12 de marzo de 2015

Las 5 claves de las doulas

Las 5 claves del trabajo de las doulas, por Asociación de Doulas de la Comunidad Valenciana: 






Tertulia radiofonica sobre mujer y maternidad

El pasado 8 de marzo tuve el honor de ser invitada junto a tres prestigiosas mujeres a una tertulia sobre maternidad en Radio Ecca.

Participamos Monica Felipe, Beatriz Gimeno (que se le cayó la comunicación y no pudo continuar) y Rosario Armas.

Puede escucharse la tertulia completa, de 40 minutos, aquí:



10 de marzo de 2015

No gritar

Por Ileana Medina Hernández

Intentar educar con presencia y respeto es el desafío más grande que me he propuesto en la vida. Creo que ningún trabajo intelectual es ni siquiera la mitad de difícil. Tengo dos hijos maravillosos, una niña que ya tiene 7 años, una niña muy sensible, inteligente, buena... y que no se merece que de vez en cuando su madre se vuelva como loca y le grite por boberías. Con el pequeño todavía lo llevo mejor, pero cuando van creciendo y encima los hemos criado dejándoles que tengan criterio propio, pues los retos se ponen difíciles.

Una vez que el desbordamiento se pasa, una se da cuenta de que los gritos nunca fueron necesarios y que en realidad fueron por una tontería. Que en realidad no tienen que ver con la niña, sino con una misma, con la ira que llevamos reprimida, con el agotamiento, con expectativas irreales sobre los niños,  y con patrones de violencia que llevamos interiorizados en nuestras células y que nos cuesta mucho sacar de nuestra programación inconsciente.

La teoría me la sé muy bien, pero en la práctica, los gritos vuelven. El otro día leí este post que escribió la psicóloga Ana María Constaín, y me sentí identificada. A la vez, he visto los materiales que está compartiendo la psicóloga Mónica Serrano sobre comunicación respetuosa  y me he puesto manos a la obra para intentar identificar cuándo es que me desbordo con más frecuencia y por qué. También circuló por ahí hace un tiempo el desafío del rinoceronte naranja, una iniciativa que creó una madre norteamericana.

He notado que mi punto débil es cuando me toca poner límites. Sería el punto 5 de estos que tan bien desglosa aquí la psicóloga Serrano. El resto se me dan más o menos bien normalmente. Comenté a Mónica que he logrado identificar que ahí es donde está mi problema. A veces me resisto a poner límites (oh, esta identidad de madres "molonas-que-fluyen" que a veces nos construimos, ¿no?), espero a ver "si se ponen solos", y cuando toca ponerlos ya  me he enfadado, con lo cual la "mamá-que-fluye" deja de fluir y consigue justo el efecto contrario al deseado. Con su ayuda, logré identificar también que el problema está en que debemos reforzar los acuerdos, utilizando las estrategias 7- 9 de estos otros tips que ofrece aquí. La verdad que la explicación sencilla y directa de estos pasos, me ha sido de mucha utilidad para identificar qué es lo que me pasa, cuándo y qué puedo hacer para ir mejorando. Gracias a Mónica y a Irene por ofrecer estas magníficas herramientas. 

Hija mía, hijo mío. Mamá intenta hacerlo mejor. Ni ustedes ni nadie merecen que les griten ni les falten el respeto. A veces es mamá la persona que peor les habla y eso no puede ser. Me toca a mí mejorar, por ustedes y por mí misma. Pedirles disculpas y aclararles que gritar está mal y que es mamá la que se desborda y no ustedes que lo merezcan, no es suficiente. Hay que dejar de gritar. Curar nuestros gritos interiores, que no son contra ustedes, lo que más amamos.


27 de febrero de 2015

Informe contra sí mismas

Por Ileana Medina Hernández

Imaginaros que me diagnostican una enfermedad seria, pongamos por ejemplo, el cáncer. Imaginaros que contrato a una persona para que me acompañe durante todo el proceso, que me ayude buscando caminos, que me acompañe a los médicos, y también a los curanderos, a los sanadores energéticos o a quien sea que decida yo ir. Que me preste libros o que me dé masajes, o que me dé animos, o lo que sea. Que también contrato a un psicoterapeuta, o una tiradora del tarot para que me ayude a sobrellevar mi enfermedad ¿alguien lo vería mal?

Imaginaros que el oncólogo me ve aparecer con este coach personal que he contratado para que me acompañe, y le da por denunciarlo por intrusismo profesional, y por ser un "sacerdote del dios Mercurio" que está impidiendo que él me dé las 15 quimioterapias de rigor, y en lugar de eso me aconseja que vaya a darme flores de Bach.

Bien, podríamos pensar que estoy loca, pero que al final es mi vida y mi AUTONOMÍA como ser humano y que nadie me puede obligar a darme quimioterapia si no quiero, ni siquiera a ir al médico.

El sistema sanitario existe y está obligado a prestar un buen servicio, y a mantenerse actualizado según las últimas evidencias científicas, y a respetar los derechos de los usuarios, entre ellos y primero que todo el del consentimiento informado y el de poder tomar sus propias decisiones. Pero no es obligatorio usarlo. Es nuestro derecho, pero no nuestra obligación. El sistema sanitario existe para los usuarios, no los usuarios para él.

Pues ahora imaginemos, que en lugar de tener una enfermedad, lo que sucede es que me quedo embarazada. ¿No tendría el mismo derecho a contratar a una persona para que me ayude, me acompañe, me asesore o me dé apoyo a lo largo del proceso? Por supuesto que sí.

¿Quién puede ser esta persona que me acompañe? Pues han dado en llamarse doulas, nombre que podemos discutir si es feo o bonito. A mí particularmente no me gusta. Preferiría llamarlas por ejemplo, coachs especializadas en maternidad. Sobre la legalización y regularización fiscal de estas figuras es otro debate. Yo no les he preguntado a ellas, pero me da que la cosa debe ser muy parecida a la de cualesquiera otros "coachs" personales que tanto se han puesto de moda, por ese sector se mueven las doulas, no son ni pretenden ser profesionales sanitarios. Un coach acompaña y ayuda a las personas a sacar lo mejor de sí mismos en los diferentes momentos vitales y para alcanzar sus metas, pero la decisión última es siempre responsabilidad de la persona, no puede ser de otra manera.

Existen las doulas en muchos otros países y hay ya varios estudios científicos demostrando el efecto positivo de su acompañamiento para los partos, las madres, los bebés y las familias que contratan sus servicios. (Puedes verlos aquíaquí, aquí, aquí y aquí)

Si alguna de esas personas cometen intrusismo profesional, vendiéndose como médico, enfermera o matrona, lo correcto es denunciarla personalmente. El intrusismo es un delito individual, por el que la persona debe responder.

Pero resulta que aparece un argumento insólito: vale, tú como mujer puedes hacer lo que quieras, pero estamos hablando también de la vida del bebé!!!! 

Y ahí entramos en el otro y verdadero problema. El problema ético gordo y filosófico de fondo. ¿Somos autónomas las mujeres para tomar nuestras propias decisiones sobre nuestro proceso reproductivo?¿Hasta qué punto lo somos y hasta qué punto podríamos serlo? Yo podría, por ejemplo, no ir a ningún médico durante todo el embarazo y parir sola. No es ningún delito. Por supuesto, también puedo seguir yendo a la piscina, al gimnasio, contratar un entrenador personal, o una coach para atravesar el proceso. Y por supuesto también puedo comerme mi propia placenta si así lo deseo, meditar, hacer rituales a la diosa que me dé la gana, bailar, cantar y declamar, y elegir quién quiero que me acompañe en el parto. No es nocivo ni para la madre ni para el bebé. Ahora bien, si alguna persona me obliga a ello en contra de mi voluntad, pues entonces la denuncio, igual que puede el médico denunciar el intrusismo profesional.

A ver. Todo el mundo sabe que fumar o beber alcohol durante el embarazo es nocivo para el bebé. A las mujeres se les aconseja que no lo hagan. Pero si lo hacen, por favor, no es delito penal. También es archisabido que la lactancia artificial tiene riesgos para el bebé, que aumenta la posibilidad de padecer enfermedades como bronquitis, otitis, asma, diabetes, obesidad y otras muchas enfermedades que son más frecuentes entre los bebés alimentados con biberón. Aún así consideramos, faltaría más, que dar el pecho es una decisión personal de cada madre. También la cesárea, práctica con riesgos para la salud de la madre y el bebé, asistimos cada dos por tres a ejemplos de mujeres que la eligen como una "opción" de parto y no como una intervención de emergencia. O sea, que incluso prácticas que sí están verdaderamente probadas como riesgosas para la salud de los bebés, no prohibimos a las madres que las hagan porque forman parte de sus derechos individuales (¡incluso el aborto!).

Por tanto, argumentar que la matrona tiene competencias exclusivas para hacer ejercicios con pelotas con embarazadas, o que solo ellas tienen derecho a hablar de sexualidad con las mujeres o a hacer preparación al parto, es un disparate que no sé cómo puede ponerse ni siquiera por escrito.

Acusar a las doulas de intrusismo profesional por hacer trabajo de acompañamiento con las mujeres es tan absurdo como el ejemplo del oncólogo. Acusarlas de poner en peligro a las madres o a los bebés por aconsejar comer la placenta es ridículo (aun así no lo hacen en general). Acusarlas de obligar a las mujeres a hacer algo en contra de su voluntad sí podría ser legítimo, pero en ese caso, hay que hacerlo a nivel individual con nombre y apellidos, pues es una acusación muy seria. Como las que podríamos hacer sobre cualquier matrona que se atreva a hacer una maniobra Hamilton o a poner un enema o una sonda o un tacto o una episiotomía sin el consentimiento previo de la mujer.

Este Informe Doulas, mal redactado, mal presentado, sensacionalistamente vendido en programas de televisión de pacotilla, sin incluir ni siquiera una sola referencia científica en su bibliografía, parece más bien un informe de algunas matronas contra sí mismas. Quiero creer que no todas las matronas, ni mucho menos todo el personal sanitario, opina de este modo. Tengo fe en el sentido común, en la formación científica y en la buena fe de la mayoría de nuestro personal sanitario, de las matronas, obstetras y hospitales que se esfuerzan cada día en mejorar la humanización de partos y nacimientos.


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Nota: *"Informe contra mí mismo" es el nombre de un libro del escritor cubano Eliseo Alberto que he parafraseado aquí.


24 de febrero de 2015

Si el progreso hubiera sido liderado por las mujeres

Por Ileana Medina Hernández

Vamos a imaginar y a sonreír. A aventurar un divertimento, una utopía. Si esto que llamamos civilización o progreso hubiera sido liderado por las mujeres, o sea, por mujeres que no tuvieron que desconectarse de sí mismas, de sus cuerpos ni de sus crías para sobrevivir, ¿cómo sería?

 1.- Habría robots para hacer las tareas domésticas: Usualmente se meten en el mismo saco las labores de cuidado y las tareas domésticas, como si fueran una misma "carga". ¡Pero no son lo mismo! Las labores de cuidado implican la capacidad de acompañamiento, y la capacidad de tejer relaciones afectivas, o sea, son directamente proporcionales a la capacidad de amar. ¡Pero las labores domésticas no! Si las mujeres hubiéramos liderado el progreso, en lugar de robots para explorar Marte, tendríamos hace rato robots para limpiar, lavar, planchar, ordenar y colocar la ropa, recoger los regueros, y hasta para colocar la compra en las alacenas :-)

2.- Los paritorios serían así: 


Waterbirth vessel

o así: 

Le premier cri

3.- No habría guerras: Las madres no mandan a sus hijos a morir a las guerras. Las mujeres tienen mejores capacidades para la negociación, para las concesiones y para la paz. El cerebro femenino, y por tanto también el masculino, sería predominante para la cooperación y la empatía. Habría mucho menos violencia y no existirían los asesinos en serie.

4.- El lugar que ocupa la guerra y el amor romántico-neurótico en el arte, la literatura y la filosofía, estaría ocupado por la maternidad y la crianza: por donde quiera veríamos imágenes de partos/nacimientos como el momento más poderoso y especial de la vida, de niños pequeños, de crianzas compartidas, de lactancias naturales y duraderas, de grupos que cuidan y seres humanos que son amados y cuidados, para no convertirse luego ni en guerreros ni en cincuenta-sombras-de-grey.

5.- Las ciudades serían "kids-friendly" algo así como las imaginadas por Francesco Tonucci:  "El objetivo es que los niños puedan salir otra vez solos, que no se vean condenados a estar durante tardes enteras delante del televisor, que no tengan que correr de una escuela a otra, que puedan nuevamente buscarse un amigo y, jugando juntos, descubrir cosas. ¿Qué significa esto para la ciudad? Simplemente, que la ciudad ha de cambiar, toda, completamente, aunque de manera gradual. El niño se considera un indicador ambiental sensible: si en una ciudad se ven niños que juegan y pasean solos, significa que la ciudad está sana; si no es así, es que la ciudad está enferma. Una ciudad donde los niños están por la calle es una ciudad más segura no sólo para los niños, sino también para todos los ciudadanos. Su presencia anima a otros niños a bajar, y aleja el riesgo que suponen los automóviles y otros peligros externos".

6.- En los centros de trabajo se verían niños que acompañan a sus padres: Habría horarios más flexibles, jornadas más cortas, trabajo por objetivos, teletrabajo, menos presencialismo y todo el mundo saldría pitando para casa o para donde quiera en cuanto terminara su misión.

7.- El planeta estaría mucho menos contaminado: Ya sabemos que las mujeres y la Tierra somos lo mismo. Las mujeres sanas no nos hacemos daño a nosotras mismas. Los vertidos contaminantes, la enorme cantidad de basura, la polución serían mucho menores. ¡Las mujeres no dejamos
hollín en nuestra cocina!

8.- Las ciudades estarían llenas de pequeños negocios familiares y creativos, la mayor parte de la gente trabajaría en algo que le apasione, sin tanta burocracia, supuestos expertos, grandes ejecutivos que cobran mucha pasta por nada, sin tanto paternalismo ni tanta directividad, ni tanta titulitis... Primaría la alegría y la creatividad. En las grandes empresas, los turnos laborales, las buenas estrategias de recursos humanos, y la buena comunicación interna, haría que la gente se sintiera contenta y no robotizada.

9.- La familia no sería un lugar oscuro de autoritarismo y obediencia, del que hay que librarse, sino un lugar nutritivo de descanso y confort. La sexualidad verdadera estaría mucho menos reprimida y reducida a lo falocéntrico y pornográfico, reconociendo todos sus matices y sinuosidades. Los sentimientos y emociones estarían mucho mejor vistos, conocidos, canalizados y expresados, en conexión con el cuerpo y la sexualidad. El yin y el yang mucho mejor equilibrados. Las parejas formadas por dos naranjas enteras que se eligen libremente y en igualdad, y no por dos medias naranjas que buscan salvación.

10.- Por último y no menos importante, quizás no tendríamos que sufrir a dirigentes como el monstruo de las tinieblas Ignacio Wert o su contrapartida el niñato pedante autodenominado mesías Pablito Iglesias. Y por supuesto tampoco a lideresas políticas como Esperancita, Rita o la Cospedal o a lideresas mediáticas como Mariló y Ana Rosa (dios mío, ¿de dónde sacan a estas mujeres supuestamente poderosas?). Igual tendríamos comisiones de científicas y científicos, de intelectuales, de amas de casa, de bailarines o de agricultoras, decidiendo con humildad y respeto sobre el destino de nuestros impuestos, con un mínimo de aparataje estatal.

¿A que mola? ¿A que no va de mujeres ni de hombres, sino que es una visión amable de la vida? Venga, soñemos: que el ser humano deje de ser un mono que se volvió loco y que ha usado la Razón para ocultar su dolor más profundo, su incapacidad de amar.