16 de abril de 2009

¿Cuánto ha de durar la lactancia materna?


Por Ileana Medina Hernández



Para responder a esta pregunta, los estudiosos han acudido a dos métodos:

-El estudio de la duración de la lactancia materna en las culturas tradicionales. Se dice que la duración de la lactancia en todos los grupos humanos que no utilizan otras leches, oscila entre los 18 meses y los 7 años, con una media de aproximadamente 4 años en el mundo entero.

-La investigación de la lactancia en el resto de los primates: La doctora Katherine Dettwyler, profesora de Antropología en la Universidad de Delaware, analizó la duración del destete en primates no humanos, y concluyó que, traspolando al ser humano las distintas variables que coinciden con el destete de otros primates (dentición, tamaño y peso de las crías, madurez del sistema inmunológico, etc...) en cualquier caso la duración de la lactancia humana estaría entre los 2,5 y los 7 años.

La Organización Mundial de la Salud recomienda mantenerla exclusivamente (sin introducir ningún otro alimento) hasta los 6 meses, y acompañando a la alimentanción complementaria hasta los 2 años de edad, y a partir de ahí hasta que la madre y el niño lo deseen.

Pero cualquiera que tenga sentido común, no necesita irse a ver cómo amamantan los aborígenes de la Patagonia o los macacos de Ceilán para darse cuenta de un pequeño detalle: la lactancia materna ha de durar lo mismo que dura en la sociedad occidental el uso de biberones, los chupetes y los "trapitos" u ositos para dormir (los llamados "objetos de transición").

Las tres cosas no son más que sustitutos artificiales del pecho y el cuerpo maternos, en sus tres funciones principales:
1.- La función nutricia: se sustituye por la leche de vaca manipulada industrialmente y la tetina de plástico.
2.- La función sensorial y sexual: El reflejo de succión de los bebés es su forma de canalizar la energía vital en la fase oral de su sexualidad. Los bebés tienen el sentido del tacto en la boca, y su energía vital y el desarrollo de su sensorialidad se satisface a través del deseo de succión del pecho materno. Esto se sustituye por los tetes o chupetes, que reducen el desarrollo sensorio-sexual del bebé a un simple acto de chupar plástico.
3.- La función afectiva: Inseparable de las anteriores, la lactancia materna prolonga el vínculo psíquico entre la madre y el bebé, que no se rompe con el parto. Los bebés siguen en estado de "fusión" con su madre hasta más o menos los 2 años en que comienzan a construir su personalidad independiente. Los bebés viven en "fusión" con su entorno, y por eso necesitan "objetos" que les mantengan apegados a su persona de referencia, casi siempre, la madre.

Muchos expertos recomiendan que el uso del biberón y del chupete no se prolongue más allá del año, porque afecta la dentadura y la boca del bebé (cosa que no sucede con la succión del pecho materno). Pero aún así, la mayoría, la inmensa mayoría de las madres prolonga el uso de biberones y chupetes más allá de esa fecha, pues saben que sus bebés: no están aún maduros para beber en vaso, y siguen necesitando succionar. O sea, siguen necesitando la lactancia materna.

Sobre los llamados "objetos de transición": peluches, trapitos, almohadas, mantitas (generalmente blanditos y cálidos)... es frecuente leer artículos que dicen que son completamente "normales", que los niños los necesitan para su maduración. Y que es correcta su utilización entre el año y los cinco años. Cierto que peor sería que les quitáramos también sus objetos, donde proyectan el afecto materno. Pero lo que necesitan los niños en realidad es el contacto directo con el cuerpo de su madre, hasta mucho más tarde de lo que se lo permitimos en esta sociedad.

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