18 de agosto de 2009

Lecciones de teología para niños -2-


Por Ileana Medina Hernández

2. ¿A dónde vamos cuándo morimos?

Se ha dicho que la conciencia de la muerte es lo que nos ha hecho humanos, y también la base de todo sentido religioso. El miedo a la muerte rige toda nuestra existencia.

Cuando morimos, vamos a la tierra, pero para no reconocerlo, hemos dicho que vamos al cielo (que es su opuesto complementario). No existe el paraíso ni el infierno, ni nada más allá. El paraíso y el infierno lo tenemos dentro de nosotros mismos aquí y ahora. El infierno es un estado de conciencia, dijo Jung.

Nuestro cuerpo va a la tierra, es devuelto a la naturaleza, la misma que nos ha dado la vida. Volvemos a la madre de la que vinimos.

Cuando dios es la Diosa Madre, la Madre Ancestral y la Madre Tierra, dejamos de tener miedo a la muerte tal como es, deja de parecernos tan espantoso que simplemente volvamos a la tierra. Y a la vez, aprendemos a amar y a proteger la naturaleza de la que formamos y formaremos parte.

Y nuestra alma también va a la tierra. Nuestro cuerpo es materia y energía a la vez. La materia y la energía son indisolubles.

Nuestro cuerpo se descompone, y nuestras moléculas pasan a formar parte de una brizna de hierba, del ala de un pájaro, de la corriente de un río o del soplo del aire...

Nuestra energía psíquica también se descompone. Y nuestra alma se divide en millones de partículas que nos une con todo el universo. Nuestro ente psíquico no mantiene su integridad, sino que se funde y se integra en la totalidad.

Tampoco existe la reencarnación ni el karma. La perfección progresiva de la humanidad se explica a través de la crianza, pero esa será otra lección.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada