2 de julio de 2014

Esas madres de la red

Por Ileana Medina Hernández


Dedicado a María Berrozpe, y a todas mis amigas sabias



Hoy me he levantado con un subidón. Resulta que los grandes profesionales internacionales del sueño infantil han montado unas jornadas que se llaman The Great Baby Sleep Debate Online 2014, que es el mismo nombre que la Dra. María Berrozpe, amiga y miembro de esta tribu, dio a su gran trabajo de investigación publicado gratuitamente en la red desde hace dos años. Dada la categoría profesional de los conferenciantes (Professor Helen Ball, Durham University, UK; Professor Jeanine Young, University of the Sunshine Coast, Australia; Associate Professor Kathleen Kendall-Tackett, Texas Tech University, US; Professor Ian St James-Roberts, University of London, UK) y la humildad y modestia proverbiales de María, ella se lo ha tomado como un privilegio y como la constatación de que sus análisis van en la línea correcta. Y sobre todo, que no es cierto lo que afirma continuamente Estivill sobre que su método es la voz de la ciencia y no es discutido ni cuestionado por nadie.

María es Doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad de Zurich, pero desde que fue madre, se salió del mundo académico y cuida en casa de sus hijos. Como yo misma y muchas de nosotras, a veces duda de su valía y de su autoridad para hablar desde afuera del mundo científico.

Hoy me vais a permitir que hable de nosotras mismas. No sé si es bonito, pero creo que es justo y necesario. La gran tribu de madres de la crianza consciente, de madres en general que intentamos hacer lo mejor que sabemos y podemos, que buscamos y nos cuestionamos continuamente para intentar dejar a nuestros hijos sagas emocionales, crianzas y educaciones lo más limpiecitas posible, amas de casa, blogueras, escritoras, asesoras, voluntarias en grupos de apoyo, trabajadoras a tiempo parcial, trabajadoras en trabajos precarios o básicos... Y también las más emprendedoras y decididas, creando sus propias empresas y trabajos satisfactorios relacionados con el mundo de la maternidad y la crianza.

Mujeres muy bien formadas, que por elección o por circunstancias vitales, no tenemos trabajos remunerados acordes a nuestras capacidades. Quizás tampoco los queremos en el mundo empresarial, académico o de la administración pública tal como está. Porque somos madres y queremos criar a nuestros hijos, estar tiempo con ellos y ser más libres de lo que ninguna empresa nos permite. Alguien por ahí nos llamó "frustradas" por no encontrar accesos en el mundo laboral. Y quizás tenga algo de razón.  El mundo empresarial, académico y laboral no es siempre justo. Yo misma, al emigrar de Cuba a Canarias, me encontré fuertes obstáculos en la Universidad de La Laguna para ejercer de docente allí, a pesar de que ya estaba dentro con una beca de doctorado del gobierno español. Me encontré departamentos académicos endogámicos, mediocres, en permanente guerra interna, y con una calidad docente malísima. Es la verdad. Si no la digo más a menudo es precisamente para no parecer una frustrada despechada.

Quizás si hoy fuera una ilustre catedrática universitaria no hubiera tenido hijos, o los hubiera tenido delegando la crianza en otras; o no, y estaría haciendo lo mismo pero con un trabajo mucho mejor pagado y que me gusta mucho más de lo que hago ahora :-)

Luego me las he apañado con un trabajo de gris funcionaria en la administración pública, de categoría menor, pero que me permite tener las tardes libres, salir de la oficina sin llevarme trabajo ni preocupaciones a casa, y tomar permisos y licencias cuando los necesito para cuidar a mis hijos.  Y escribir en este blog, que me ha dado muchas satisfacciones y me ha permitido canalizar mi vocación para escribir y para el análisis social. Quizás los caminos del señor son inescrutables, como dice el proverbio, y mi misión es más útil aquí, donde tan poco se ha escrito y que se ha considerado menor por los ámbitos académicos y mediáticos. Quizás precisamente desde los frustrados, marginados o outsiders del sistema, salen las voces más frescas e interesantes.

Las madres de la red estamos haciendo sociología de la vida cotidiana, eso que el sociólogo visionario Jesús Ibáñez ya planteaba en los años 80 y que se convirtió en paradigma de las ciencias sociales desde los años 90, con avalistas tan ilustres como el mismísimo Anthony Giddens. Estamos haciendo estudios cualitativos, dando voz a las mujeres y a los niños, escribiendo y publicando artículos gratuitamente, algunos de mucho valor intelectual como el mismo estudio de María, mientras damos la teta, limpiamos mocos, y pasamos noches en vela. Sin cobrar, sin prestigio intelectual, sin autoridad académica. Pero aportando a muchas otras madres y padres que nos leen y nos escriben con gratitud y cariño.

Estamos dinamitando las fronteras entre el estudioso y el estudiado. Entre la intelectual y la ama de casa. Entre lo público y lo privado. Entre la producción y el cuidado. Entre lo remunerado y lo gratuito. Sacando a la luz de lo público los aspectos verdaderamente esenciales de la vida, y que están en la base de lo macrosocial. Todo lo que ocurre afuera, desde las guerras hasta la macroeconomía, puede explicarse por lo que ocurre dentro de las casas cuando somos pequeños. Ahí se reproduce todo. Las madres estamos por primera vez teniendo voz, intentando hacer, difundir y reivindicar ese equilibrio imposible entre la crianza presente, la independencia económica y nuestra realización como mujeres. Nos estamos reinventando en los intersticios inexplorados de los sistemas productivos. Y eso es conciliación en sentido amplio. Es igualdad en sentido amplio. Es justicia en sentido amplio. Es creación en sentido amplio.

 Es hora de que nos lo creamos. De que nos demos valor nosotras mismas sin necesitar que nadie nos autorice. Y de que sigamos trabajando para que la autoridad se abra y se desplace de lugar, reconozcamos el mosaico de discursos y de lugares posibles desde el que emitirlos, que montemos y demos legitimidad a nuestros propios espacios discursivos, tan válidos como los grandes medios de comunicación y como las grandes universidades. Y que lo hagamos nosotras mismas. Nadie lo va a hacer por nosotras.

Va por ustedes, mis talentosísimas amigas. Las quiero mucho.

1 de julio de 2014

10 cosas que amo de mi vida cotidiana




1.- La sonrisa de mis hijos
2.- El pecho y el abrazo de mi marido
3.- Contemplar la puesta de sol sobre el mar desde la ventana de mi cuarto
4.- Una larga ducha de agua tibia
5.- La sabiduría de mis amigas
6.- Una comida con familia y amigos en la barbacoa del patio
7.- Dormir todos juntos como en un establo
8.- Jugar y saltar sobre la cama con los niños por la mañana
9.- Escuchar música clásica mientras conduzco
10.- Un buen libro (aunque últimamente duran mucho tiempo en la mesilla de noche :-)


¡Y que llegue el verano!

20 de mayo de 2014

10 cuestiones de sexo que no sabía a los 20 años

Por Ileana Medina Hernández

Tengo 41 años y estoy en el mejor momento de mi vida. Intelectual, corporal y emocionalmente. Mis amigas cuarentañeras están igual. Hermosas, fuertes, creativas, serenas, seguras de nosotras mismas. Reajustando cosas de nuestras vidas y quedándonos solo con lo que tiene que estar. Liberando cargas que no nos pertenecen.

Ahora me doy cuenta de que a los 18 o 20 años, cuando nuestros cuerpos están más plenos de belleza y de energía, solemos tener pocas ideas claras, mucha inseguridad y mucha mierda en la cabeza. En algo tienen que compensar los años y la experiencia.

Anoche de madrugada y después de un gran polvo con mi cazador de mamuts-semental-proveedor-sostén-cocriador-amante-amigo, me venían a la cabeza estas ideas. Aunque no suelo tratar este tema en el blog, sentí que tenía que escribirlas. (Algunas las sé desde los veintipico, eh, no todas tuvieron que esperar a los 40 :-) Algunas otras están en proceso. La vida es crecer.

Quizás las generaciones actuales ya van mucho más adelantadas. O quizás a las chicas y a los chicos de 15 años aún le puedan enseñar algo. Quizás lo lean mis hijos cuando aún están a tiempo :-) Quizás a alguna treintañera también le venga bien. Está escrito desde mi punto de vista de mujer heterosexual, pero creo que es adaptable para chicas y chicos de cualquier opción sexual. Aquí lo dejo.


10 cuestiones básicas de sexo que al principio te cuestan


1. Hacer una buena felación: Ya puedes buscar por internet todas las técnicas que existen. Fijarte en las pelis porno o estudiarlo en un tuppersex. Eso ayuda pero no es suficiente. El truco para dar una buena mamada es sencillo: disfrutarlo tú también. Nadie puede ofrecer placer si a la vez no lo siente. Cuando la persona es la adecuada, hay suficiente confianza, y te entra por la nariz (en cuestiones de sexo el olfato es muy importante), el placer llega y la técnica surge sola. Te darás cuenta y él te lo hará saber ;-) Mientras no te apetezca, no lo hagas. No hagas nunca nada que no quieras hacer y que no te produzca goce a ti también.

2. Ponerte encima y gozar tú: La mujer encima, erguida y dominando el ritmo, es una diosa en todo su esplendor. No se necesita un cuerpo perfecto. O sí, tu cuerpo siempre es perfecto tal como está. Se necesita no tener complejos, estar segura de ti misma, sacar todo juicio afuera, fluir. Se necesita concentración en tu cuerpo y en tus sensaciones, soltura de cintura y elegir las posturas, movimientos y gestos que te hagan sentir de verdad. Aunque el sexo sea ofrecimiento mutuo, cada uno al final es responsable de su propio placer. En la medida en que goces tú, más gozará también él porque...

La estructura interna del clítoris tiene enervaciones
que van mucho más allá de un simple botón. Es lo amarillo.
(Para saber más aquí)

3. Lo que más les pone no es tu cuerpo serrano: No seré yo quien niegue la importancia de la belleza física. La belleza existe y tiene mucho poder. Pero no son las medidas de tus pechos ni de tu cintura lo que más les pone. Lo que más les pone en realidad, en realidad... es...pssss...¡verte gozar! Cuando tú gozas él otro siente que está haciendo también su parte y que está siendo disfrutado. Sentir que gozas y a la vez sentirse deseado es lo que más calienta al otro.  A menudo nos preparamos para el sexo como si fuera un teatro, pensando en lo que el otro verá u opinará y no en lo que tenemos para ofrecer, a su cuerpo, a su alma, a su libido y a su autoestima. Y de paso a la nuestra. Ese es el juego.

4. Obtener orgasmos vaginales: Freud, un tipo visionario que también dijo muchas chorradas, que vio la verdad (la importancia del sexo y de la infancia) pero no pudo o no supo quitarse las gafas patriarcales, dijo algo así como que los orgasmos clitoridianos eran propios de mujeres inmaduras, y los orgasmos vaginales eran los "verdaderos". Las mujeres de mi generación sabíamos desde el principio que sin contar con el clítoris no hay ná. Mi amiga la bióloga Irene me contó que no fue hasta 1998 que la ciencia descubrió la verdadera estructura del clítoris y sus enervaciones que se extienden por una buena área de la vulva. Es muy probable que el famoso e inefable "punto G" no sea más que aquellos puntos de la vagina que permiten el acceso a las ramificaciones nerviosas del clítoris. Lo cierto es que con el "mete y saca" que se ve en los coitos de las películas, difícilmente ninguna mujer llegará al orgasmo.
Después de mi segundo y poderoso parto, yo he sentido sin embargo más placer que nunca recibiendo el falo dentro de mí. En esta etapa lo siento como lo más poderoso, pleno, completo. Y tengo orgasmos hasta en la simple posición del misionero, que ya es mucho pedir. No sé si por las enervaciones clitoridianas, por mi madurez, porque mi sexo tras la maternidad está mucho más abierto y sensitivo... lo cierto es que es posible obtener orgasmos no solo desde la vagina, sino también desde los pechos u otras partes del cuerpo, sin necesidad de estimulación clitoridiana directa. Son vueltas de tuerca.

5. Decir y hacer lo que de verdad te apetece: Sin sinceridad, no hay sexo verdadero. Lo otro es puro teatro. Ayuda a tu pareja a descubrir lo que más te place. Explora, susurra, expresa, guía, grita, habla. Antes, durante y después. La "liberación sexual" que estamos intentando desde los años 60 está muy lejos de ser completa. Follamos más y quizás mejor, pero nos queda mucho. Todavía las mujeres seguimos fingiendo los orgasmos. Seguimos patrones absurdos, modas y estéticas de las películas que están muy lejos de la realidad, sobre todo de la realidad de los cuerpos femeninos. Seguimos aferradas a hacer lo que sea "para que nos quieran", con los resultados contrarios. Seguimos apresadas en los cánones que nos venden la publicidad y los medios de comunicación, que dañan nuestra autoestima. Sin una autoestima mínima, el sexo no funciona. La belleza, el buen sexo y la felicidad nacen de adentro. Seamos sinceras y busquemos parejas que también lo sean y permitan serlo. Exploremos juntos. Compartamos ideas, miedos y fantasías. Seamos quienes de verdad somos.

6. Tu lado bisexual también existe: Creo que todas las personas tenemos una (mayor o menor) dosis bisexual. O dicho con otras palabras, que todos los seres humanos tenemos la capacidad de relacionarnos sexualmente con otros seres humanos, sean hembras o machos. Es más, intuyo que los seres humanos salvajes, fuera de la cultura represiva, seríamos algo así como los bonobos. Es posible que ese lado no se manifieste en ti en toda tu vida, no vamos a buscar razones, cualquiera que sea vamos a darla por buena. Quizás estés en el extremo derecho de la campana de Gauss :-). Pero si se manifesta, no le temas. Ábrete a la posibilidad y evita las etiquetas. Los gustos y la identidad sexual no tienen por qué ser fijos para toda la vida. Es posible que hoy te líes con otra tía y mañana vuelvas a los tíos. Es posible que solo consista en explorar, probar y disfrutar. En fantasías mutuas para compartir. En momentos de sexo colectivo. Es posible que establezcas una relación duradera o para toda la vida. Todo es posible. No te reprimas. No lo niegues. No lo mandes al inconsciente ni te censures a ti ni a los demás. Siente tu cuerpo y sé conciencia.

7. La menstruación no es asquerosa: Los anuncios de compresas nos siguen diciendo que la menstruación es un incordio y que nuestros flujos huelen mal. La mayoría de las mujeres sufrimos algún trastorno durante el ciclo menstrual: sindrome premenstrual, anovulación, dismenorrea, etc... Las mujeres vivimos la menstruación como un jodido obstáculo, porque la sociedad, sus ritmos, sus valores, han sido construidos por los hombres. El proceso de reconciliarnos con nuestros ciclos y con nuestra condición femenina es largo y quizás lleve toda la vida y a nivel colectivo, necesite un par de siglos más. En medio de ese panorama desolador, es normal que nos cueste integrar con naturalidad la sangre en el acto sexual. Empecemos a mirar, tocar y oler nuestra sangre y la de nuestras parejas con más valor. Quizás descubramos que es parte nuestra, que no huele mal y que nuestro cuerpo no es impuro. Nada perdemos en atrevernos.

8. La masturbación es una aliada: La masturbación en la infancia y adolescencia es un instrumento fundamental para conocernos y familiarizarnos con nuestro cuerpo, nuestra sexualidad, nuestras reacciones. Cuando crecemos y tenemos pareja sigue siendo una buena aliada. No significa que no deseemos a nuestra pareja ni que nuestra pareja no nos desee a nosotros. Significa que nuestro cuerpo sigue siendo nuestro para hacer con él lo que nos apetezca. Para dar alas a la imaginación. Para engrasarnos y entrenarnos y volver al sexo con el otro de un modo más rico. Mi amiga Mónica dice "no es lo que se hace, sino desde el lugar en que se hace" y es una frase que me encanta. Un mismo acto puede hacerse desde un lugar de amor y luz, o desde un lugar de ahogo y huida. Aprender a saber de qué lado estamos en cada momento es lo que se llama conciencia. Y entonces ya (casi) siempre elegimos estar en el lado bueno ;-)

9. La intimidad sexual es intimidad emocional: No importa que os acabéis de conocer o que no os vayáis a ver nunca más. No importa que sea sexo ocasional, o de aquí te pillo aquí te mato. Compartir el cuerpo es siempre compartir un poquito del alma. No estoy hablando de promesas, de compromiso ni de fidelidad. Hablo de conexión. Un buen polvo, aunque sea efímero, siempre necesita conexión emocional. Si solo tocas un cuerpo, y no tocas un alma, lo que estás tocando es la coraza, la máscara, el disfraz. Es pornografía o deporte, pero no buen sexo. No es verdad. Nos deja vacíos. El cuerpo es el lugar de las emociones. La rigidez corporal es rigidez emocional y viceversa. A veces la destreza acrobática también está desconectada, ensimismada, frecuentemente lo está. Busca el lugar interior desde el que puedas ofrecer un cachito sincero de tu alma. Escucha, acaricia, masajea, alimenta, sonríe. Ofrece ternura y cuidado.Agasaja. El sexo es un homenaje recíproco. Ponle amor y alma a cualquier acto que realices, también al sexual, sin pedir nada a cambio. El mundo te lo agradecerá.

10. Huir de quien no te respete: Los chulitos se conocen a distancia. Los prepotentes. Los machistas. Los narcisistas. Los egoístas. Los gallitos de pelea. Los que son tan frágiles que te necesitarán toda la vida como su madre. Los inútiles. Los cobardes. Los insensibles. Los que no son capaces de mirarte a los ojos. Los que no hacen labores domésticas. Los que te usan. Los que te exhiben como un trofeo. Los demasiado promiscuos. Los inmaduros. Los que menosprecian tu inteligencia. Los celosos. Los posesivos. Los que te piden que seas como no eres o que hagas lo que no quieres hacer. Los que te humillan. Los falsos. Los mentirosos. Que no liguen, y menos todavía que se reproduzcan. No te enamores de nadie esperando que luego cambie. Huye. Corre. No te detengas. No mires para atrás.

13 de mayo de 2014

all you need is love

Por Ileana Medina Hernández


Para Lior e Irene


Parque Lennon en La Habana

tenía el pelo largo y cantaba regular
y le hacía el amor a una mujer exótica
que en el fondo parecía su madre
se retrataba desnudo
representaba
la ilusión de libertad
y también el éxito
escribía sobre la paz y el amor
y cual metáfora del mundo
atrajo sobre sí la ira de un loco
pero dejó una frase
que resume ella sola
lo que la humanidad necesita saber
tanta filosofía
desde mileto y tales
tanta religión
y tanta ciencia
intentando explicar
qué somos y a dónde vamos
pero todo parece
mucho más sencillo
all  you need is love
y ya todo está dicho
love sobre todo cuando eres pequeñita
y así te llenas de amor
te sacias
te rebosas
y luego lo vas regalando
dándolo de nuevo
a los que te rodean
necesitamos love
y  maternaje
y cuidados
que nos quieran
y nos abracen
y nos acepten cual somos
necesitamos love y nos peleamos
a ver quién lo da a quién
de dónde sale el love
que nos sostenga
quién le pone el cascabel al gato
quién imagine all the people
loving and living
sex and breastfeeding
necesitamos love
empieza a darlo





29 de abril de 2014

Esencias y esencialismos

Por Ileana Medina Hernández


Días atrás leí este artículo de Helen La Floresta llamando a la cordura y a la conversación entre las distintas visiones sobre la maternidad que se defienden a voces, y a gritos entre sordos, en la red. Me gustó su voz fresca, y el lugar desde el que habla: el de una mujer cualquiera que no necesita legitimidad ni de títulos ni de cargos ni de currículos. Ese mismo día, otra mujer me increpó a través de Twitter sobre mi artículo anterior, y decidí que sí, que vamos a seguir hablando sobre estos temas, si es posible sin acritud, sin insultos, sin fanatismos, y dando la cara y abriendo la posibilidad de interlocución, a ver si vamos llegando a alguna parte.

La revista feminista Pikara Magazine ha publicado varios artículos sobre maternidad, y se sorprenden porque son, con distancia, los más leídos y comentados. Ellas no logran explicárselo, lo intentan, pero vuelven a la posición inicial: será la "sacralización" de la maternidad. Beatriz Gimeno, conocida activista en favor de los derechos de los homosexuales, candidata política en las listas de Equo en las pasadas elecciones, escritora de varios libros y analista de muy variados temas, escribe un artículo provocativamente llamado "Estoy en contra de la lactancia materna" y se convierte inmediatamente en el más leído y comentado de la historia.

Ignoro si la fuerza de estos debates se reduce a la blogosfera, o si se reproduce en otros lugares como los ámbitos académicos, científicos o políticos. Quizás en el siglo XXI la blogosfera y las redes sociales sea un lugar más vivo y más auténtico que esos otros, que a veces languidecen de burocracia o endogamia.

Supongo de todas maneras que en las escuelas de filosofía, de sociología o de ciencias de la salud estos debates estén presentes. Que en los ámbitos académicos y de estudios de género haya vida y pelea. Espero que no prevalezca en ellos un solo tipo de visión y cada vez se manifieste más la multiplicidad de la vida, sobre todo de las vidas cotidianas.

En el prólogo al libro Una Nueva Maternidad (Editorial Ob Stare, 2011), explico que el desplazamiento que ha dado en llamarse "crianza natural" (creo que este nombre está registrado como marca comercial), crianza con apego, crianza respetuosa, crianza mamífera, crianza contacto o yo prefiero decir crianza corporal, se articula en Occidente en el siglo XXI tomando como medio de comunicación principal internet, entre mujeres en general formadas que desean tomar las riendas de su vida y de su maternidad, al margen de las formas y fórmulas más extendidas y comerciales.

Podría decirse que esta "nueva maternidad" se basa en la convergencia de dos líneas experienciales concretas: por un lado, el deseo de vivir una maternidad consciente, corporal y placentera, conectando con la experiencia vital del parto, la lactancia y el porteo; y por otro, en el plano psicológico, el deseo de sanar las sagas familiares de educación autoritaria, distante y violenta, hacia formas de crianza y educación más presentes, respetuosas y empáticas con los ritmos y necesidades de los bebés y niños/as.

Así, la reivindicación de cambios en la sociedad que 1.-visibilicen la violencia obstétrica aún generalizada en muchos hospitales; que 2.-posibiliten, normalicen y hagan fácil la lactancia humana durante todo el tiempo que madre e hijo/a deseen; que 3.-amplíen la posibilidad legal y real de conciliación familiar (más tiempo con nuestros hijos); y 4.-contrarios a la legitimación y el uso por parte de profesionales (psicólogos, médicos, educadores, etc...) de métodos violentos de crianza y educación como la violencia física, el castigo o los métodos conductistas de adiestramiento del sueño solitario, por ejemplo, han inundado la red, los grupos físicos de apoyo a la crianza, y también cada vez más las formas tradicionales de libros, artículos, jornadas y congresos.

Es este un movimiento realmente democratizante y "empoderante" (por usar la palabra de moda), que ha ido en sentido inverso al habitual: desde las madres, padres y familias hacia los profesionales, las autoridades sanitarias, el mundo académico, las editoriales o los medios masivos de comunicación.

Frente a esto, un sector del feminismo que llamo "institucional" (presente en universidades, institutos de la Mujer, etc.) ha "reaccionado" (por lo que podría considerarse entonces que su postura en este caso es reaccionaria, conservadora) atacando directamente lo que ellas llaman, pareciera que despectivamente, "las mamíferas", "las místicas de la maternidad", etc...

En algunos medios de comunicación ha aparecido la voz de algunas feministas renombradas como Lidia Falcón, Celia Amorós, Amparo Rubiales o Edurne Uriarte...alertando de los supuestos "peligros" de estas nuevas formas de maternaje, tachándolas de "neomachistas", haciéndose eco de los postulados de la francesa Elizabeth Badinter, y alegando como argumentos principales estos:

-que son esencialistas y biologicistas
-que pretenden la vuelta de la mujer al hogar
-que dejan al padre fuera de la crianza
-que aumentan la culpa y la presión sobre las mujeres

A mi ego le encantaría debatir sobre esto en el Parlamento (qué alegría que se estuviera debatiendo, por ejemplo, un proyecto de ley para ampliar la baja maternal); o en un congreso universitario, o en Televisión Española en un programa prime time. Pero mientras, el lugar es este humilde blog y desde aquí reflexiono sobre lo que me parece importante. Hoy voy a hablar sobre la primera de esas críticas: el esencialismo y el biologicismo.

Esencialismo y biologicismo

Que el ser humano está en todos sus aspectos atravesado por la cultura es innegable. Ahora, a veces la cultura va a favor del cuerpo y de la salud, de la vida, y a veces va en su contra. El funcionamiento del pene o del corazón nadie niega que tenga factores, procesos y funciones biológicas, aunque también puede tenerlos psicológicos, emocionales, y por tanto, culturales, sociales.

La separación entre cultura/biología es la misma separación entre cuerpo/mente. Si la biología no puede separarse de la cultura, el cuerpo no puede separarse de la mente. Es curioso, porque generalmente quienes defienden mucho la maternidad como constructo social, el valor de lo simbólico, son a menudo los mismos -o las mismas- en negar el papel de las emociones en la enfermedad, por ejemplo. Si todo es cultura, y no hay biología, entonces ¿qué pasa con la enfermedad? Se trata de una separación que atraviesa por el mismo centro la condición humana. De hecho, la Dra. Christiane Northrup (y también el psiquiatra Claudio Naranjo de cierto modo) ha definido el patriarcado como la separación cuerpo/mente. Una definición que me encanta, porque va mucho más allá de lo que estamos habituados a considerar, es inteligente e invita a pensar.

Serían dos ejes: uno que va de lo biológico a lo cultural (de la materia a lo simbólico),  y otro que va de lo individual a lo social. En algún punto de los cuatro cuadrantes nos movemos todos, a través de la vida.

La reproducción humana tiene cuatro fases biológicas claramente diferenciadas: la concepción, la gestación, el parto y la lactancia. Las cuatro fases están atravesadas por determinantes culturales, sociológicos y psicológicos de la pareja, de la familia y de la sociedad humanas. Pero tienen también cosas comunes a todas las culturas y a otras especies animales. En tres de ellos la mujer tiene un papel más protagónico, dado que la gestación se produce en el útero y la lactancia humana de forma espontánea en los pechos de la mujer recién parida.

Podemos decirlo también de otra manera obvia: todo ser humano es concebido, gestado, parido y amamantado por un cuerpo de mujer.

La importancia que estas etapas tienen en la vida humana está cada día más clara, tanto para la ciencia, como para muchas personas comunes (para el sentido común). No hay nada que no se pueda reparar en el futuro, pero si la vida comienza del mejor modo posible, mucho mejor para todos (en sanidad suele llamarse prevención).

Reconocer la importancia de la vida intrauterina, el nacimiento, la lactancia y en general la etapa perinatal en la salud de las personas es ya una evidencia científica que casi nadie discute.

Hasta aquí llega la parte "biologicista", o propiamente biológica, de la maternidad. Si esto es "esencialista", no lo sé.

Si ser esencialista es creer que hay cosas esenciales, pues mire usted, sí. Creo que hay cosas esenciales. Que no todo vale. Y creo que el progreso de la humanidad se ha basado en creer que hay cosas mejores que otras, y cosas que son esenciales para la vida humana: la salud y el amor entre ellas.

En la paternidad  en cambio, quizás todo sea cultural.  (Y ahora habrá padres que se sientan ofendidos... estudios demuestran también que los hombres sufren cambios hormonales con la paternidad, como los pueden sufrir madres y padres adoptivos, y todas las personas cuando amamos a alguien. Cambios biológicos que acompañan al vínculo y que retroalimentan la capacidad de vincularse y de cuidar). En el mundo animal hay desde meros fecundadores (algunos fecundan hasta muertos, como los de las mantis, que a veces las hembras los descabezan justo antes de la eyaculación). Y otros comparten cuidados y crianza a partes iguales, como algunas aves y mamíferos, o incluso se embarazan, como los caballitos de mar. En alguna sociedad matriarcal que queda por ahí, como la de los mosuo, los niños se quedan con la familia matrilineal y no viven con los padres biológicos.

Está claro que las niñas y niños necesitan, además del mejor entorno uterino posible, el mejor nacimiento posible y la mejor lactancia posible (lo cual a su vez necesita que las madres estén lo más cuidadas posibles) una ingente cantidad de cuidados durante muchos años, imposibles de satisfacer por una sola persona. La manera en que estos cuidados se prodigan, varía culturalmente. Desde una niñera hasta una tribu, siempre que sea amorosa y no depredadora.

Todo lo que contribuya a mejorar la salud, la calidad de vida y la calidad amorosa de los vínculos entre los humanos me parece pertinente para la opinión pública y para las políticas públicas. Otra cosa es que cada uno y cada una en su casa haga lo que buenamente pueda. Eso es una obviedad. Pero las polìticas públicas deben intentar beneficiar aquello que aumenta la salud, la calidad de vida y últimamente se empieza a hablar hasta de felicidad social. La universidad de Harvard lleva muchos años dedicando un macro-estudio a la felicidad. Otro sentido no le veo a "la cosa pública".

Esto, parece que algunas feministas lo están interpretando como un aumento de la presión o de la "culpa" (el tema de la culpa merece un libro aparte) sobre las mujeres. El tópico de las "malas madres", o de las buenas madres sigue sobre la mesa.

El feminismo de la línea de Simone de Beauvoir ha llegado a suponer que la maternidad es un "sacrificio" que el patriarcado nos ha impuesto a favor de la reproducción de la especie. Y quizás la maternidad patriarcal sí lo sea. Pero también podríamos preguntarnos si no es posible que sea la sociedad (patriarcal), la cultura (depredadora), y las historias familiares de psicogenealogía violenta, las que nos han llevado a experimentar la maternidad como algo sacrificado y no como algo placentero (igual que el sexo, por ejemplo).

También ha supuesto que la maternidad es un rol "tradicional" y que lo "moderno" está en otro lugar. Estaría fuera de lo doméstico, en el lugar del empleo, del trabajo asalariado y de la empresa,  lugar considerado por la misma progresía, empezando por Marx, como el lugar de la opresión sobre el ser humano por excelencia. Hay un conflicto entre el feminismo emancipatorio de la igualdad y la izquierda tradicional que no se ha resuelto. ¿El trabajo asalariado libera? ¿De qué nos libera? ¿Qué tipo de trabajo y en qué condiciones pudiera resultar liberador?

También ha dicho que la maternidad no debe ser obligatoria para ninguna mujer y que la condición de mujer no está ligada a la condición de madre. En esto estoy completamente de acuerdo. Si hay que seguir insistiendo en ello, cuenten conmigo.

Pero, ¿qué pasaría si todas las mujeres llegáramos a considerar la maternidad como algo no deseable? Si todas las mujeres, incluidas las que deciden no ser madres (con todo su derecho), existen, trabajan, ocupan cada vez puestos más revelantes y tienen otras mujeres y hombres que les ayudan a cuidar a sus hijos, a limpiar sus casas, a manufacturar sus ropas, o cuidarles cuando se enferman o cuando sean ancianas, es porque otras mujeres consideraron la posibilidad de ser madres y llegaron a serlo. Otras mujeres tendrán siempre que reproducirse. Más vale que lo hagamos en las mejores condiciones posibles, ¿no? Las sociedades en que la natalidad baja hasta límites de no reemplazo son sociedades en que la vida en general se ha vuelto adversa y difícil. Por eso la natalidad baja.

Estas feministas proponen "desmitificar", "desacralizar" o "desocupar" la maternidad. No sé exactamente bien qué quieren decir con esto. A veces me parece que es quitarle importancia. Repartirla por ahí entre la sociedad y quitarle hierro al asunto, y de paso sacudirnos sombras personales. Estoy de acuerdo en que toda la sociedad, hombres y mujeres, ricos y pobres, responsables de políticas públicas y económicas y ciudadanos comunes, hemos de trabajar para poner el cuidado (propio y el de otros) en el centro de nuestras vidas. El desplazamiento desde la ética de la justicia hacia la ética del cuidado (Carol Gilligan) me parece el desplazamiento teórico fundamental del humanismo del siglo XXI, si queremos humanismo y queremos siglo XXII. Pero eso yo lo interpreto en sentido contrario: más importancia al maternaje y no menos. Maternizar la sociedad, a los hombres, a los padres y también a nosotras, las propias madres. Porque trabajar a favor del maternaje, de la dignidad de las labores de cuidado, de los afectos y de las emociones, de la empatía, de la infancia, de los vínculos humanos, es un trabajo personal y social que nos hace mejores a todos. Que aumenta la paz, la cohesión y la felicidad social. Que puede convertir en placer lo que es sacrificio, en fácil lo que es difícil, y en felicidad lo que es angustia o depresión.

Mucha gente ha creído que las madres de antes, las que estaban en casa, eran más dedicadas, más sacrificadas, más "madres" en fin que las de ahora. No es cierto. El problema del mundo, tal como han visto y explicado, por ejemplo, para no salirnos del enfoque feminista, Victoria Sau Casilda Rodrígañez, es precisamente de escaso maternaje. No porque las generaciones históricas de madres hayan sido "malas", ni malas madres, ni malas personas. Las pobres han hecho lo que han podido. Como todas. En condiciones de violencia machista, de insalubridad, de pobreza, de dominación, de propias infancias muy maltratadas... han hecho lo que buenamente han podido antes o a la vez de ver morir a sus hijos, de deprimirse, volverse locas, suicidarse, enfermar o sobrevivir que ya es bastante.

En ese sentido, sí veo necesario derrumbar, desmitificar o desacralizar la maternidad patriarcal o virginal (frígida) que conocemos hasta ahora. La maternidad sumisa. Cambiar la familia patriarcal represora por otra respetuosa, nutricia y alegre. Pero sustituirla por nada es imposible. Sustituirla (a ratos) por cuidados institucionales o paternales es necesario, pero no suficiente. Somos mamíferos, y los procesos  biológicos, incluso esos, que parece que siempre han estado ahí, han estado heridos y maltratados. El bienestar físico y psíquico de la mujer durante el período de gestación, el parto y el puerperio son necesarios, para las mujeres que deciden ser madres y para las crías, que somos todos. No se trata de subordinar el bienestar de la madre al de la cría, se trata de hacerlos compatibles (y de facilitarlos, si es posible, desde las instancias macrosociales). De devolverles a las maternidades y las paternidades, la facilidad, la felicidad y el goce. A la vez que se le procura, quizás, a los niños y niñas. A la humanidad.

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Sobre el papel del padre en la crianza corporal, he escrito algo por aquí: El macho y la teta

Sobre crianza corporal y trabajo fuera de casa, aquí: La lactancia como aliada de las madres trabajadoras