18 de abril de 2015

El feminismo Willy Wonka




La feminista Willy Wonka: Voy a regalarle a esta muchacha mi fábrica (...) Necesito una heredera... (...) ¿Estás lista para dejar todo esto y venirte conmigo a mi fábrica?

La mamá Charlotte que quiere conciliar:  ¡Por supuesto! ... bueno... si mi familia puede venir conmigo.

La feminista Willy Wonka: Oh, hija mía, claro que no puedes. No puedes dirigir una fábrica cargando con el muerto de toda una familia. Una chocolatera tiene que ser independiente y libre, tiene que perseguir sus sueños sin importarle las consecuencias.
Mírame a mí, no he tenido familia y me he hecho de oro.

La mamá Ch. que quiere conciliar: Entonces, si me voy a la fábrica ¿no volveré a ver a mi familia?

La feminista Willy Wonka: Claro,¡consíderalo una ventaja!

La mamá Ch. que quiere conciliar: Entonces no voy, no dejaría a mi familia por nada, ni por todo el chocolate del mundo.

La feminista Willy Wonka: (muy bajito, como para sí misma): Oh, entiendo... ¡qué raro!


(El diálogo es transcripción literal de un fragmento de la conversación entre Willy Wonka y el niño Charlie, al final de la película Charlie y la Fábrica de Chocolate, dirigida por Tim Burton, USA-UK, 2005,)

14 de abril de 2015

La constancia

Mi hija mayor, en segundo grado de primaria, este año padece a una maestra psicópata que se dedica a dar sermones todos los días a niños de 7 años sobre la importancia de "la disciplina, la atención y el esfuerzo". Todos los días las mismas palabras y las mismas consignas. Se inventa unas asambleas falsas manipulando a los niños para que digan lo que ella quiere oír: que sus clases son maravillosas y que los niños son malos porque no atienden. Dice que los niños crearon ellos mismos el "logotipo de la clase" con las palabras "respeto, atención y esfuerzo", como si fuera una bandera franquista.
Sin ir más lejos, ayer mismo la niña trajo en el cuaderno este dictado: "Hemos llegado a la conclusión de que las clases nos gustan pero que estamos más en el juego y no nos concentramos en la atención y el esfuerzo". (sic)
Sádica, vamos.
Luego les mandó a hacer una redacción sobre la constancia.
Yo me he inspirado y le he escrito a mi hija esto:




La Constancia
A mi princesa M, mi mejor maestra


Había una vez una niña que quería volar como los pájaros. Los adultos le pedían que estuviera sentada a una mesa haciendo números, pero ella lo que quería era salir volando por la ventana.
Todos los días pasaba una cometa volando y ella se quedaba mirando arrobada su larga cola. Poco a poco fue rodando la silla y estirando un poco la mano. Rodando la silla y estirando la mano. Estirando la mano. Un poquito y otro poquito. 
Hasta que la mano se alargó y la silla se hizo leve, y un buen día la niña puedo engancharse a la cola del cometa y salir volando. 
Y así fue como aprendió que cuando una tiene un deseo muy fuerte y verdadero, hará lo que sea hasta conseguirlo. Y eso es la constancia. 

No sé si mi hija querrá hacer su propia redacción o se atreverá a llevarle esta a la maestra. A ver si la convenzo ;-)


© Ileana Medina Hernández

12 de marzo de 2015

Las 5 claves de las doulas

Las 5 claves del trabajo de las doulas, por Asociación de Doulas de la Comunidad Valenciana: 






Tertulia radiofonica sobre mujer y maternidad

El pasado 8 de marzo tuve el honor de ser invitada junto a tres prestigiosas mujeres a una tertulia sobre maternidad en Radio Ecca.

Participamos Monica Felipe, Beatriz Gimeno (que se le cayó la comunicación y no pudo continuar) y Rosario Armas.

Puede escucharse la tertulia completa, de 40 minutos, aquí:



10 de marzo de 2015

No gritar

Por Ileana Medina Hernández

Intentar educar con presencia y respeto es el desafío más grande que me he propuesto en la vida. Creo que ningún trabajo intelectual es ni siquiera la mitad de difícil. Tengo dos hijos maravillosos, una niña que ya tiene 7 años, una niña muy sensible, inteligente, buena... y que no se merece que de vez en cuando su madre se vuelva como loca y le grite por boberías. Con el pequeño todavía lo llevo mejor, pero cuando van creciendo y encima los hemos criado dejándoles que tengan criterio propio, pues los retos se ponen difíciles.

Una vez que el desbordamiento se pasa, una se da cuenta de que los gritos nunca fueron necesarios y que en realidad fueron por una tontería. Que en realidad no tienen que ver con la niña, sino con una misma, con la ira que llevamos reprimida, con el agotamiento, con expectativas irreales sobre los niños,  y con patrones de violencia que llevamos interiorizados en nuestras células y que nos cuesta mucho sacar de nuestra programación inconsciente.

La teoría me la sé muy bien, pero en la práctica, los gritos vuelven. El otro día leí este post que escribió la psicóloga Ana María Constaín, y me sentí identificada. A la vez, he visto los materiales que está compartiendo la psicóloga Mónica Serrano sobre comunicación respetuosa  y me he puesto manos a la obra para intentar identificar cuándo es que me desbordo con más frecuencia y por qué. También circuló por ahí hace un tiempo el desafío del rinoceronte naranja, una iniciativa que creó una madre norteamericana.

He notado que mi punto débil es cuando me toca poner límites. Sería el punto 5 de estos que tan bien desglosa aquí la psicóloga Serrano. El resto se me dan más o menos bien normalmente. Comenté a Mónica que he logrado identificar que ahí es donde está mi problema. A veces me resisto a poner límites (oh, esta identidad de madres "molonas-que-fluyen" que a veces nos construimos, ¿no?), espero a ver "si se ponen solos", y cuando toca ponerlos ya  me he enfadado, con lo cual la "mamá-que-fluye" deja de fluir y consigue justo el efecto contrario al deseado. Con su ayuda, logré identificar también que el problema está en que debemos reforzar los acuerdos, utilizando las estrategias 7- 9 de estos otros tips que ofrece aquí. La verdad que la explicación sencilla y directa de estos pasos, me ha sido de mucha utilidad para identificar qué es lo que me pasa, cuándo y qué puedo hacer para ir mejorando. Gracias a Mónica y a Irene por ofrecer estas magníficas herramientas. 

Hija mía, hijo mío. Mamá intenta hacerlo mejor. Ni ustedes ni nadie merecen que les griten ni les falten el respeto. A veces es mamá la persona que peor les habla y eso no puede ser. Me toca a mí mejorar, por ustedes y por mí misma. Pedirles disculpas y aclararles que gritar está mal y que es mamá la que se desborda y no ustedes que lo merezcan, no es suficiente. Hay que dejar de gritar. Curar nuestros gritos interiores, que no son contra ustedes, lo que más amamos.