6 de mayo de 2009

Amamantar y autoestima (I)


Por Ileana Medina Hernández

El otro día me tropecé este artículo, publicado por la COPE. Tienen toda la razón (por una vez), aunque la foto de ese enrejado solitario invita a pensar que quizás hubiera sido mejor decir: la falta de autoestima comienza en la cuna (que es lo mismo, pero no es igual).

La autoestima es la percepción y valoración que tenemos de nosotros mismos, y se construye a lo largo de la vida -desde el primer minuto del nacimiento- a partir del cariño, el afecto y la valoración que recibimos de los demás. No es tener un gran "ego", como algunos piensan (una persona narcisista en realidad tiene una pobre autoestima que necesita reforzar constantemente demandando la atención de los demás, probablemente porque no recibió suficiente atención de pequeño). Autoestima es tener una psiquis saludable, apreciarnos, saber que somos tan valiosos como cualquier otro, amarnos a nosotros mismos para poder amar a los demás.

Ya explicamos en otro post, que para un bebé, el único modo de saberse querido es recibiendo atención, contacto físico directo con su madre y familiares, para un bebé amor es igual a corporalidad. Un bebé no puede interpretar otros signos de amor que no sean el apego constante de su cuidador, estar en brazos, sentirse seguro y protegido en contacto con el cuerpo de su madre.

Si habláramos de una "semiótica del amor", los únicos signos a los que el bebé puede dar sentido son los signos corporales: presencia, contacto, sonrisas, caricias, masajes, movimiento, calor corporal, voz de mamá... El maravilloso decorado de la habitación, o que mamá "se sacrifica por él" yendo a trabajar cada mañana, o lavando su ropa, o comprándole muchos juguetes, pueden ser también "signos de amor", pero que el bebé aún no puede comprender, no puede darles sentido.

Es lo que el bebé espera: continuar en un ambiente lo más parecido al vientre materno. Todo acto diferente, desde que lo lleven en el paritorio a hacerle pruebas médicas, hasta que lo dejen llorar "porque ahora no puedo atenderte", o porque "ya estás limpio y comido, qué más quieres", son interpretados por el bebé como abandono, como carencia, que empieza a darle indicios de que el mundo no es un lugar bueno para él, de que las demás personas no son buenas con él, y que insisten constantemente para que en lugar de estar en el regazo de su mami chupando una teta calentita, permanezca tranquilo en una cuna succionando un pedazo de plástico.

La lactancia materna no es el único modo de dar contacto a un bebé, pero su mecanismo garantiza que el bebé permanezca el tiempo suficiente, el que el bebé desee, junto al cuerpo de su madre. La producción de leche depende de la succión, y la demanda de succión del bebé es continua, no cada 3 horas ni cada 4, el bebé no sabe de horas, puede que quiera dormir a la hora que le "toca" comer, y se despierte media hora después buscando mamar... El alimento y el contacto son inseparables. Alimento y afecto son para el bebé la misma cosa: la teta de mamá.

Y es la satisfacción de esa necesidad en la primera infancia lo que hace que el niño vaya madurando seguro, independiente, con una autoestima bien construida, sin problemas alimenticios ni afectivos, porque ha visto satisfechas desde el primer momento sus necesidades, porque el alimento y el afecto son cosas "naturales". No necesitará rechazarlos ni atiborrarse de ellos en el futuro, porque los ha ido recibiendo con naturalidad desde el primer día de nacido.

Lo ideal sería pues que bebé y madre permanecieran en contacto la mayor cantidad de tiempo posible. ES DECIR: TODO EL TIEMPO, hasta que el bebé mismo vaya demandando su autonomía, lo cual no sucede antes de que el bebé aprenda a gatear y a caminar, a separarse por sí mismo del cuerpo de su madre.
Sin embargo, tal cosa no deja de ser una utopía (la utopía tan ancestral de permanecer para siempre en el vientre materno) pues la madre evidentemente tiene que alimentarse, asearse, preparar los alimentos, etc.

Todos tenemos carencias, y límites, y falta de disponibilidad. Ninguna madre puede dedicar el 100% de su tiempo a un bebé ni aunque quisiera, pero sí puede, por lo menos, amamantarlos, no dejarlos llorar "para que aprendan", acompañarles a dormir, mecerles, cantarles nanas... hacer todo lo posible por atender sus necesidades afectivas, que son tan importantes como las necesidades de alimento o higiene.

Quizás, tratados así, los bebés sean más tranquilos, más confiados, incluso menos demandantes, y también sea más fácil para nosotras la crianza, que no tenemos que estar luchando con las "medidas" (¿quién las pone?), sino simplemente dar todo el amor que podamos y ya está....

La autoestima se forma del amor que hemos recibido. Y al tener autoestima, podemos dar más amor a los demás. Quien más amor ha recibido, más amor puede dar. Todos damos lo que tenemos. La autoestima es la vasija que se va llenando del amor que recibimos hasta que se desborda para poder darlo a los demás.

Claro que no es idílica la vida, claro que la vida dará golpes, pero no se los vamos a dar los padres de antemano "para que se vayan acostumbrando". La vida les puede "llevar recio", pero si hay un verdadero apoyo familiar, el niño podrá hacer frente a esas "agresiones externas", sin que le deje demasiadas lesiones a la larga. El cariño, el apoyo y la confianza que recibimos de los que sabemos "nuestros", nos ayudan a enfrentar luego el mundo más protegidos. No importa demasiado que nos agreda alguien "extraño", si las personas que deben querernos nos quieren y nos respetan. En eso se basa la construcción de una verdadera autoestima (y de paso, de la paz).

El amor no hace hombres más débiles ni dependientes, hace hombres más fuertes. Sin miedos, más seguros de sí mismos, capaces de aguantar los golpes que luego dé la vida, porque se saben queridos, y por tanto, no tendrán necesidad de devolverlos. El amor hace hombres que no necesiten pegar para demostrar quienes son. Hombres que no necesitan reafirmarse a través de la violencia. Hombres que respetan al otro. Hombres que no hacen a los demás lo que no quieren que les hagan a ellos. El hombre es primariamente bueno, si se cría con amor. Eso quiero creer.

Eso es lo que para mí significa la frase "Dios es amor".

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