
Por Ileana Medina Hernández
Los primeros meses no compartía la cama con mi hija, aunque sí amamantaba, claro.
No sabía que lactancia materna y colecho tienen mucho que ver.
Mientras fue pequeña, hasta los 9 ó 10 meses más o menos, le daba el pecho y luego la ponía en la cuna, con un chupete, y la acompañaba hasta que se dormía, o se dormía en los brazos, y luego la colocaba. Ella no se quejaba.
Si alguien me hubiera dicho de acostarla conmigo, hubiera respondido lo que todos: "¿y si la aplasto?" Aunque es un tema poco estudiado, los casos de muerte infantil por aplastamiento de sus progenitores son realmente muy extraños, y siempre menos que los casos de muerte en la cuna. (Más bien parece al contrario: que antiguamente, como era mucho más frecuente que los niños durmieran con los padres, se atribuyera a asfixia lo que en realidad era muerte súbita).
Pero a partir de los 10 meses ya no podía ponerla en la cuna despierta, porque se ponía de pie, y quería salirse de allí. Empecé a dormirla en brazos, pero ya en brazos tampoco se quedaba, quería saltar y correr, jejeje....
Así que opté por acostarnos las dos juntas en nuestra cama: si ella está más despabilada, pues da unos cuantos saltos y vueltas, hasta que se va relajando, coge la teta y se queda frita. Pasarla luego a su cuna, imposible, sobre todo porque tampoco quiso más el chupete, al ser mayorcitos también se despiertan con más facilidad al moverlos, y lo único que la vuelve a dormir es de nuevo la teta, así que se queda en nuestra cama. (Este detalle es el aspecto práctico que me permitió pasar de una cosa a la otra).
La lactancia materna -PROLONGADA, o sea, natural sin ser interrumpida por administración de biberones o por voluntad de la madre- me llevó al colecho, sin buscarlo, sin saber ni lo que era, simplemente porque es la manera en que lo desea el niño grandecito que mama, el niño que ya sabe expresar lo que quiere, y que no ha sido adiestrado previamente para consolarse con sustitutos como el chupete, el osito o la mantita. Una vez más el camino de la lactancia materna me ha enseñado muchas cosas.
Y entonces aprendí a disfrutar el colecho, a sentirme maravillosamente bien sabiendo que allí es donde ella quiere estar, donde se siente segura, donde duerme casi toda la noche sin despertarse o con algún despertar muy breve que enseguida concilia de nuevo, no aferrándose a un osito de peluche ni a un chupete de plástico, sino chupando un momentito la teta de su mami. Y descansamos los tres perfectamente.
La naturaleza lo ha previsto así (y la maternidad nos da la maravillosa oportunidad de descubrir qué ha previsto la naturaleza para nosotros). El bebé necesita de la teta y del cuerpo de su mami durante varios años, por lo menos los mismos que tan felizmente creemos que necesita el biberón, el chupete o un osito para dormir (todos sustitutos de la teta): 2 ó 3 ó 4 años.
El chupete no es más que un sustituto de la teta de la madre, un "consolador", que hace más daño y que sabe peor. Me da gracia cuando alguien dice: "es que me coge la teta de chupete". ¿Y qué fue primero, la teta o el chupete? El chupete es un invento para que el niño calme su instinto de succión lejos del cuerpo de la madre, y no al revés. Eso puede ser muy cómodo para la madre, pero nadie le ha preguntado al niño qué preferiría. Y el osito, también es un sustituto, frío, plástico y made in China, del cuerpo de los padres. La naturaleza no crea niños que necesiten chupetes y ositos, crea niños que necesitan el contacto físico con sus progenitores.
El niño no se ha "acostumbrado" a los brazos, ni a dormir con nosotros, viene así "de fábrica", viene de estar acostumbrado a nuestro vientre, al calor, al movimiento, a los ritmos del cuerpo de su madre.
A dormir SOLO sí tendrás que acostumbrarlo, con métodos conductistas de adiestramiento que a veces implican el llanto del bebé durante noches y noches. Y cuando deja de llorar no es porque sea feliz durmiendo solo, sino porque ha aprendido que su llanto no sirve de nada, que sus padres no acudirán por mucho que él llore. Qué triste aprendizaje.
Podrás "adiestrarlo" para que duerma solo, pero sabiendo que le estás negando lo que él más desea y necesita para desarrollar su autoestima, su cerebro y sus sentidos: el calor, el olor, el movimiento, la energía de sus padres. Eso es lo que para un bebé, para su conciencia y sus sentidos, es amor. (Y también para un adulto: ¿o estaríamos dispuestos a cambiar el sexo con nuestra pareja, el contacto, el calor y el olor de nuestra pareja, por un "consolador" de plástico? ¿Nos sentiríamos "amados" por un amante que nos niega su cuerpo y nos propone cambiarlo por un muñeco de plástico? ¿Por qué lo que vemos normal en un amante que acabamos de conocer, nos parece mal para el bebé que acaba de salir de nuestras entrañas?)
¿Cuándo aprenderá a dormir solo el niño, cuándo no necesitará succionar para dormirse, cuándo dejará la teta, cuándo podrá dormir en su propia habitación por sí mismo? Cuando haya madurado. No hay que enseñarle, aprenderá solo. A lo mejor a los tres o a los cuatro años, no lo sé. Pero lo que sí sé es que ese día llegará. Llega en todas las culturas, en todas las sociedades, en todos los grupos humanos que crían a sus hijos siguiendo su instinto protector.
¿Dormir con con los padres puede traer problemas en el futuro? Bueno, quizás tengamos el problema de que tenga que dormir con nosotros 3 ó 4 años. Pero eso no es un problema para el niño. Es un problema para los padres que se sientan incómodos con su presencia en la cama.
Quizás yo saque a mi hija mañana mismo de la habitación, pero será "porque estamos cansados" "porque queremos recuperar nuestra intimidad" "porque no descansamos bien", "porque quiero mi cama para leer por las noches", o por lo que sea, pero son razones todas PARA LOS PADRES, NO PARA LOS NIÑOS. DAÑO AL NIÑO NO LE HARÁS NINGUNO POR ACOSTARLO EN TU CAMA, AL CONTRARIO.
Buscamos el pretexto de que "es malo para los niños", para disfrazar nuestra propia comodidad, para disfrazar nuestra propia incapacidad de sentirnos cómodos compartiendo nuestro espacio con el bebé, e inconscientemente, aparecen argumentos para que parezca que pensamos en el bienestar del niño. Algunos teóricos, psicólogos y médicos lo han prescrito así, y luego el resto de la sociedad utiliza esas doctrinas sin saber muy bien por qué.
El niño algún día irá a su cama, e irá con más seguridad, habiendo seguido su propio ritmo, lo sentirá como una conquista propia de su madurez, y tendrá menos pesadillas, menos miedos, más seguridad y más autoestima que si siempre se ha visto solo a la hora de dormir. Y una independencia mejor construida, a su tiempo, con madurez, y con la certeza de ser amado, que es lo único que nos permite ser independientes sin miedo.
Los primeros meses no compartía la cama con mi hija, aunque sí amamantaba, claro.
No sabía que lactancia materna y colecho tienen mucho que ver.
Mientras fue pequeña, hasta los 9 ó 10 meses más o menos, le daba el pecho y luego la ponía en la cuna, con un chupete, y la acompañaba hasta que se dormía, o se dormía en los brazos, y luego la colocaba. Ella no se quejaba.
Si alguien me hubiera dicho de acostarla conmigo, hubiera respondido lo que todos: "¿y si la aplasto?" Aunque es un tema poco estudiado, los casos de muerte infantil por aplastamiento de sus progenitores son realmente muy extraños, y siempre menos que los casos de muerte en la cuna. (Más bien parece al contrario: que antiguamente, como era mucho más frecuente que los niños durmieran con los padres, se atribuyera a asfixia lo que en realidad era muerte súbita).
Pero a partir de los 10 meses ya no podía ponerla en la cuna despierta, porque se ponía de pie, y quería salirse de allí. Empecé a dormirla en brazos, pero ya en brazos tampoco se quedaba, quería saltar y correr, jejeje....
Así que opté por acostarnos las dos juntas en nuestra cama: si ella está más despabilada, pues da unos cuantos saltos y vueltas, hasta que se va relajando, coge la teta y se queda frita. Pasarla luego a su cuna, imposible, sobre todo porque tampoco quiso más el chupete, al ser mayorcitos también se despiertan con más facilidad al moverlos, y lo único que la vuelve a dormir es de nuevo la teta, así que se queda en nuestra cama. (Este detalle es el aspecto práctico que me permitió pasar de una cosa a la otra).
La lactancia materna -PROLONGADA, o sea, natural sin ser interrumpida por administración de biberones o por voluntad de la madre- me llevó al colecho, sin buscarlo, sin saber ni lo que era, simplemente porque es la manera en que lo desea el niño grandecito que mama, el niño que ya sabe expresar lo que quiere, y que no ha sido adiestrado previamente para consolarse con sustitutos como el chupete, el osito o la mantita. Una vez más el camino de la lactancia materna me ha enseñado muchas cosas.
Y entonces aprendí a disfrutar el colecho, a sentirme maravillosamente bien sabiendo que allí es donde ella quiere estar, donde se siente segura, donde duerme casi toda la noche sin despertarse o con algún despertar muy breve que enseguida concilia de nuevo, no aferrándose a un osito de peluche ni a un chupete de plástico, sino chupando un momentito la teta de su mami. Y descansamos los tres perfectamente.
La naturaleza lo ha previsto así (y la maternidad nos da la maravillosa oportunidad de descubrir qué ha previsto la naturaleza para nosotros). El bebé necesita de la teta y del cuerpo de su mami durante varios años, por lo menos los mismos que tan felizmente creemos que necesita el biberón, el chupete o un osito para dormir (todos sustitutos de la teta): 2 ó 3 ó 4 años.
El chupete no es más que un sustituto de la teta de la madre, un "consolador", que hace más daño y que sabe peor. Me da gracia cuando alguien dice: "es que me coge la teta de chupete". ¿Y qué fue primero, la teta o el chupete? El chupete es un invento para que el niño calme su instinto de succión lejos del cuerpo de la madre, y no al revés. Eso puede ser muy cómodo para la madre, pero nadie le ha preguntado al niño qué preferiría. Y el osito, también es un sustituto, frío, plástico y made in China, del cuerpo de los padres. La naturaleza no crea niños que necesiten chupetes y ositos, crea niños que necesitan el contacto físico con sus progenitores.
El niño no se ha "acostumbrado" a los brazos, ni a dormir con nosotros, viene así "de fábrica", viene de estar acostumbrado a nuestro vientre, al calor, al movimiento, a los ritmos del cuerpo de su madre.
A dormir SOLO sí tendrás que acostumbrarlo, con métodos conductistas de adiestramiento que a veces implican el llanto del bebé durante noches y noches. Y cuando deja de llorar no es porque sea feliz durmiendo solo, sino porque ha aprendido que su llanto no sirve de nada, que sus padres no acudirán por mucho que él llore. Qué triste aprendizaje.
Podrás "adiestrarlo" para que duerma solo, pero sabiendo que le estás negando lo que él más desea y necesita para desarrollar su autoestima, su cerebro y sus sentidos: el calor, el olor, el movimiento, la energía de sus padres. Eso es lo que para un bebé, para su conciencia y sus sentidos, es amor. (Y también para un adulto: ¿o estaríamos dispuestos a cambiar el sexo con nuestra pareja, el contacto, el calor y el olor de nuestra pareja, por un "consolador" de plástico? ¿Nos sentiríamos "amados" por un amante que nos niega su cuerpo y nos propone cambiarlo por un muñeco de plástico? ¿Por qué lo que vemos normal en un amante que acabamos de conocer, nos parece mal para el bebé que acaba de salir de nuestras entrañas?)
¿Cuándo aprenderá a dormir solo el niño, cuándo no necesitará succionar para dormirse, cuándo dejará la teta, cuándo podrá dormir en su propia habitación por sí mismo? Cuando haya madurado. No hay que enseñarle, aprenderá solo. A lo mejor a los tres o a los cuatro años, no lo sé. Pero lo que sí sé es que ese día llegará. Llega en todas las culturas, en todas las sociedades, en todos los grupos humanos que crían a sus hijos siguiendo su instinto protector.
¿Dormir con con los padres puede traer problemas en el futuro? Bueno, quizás tengamos el problema de que tenga que dormir con nosotros 3 ó 4 años. Pero eso no es un problema para el niño. Es un problema para los padres que se sientan incómodos con su presencia en la cama.
Quizás yo saque a mi hija mañana mismo de la habitación, pero será "porque estamos cansados" "porque queremos recuperar nuestra intimidad" "porque no descansamos bien", "porque quiero mi cama para leer por las noches", o por lo que sea, pero son razones todas PARA LOS PADRES, NO PARA LOS NIÑOS. DAÑO AL NIÑO NO LE HARÁS NINGUNO POR ACOSTARLO EN TU CAMA, AL CONTRARIO.
Buscamos el pretexto de que "es malo para los niños", para disfrazar nuestra propia comodidad, para disfrazar nuestra propia incapacidad de sentirnos cómodos compartiendo nuestro espacio con el bebé, e inconscientemente, aparecen argumentos para que parezca que pensamos en el bienestar del niño. Algunos teóricos, psicólogos y médicos lo han prescrito así, y luego el resto de la sociedad utiliza esas doctrinas sin saber muy bien por qué.
El niño algún día irá a su cama, e irá con más seguridad, habiendo seguido su propio ritmo, lo sentirá como una conquista propia de su madurez, y tendrá menos pesadillas, menos miedos, más seguridad y más autoestima que si siempre se ha visto solo a la hora de dormir. Y una independencia mejor construida, a su tiempo, con madurez, y con la certeza de ser amado, que es lo único que nos permite ser independientes sin miedo.
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