6 de marzo de 2020

El odio a un enemigo

Por Ileana Medina Hernández


El odio proviene de una rabia que es interna, cuya acumulación probablemente tenga su origen, como todo, en el maltrato, represión o dejaciones que sufrimos en la infancia.

Esa rabia/miedo, al no poder expresarse en el momento contra los verdaderos causantes (indefensión aprendida), busca hacia dónde proyectarse.

Y entonces se busca un "enemigo". 

¿Quién será ese enemigo? Ahí entran a jugar las manipulaciones políticas del grupo, que suele decirte cuál es el enemigo sobre el que debes proyectar tu odio/miedo, generalmente un exogrupo (nosotros vs. otros) estereotipado de antemano.

El estereotipo permite meter a todos los individuos de un grupo en una misma categoría y considerarlos a todos por igual, y esa separación por categorías (blancos, negros, extranjeros, ricos, pobres, de derechas o de izquierdas...) nos permite reaccionar abstractamente contra una categoría (el capitalismo, el patriarcado, etc...)  en lugar de contra hechos concretos. 

Para que el odio se concrete y se convierta en guerras que pueden terminar en genocidios es necesario que no veamos a las personas en su individualidad, sino que las consideremos abstracciones: 

"El odio es siempre difuso. Con exactitud no se odia bien. La precisión traería consigo la sutileza, la mirada o la escucha atentas; la precisión traería consigo esa diferenciación que reconoce a cada persona como un ser humano con todas sus características e inclinaciones diversas y contradictorias. Sin embargo, una vez limados los bordes y convertidos los individuos, como tales, en algo irreconocible, solo quedan unos colectivos desdibujados como receptores del odio, y entonces se difama, se desprecia, se grita y se alborota a discreción: contra los judíos, las mujeres, los infieles, los negros, las lesbianas, los refugiados, los musulmanes, pero también contra los Estados Unidos, los políticos, los países occidentales, los policías, los medios de comunicación, los intelectuales. El odio se fabrica su propio objeto. Y lo hace a medida." (Emcke, Carolyn: Contra el odio). 

5 de marzo de 2020

¿Por qué expulsan al Partido Feminista Español de Izquierda Unida?


Por Ileana Medina Hernández

El feminismo empezó diciendo que la biología no era importante, y que todo es un constructo cultural.
Este probablemente sea el debate más importante de la filosofía y la sociología de finales del siglo XX y de principios del siglo XXI: el género como constructo cultural y la negación de la biología y el cuerpo.
Las feministas clásicas a partir de Beauvoir comenzaron defendiendo esta idea para despojar a la maternidad como destino manifiesto de las mujeres, y a partir de ahí se fue extendiendo en muchos ámbitos.
Es obvio a día de hoy que las mujeres no tenemos que ser obligatoriamente madres, ni estamos predestinadas a realizar ningún tipo de actividad diferente a los hombres, excepto en tres asuntos: gestación, parto y lactancia, de vital importancia para la reproducción de la especie humana, al menos tal como la conocemos hasta ahora. Y es esa parte de la biología la que estas corrientes han ignorado olímpicamente.
De la misma idea matriz partieron las ideologías queer, que niegan todo tipo de identidad sexual fija.
Ambas corrientes -con sus múltiples variantes y olas- se han erigido desde la segunda mitad del siglo XX en importantes cuerpos teóricos que dominan las instituciones académicas, universitarias y políticas en Estados Unidos y en Europa.
Sin embargo, ahora mismo estas dos ramas hermanas, están enfrentadas entre sí. Pues el feminismo al fin y al cabo necesita la existencia de algo estable que pueda definirse como "mujer".
Las feministas alegan que las ideologías queer vuelven a invisibilizar la lucha de las mujeres diluyéndolas en esa masa amorfa donde las diferencias sexuales no existen.
Si afirmo que ambas corrientes son la plasmación ideológica del fin de la reproducción sexual humana tal como la conocemos, ¿nos asombraríamos? Ellas creen estar del lado izquierdo de la ideología, pero su pensamiento es totalmente funcional al transhumanismo, con el desarrollo tecnológico capitalista y con la robotización, lo que quizás no es ni bueno ni malo, incluso inevitable.
Las viejas feministas españolas están tomando de su propia medicina. Renegaron de la biología y cuando los debates sobre lactancia, se pusieron de parte del biberón. Cuando los debates sobre los permisos para criar, se pusieron de parte de la baja paternal.
Y ahora los trans/queer les están dando pau pau en las nalgas. Las acusan de tránsfobas y de insensibles ante fenómenos como la maternidad y la diversidad.

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La condición mamífera

14 de agosto de 2019

Hormiguero

Por Ileana Medina Hernández





La vida es insconsciente. Por eso la gente cree en Dios: sabemos, inconscientemente, que como dicen los advaitas, no es el ser humano el que hace.
La vida es algo muy complejo y maravilloso para depender de la voluntad o el ego de un puñado de sujetos, insignificante puñado de hormigas o humanos. Solo los tontos pueden creer que ellos son los que hacen.
La libertad individual no es hacer lo que uno quiera, sino permitir que cada uno venga a ser lo que es.
La vida se hace a través de nosotros. Y solo podemos aspirar a no ponerle demasiados obstáculos.

13 de agosto de 2019

El hombre y la tierra

Por Ileana Medina Hernández



«La entrada del neolítico es la del abuso y la del sojuzgamiento, 
y en ella seguimos, inadaptados».
Félix Rodríguez de la Fuente

Ayer abrí al azar dos capítulos de El Hombre y la Tierra. Recordaba con nostalgia la música trepidante, la voz grave, las pausas de dicción de Félix Rodríguez de la Fuente, que llegaron a mi infancia a través de la pantalla en blanco y negro de un televisor ruso. 
Comprobé con asombro como a pesar de que las imágenes no cuentan con la calidad tecnológica de hoy, el médico Félix sigue siendo un fuera de serie: sentido de la dramaturgia, vocabulario cuidado, enfoque filosófico, riesgo físico y riesgo intelectual de un hombre precursor, visionario y valiente. 
Comencé a ver El Lobo y El Águila Real. 
En ambos, lo primero que se cuenta es la fase reproductiva, la lobera y el nido, los cachorros y pichones, la loba y el águila hembra en constante vigilancia. Ninguna tensión y estrés en la especie comparable a la tensión y el estrés que supone el cuidado y protección de las crías. Comprendí de pronto eso que las madres llevamos inevitablemente a cuestas: la alerta, el miedo, la vulnerabilidad, el alma por fuera. 
Me pregunto cada vez que veo este tipo de documentales en qué momento el ser humano se separó tanto de la naturaleza, al punto de que los feminismos hoy en día puedan llegar a defender ¡en serio! que la maternidad es un constructo cultural patriarcal. 
Decía el no tan loco Leopoldo María Panero que "el hombre no es el producto de una evolución natural, sino tan sólo el resultado de una ruptura con las leyes naturales”. Y quizás tenía razón. 
Pero la pregunta hoy es si esa ruptura con las leyes naturales es compatible con la vida a largo plazo. Esa ruptura nos ha llevado a poner por encima de todo los valores, los derechos y los placeres individuales, lo cual no juzgo. La civilización occidental se ha erigido sobre el ego, el individuo, hasta el punto de que hoy hemos llegado a una sociedad donde los individuos vivimos muchos años, pero la natalidad tiende a cero. Probablemente, eso nunca ha sido lo que ha "interesado" a la naturaleza, a la vida. A la vida le interesa continuar, para lo cual lo más económico sería justo lo contrario: individuos que vivan poco pero se reproduzcan mucho. 
La maternidad, entendida como la capacidad de las progenitoras (y progenitores si queréis) de proporcionar los cuidados para la supervivencia y entrenamiento de las crías de modo tal que puedan llegar a ser adultos fuertes y capaces, ha sido quizás el sentido primitivo de la vida y desde luego, en todas las especies el proceso que más energía, estrés y protección colectiva conlleva. 
En las sociedades desarrolladas actuales sin embargo, la reproducción es en general un obstáculo para las dos dinámicas fundamentales: la producción y el consumo. Todos los procesos sociales, físicos y biológicos, tienden a la infertilidad, la reproducción no elegida, la baja natalidad, la maternidad frígida, la crianza difícil, la educación institucionalizada. Los individuos no somos "culpables" y nuestra supuesta "capacidad de elegir" tan solo refleja las tendencias sociales de una época y un orden social de prioridades. 
Sin creer que es el apocalipsis, las preguntas son inevitables, mientras veo a la loba de Félix que no deja de rondar su cueva... y a los humanos, que al fin y al cabo, somos una plaga que no deja de crecer.

6 de mayo de 2019

Día de las Madres ¿qué celebramos?

Por Ileana Medina Hernández


Imagen de nacimiento en el agua. Tomada de la red.


Se celebra el Día de las Madres pero:

-La maternidad está cada día más desprestigiada: se cree que puede comprarse, venderse y sustituirse por cualquier otra cosa.
-La maternidad jamás ha sido valorada: desde la maternidad virgen de María hasta la maternidad sacrificada de nuestras abuelas o la maternidad invisible de hoy en día (al día siguiente con cuerpo 10 y de vuelta a las labores visibles e importantes): ninguna es reflejo del verdadero papel de la maternidad mamífera humana.
-Los cuidados maternales no son remunerados ni reivindicados por nadie, más bien parecen una "carga" a repartir a ver a quién le toca menos.
-Los procesos exclusivamente maternales (gestación, parto y lactancia) son continuamente violados por las autoridades sanitarias, jurídicas o laborales, y han quedado afuera de la mayoría de reivindicaciones feministas.
-Los conservadores reivindican una maternidad "sacrificada" y los progres una maternidad "institucionalizada", dejando ambos fuera la posibilidad de una maternidad placentera, informada, conectada y poderosa.
-Como hijos nos debatimos entre una idealización de la figura materna o una rebeldía crítica, pero casi siempre desconocemos la realidad de nuestras vivencias infantiles.
-La forma de crianza generalizada a lo largo de los siglos ha sido y es cruel con las criaturas y también con las madres, a quienes solemos hacer responsables de todo pero también a quienes desconocemos en sus auténticas necesidades.
-Las sociedades desarrolladas tienden a natalidad cero y a la excesiva tecnologización de los procesos reproductivos.
-Los únicos procesos exclusivamente femeninos que existen han sido ignorados por la ciencia, apropiados por las autoridades masculinas y se habla sobre ellos aún desde una gran ignorancia, estereotipos, prejuicios y sin contar con la voz de las madres.
-La maternidad, el parto, la lactancia y las necesidades de la primera infancia siguen siendo grandes desconocidas, incluso en ámbitos supuestamente científicos, sanitarios y pedagógicos.
 

Los regalos y las flores están muy bien, pero la revalorización de los procesos y los cuidados maternales por parte de toda la sociedad, estaría todavía mejor.