, son el síntoma sociológico, el plano ideológico, de las líneas del progreso tecnológico que conducen a la robotización. No son los causantes, ojo: son su reflejo en el plano de la teoría social.

Mecedoras de bebés
La reproducción humana se ve cada vez más sustituida por procesos artificiales: prótesis de coito (fecundación in vitro), prótesis de embarazo (vientres de alquiler, ¿úteros artificiales), prótesis de parto (cesárea), prótesis de teta (biberones), prótesis de crianza en brazos (cunas, mecedoras, peluches, luces, cámaras, acción) y luego somos absorbidos el resto de la vida por las pantallas y las cada vez más sofisticadas formas de inteligencia artificial que nos rodean: parece inevitable.

Tanto el desarrollo tecnológico hacia la robotizacióny la protesificación de nuestras vidas, como el fin de las identidades sexuales y de la sexualidad y la reproducción humanas tal como las conocemos, parecen dos síntomas concurrentes de un mismo proceso evolutivo, que en mi opinión poco depende de la voluntad humana, y que parece imparable.

No hago juicios morales. Ni sobre las personas adultas cualquiera sean sus preferencias sexuales y vitales, y mucho menos sobre niños cualesquiera hayan sido las formas de ser concebidos, gestados o criados. Solo llamo la atención sobre la relación existente entre unas cosas y otras.

No soy esencialista, biologicista, ni ningún -ista. No tengo ya siquiera una posición clara sobre qué es ser conservador y qué es ser progresista. Solo intuyo que hoy en día estos conceptos están más relacionados con la relación entre naturaleza y tecnología que sobre la relación entre izquierdas y derechas.

Este blog con más de 3 millones de visitas es en realidad un tratado sobre la condición mamífera humana y sus connotaciones sociales. Hoy sé que esa condición mamífera está en peligro de extinción, como lo está todo lo que llamamos "naturaleza". Si la biología no importa, la naturaleza tampoco. Y el futuro humano aparece relacionado con la robotización, de hecho los gurús lo cantan alegremente: la robotización es el siguiente estadío de la evolución humana y la muerte no existirá. De la transexualidad al transhumanismo.

He simpatizado con los ecologistas. Las personas tradicionalmente asociadas con lo "conservador" en política suelen estar en contra del ecologismo y a favor del libre desarrollo tecnológico/económico. Hay personas que se hacen llamar "ecofeministas de izquierda" y sin embargo están a favor del biberón, de los vientres de alquiler y de los permisos de m/paternidad iguales e intransferibles, por ejemplo. Hay personas de derechas homofóbicas a la vez que aplauden las tecnologías. No ven que todo converge en lo mismo.

Hay más que nunca un caos teórico que no se aclara, entre las izquierdas y las derechas tradicionales, las ideologías de género y las corrientes ecologistas, que introducen nuevos ejes en los mapas políticos y que hace del entrecruzamiento de todas esas variables un batiburrillo ideológico que ya casi nadie entiende.

Es importante intentar desmadejar los hilos y revelar las relaciones existentes entre unas cosas y otras. Luego que cada uno se posicione como quiera, o como pueda.


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La ideología de género y el futuro de robots

La condición mamífera

9 de octubre de 2018

"Quiéreme..."

"Quiéreme
Si no quieres que esté muerto
Porque todo es un desierto
Fuera de ti"
Esto que se describe aquí -tan bellamente por cierto, me encanta Aute- es el sentimiento de un bebé o un niño pequeño que no puede sobrevivir sin su madre.
Si el niño recibe suficiente amor, cuerpo, presencia y atención reales, crecerá siendo un adulto seguro, confiado y capaz a su vez de amar a otros.
Si ese amor primario falta, o se da mal, el niño se convertirá en un ser inseguro y neurótico que buscará toda su vida "que lo quieran", sin conseguirlo.
Y en ese equívoco y esa neurosis se basa todo el constructo de amor romántico falso y dañino que ha predominado en nuestra civilización en los últimos siglos.



"España no puede renunciar..."


No, señor presidente, y señores y señoras feministas que les hacen las políticas de "igualdad". Un país, cualquier país, tampoco debe renunciar es a que sus bebés estén bien cuidados. Los primeros años de vida de los humanos son determinantes en la formación de su sistema cerebral y emocional.
 

Los bebés humanos necesitan contacto físico permanente, leche materna durante años, calor humano, sueño a cualquier hora y acompañado, alimentos frescos, la presencia constante de sus figuras de apego y referencia para que su cerebro, su sistema neuronal y emocional, se formen óptimamente.
"The evolved nest practices include soothing perinatal experience, extensive affection (nearly constant in babyhood), responsiveness to needs to keep the child calm, multiple adult responsive caregivers, breastfeeding on request for several years, self-directed social free play and a positive supportive climate for mother and child. And no punishment." Dice la PhD Darcia Nárvaez resumiendo magistralmente muchas fuentes de investigación científica actualizadas. 
Esto garantiza para el futuro una mayor salud tanto física como emocional, una sociedad más pacífica y más equilibrada, menos violencia intrafamiliar, de género y social. Es la mejor inversión que puede hacer un país en políticas sociales, en felicidad colectiva, en su propia paz y bienestar.
 

Para ello, no es necesario la institucionalización de los bebés desde temprano, sino la extensión de BAJAS MATERNALES Y PATERNALES REMUNERADAS TRANSFERIBLES, que permitan que los cuidadores principales de los niños puedan estar con ellos, al menos durante 2 años, si así lo desean.
 

Eso sería hacer política social avanzada, de altos vuelos.