9 de febrero de 2010

Cuidando del alma infantil

Por Ileana Medina Hernández


El proceso por el que inicié este blog fue precisamente la pasión creativa que despertó en mí la maternidad, al permitirme conectar no sólo con mi niña interior, con mi familia y con mis ancestros, con mi intuición y mis lados oscuros, sino también con un camino de desarrollo espiritual que ya había iniciado anteriormente con varias señales distintas pero que aún no había llegado a cuajar en mi vida.

Mi propia sorpresa fue mayúscula cuando al devenir madre, descubrí que intentando comprender el desbordamiento hormonal y emocional que la crianza me producía, conectaba perfectamente con todos las verdades de la "sabiduría perenne" que la psicología transpersonal me había permitido corroborar y que comprendía perfectamente desde el punto de vista racional, pero que aún me faltaba por "experimentar".

Me faltaba encontrar un camino práctico de meditación, que mira por dónde, me vino desde el fondo de las noches en vela acompañando a mi hija, de los intensos momentos de la lactancia, de la entrega total y absoluta a la intuición que me susurraba que mi hija es la Maestra que viene a enseñarme lo que me falta en la vida.

Los sinuosos recodos de la maternidad y la femineidad eran desconocidos para mí, y también están ausentes en los "gurús" masculinos que había leído hasta entonces. Buscando y buscando descubrí toda una gran comunidad internacional de mujeres "iniciadas", escritoras, psicoanalistas, sociólogas, profesoras, doulas, matronas, madres blogueras o foreras, mujeres conectadas con la vida, magas... que están en el camino de integrar los caminos de la femineidad y la crianza con el camino del desarrollo espiritual, y supe inmediatamente que ahí estaba mi verdad interior. Me sentí agradecida e iluminada por su luz... y ahí sigo, dichosa y contenta en mi trayecto de aprendiz de bruja.

Hoy celebro mi encuentro con otra de esas mujeres: Cristina Romero Miralles nos ha hecho un  gran regalo, un libro precioso, maravillosamente ilustrado por César Caballud, que al leerlo es como si te sumergieras en una fuente de agua clara y viva, manantial corriendo entre piedrecitas de colores (tal como la misma autora prefiere el agua ;-).

Lo he leído de un tirón este fin de semana, lo he compartido con mi madre pasándole las páginas que iba leyendo, lo he compartido con mi hija que miraba las ilustraciones y buscaba nombres para los personajes dibujados... Nos hemos reído y hemos llorado, hemos contado historias del pasado y hemos conversado largamente, hemos disfrutado y hemos crecido.

El libro está escrito con un lenguaje sencillo, frases limpias, párrafos cortos... capaces de resumir con claridad, pero sin superficialidad, aquellas ideas que la autora ya ha interiorizado y forman parte de su vida natural. No es fácil sintetizar en poco más de cien páginas tantas corrientes de sabiduría sin caer en la banalización ni en la ñoñería new age. Tampoco hay sermones, ni críticas, ni ataques, ni análisis filosóficos ni siquiera consejos, simplemente belleza pura, en un resumen conciso, magistral y contundente de toda esa gran cantidad de ideas que entretejen a la maternidad consciente y a la crianza con apego con las más altas cotas del desarrollo espiritual del ser humano.

Pintará los soles de su camino es un libro del siglo XXI: escrito por una joven mujer y madre, publicado en formato digital, permitida su descarga gratuita (ni siquiera se considera a sí misma la autora del libro), uniendo de forma sencilla, pero a la vez profunda y seria, los temas de crianza y espiritualidad.

El libro puede descargarse gratuitamente aquí: El Dedo en la Llaga.

También puede solicitarse escribiendo al email: libroregalo@gmail.com

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4 de febrero de 2010

Los mamíferos que somos

Por Ileana Medina Hernández


Observad esta perra con sus cachorros. ¡¡¡Alimenta a cuatro a la vez y su cara lo dice todo!!!

Imaginad ahora que llega el perro macho, le quita a las crías y se las lleva a dormir solas para la habitación de al lado.

Los perritos gimen, pero les cierra la puerta para no escucharlos, y les aplica un "método" que consiste en dejarlos llorar hasta que caigan extenuados.

La perra está de acuerdo, y además se alegra mucho. Ahora está "liberada" y es "igual" al macho, sin la "esclavitud" de cuidar de sus crías.

Podrá seguir su vida "igual que antes" y dormir toda la noche de un tirón, que también es necesario descansar. Sus tetas vuelven a ser igual de pequeñas que antes. Se maquilla, se depila, y está disponible nuevamente para las montas. La pareja y el sexo no pueden descuidarse. Tampoco las amistades ni la "vida social".

Sólo que nadie ha preguntado a los perritos.

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1 de febrero de 2010

¿El amor se enseña?

Por Ileana Medina Hernández

En la entrevista con Elsa Punset que cité en el artículo anterior, hay una idea a la que no dejo de darle vueltas: a la pregunta de ¿Se puede enseñar a sentir? la profesora responde:

"Nos enseñan a desconfiar, recelar, sospechar, despreciar, odiar... ¡Que nos enseñen a amar! Nos enseñan que el mundo es peligroso, pudiendo enseñarnos que es fabuloso."
La misma idea defiende su padre, el eminente divulgador científico Eduard Punset, en este artículo publicado en su blog sobre la necesidad de transformar el sistema educativo incluyendo LA EDUCACIÓN EMOCIONAL de los niños y jóvenes:
(...) "Los esfuerzos venideros en materia educativa apuntarán a reformar los corazones de la infancia y la juventud, olvidados por la obsesión exclusiva en los contenidos académicos. (...) Resultará imprescindible que los maestros fomenten el aprendizaje de las emociones positivas y negativas, que son comunes a todos los individuos y previas a los contenidos académicos destilados a la infancia; es decir, aprender a gestionar lo que nos es común a todos. Se trata de enseñar a los jóvenes a gestionar la rabia, la pena, la agresividad, la sorpresa, la felicidad, la envidia, el desprecio, la ansiedad, el asco o la sorpresa."
Estando básicamente de acuerdo en que la escuela es una institución que necesita un gran cambio urgente, y que entre los factores fundamentales de ese cambio tendrá que estar sin duda la inclusión del mundo emocional, ya no sólo en las escuelas, sino también en los centros de trabajo y en todos los ámbitos de la vida pública donde hasta ahora las emociones han sido ignoradas, una ligera sospecha me ha quedado revoloteando en la mente...

¿Se puede enseñar verdaderamente el amor, los sentimientos, incluso eso tan global que llamamos "educación en valores"? La respuesta aparente es sí. Creo que efectivamente, es bueno que la escuela se ocupe de ponerle nombre y descripción a la rabia, a la envidia, al amor o a la felicidad, y también a los "valores" que, si son auténticos, no son más que modos sociales del amor, como la generosidad o la solidaridad. Que se hable de ello, que se practique con el ejemplo, que se tenga en cuenta la dimensión emocional y afectiva de la educación, sobre todo con los niños pequeños.

Pero me temo, que por mucho que podamos hacer un gran máster sobre el amor, o sobre la ira, o sobre la solidaridad... la capacidad de amar de cada persona se desarrolla fundamentalmente RECIBIENDO AMOR.

La capacidad de amar se adquiere, parecen indicar los últimos estudios neurobiológicos, en el período que rodea al nacimiento, y se desarrolla en la misma medida EN QUE SEAMOS AMADOS en nuestra infancia, en nuestra familia, en que se nos acaricie, se nos acompañe y se nos atienda individualmente, en que nos sintamos amados.

Es importante que en el entorno escolar, donde tanto tiempo pasan nuestros niños hoy, no solo se introduzca una asignatura de Educación en Valores, sino que esos valores se pongan en práctica cada minuto que el alumno pasa en la escuela: que se eduque con cariño, con tolerancia, con respeto, con solidaridad, con generosidad, con empatía, con optimismo y alegría, de modo tal que los niños no solo aprendan "sobre" el amor, el respeto o la empatía, sino que los reciban.

Pero además es indispensable que esa Revolución Emocional comience por la casa, por la familia, y desde el momento mismo del parto/nacimiento, porque el amor, sobre todo en los niños pequeños (en el momento en que se forma el sistema nervioso y la capacidad de amar) necesita también CUERPO, MIRADA, SOSTÉN, COMUNICACIÓN y sobre todo,  TIEMPO compartido con los seres que amamos y nos aman.

Nos enseñan a "desconfiar, recelar, sospechar, despreciar, odiar" porque inicialmente los adultos con los que nos relacionamos en nuestra infancia desconfían y recelan de nosotros (ay, cuántos adultos dicen que los bebés desde que tienen dos meses "les quieren tomar el pelo"), porque incluso las personas que más nos aman o deberían amarnos nos aman a su manera; sin empatía, sin abandonar su propio ego, sus propias importantes ocupaciones y su propia perspectiva. Y sobre todo hoy en día, nos aman con prisas, sin tiempo, sin espacio para que los símbolos del amor puedan salir y llegar a su destino.

Creo que el amor no se enseña como se puede enseñar la Historia o las Matemáticas. El amor se practica, se transmite, se contagia, se comparte, se difunde, se esparce, se huele, se toca, se ofrece, se regala, se recibe: SE MAMA.

28 de enero de 2010

La era de las emociones

Por Ileana Medina Hernández

"¡Los maestros son los niños! Ellos nacen libres,
con esa inocencia radical abierta al misterio,
 a la confianza en la vida y al amor al mundo.
Si la conservásemos..., ¡seríamos siempre creativos y felices!"

Elsa Punset

Así como Descartes y la Ilustración llevaron al ser humano a la era de la racionalidad, parece que en el siglo XXI se inicia esa Nueva Era que tanto anuncian: la era de la espiritualidad. Pero como todavía hay tanto escéptico -y tanto engaña-bobos- en torno al concepto de espiritualidad, se acepta cada día más el nuevo paradigma del "hombre emocional".

Desde el gran boom editorial de la Inteligencia Emocional (1995) de David Goleman, ya casi nadie se atreve a negar hoy en día el importante papel de las emociones en la vida humana.

Una sola emoción es inmensamente más compleja que todos los razonamientos humanos juntos, como ha demostrado la robótica, que aunque es capaz de crear máquinas cada vez más inteligentes, se le resiste la posibilidad de reproducir la más sencilla de las emociones.

A lo largo de la corta historia de apenas 2000 años de civilización occidental, las emociones, como el placer y la felicidad, fueron despreciadas y consideradas aspectos "vulgares" del ser humano, inferiores al raciocinio y a otras virtudes masculinas "loables" como la fuerza y la valentía. El mundo emocional, del mismo lado que el mundo femenino, fue demonizado y ocultado, temido y reprimido.

Hay actualmente una vertiente peligrosa y un poco estúpida en esta moda de las emociones, que consiste en aprender a "controlarlas" y "manejarlas", en la misma línea de la represión de los siglos anteriores, pero en su mayoría, forman parte de una gran "revolución" que nos lleva a reconocernos más humanos en cada una de nuestros laberintos emocionales.

Elsa Punset, pedagoga en gestión de las emociones, acaba de publicar un libro sobre la posibilidad de alcanzar mayores cotas de felicidad, partiendo de la recuperación de la inocencia infantil.

No he leído el libro aún, pero lo haré enseguida, engolosinada por esta entrevista que le concedió la autora al periódico La Vanguardia.

Elsa habla de la importancia de recibir afecto en la infancia para ser felices, y cita el importante concepto de resiliencia:

"Recibir afecto en la infancia infunde confianza y seguridad ante el mundo. Estudios sobre resiliencia –capacidad para remontar tremendos reveses– demuestran que niños tratados horriblemente que se agarraron a una mirada amorosa... pudieron remontar."

También afirma algo que ya había descubierto por mí misma: "Hay sólo dos modos de relacionarse con el mundo -dice- desde el miedo o desde el amor." Hace un tiempo me di cuenta de que lo contrario de la felicidad no es la tristeza, sino el miedo. Y lo contrario del amor no es el odio, sino el miedo.

Básicamente, podemos decir que existen dos fuerzas psicológicas primarias similares a las fuerzas físicas primarias: la atracción y la repulsión.

La atracción es lo que nos UNE con el mundo, con las cosas, con las ideas, con la naturaleza y con los otros seres humanos. El AMOR es la gran fuerza de atracción que nos une a nuestros semejantes, que nos hace sentirnos parte del TODO, que nos permite experimentar los estados de fusión con el universo (que buscan todas las experiencias místicas). Todas las emociones positivas forman parte de esta "atracción universal": el amor, el placer, la alegría, la euforia, la compasión, la empatía...

El miedo es la otra emoción negativa primaria básica, desde la que surgen todas las demás emociones negativas: la tristeza, la angustia, la ira, la rabia, el asco, la inseguridad, la hostilidad, el odio...

Cuando estamos en el vientre materno todos nos formamos con el impulso de atracción hacia nuestro entorno, de vivir en armonía con él, de sentirnos SEGUROS en él. La conservación de nuestra vida y de nuestra especie depende de esa sensación de SEGURIDAD que sentimos cuando estamos en armonía con el entorno, cuando amamos y nos sentimos amados.

Lo contrario de la seguridad y el amor, es el MIEDO. El bebé desde que sale del útero materno, sabe que su SEGURIDAD y su supervivencia depende del AMOR que la madre y su entorno primario sientan por él. La separación brusca de la madre, la ausencia de un cuerpo humano que le cuide, le hable, le mire y le sostenga permanentemente, genera en él las primeras sensaciones de INSEGURIDAD Y MIEDO, que hoy preferimos llamar ESTRÉS. Las sustancias que el organismo genera en situaciones de alarma o estrés, son las mismas del miedo: la adrenalina y el cortisol que nos prepara para la huida y para la guerra. Y ese miedo, inseguridad, estrés, consecuencia de lo que el bebé interpreta como DESAMOR,  va lesionando el pequeño cerebro, más vulnerable cuánto aún está en formación, hasta convertir a la criatura en alguien  propenso a la sumisión o a la agresividad, que son las dos caras de la misma moneda.

La VIOLENCIA es siempre la consecuencia del miedo, lo opuesto del amor. La falta de autoestima es otra forma del miedo. La capacidad de amar a los demás es la misma de amarse a uno mismo, y viceversa.

No todos los niños carentes de afecto serán violentos, sumisos, o neuróticos. Algunos serán resilientes, y desarrollarán estrategias de normalización. Pero detrás de todo ser humano violento, sumiso o neurótico sí hay un niño que no recibió el suficiente amor, o al menos no del modo en que él podía interpretarlo.

Se abren los telones de la comprensión de las emociones, que es la comprensión del espíritu humano en toda su profundidad. Los ateos y científicos no quieren hablar de "espiritualidad".  Pero cada vez se parece más.

Y el origen de todo está, cómo no, en el evidente principio: el embarazo, el parto, el nacimiento, la lactancia, la infancia.

26 de enero de 2010

El "machismo" de Amparo Rubiales

Por Ileana Medina Hernández


A través del blog de Crianza y Confianza, me encuentro con este artículo publicado en el periódico El País, y firmado por Amparo Rubiales, abogada, profesora, ex-política y consejera de Estado.

En su artículo, la autora habla de los peligros de lo que ella llama "neomachismo", que no es más que las miles de formas en que el machismo sigue existiendo más o menos solapadamente en el mundo, pero lo verdaderamente asombroso e indignante es que, entre los ejemplos de ese neomachismo, cita a la defensa de la lactancia materna:
"Son manifestaciones de ese miedo a la igualdad que los neomachistas tratan de extender de diversas maneras: sacralizan, por ejemplo, la lactancia materna, culpabilizando a las madres que no pueden practicarla; hacen responsables a las mujeres de los problemas de los menores, con la teoría del "nido vacío"; y del aborto ni hablemos, parece que es un capricho de algunas."
Calificar a quienes defendemos la lactancia materna como "neomachistas" me parece no sólo un insulto, sino también una postura muy peligrosa.

Soy consciente de que el debate más candente con el que nos enfrentamos las defensoras de la lactancia materna, es precisamente con cierto sector del feminismo de la igualdad clásico, que desgraciadamente, es el que apenas acaba de llegar a las instituciones políticas.

En varios post anteriores (que pueden revisarse buscando la etiqueta 'feminismo' en la columna izquierda del blog) he intentado desfacer este entuerto y explicar por qué la defensa de la lactancia materna es precisamente una lucha feminista.

Creer que la IGUALDAD consiste en que las mujeres dejemos de amamantar (ya que los hombres no pueden hacerlo, aplicamos la igualdad por el rasero masculino) para no tener obstáculos que nos impidan avanzar en el mundo laboral, me parece un disparate desde todos los puntos de vista. (También la igualdad pudiera consistir en que dejáramos de embarazarnos y parir, pero eso todo el mundo ve que es imprescindible para que nazcan nuevas criaturas, mientras que la lactancia PARECE que es prescindible.)

Es un disparate, en primer lugar, por las criaturas. La lactancia materna es lo mejor para los niños tanto desde el punto de vista fisiológico como desde el punto de vista psicológico, y los derechos de las mujeres no pueden ir en contra de los derechos de nuestras propias crías.

En segundo lugar, porque es absurdo que EN NOMBRE DE LA IGUALDAD,  las mujeres dejemos de hacer aquello que, hasta hoy día, solo nosotras podemos hacer: GESTAR, PARIR Y AMAMANTAR, que además son tres cosas indispensables para la conservación de la especie, las más importantes de la vida humana. LA SOCIEDAD EN SU CONJUNTO debería priorizar primero el cuidado de los embarazos conscientes, partos libres y amamantamiento con placer, y luego todo lo demás. No por una cuestión machista o feminista, sino por pura supervivencia y bienestar de la especie. Primero hay que nacer, y nacer bien, para que luego podamos ser y hacer todo lo demás. .

En tercer lugar, porque si EL AMAMANTAMIENTO constituye un obstáculo para que las mujeres podamos trabajar, ocupar puestos públicos, y ascender en nuestras carreras, LO QUE HAY CAMBIAR ES EL MUNDO LABORAL, y no el hecho de que las mujeres podamos -y debamos- amamantar a nuestras crías.

Es curioso, porque el feminismo tradicional, el de esa absoluta igualdad, ha luchado mucho porque se reconozca la baja maternal como derecho para la parturienta, pero no ha hecho nada -aún- por que el mundo laboral proteja la lactancia materna y los derechos de los recién nacidos. Ya hemos pensado en los derechos de las mujeres, falta pensar en los derechos de los niños a recibir la mejor alimentación y el mejor cuidado. Pero eso, es como pedirle demasiado al mundo laboral, así que me temo que LA POSTURA DE AMPARO RUBIALES ES MÁS MACHISTA QUE LA MÍA, está más cerca del mundo masculino tal cual ha estado ordenado hasta ahora. Yo le pido más cambios al mundo laboral, al mundo hecho a imagen y semejanza de los hombres productores: le pido que me permita amamantar y tener baja maternal prolongada y remunerada sin discriminarme por ello en mi puesto de trabajo ni en mi carrera profesional. ¿NO ES ESO UN FEMINISMO MÁS AVANZADO?

Me temo que al mundo machista y "neomachista" le conviene más la postura de Amparo Rubiales, que la mía. Amparo Rubiales quiere que las mujeres podamos incorporarnos al mundo público tal como está, tal como lo diseñaron los hombres a su imagen y semejanza. Para ella ése es el único mundo que existe, y quiere ser protagonista en él, siguiendo sus mismas reglas. Mi postura defiende que la entrada de la mujer al mundo público tiene que servir para cambiarlo. La mía es más revolucionaria, cuestiona más profundamente la esencia del sistema productivo-patriarcal-explotador basado en la fuerza, en la producción ilimitada de bienes de consumo y en la explotación abusiva de los recursos naturales y de la mano de obra asalariada (masculina y femenina).

En cuarto lugar,  no tiene ningún sentido concebir la igualdad como que todos los seres humanos somos idénticos (si todos fuéramos realmente iguales no tendría ningún sentido luchar por la igualdad). Luchar por la igualdad significa luchar por que TODOS SEAMOS IGUALMENTE VALIOSOS, A PARTIR DE NUESTRAS DIFERENCIAS, respetándolas y no barriéndolas del mapa.

Si las mujeres y los hombres aún conservamos alguna diferencia biológica (que la ciencia puede terminar eliminando), como adultos somos libres para ser homosexuales, bisexuales o heterosexuales, para cambiar de sexo, para abortar (estoy a favor de la legalidad del aborto temprano, siempre y cuando también dediquemos muchos recursos materiales y espirituales a evitar los embarazos no deseados), somos libres para decidir tener hijos o no... Pero desde que decidimos conscientemente traer al mundo una criatura, debemos hacer todo lo posible para que el embarazo, el parto y el amamantamiento transcurran de la mejor manera para ese nuevo ser; para que los estímulos, el contacto, el afecto y el bienestar que el bebé reciba desde que está en el vientre de la madre sean los mejores posibles.

Que las políticas públicas apoyen UN SOLO TIPO DE MADRE, la que desea incorporarse al mundo laboral desde que el bebé tiene 16 semanas o menos, y no apoyen a aquellas madres -o padres- que prefieran quedarse en casa durante un par de años;  es una discriminación, no una lucha por la igualdad. Que nos intenten vender que las guarderías o "escuelas infantiles" son buenas para los niños, es un engaño y una conformidad con el mundo laboral explotador existente.

En quinto lugar, ese feminismo del que habla Amparo Rubiales solo mide la igualdad y la libertad por la incorporación al mundo público, pero abandona la necesidad imperiosa de que tanto mujeres como hombres dediquemos más TIEMPO a la vida familiar, a la atención y cuidado de los niños, a las labores que no son lucrativas pero son la base de la sociedad; que dediquemos más afecto y presencia a la educación de nuestros hijos, en lugar de pedir que sea el Estado quien se responsabilice de la educación de las nuevas generaciones y les abandonemos desde lactantes en un mundo masificado sin individualización, afecto, intimidad ni apoyo emocional.

En sexto lugar, quienes defendemos la lactancia materna no "culpabilizamos" a las mujeres que no pueden amamantar, pues ellas son las primeras víctimas del sistema, que les ha arrancado una de sus capacidades fundamentales, que arrasa con todas aquellas capacidades humanas que necesiten altruismo, tiempo, paciencia, silencio y humildad; y nos ha hecho perder la confianza en nosotras mismas y en nuestros cuerpos.

Creo que la lucha por la lactancia materna, NO CONTRADICE AL FEMINISMO ni se opone a él. No es machista ni neomachista. Estamos del mismo lado en la lucha contra las formas patriarcales de dominación. Decía un viejo profesor y amigo: "sé avanzado y parecerás carca".

La lucha por la maternidad consciente y la crianza con apego es una forma de feminismo más avanzado, que busca compatibilizar realmente los derechos de las mujeres no sólo al trabajo y la vida pública sino también con el derecho a gestar sin estrés, a parir con libertad y a amamantar con placer (cosa que no podía hacer la antigua mujer dominada por el marido aunque se quedara en casa); y a la vez pensar en el derecho de los niños pequeños a recibir el mejor alimento y el mejor cuidado en sus primeros años de vida; y en el derecho de todos los seres humanos a no convertirnos en robots productivos 15 horas al día, sino a disfrutar y compartir la vida doméstica, las responsabilidades familiares y el tiempo de crecimiento de nuestros hijos.