21 de septiembre de 2016

La paz nace del corazón, dice Facebook hoy

Por Ileana Medina Hernández




Me avisa Facebook de que hoy es el Día Internacional de la Paz y que la paz nace del corazón.

A muchos de mis amigos intelectuales esto les parecerá una ñoñería. Pero la paz, amenazada hoy en día en Occidente ya no por la guerra, sino por ese terrorismo que se disfraza de delincuencia común (o viceversa) y que aparece en cualquier parte, es hoy preocupación fundamental para la mayoría.

Se ha hablado mucho, demasiado sobre cultura de paz y educación para la paz.

Paz.

Pero resulta, que como dice Facebook, la paz nace del corazón más que del intelecto, nace de las emociones. Y las emociones, esas inconscientes subterráneas que estamos empezando ahora a reconocer, se forman desde la vida intrauterina, se impactan en el momento del nacimiento, y se desarrollan principalmente en los primeros años de vida, cuando todavía el intelecto, la memoria y las relaciones sociales no son importantes, ahí es donde se está formando nuestro esqueleto emocional.

Tengo que citar de nuevo a María del Mar Jiménez, de El Blog Alternativo y su estupendo artículo Paz y Crianza: ¿dónde nace la violencia? Hay que volver a citar a Michel Odent y sus artículos sobre la importancia de la etapa primal. Hay que volver a Casilda Rodrigáñez para comprender como la privación del abrazo materno es la base de toda la dominación social y de la devastación emocional que sufre la humanidad. Hay que ir a la neuropsicología y comprender como los primeros momentos y años de vida son importantísimos para la formación de un sistema emocional seguro, confiado, tranquilo, placentero, que es la base de la formación de personalidades empáticas, cooperativas, solidarias, pacíficas.

Hasta que no comprendamos, que ahí, en lo microsocial, en lo doméstico, en lo íntimo, en nuestros cuerpos y en nuestros primeros años de vida está la base del iceberg de toda la sociedad en su conjunto, nos seguiremos espantando y lo peor sufriendo, la violencia terrorista, la violencia machista, el acoso escolar, las violaciones colectivas, la delicuencia infanto-juvenil... Es la falta de amor, de cuerpo y de empatía, lo que genera la violencia primaria, no la falta de normas, coacción o disciplina. Un bebé y niño/a criado con cuerpo, presencia, amor, seguridad, comunicación, empatía, satisfacción de sus necesidades emocionales, nunca se convertirá en un asesino.

Trabajemos por la paz, amemos por la paz.

14 de septiembre de 2016

Más en el debate sobre la maternidad

 Por Ileana Medina Hernández

La obra de Antoine Coype, 'Júpiter y Juno en el monte Ida" que ilustra el artículo de El Mundo



El otro día, la periodista Mar Muñiz, de El Mundo, me mandó un cuestionario para un reportaje sobre un libro que se anuncia en estos días y sobre el que ya escribí aquí.

El reportaje de El Mundo es este.

Como, lógicamente, no podía incluir todas mis respuestas, las reproduzco completas aquí:
  • Dices en tu post que está de moda todo lo vinculado a las malas madres. Te pregunto por qué está de moda o por qué, al menos, lo crees tú.
Pues constato que está de moda porque hay una comunidad social en España con ese nombre, con mucha actividad, El Club de las Malas Madres, que aunque al final no sean "malas madres" de verdad, ironizan y sacan partido, incluso publicitario a ese nombre. No veo que haya clubes de malos médicos, malos políticos o malos padres. Sin embargo, parece que con esto sí se puede jugar. También hay una película en cartelera con el mismo nombre. Y sobre todo, hay una enorme y grandísima blogosfera maternal de todo tipo y color. El tema de la maternidad ha salido a la luz, y por primera vez, gracias a los blogs y las redes sociales, escrito por las propias madres. La maternidad había estado siempre confinada al espacio doméstico y a la intimidad, y por primera vez todo lo que se habla sobre maternidad, lactancia, sueño infantil, etc... suscita grandes debates y audiencia en las redes sociales y en los medios online. La maternidad, los cuidados, lo doméstico está empezando a ser tema público y político y creo que eso es bueno.
  • Hay opiniones que niegan que la maternidad sea un instinto. Dicen que, de serlo, todas las mujeres querrían tener hijos. Que es todo una construcción social.
A ver, todos los mamíferos -y los humanos lo somos- tienen una serie de comportamientos definidos cuando nacen sus crías, pues las crías de mamíferos, a diferencia de los reptiles, necesitan cuidados, cuerpo materno y leche de su especie al nacer. El instinto maternal, si es algo, no serían las ganas de tener hijos, sino la capacidad de responder a las necesidades de la cría cuando esta nace, es la propia cría la que induce el comportamiento de cuidado de la madre cuando ambas no se perturban, según indican los estudios que aporta por ejemplo, el prestigioso neonatólogo Nils Bergman. Podemos discutir si en el caso de los humanos "todo es cultural" y en todo caso, qué tipos de culturas, a la corta o a la larga, nos beneficia o nos perjudica como seres vivos. Simone de Beauvoir, en su paradigmático libro El Segundo Sexo, coge el ejemplo de varias mujeres que conoce, y que no son felices con su maternidad, para "demostrar" que no todas las mujeres se sienten felices siendo madres. Lo mismo ha hecho hace unos años la francesa Elizabeth Badinter y ahora este nuevo libro " madres arrepentidas". Es una obviedad. Por cierto, el titular sensacionalista que se ha manejado en los medios de comunicación "si murieran mis hijos sería un alivio" me parece no solo escandaloso sino incluso probablemente delictivo. O es que podría yo publicar en titulares por ejemplo "si murieran mis jefes, sería un alivio" o si murieran las feministas, o mis padres, o cualquier otra persona. ¿Como vamos asumir esto como una "gracia" cuando se trata de los hijos? 
  • Dicen, también en esta línea, que la crianza natural aumenta la "esclavitud femenina". También me interesa tu opinión sobre esto.
La "crianza natural" o con apego, o respetuosa, que muchos nombres recibe, podría ser una esclavitud si alguna mujer la asume como un mandato. Pero si la practica libremente y con placer, pues no es una esclavitud. Cada mujer es madre como mismo es persona, y somos mayorcitas de edad y tenemos bastante información, más que nunca, como para que cada una decida cómo quiere criar a sus hijos, siempre dentro de la legalidad, que hasta donde sé, son los únicos límites obligatorios para todos. Lo otro, es información, opinión e ideología, y con eso cada una puede hacer lo que estime conveniente. Nadie puede obligar a una mujer a dar el pecho, o a cogerse una baja maternal de más de seis semanas. La que quiera dar biberón e incorporarse inmediatamente al trabajo es muy libre de hacerlo e incluso el sistema casi la obliga a ello. En Estados Unidos se están creando grupos de presión por una baja maternal digna, liderados por dos mujeres cuyos hijos han muerto de muerte súbita, relacionada con la incorporación a la guardería a los 15 días de nacidos. Se trata de ver si las que queremos hacer otra cosa, también podríamos ver aumentados nuestros derechos a permanecer con nuestros hijos.
  • ¿Continúan las presiones sociales como para que en Occidente haya mujeres arrepentidas de su maternidad?
Las presiones sociales para ser madre, puede que existan. Todo el mundo sabe que puede haber una vecina impertinente, una suegra o alguna compañera de trabajo que te pregunte ¿y los hijos para cuándo?. Pero no veo que haya ninguna otra presión social. Y a la vecina, a la suegra o a la señora de la cola de la charcutería, bien podemos dar poca importancia a lo que opinen si nosotras decidimos no tener hijos. Mi hermana y muchas de mis amigas no han tenido hijos, y no veo que les haya ocurrido nada. Son felices con sus vidas y sus profesiones. Los mercados más bien presionan en sentido contrario, y los estudios indican que las mujeres españolas tienen menos hijos de los que quisieran por motivos laborales. La presión laboral es en mi opinión mucho más real, porque puedes perder tu trabajo, tu carrera o tu oportunidad, que lo que pueda pesar "el qué dirán" si decides no ser madre. En el ambiente en el que me muevo, hay muchas mujeres sin hijos y no veo que se siental mal por ello.
Arrepentirse una vez que los has tenido es una cosa bien distinta. Como digo en mi post, claro que pueden existir y existen madres arrepentidas de serlo. Y madres tristes, enfadadas, deprimidas, agobiadas, solas. Todo el mundo se siente a veces triste, arrepentido, agotado, agobiado, solo, frustrado, rabioso... haya tenido hijos o no. Son estados normales de la vida, no necesariamente patológicos. Hay grados. Y hay momentos. También hay madres maltratadoras, abusadoras, narcisistas, neuróticas, violentas, enfermas, incluso suicidas o asesinas. Lo que tenemos que debatir es cuáles son los factores sociales, grupales, familiares e individuales que pudieran mejorarse para que las madres, pero no solo las madres en general todas las personas, se sientan más felices, más apoyadas y más acompañadas en la crianza de los niños. El suicidio es una causa de muerte en aumento en países como España, también la depresión, la ansiedad, la soledad, en grados más o menos patológicos. Todo eso aflora de forma fulminante, cuando además, tienes a tu cargo a niños pequeños, seas madre, padre o cuidador, pues quien no ha sido sostenido, quien está estresado o quién esta enfocado en asuntos externos, se ve muy desbordado para cuidar o criar. El tema de los cuidados y la capacidad de cuidar tiene que aparecer cada vez más en las agendas políticas y en los debates sociales, para que podamos darnos cuenta de qué es lo que nos pasa.


7 de septiembre de 2016

Gente que respira a gusto

Por Ileana Medina Hernández 



He conocido el ambiente intelectual, el universitario y el de la farándula .... el de la gente que se sabe/cree diferente a "los demás" por su inteligencia, su nivel intelectual, su cultura o su talento artístico.
He conocido el ambiente consciente, alternativo... el de la gente que se sabe/cree diferente a los demás por su nivel de conciencia, las horas que medita al día o lo libres que se sienten de las ataduras mundanas.
He conocido también el ambiente de la izquierda, el de la gente que se sabe/cree diferente a los demás por su sentido de la justicia, de la igualdad o de la solidaridad.
No he conocido muy bien, qué mala suerte la mía, el ambiente de la jet-set, el de la gente que se sabe/cree diferente a los demás por la cantidad de dinero que tiene.
He conocido también el ambiente de la administración pública, ese de los "grises" funcionarios, de los oficinistas y la burocracia, pero también el de la ayuda a los más necesitados, que debería ser el sentido primero si no único de la función pública.
Mis hijos van a colegios públicos, donde hay padres y madres de distinto tipo, desde médicos y profesionales hasta aquellos que no tienen nada, nada de nada, y viven de alguna ayuda estatal o tienen que llevar a los niños en verano al colegio para que puedan comer.
He conocido también -la vida misma es eso- mezclas de distintos grados entre todos esos tipos o que se mueven, nos movemos, de uno a otro.
Mi conclusión a los cuarentaypico es que en todos ellos hay las mismas grandezas y miserias humanas...Hay gente desgraciada, gente desesperada, gente que parece siempre luchar como si se estuviera ahogando aunque aparentemente estén bien y en la cumbre del mundo... Y en todos hay también gente serena, con optimismo y valor incluso en medio de graves desgracias, gente que brilla con luz propia, gente "del montón" que respira a gusto consigo mismos y con el mundo.

1 de septiembre de 2016

Claro que existen madres arrepentidas

Por Ileana Medina Hernández





Claro que pueden existir y existen madres arrepentidas de serlo. 

Y madres tristes, enfadadas, deprimidas, agobiadas, solas. Todo el mundo se siente a veces triste, arrepentido, agotado, agobiado, solo, frustrado, rabioso...  haya tenido hijos o no. Son estados normales de la vida, no necesariamente patológicos. Hay grados. Y hay momentos.

También hay madres maltratadoras, abusadoras, narcisistas, neuróticas, violentas, enfermas, incluso suicidas o asesinas. "Madres basura". No solo es que existan, sino que hasta son muy abundantes. Quizás todas lo seamos un poco. Los propios hijos de Alice Miller o de María Montessori han confesado que sus madres no fueron con ellos como escribieron en sus libros. Que escribir en un papel es muy fácil, y si no se tienen hijos, más todavía.  Y en la práctica todas nos desquiciamos un ratito cada día. Que no se curan siglos de crianza neurótica en una sola generación, en una sola vida, por mucha terapia a la que vayamos y por mucho que leamos o escribamos.

Las preguntas que me vienen a la mente sin embargo son otras.

Por qué cierta parte del feminismo, desde la Beauvoir, pasando por Elizabeth Badinter, Beatriz Jimeno, o ahora Orna Donath...repiten el mismo modus operandi: tomar el ejemplo de unas cuantas madres que se sienten mal, que están tristes o deprimidas, o arrepentidas, para hacer supuestamente ciencia social, y llegar a una conclusión: que no todas las madres siempre están felices de serlo.

A mí esto me parece una obviedad, pero supongo que dado el mito tan extendido de la santa madre, de la madre perfecta virginal, de las madres orgullosas y felices,  etc... muchos consideran necesario y sano sacar a la luz que la mayoría de las madres en realidad lo hacemos fatal. Las malas madres. El tema está de moda. Hasta hay una peli en cartelera. Y es muy rentable además. ¿Por qué vende tanto? Nunca he visto que se hayan anunciado otros libros sobre maternidad como que "aterrizan" o "impactan" en las librerías con grandes ventas, como el de la Badinter y ahora el de Donath. Me gustaría saber el truco para escribir un libro sobre maternidad con sentido común e "impactar" de igual modo en las librerías, si lo saben, por favor, no se guarden el secreto :-)

Los psicoanalistas nos aleccionan desde sus divanes y sus libros, porque sufren y se preocupan por sus pacientes, y aspiran a sanar la humanidad, a que nos demos cuenta de la importancia de amar, y amar bien, a nuestros hijos, que consigamos tomar conciencia y sacar del inconsciente toda la mierda/violencia que llevamos encima y repetimos sin darnos cuenta, de generación en generación.

Desde una buena parte del feminismo (psicoanalistas y feministas siempre han sido enemigos a muerte) parece que se habla con el objetivo de protegernos a las mujeres, protegernos del "deber" de ser madres, y de otro aún mucho peor: considerar a los hijos una prioridad sobre nuestros trabajos o nuestra vida privada. A veces parece también que para autojustificarnos, para reforzarnos en nuestras decisiones o incluso en lo que no hemos elegido pero nos ha acaecido. Las mujeres -y los hombres- la humanidad entera, padecemos de una epidemia de baja autoestima -precisamente a causa de las crianzas frías y neuróticas- y necesitamos reforzarnos en lo que hemos hecho o lo que hemos elegido como lo mejor, mucho mejor que los demás.

Me parece vital que la maternidad, el amor y los cuidados se conviertan en temas públicos, y los continuos debates y reacciones desmesuradas de un lado y de otro, no hacen más que reafirmar su importancia. También que se saquen sus lados oscuros: ahí coinciden la feminista y el psicoanalista, aunque con objetivos aparentemente diferentes.

Entre tanto cacareo, algo terminaremos sacando en claro, mirando hacia dentro de nosotros mismos. En bandos aparentemente opuestos, tenemos más en común de lo que parece: todas hemos sido hijas y todas sentimos en lo profundo la importancia del amor o de su carencia. Conócete a ti mismo, que ya decían los antiguos, para luego organizar la sociedad. Supongo que más temprano que tarde terminaremos legislando, para que todos veamos nuestros derechos incluidos, también los bebés y niños pequeños. ¿Es a eso a lo que llaman "mejorar políticas reproductivas", verdad? Supongo que terminaremos creando climas sociales más adecuados para que todos los niños y niñas sean deseados, y vivan en un entorno predominante de amor, alegría y libertad que les permita crecer como seres plenos o felices, con momentos de conflicto, tristeza, agobio o rabia, que también son humanos y cumplen su función.

O también podemos terminar legislando para dar un carné de aptos para ser madres o padres. O para planificar esterilizaciones masivas. O terminar siendo robots, como "fase superior de la humanidad", que nos reproduzcamos en el laboratorio. O extinguiéndonos antes y destruyendo el planeta, que al fin al cabo solo somos una mota de polvo, un punto insignificante en la inmensidad del espacio y el tiempo.


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