15 de marzo de 2010

La capacidad de cuidar de los otros

Por Ileana Medina Hernández


El concepto de maternidad está indudablemente muy relacionado con la CAPACIDAD PARA CUIDAR DE LOS NIÑOS PEQUEÑOS. Una madre puede no haber engendrado, no aportar sus genes, no haber gestado, no haber parido, no haber amamantado... Pero si algo es una "madre", es alguien capaz de querer, cuidar, proteger y educar a sus hijos (también eso es un padre).

La capacidad de cuidado de las personas más frágiles (niños, enfermos, ancianos...) es una cualidad humana de las más importantes -si no la más- que la sociedad no valora.

En la sociedad moderna lo único importante es la PRODUCTIVIDAD, entendida como capacidad de GENERAR DINERO, y todas otras aquellas actividades que no generan ganancias monetarias, no son prestigiosas. El único valor existente es el valor mercantil (tanto tienes tanto vales).

 Los afectos, las emociones, la amistad, la capacidad de cuidado, los placeres, el arte por el arte, la seducción (Baudrillard), la libido, el amor, la autoestima... no tienen precio en el mercado, y por tanto, quedan fuera de la agenda de los políticos, de los titulares de los periódicos y de todas las instituciones creadoras de prestigio social.

El cuidado de los niños pequeños, ancianos y enfermos, ha quedado además, confinado entre las más desprestigiadas de las tareas: junto a lavar, limpiar, fregar... forma parte de las "tareas domésticas" que nadie quiere hacer, ni siquiera por dinero.  Los trabajos invisibles, sin nombre.

Las educadoras infantiles están entre las trabajadoras peor pagadas de la sociedad. Las cuidadoras de la guardería (centro infantil) privado al que acude mi hija cobran un salario de 600 euros al mes, por debajo del salario mínimo interprofesional. La mayoría de las cuidadoras a domicilio de niños y ancianos son mujeres inmigrantes, sin seguridad laboral ni contratos de trabajo en condiciones, en los últimos eslabones del prestigio social. Luego decimos que son trabajos que necesitan vocación, formación, entrega y responsabilidad, pero la sociedad no los remunera ni los valora. (Últimamente han saltado varias noticias de maltratos en centros infantiles -no "guarderías de chinos", sino centros importantes en capitales de provincia españolas- que demuestran que el sistema institucionalizado de cuidados de bebés puede tener siempre graves agujeros.)

¿Cómo es que hemos permitido que las labores más importantes para la sociedad en su conjunto, como el cuidado de niños, enfermos y ancianos -que somos todos en algún momento de nuestras vidas- se convierta en una tarea tediosa, insoportable, aburrida, sacrificada, desprestigiada y mal pagada?

¿Cómo es que hemos desterrado de nuestro hogar toda posibilidad de cuidar de los nuestros, pagando por ello a personas ajenas, que nunca lo harán con el mismo mimo, afecto, respeto?

¿Cómo y cuándo hemos perdido la capacidad de permanecer un par de horas en casa, interactuando con nuestros hijos y/o ancianos, sin desquiciarnos, sin hacer nada productivo, sin salir a consumir, simplemente disfrutando los unos de los otros?

La capacidad de cuidar de los otros se engloba entre las virtudes ancestralmente consideradas "femeninas". Esto es así precisamente porque todo comienza con el cuidado de los bebés. Amamantar, tomar en brazos, acompañar el sueño, ofrecer mirada mientras juegan, acompañarlos, estar disponible... eso es criar. Esto ha sido siempre desdeñado por el mundo masculino, y hoy es también desdeñado por la mayoría de las mujeres, conversas al sistema productivo patriarcal. ¿En manos de quién nos vamos a quedar?

Escucho con frecuencia el consejo "debes respetar a los demás para ser respetado", y pienso que está frase es muy cierta, excepto en el origen de todo: los bebés. Los bebés -que aún no pueden saber respetar, sino que solo necesitan ser satisfechos en sus necesidades- deben ser respetados, para luego poder respetar a los demás. Ahí está el origen de la cadena del amor y del respeto.

Del cuidado, amor y atenciones que reciban los niños pequeños DEPENDERÁ SU CAPACIDAD FUTURA DE CUIDAR, AMAR Y BRINDAR ATENCIONES. El bebé y el niño pequeño que desde el primer día de nacido es amamantado, porteado, tomado en brazos, atendido, acompañado a dormir, cuidado y respetado, será en el futuro un ser humano saciado y paciente, que podrá cuidar, amar y atender a los demás desde adentro, no porque se lo enseñe una asignatura llamada Educación para la Ciudadanía ni porque se lo digan unos padres que no predican con el ejemplo, sino porque estará LLENO de cuidados, amor y sostén emocional, que podrá brindar a los demás.

El trato que la sociedad da a los ancianos, está directamente relacionado con el que da a los bebés. Los bebés que ahora criamos no serán personas capaces de cuidarnos a nosotros cuando estemos viejos. Los criamos para ser competitivos, para llegar a la universidad, para ocupar puestos bien remunerados... pero no para ofrecer su tiempo, su mirada, su escucha, su paciencia y su amor a los otros.

La capacidad de cuidar de los otros es de la misma naturaleza que la generosidad,  la empatía, la paciencia, el amor, la entrega, la solidaridad, la capacidad de escuchar ... Es la misma cualidad. Una cualidad "yin" absolutamente escasa en la sociedad de consumo, donde todo ha de ser un bien mercantilizable y gastable rápidamente.

El afecto, el amor, no es algo que sintamos en abstracto, una idea romántica que vibra en nuestro interior. Es algo que hacemos por los otros. Y es una necesidad primaria del ser humano. Todos lo necesitamos, pero estamos cada vez más impedidos para ofrecerlo. Coincido con estos autores en que el afecto, considerado como conducta evolutivamente útil, es todo acto (comportamiento) de ayuda, protección, cuidado, etc., que contribuya a la supervivencia de otro ser vivo. Capacidad de cuidado y amor es lo mismo, no son dos cosas diferentes.

No podemos decir que amamos a nuestros hijos si no cuidamos de ellos, si le dedicamos cada vez menos tiempo y atención, y pagamos a otros para que lo haga. Tal cosa, mirad por dónde le entra el agua al coco, es lo que han hecho siempre las clases altas con sus descendientes-herederos, cuya misión principal en la vida ha de consistir en multiplicar el patrimonio familiar. Pero un bebé, un niño, solo se sentirá amado por aquel que lo atiende, que le dedica tiempo, mirada y contacto físico; que satisface sus necesidades afectivas.

Eso es el amor, la nutrición emocional. Lo que nos convierte en lo que somos y lo que seremos.

8 de marzo de 2010

8 de marzo: ¡Celebremos hoy y todos los días la femineidad!

Que las mujeres recuperemos nuestra autoestima femenina, el conocimiento de nuestros cuerpos y nuestros ciclos, la sabiduría ancestral de la conexión con la naturaleza.

Que se equilibre la balanza de lo femenino-masculino en esta sociedad absolutamente masculinizada: que aumenten y se revaloricen la generosidad, la entrega, la capacidad de cuidar de los más débiles, la introspección, la receptividad, las emociones, la sensibilidad, la capacidad de escuchar y de estar disponible para los demás.

En el Día de la Mujer, os dejo con estas palabras de Osho que indirectamente se refieren a la femineidad y a esos valores "pasivos" que tanto se echan de menos en la sociedad de la competitividad:
«Escuchar es uno de los secretos básicos para entrar en el templo de Dios. Escuchar significa pasividad. Escuchar significa olvidarte de ti completamente. Sólo entonces puedes escuchar. Cuando escuchas atentamente a alguien, te olvidas de ti mismo. Si no te puedes olvidar de ti mismo, nunca escucharás. Si eres demasiado autoconsciente, simplemente aparentas que estás escuchando, pero no escuchas. Puedes asentir con la cabeza; puedes algunas veces decir sí o no, pero no estás escuchando.
Cuando escuchas, te conviertes simplemente en un canal, en algo pasivo, receptivo, en una matriz: te vuelves femenino. Y para «llegar», uno tiene que volverse femenino. No puedes llegar a Dios como invasor agresivo, como conquistador. Solamente puedes llegar a Dios…, o mejor dicho, Dios puede llegar a ti, únicamente cuando eres receptivo. Cuando te conviertes en yin, en receptividad, la puerta se abre. Y esperas.
Escuchar es el arte de volverse pasivo
-OSHO, A Sudden Clash of Thunder, cap. 5.

Más de Osho sobre la conciencia femenina: Conciencia Femenina, Experiencia Femenina.

22 de febrero de 2010

La "Revolución Calostral"

Por Ileana Medina Hernández

“La revolución calostral es la fusión de la imagen de la Madre con la imagen de la Madre Tierra.
La revolución calostral es una etapa obligatoria hacia la armonización
del instinto y la Ciencia, entre el cerebro primitivo y el Neocortex.
No es utópica, ya ha comenzado. Se trata de una revolución en la medida
que implica un retorno a nuestra condición de mamíferos y un nuevo punto de partida.
Para favorecer la llamada revolución calostral, no tiene que faltar ocasión
de repetir en el mayor número de lugares que nosotros somos mamíferos."
Michel Odent


Desde que el camino de la maternidad me llevó a la investigación de estos temas, siempre pensé que la antigua y ancestral "lactancia materna" es la idea más revolucionaria y subversiva que se pueda defender en el mundo hoy en día.

Luego, otras lecturas me lo han confirmado. Resulta que Wilhem Reich ya había dicho: “La civilización comenzará el día en que la preocupación por el bienestar de los recién nacidos prevalezca sobre cualquier otra consideración". La socióloga española Isabel Aler ha afirmado también más recientemente: "La lactancia materna es un acto político de insumisión". Isabel Fernández del Castillo lo llamó "la revolución del nacimiento". Michel Odent la llamó "revolución calostral". Laura Gutman la ha llamado "la revolución de las madres: el desafío de nutrir a nuestros hijos".

Decir que la lactancia materna, gesto biológico que acompaña a la especie humana y a todos los mamíferos durante millones de años de evolución, puede ser revolucionaria, parece un contrasentido. Sin embargo, dadas las condiciones actuales de desarrollo tecnológico y el desafuero consumista depredador que se ha desarrollado en el mundo entero a partir del modelo industrial occidental, reivindicar un acto tan naturalmente simple se vuelve, cómo no, revolucionario.

Quiero analizar en este artículo por qué el retorno de la mujer moderna a la lactancia materna natural, o sea, no interrumpida por administración de biberones de fórmula, y que dure al menos los dos años que recomienda la Organización Mundial de la Salud, constituiría una gran revolución de la humanidad; esa Revolución "del amor" con la que sueñan los místicos; un nexo de unión entre la naturaleza, la ciencia, la psicología y la política; un fenómeno transversal (en el lenguaje politícamente correcto diríamos mainstreaming) capaz de transformar la realidad social en su conjunto.

  • La lactancia materna implica una revolución anti-patriarcal y del mercado laboral
Que las mujeres del siglo XXI, insertadas en plena igualdad en el mundo laboral (aún falta mucho para ello), logremos conciliar verdaderamente nuestro trabajo en el mundo público con la atención a nuestros bebés, sería la verdadera revolución feminista que aún está por llegar.

Como he dicho en otras ocasiones, la incorporación al mundo laboral de las mujeres exige que éste sufra grandes cambios que aún no han hecho más que comenzar tímidamente.

Cambios que no solo tienen que ver con las mujeres, sino también con los hombres-padres, y con la familia en su conjunto: verdadera flexibilidad horaria, racionalización de los horarios de trabajo, optimización de la jornada y de la productividad, erradicación de la jornada partida, control del trabajo por objetivos y no por horarios, teletrabajo, permisos de maternidad y paternidad más extensos, trabajos domiciliarios y comunitarios, centros de cuidado infantil en los propios lugares de trabajo donde hayan pocos niños por cuidadora y se les ofrezca porteo y contacto físico o donde incluso las mismas madres pudieran rotarse para cuidar de los niños... y sobre todo reducción de la jornada laboral, tanto para las mujeres como para los hombres, de modo tal que las familias puedan permanecer más tiempo junto a sus hijos.

Un mundo laboral donde las madres estén presentes habitualmente, y lo hagan compatible con la crianza, debería permitir que las madres -o los padres que cuidan de sus bebés- no tengan que llegar a la oficina/fábrica todos los días a la misma hora; que se ausenten para dar de mamar a sus hijos; que puedan permanecer si así lo desean al cuidado de sus bebés por lo menos hasta los dos años remuneradamente; que incluso en algunos trabajos las madres y los padres puedan llevar a sus hijos consigo; que toda la sociedad contribuya a la crianza; que los padres negocien sus horarios laborales para hacerse cargo de los bebés; que las diferencias entre el mundo público y el mundo privado se acorten; que se apoye y se retribuya la crianza; que el mundo se diseñe en función de los niños, que son el futuro, la conservación y el mejoramiento de la especie humana.

Reconocer, prestigiar y apoyar material y socialmente la importancia irrebatible de la lactancia materna ayuda a que la sociedad se concientice con el apoyo de la crianza en su conjunto, y no solo el momento del parto y sus escasas 16 semanas posteriores, cambiando el modelo para no pensar solamente en la igualdad entre los hombres y mujeres, sino también en los derechos de los niños pequeños.

Por otra parte, ayuda a tomar conciencia de que amamantar; ofrecer cuerpo, contacto y mirada exclusiva a los niños pequeños; y permanecer junto a ellos, es una actividad importantísima que la sociedad debe valorar y remunerar:
"En nuestra sociedad de consumo, cada actividad tiene un precio. Ahora bien, la actividad de cuidar, cobijar, permanecer, ayudar, traducir, alimentar, consolar y proteger a la cría no lo tiene. Es lógico. Está ligada al amor materno, que es altruista por definición. Sin embargo, como todos necesitamos comer, cuidarnos y acceder a un confort básico, es importante hacer cuentas imaginarias para establecer acuerdos dentro de una comunidad o dentro de una familia. Las mujeres que nos convertimos en madres necesitamos recibir una compensación comunitaria -que puede no tener forma de dinero- dentro de un intercambio que sea beneficioso para todos." (Laura Gutman: "El peso simbólico del dinero" en Revista El mundo de tu bebé, diciembre 2009).  
  • La lactancia materna como utopía: una revolución de igualdad y justicia social

En las varias lecturas que he realizado sobre los temas de lactancia, crianza y maternidad, no me he encontrado aún ningún análisis sobre un detalle que me parece fundamental: desde el origen del patriarcado, a las mujeres de las clases altas se les ha "prohibido" amamantar a sus hijos. Dentro de las normas y usos de las clases oligárquicas, la lactancia -y la crianza- fue considerada como una "tarea doméstica" más, que debían realizar esclavas o criadas, llamadas nodrizas.

Conociendo hoy científicamente la importancia que tiene la lactancia, la no separación del bebé de su madre y la presencia permanente del cuerpo materno para el bebé en sus primeros meses, cabe preguntarse: ¿ha sido la privación de la lactancia materna y de los cuidados maternales, uno de los mecanismos -más o menos inconsciente- utilizado por las clases oligárquicas patriarcales para criar "herederos" y no hijos, para garantizar la sumisión (que diría Casilda Rodrígañez) y la necesidad adictiva de acumular poder, fama y riquezas materiales que compensen (el pecado de) la falta de "madre" original? ¿O es el "crimen de la madre", la supresión de los cuidados maternales, precisamente lo que ha generado después la "civilización" patriarcal basada en la diferencia de clases y la explotación de mano de obra humana?

Sea primero el huevo o la gallina, es indudable que ambas cosas están relacionadas entre sí.

Plantear que un bebé humano, todo bebé humano, lo único que necesita es algo que todas las madres podemos dar: cuerpo y leche maternas, independientemente de cuál sea nuestra posición social, es negar que exista ningún privilegio para quien nace en "cuna de oro".

Demostrar que lo mejor para el bebé humano es algo que no necesita comprarse con dinero es ya de por sí revolucionario. A la sociedad de consumo, y a todas las sociedades que basan su escala social en la posesión de bienes materiales (o sea, casi todas las sociedades que conocemos) no le interesa que sea tan barato y tan natural criar niños felices.

Pero lo más importante es que los niños que son criados con lactancia materna, con apego, con seguridad y con cuerpo materno mientras son bebés, y que son respetados y queridos en su infancia, tendrán una autoestima mucho más sólida en su vida adulta y necesitarán menos de la ambición, del poder y de la acumulación de riquezas materiales para conseguir ser felices. Serán más solidarios, más generosos, menos ambiciosos, adultos más centrados emocional y espiritualmente.

El estilo de crianza basado en la compatibilidad de la lactancia materna prolongada, el porteo, el colecho, el tiempo dedicado por la familia a los niños pequeños, dentro de una sociedad democrática de derecho madura y justa, permite repartir mejor la riqueza, el tiempo de trabajo, el empleo, y minimiza las ficticias necesidades materiales absurdas que ha creado la espiral sin fondo de la sociedad de consumo.
  • La lactancia materna es una revolución ecologista y anti-consumista
Por las misma razones anteriores, la lactancia materna es una revolución ecologista y anti-consumista.

Como bien demuestra María Jesus Blázquez, la lactancia se integra en el movimiento ecofeminista no sólo porque en sí misma no necesita violentar los recursos naturales ni porque la alimentación "al pecho" es lo más natural y barato, sino porque la lactancia, junto al parto libre y respetado, contribuye a devolver el poder femenino a las mujeres y con ellas,  a devolver el respeto a la Madre Tierra.

La lactancia materna es "el primer acto de soberanía alimentaria", en la lactancia materna es el bebé quien marca el ritmo, la cantidad y la calidad de lo que come. Quien inicia su vida en un entorno de alimentación natural, de respeto por sus ritmos vitales y sus necesidades básicas, de confort y calor humano, será en el futuro un ser más libre, más independiente, más fuerte, en armonía con el entorno,  más respetuoso con la naturaleza que le vino dada a través de su madre.

Los hilos invisibles que unen la cultura del amamantamiento con sociedades menos violentas, menos explotadoras de sí mismas y del medio ambiente, son cada vez más evidentes. Son los hilos de la autoestima, de la generosidad, del amor por el prójimo y por uno mismo, de la paz.
  • La lactancia materna es una revolución de amor
Por todo esto, la lactancia materna larga y a demanda, unida al estilo de crianza natural que de ella emana, es, en total, una revolución de amor.

Del amor que el bebé recibe al permanecer en contacto con el cuerpo de su madre, que posibilitará que el vínculo afectivo entre ambos sea insustituible en el resto de las etapas de su vida; que le permitirá saltar a su debido momento de una sana relación con su madre a una sana relación con todos los demás seres humanos; que le permitirá confiar -desde su primer entorno, el entorno maternal- en que el mundo es un lugar bueno para él y para todos; que le permitirá recibir amor para luego poder a su vez darlo; que le permitirá conformar una autoestima saludable que le permita amar y respetar al prójimo, al resto de los seres vivos, a la naturaleza y al universo; que le permitirá conformar su sistema neurológico para la paz y el amor y no para la guerra, el estrés, la competencia y la pura supervivencia;  que le permitirá sanar las sagas familiares de desamor y construir en su día su propia familia con bondad y generosidad; que le permitirá en fin, con certeza, saberse amado y amar.

11 de febrero de 2010

La leche materna es... ¡¡¡la leche!!!

SEGUIMIENTO DE 14 AÑOS
La leche materna también previene el desarrollo de problemas mentales

■La lactancia durante más de seis meses mejora la salud mental hasta la adolescencia

■Los niños amamantados menos tiempo tenían más problemas de comportamiento

■La leche de la madre contiene sustancias que reducen el estrés de los pequeños

Actualizado jueves 14/01/2010 19:36 (CET)

PATRICIA MATEY

MADRID.- Cualquiera que se aventure a leer este artículo puede pensar que los científicos no saben 'ya que inventar' para que las madres den de mamar a sus bebés. Nada más lejos de la realidad. Porque lo cierto, tal y como han podido constatar científicos australianos tras seguir durante 14 años a un grupo de niños, es que la leche materna consumida durante largos periodos protege la salud mental de los menores, al menos hasta la adolescencia.

Wendy Oddy, del Instituto de Telethon de Investigación de Salud Infantil, es la directora principal de una investigación que arrancó en 1989 invitando a participar a 2.900 mujeres que estaban en las semanas 16 a 20 de gestación. Todos sus datos (familiares, sociales, económicos, demográficos y médicos) se tuvieron en cuenta como, también, el examen de los recién nacidos a los dos días del alumbramiento.

2.366 menores participantes

Tras anotar la forma de alimentación infantil (leche materna o artificial) y el tiempo que duró la lactancia (menos de seis meses o más de medio año), los científicos llevaron a cabo cuestionarios específicos sobre comportamiento y psicopatología de los pequeños participantes (finalmente fueron 2.366) cuando tenían uno, dos, tres, cinco, ocho, 10 y 14 años.

"En el análisis incluimos los posibles factores que podían alterar los resultados como la edad de la madre al nacer su hijo, su nivel educativo, estructura familiar, nivel de estrés en la casa, peso y talla del bebé al nacer y si había existido o no depresión posparto", comentan los investigadores en su artículo, publicado en el último 'The Journal of Pediatrics'.

De los 2.366 pequeños, un 11% nunca tomó el pecho, el 19% sí pero menos de tres meses mientras que otro 19% fue amamantado de tres a seis meses. Además, un 28% tomó leche materna de seis a 12 meses y un 24% un año o más.

"Las madres más jóvenes, con 12 años o menos de estudios, más estresadas, con menos ingresos y que fumaron durante el embarazo son las que con más frecuencia amamantaron a sus hijos menos de medio año", señalan los autores.

Por otro lado, los datos revelan que "las lactancias cortas (menos de seis meses) se relacionan con un aumento de la morbilidad de la salud mental que se extiende desde la infancia hasta la adolescencia.

Esta relación se produce en los trastornos internalizantes (depresión, ansiedad...) y externalizantes (trastorno de conducta, antisocial o de la personalidad...), así como para problemas significativos de conducta... Y esta asociación persiste después de tener en cuenta los factores sociales, familiares, económicos y psicológicos en los primeros años de vida", aclara el estudio.

Los mecanismos

Existen varios mecanismos posibles que pueden esclarecer por qué los niños amamantados más de seis meses gozan de mejor salud mental. Uno de ellos puede residir en que el contacto con la madre "durante la lactancia tiene un efecto positivo en el desarrollo de aspectos neuroendocrinos necesarios para la respuesta al estrés [un factor de riesgo de trastornos psíquicos], que pueden afectar al niño más tarde. Además, la lactancia establece un vínculo que tiene influencias psicológicas positivas en el pequeño".

Otra posible vía reside en los ácidos grasos y componentes bioactivos de la leche materna. "Son esenciales para el desarrollo y además influyen también en la respuesta al estrés. Así, la hormona leptina lo reducen a través de su acción en el hipocampo, hipotálamo, glándula pituitaria y adrenal, mientras que las leches artificiales tienen un efecto depresivo en el comportamiento del niño" .

Como consecuencia de estos resultados los autores defienden "el desarrollo de programas que animen a las madres a prolongar la lactancia materna para así beneficiar la salud mental de sus hijos".

Vía: elmundo.es

10 de febrero de 2010

Teta, colecho y porteo: una grande -y barata- inversión de futuro.

Por Ileana Medina Hernández


Cuando nació mi hija, poco sabía de crianza natural o con apego, ni conocía las palabras "colecho" y "porteo". De hecho, porteé muy poco a mi hija, y es un arte que quiero aprender si tengo la dicha de tener otro hijo.

Poco había leído también sobre lactancia  u otros temas de maternidad: simplemente me dejé llevar por la experiencia que mi hija me estaba mostrando. Gracias a una matrona joven, profesional y bien informada, que me atendió en el Hospital Universitario de Canarias, mi hija salió mamando del paritorio y todavía lo está haciendo.

Cuando mi bebé cumplió los 6 meses y todo el mundo me preguntaba que "hasta cuándo iba a mamar", empecé a buscar información y me encontré con los libros de Carlos González, Laura Gutman, Rosa Jové, Jean Liedloff.. con muchas páginas de internet, y con madres blogueras y foreras que comparten su experiencia en la red... de modo que vi que había gente que pensaba igual que yo, y poco a poco mis ideas fueron tomando forma gracias a las lecturas y al convencimiento interno de que seguir mi instinto no podía ser perjudicial para mi hija, sino todo lo contrario: la leche materna, el contacto, el cuerpo, el apoyo que mi hija reciba en estos años, va a ser fundamental para su independencia futura, para su estabilidad emocional, para su fuerza interior, para su carácter y para su salud.

De pronto todo encajó, y ante mí se abrió una nueva comprensión del mundo, con la única certeza interior de que el amor a los niños pequeños es la mejor inversión que cualquier sociedad puede hacer, y que además los bebés SOLO TIENEN UNA FORMA DE COMPRENDER EL AMOR: estando con ellos, dándoles cuerpo, llevándolos encima, amamántandolos, acompañándolos a dormir...

Hay muchas madres y padres que piensan que amamantar, colechar y portear es "muy sacrificado" (los que no piensan directamente que es perjudicial para los niños y que los "malcría").

No tiene por qué serlo cuando se hace con placer, cuando uno se permite abrir la mente y el cuerpo a la experiencia gratificante de la m(p)aternidad y crecer con ella, cuando se limpia el cerebro de falsos prejuicios, cuando se permite conectar con los instintos mamíferos (o pautas de acción fija, como les gusta decir a los científicos), cuando se disfruta de las cosas verdaderamente importantes de la vida...

Pero si aún fuera un "sacrificio", me pregunto cuántos sacrificios no estamos dispuestos a hacer a lo largo de la vida todos los padres por nuestros hijos... Además, es un sacrificio de relativamente corto tiempo (los dos o tres primeros años de nuestros hijos, si no se desea más) y que garantiza una enorme inversión de futuro para ellos y para la vida familiar y social en su conjunto.

Incluso si tuviera que significar un sacrificio de la vida laboral de la madre -o del padre-, con el apoyo social adecuado (que hoy no existe en España) y con los pocos hijos que tenemos en el llamado "primer mundo", sería un "lujo" que podemos permitirnos de unos pocos años, de los que obtendremos sobrada rentabilidad en el futuro. Los primeros años de nuestros hijos, los primeros momentos de su vida, son la base sobre la que se construirá todo lo demás. Un mes en la vida de un bebé es como varios años en la vida de un adulto: un mes más que podamos permanecer junto a él, traerá ventajas en la formación de su desarrollo nervioso y emocional.

Para cuando el bebé cumple los dos años, y comience a aflorar su propia personalidad independiente [la conciencia de su yo separado de la madre/otro (m/other), que comienza en torno a los dos años, con el segundo fulcro del desarrollo de la personalidad, tal como resume Ken Wilber en su modelo unificado de la conciencia, a partir de Piaget, Arieti, Aurobindo, etc... ], los padres podremos constatar que, cuando ha sido amamantado, porteado y acompañado a dormir, cuando ha sido emocionalmente sostenido, el niño será mucho más independiente y sereno; con menos rabietas; con menos crisis en las etapas de su desarrollo; con más seguridad, autoestima y confianza en sí mismo; con más empatía y confianza en los demás; y probablemente con más riqueza verbal, emocional y de la inteligencia.

Amamantar, portear y acompañar a dormir no tiene nada que ver con una crianza "sin límites", "sin normas" y sin ejemplo, ni se criarán "hijos tiranos", sino todo lo contrario.

Los padres volcados en la crianza con apego por simple lógica tendrán un mayor grado de implicación en la formación de sus hijos, mayor comunicación, y mayor autoridad: la auténtica autoridad que emana del amor, de la razón, del ejemplo, de la compañía y de la seguridad (aunque no la que emana del miedo, si esa es la única autoridad que conoces).