29 de octubre de 2009

El desprestigio del hogar

Por Ileana Medina Hernández


"Hogar es una sensación o estado de ánimo sostenido que nos permite experimentar sentimientos que no necesariamente están sustentados en el mundo mundano: asombro, visión, paz, liberación de las preocupaciones, liberación de las exigencias, liberación del constante parloteo."
Clarissa Pinkola Estés


Dedicado a Caro, amiga e inspiradora

El mundo actual solo tiene una cara: la cara pública. Las mujeres nos hemos incorporado al mundo laboral, y todos salimos por la mañana de casa.

Dejamos a los niños en las "escuelas infantiles" a las 8 de la mañana.
Salimos del trabajo, los vamos a recoger a las 4 ó a las 5 de la tarde, y de ahí nos vamos al "parque" y regresamos a las 8 de la noche. ¿Qué tiempo estamos en casa? Solo vamos a casa a bañarnos y a dormir.

Hemos abandonado el mundo doméstico. Las tareas del hogar no las quiere hacer nadie. Son ingratas e invisibles. Son símbolos de esclavitud femenina. Ahora, las hacen los equipos electrónicos o una empleada: hasta las familias de clase baja tenemos una termomix y alguien que nos "ayuda" con las tareas de la casa. Felizmente, nos hemos librado de algunas labores rutinarias muy duras.

Como dice el artículo del profesor Pinto que reprodujimos aquí, las tareas domésticas se vuelven "irritantes" para todos. Ya no queremos ni darles de comer a nuestros hijos, que coman en el cole. (Muchas madres -aunque no trabajen- llevan a sus bebés a las guarderías porque allí ¡"les enseñan a comer"!)

"Liberadas" (digo liberadas, porque los hombres siempre han estado libres de ellas) en buena parte de las labores domésticas, no sabemos muy bien qué hacer en casa entonces. La casa se vuelve un lugar donde no queremos estar, asociada a la pasividad, a la invisibilidad, a tareas monótonas o 'degradantes', al aburrimiento.

Como consecuencia, nunca hay nadie en casa. Todo el día en la calle. Y en la calle no se hace familia. Es como si aborreciéramos el hogar. Como si no supiéramos qué hacer dentro de casa, nos sentimos "asfixiados" allí. 

La importancia que le damos a los espacios físicos, es la importancia que le damos a lo que se hace en ellos. Por eso, la Iglesia Católica medieval construía inmensos templos. Por eso, la sociedad de consumo construye enormes centros comerciales, mientras las viviendas son cada vez más pequeñas.

El hogar es -o debería ser- el espacio de la familia, de lo íntimo, de las emociones, de los afectos, de los abrazos, donde podemos ser nosotros mismos con libertad, sin máscaras ni atrezzos... Es el lugar donde podemos comportarnos tal como somos, donde podemos "perder el tiempo", hacer aquellas cosas que de verdad nos gustan,  y donde podemos cultivar los afectos, sin prisas, con corporalidad y contacto físico.

No hay que negar que la familia ha sido durante muchos siglos un importante lugar de represión. Normas rígidas, patriarcas autoritarios, abusos, violencias de todo tipo. Quizás como rechazo a ese papel histórico tan represivo y violento de la familia es que hemos pensado que lo mejor es su extinción. Botar el sofá.


Pero los seres humanos necesitamos un espacio afectivo y calentito, forjar lazos sinceros, cariñosos y espontáneos. Las familias del siglo XXI estamos cambiando un poco, afortunadamente. Hoy tenemos diversos modelos de familia: familias monoparentales, familias homosexuales, familias reconstituidas, familias adoptivas... da igual, pero lo importante es que seamos capaces de convertirlas en un centro de equilibrio, tranquilidad y afecto, donde sus miembros puedan nutrirse afectiva y emocionalmente.

No es el matrimonio homosexual ni el divorcio exprés lo que acaba con la familia: es la falta de tiempo, la falta de vida privada, el tiempo dedicado en exclusiva al trabajo, a la producción y al espacio público. La falta de capacidad para comunicarnos sinceramente, para estar disponibles para los que queremos, para compartir, jugar y ser. 

Es la muerte del hogar: todo el día inmersos en la vida pública, en el escaparate, donde parece que hacemos "vida social" y en realidad, estamos solos, todo el tiempo alertas, estresados, apurados, pendientes de lo que piensan los otros, cultivando relaciones superficiales, llevando una máscara políticamente correcta que agrade a los demás. El mundo doméstico -en realidad el mundo emocional e íntimo- está totalmente desprestigiado, en favor de un mundo público lleno de prisa, de competencia, de hipocresía y de apariencias.

Todo el mundo pendiente de la "socialización" de los niños, desde los 0 meses, para que empiecen a entrar rapidito en la guerra del consumo, de la velocidad, del tengo más que el otro. Lo único importante lo de afuera: el vestido, el maquillaje, el tamaño y la marca del coche... Una fachada que a la vez que se adorna cada vez más de pacotilla consumista,  esconde dentro más soledad, más desamparo, más incomunicación, estrés y depresión.

Salimos huyendo de casa con nuestros niños, porque parece que dentro de casa no se puede hacer otra cosa que ver televisión. La pantalla del televisor -mientras más pulgadas mejor- resplandece en medio de nuestros hogares, donde antes estaba el fuego alrededor del cual se reunía la familia. La amamos y la odiamos a la vez, le ofrecemos el lugar principal de nuestra casa y luego no queremos que los niños la vean -o la ven demasiado-, hablamos mal de los "programas del corazón" -que ya copan totalmente los horarios televisivos- a la vez que tienen grandes audiencias, y hasta parece que todo el mundo quiere salir en ellos.

El mundo antes estaba dividido con un muro infranqueable: hombre fuera de casa, mujer dentro de casa. Sufríamos las mujeres, dependientes económicamente, humilladas, confinadas dentro del mundo doméstico, desvalorizado totalmente. Lo privado por un lado, lo público por otro, con una frontera bien definida que, con la inestimable ayuda de los medios de comunicación de masas, se ha dinamitado.

Ahora estamos todos fuera de casa. La intimidad ha desaparecido. Sí, hemos alcanzado la igualdad: todos estamos igualmente alienados en el mundo unidimensional de la productividad. El ocio, ese nuevo privilegio de las clases medias, también se articula en torno a lo externo: en los lugares sociales de consumo.

El triunfo de la igualdad no puede cercenarnos la mitad de la vida, y quedarnos solo con el trabajo. Lo ideal sería que ambos, mujeres y hombres, pasemos una parte del tiempo trabajando y otra parte del tiempo haciendo hogar (jornadas laborales más cortas para todos, permisos de m(p)aternidad más extensos...). Que todos, hombres y mujeres, volvamos a cocinar, a elegir alimentos sanos para nuestros hijos, a hacer manualidades, a compartir las tareas del hogar, a dedicar tiempo diario a jugar, a reír o a no hacer nada... juntos y en familia. Que desarrollemos la capacidad emocional de convertir la familia autoritaria patriarcal en una familia alegre, libre y nutritiva. 

Ese es el camino hacia la verdadera "igualdad de género", pero además, es lo único que garantiza una crianza de calidad para nuestros hijos, y un equilibrio entre la vida pública y privada, entre la vida laboral y personal, entre lo masculino y lo femenino, entre lo productivo y lo afectivo, que nos permita llegar a ser personas plenas y felices. Incluso que permita un reparto mejor del empleo y de las riquezas materiales.

La construcción de un mundo más confortable pasa por que todos, hombres y  mujeres, dediquemos más tiempo, al hogar, a la familia, a los afectos genuinos... que es donde se fragua el carácter, la felicidad y la plenitud del ser humano. 

18 comentarios:

  1. Amiga...
    me has hecho humedecer los ojos... gracias. Ahora no te puedo decir nada más, pero quería decírtelo.
    Un beso es poco.

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  2. Hola, guapa
    He leído con atención tu último artículo, confieso que la primera vez que leí tu opinión sobre el tiempo que pasábamos en casa con los peques hice examen de conciencia. ¿Estamos poco tiempo en nuestro hogar? La respuesta es claramente sí, así que me propuse buscar razones.

    Lo que he sacado en claro es que, en mi caso y entiendo que en el de muchas madres, de lo que huimos es de la soledad, del confinamiento en pisos pequeños, de los días en que vamos corriendo a trabajar habiéndolos dejado antes en la guarde, volvemos corriendo y nos espera la casa con infinidad de cosas por hacer, las rutinas, el agobio.

    Salir un rato a diario nos oxigena. Bien al parque, donde espontáneamente terminamos hablando con otras madres ("mi fulanito duerme regular"; "el mío no come la fruta"). Necesitamos ese contacto, somos seres sociales.
    Por no hablar de ellos, nuestros hijos. Son los que más sufren de la vida "moderna". Cinco, seis, siete u ocho horas compartiendo con 20 niños más un espacio de pocos metros cuadrados. Y para las que vivimos en grandes ciudades sus posibilidades de correr, saltar y explorar se limitan a los parques, por desgracia no tenemos naturaleza en vivo de la que disfrutar, ni calles tranquilas donde dar unos golpes a un pelota.

    No huyo del tiempo a solas con mi hijo, sólo intento tener un justo equilibrio en todas las actividades familiares. Soy una de esas afortunadas madres que disfrutó mucho de la baja maternal, de las que de verdad no quería regresar al trabajo, de las que pasó largas y plácidas horas con mi bebé en casa, dándole el pecho, tumbados en la cama sin prisa por levantarnos. Pero también de las que salía a menudo, a visitar a hermanas, a mi madre, quizá un café rápido con las amigas.

    También soy fan total de los recursos que te hagan la vida más fácil. Tengo todo el lote: thermomix (por cierto, quienes de verdad le sacan provecho son personas que cocinan con mucho mimo, invierten tiempo en comprar, buscar recetas ricas para compartir en familia, y suelen hacer postres caseros para chuparse los dedos); ayuda en las labores domésticas semanal; por tener tengo hasta un robot que aspira la casa cuando tú no estás :-) Para mí sin duda las labores domésticas son un engorro y un tiempo que me quita de estar con mi familia, de tirarme en el suelo con mi hijo a jugar, o de conversar con mi marido cuando tenemos un ratito y el niño duerme. Bienvenidos todos los avances en ese sentido.

    En cualquier caso, estoy convencida de que cada familia tiene que encontrar sus fórmulas para conjugar todo: tiempo en casa para jugar, tiempo en casa para hacer labores domésticas (y que los niños en su medida colaboren, lo pueden hacer desde muy pequeños, aunque sea sólo haciendo compañía cuando cocinas, tiendes la ropa o haces las camas) y tiempo de ocio fuera de casa, cada uno aprovechando los recursos del sitio donde viva. Y que todos los miembros de la familia se sientan a gusto y nada sea por obligación.

    Besos!

    Maru

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  3. Gracias, Maru, tu reflexión me parece muy acertada.

    Claro que me parece bien que la tecnología nos permita ahorrar tiempo y esfuerzo en las labores domésticas, solo quería decir, que como "daño colateral", estamos muy poco tiempo en casa.

    Me ha gustado lo de que "cada familia tiene que encontrar sus fórmulas para conjugar todo", ¡¡¡vaya cosa difícil!!! jejeje... creo que ese es el gran equiibrio que no logramos conseguir, al menos con jornadas laborales tan largas!!!

    Un abrazo y gracias por tu colaboración!!!

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  4. Estas reflexiones me recuerdan al cuento ese de los ciegos que tocaban un elefante por diferentes sitios y cada uno contaba lo que 'veía'... que eran cosas diferentes, pero todas del mismo elemento :)

    Yo también estoy a favor de los avances tecnológicos en general, y en el hogar e particular, claro(no me imagino yendo a lavar al río, como hacía mi abuela...). Pero creo que incluso con ayuda, las despreciamos. Es cierto que nos quitan tiempo de hacer otras cosas, y de hacer otras cosas con nuestras familias, pero yo diría sobretodo, cuando los niños son muy pequeños y no se pueden involucrar. Porque cuando ya pueden, y echan una mano a papá y mamá también es tiempo de compañía y aprendizaje. Yo recuerdo muchas tardes agradables haciendo dulces con mi madre, ayudándola a cocinar, y aprendí a comprar y escoger buenos alimentos yendo a la compra con ella desde muy pequeña. Sé llevar una casa desde muy jovencita, gracias a mi madre y a mi abuela (y cuánto nos quejamos ahora de que los jóvenes no saben ni abrir una lata de conservas?). Mis padres me enseñaron a leer, y me inculcaron el gusto por distraerme horas y horas con la lectura, en casa. El saber de muchas cosas pequeñas y necesarias pasa de padres a hijos dentro de casa. Y otras, fuera. Yo también veo imprescindible pasar tiempo fuera de casa. AL AIRE LIBRE. El parque de toda la vida, las excursiones, las comidas familiares con abuelos, tíos y primos, los paseos por entornos naturales... donde los padres también tienen mucho que enseñar (y aprender!). Pero en esta sociedad nuestra, pasamos muchíiiiiiiisimo más tiempo solos en centros comerciales que al aire libre... los niños en un Chiquinosequé para que no molesten y los mayores tomando café a lo suyo.

    Y este párrafo final tuyo, también me ha gustado, Maru "En cualquier caso, estoy convencida de que cada familia tiene que encontrar sus fórmulas para conjugar todo: tiempo en casa para jugar, tiempo en casa para hacer labores domésticas (y que los niños en su medida colaboren, lo pueden hacer desde muy pequeños, aunque sea sólo haciendo compañía cuando cocinas, tiendes la ropa o haces las camas) y tiempo de ocio fuera de casa, cada uno aprovechando los recursos del sitio donde viva. Y que todos los miembros de la familia se sientan a gusto y nada sea por obligación."

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  5. Estoy deacuerdo contigo, aunque yo tengo la suerte de no trabajar fuera de casa y espero seguir así muuuuuucho tiempo, soy muy hogareña.

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  6. aunque hayan pasado tantos meses desde esta entrada, tengo que decirlo: Casi he llorado al leer esta entrada. Llevo leyendo este blog desde hace unas semanas en que lo descubrí, y todo él es maravilloso, pero esta entrada... es increíble. De verdad, muchas felicidades por hacer este blog tan maravilloso.

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  7. pues a mi me ha pasado un poco como ha misteriosa... Aunque han pasado años GRACIAS por escribirla!
    Despues de leerte me siento un poquito menos rara ;-D
    Abrazos

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  8. Aplaudo con 4 manos el contenido de este artículo. Yo no lo habría dicho mejor, de hecho eso es lo que hay y simplemente podemos hablar de cómo hemos llegado a esta situación y de consecuencias.

    Creer que la casa era la cárcel es uno de los pecados capitales de esta sociedad pero como la historia da muchas vueltas, ahora se empieza a revertir el tema y pagamos 200 euros por cursos de cookies q hemos despreciado en nuestras antepasadas.

    Padre, madre o espíritu santo, pero alguien debe estar en casa más horas, con amor y voluntariamente. De los "hijos de la llave" a los hijos del Ritaline, solo ha habido un pasito... Y luego lloramos a supernannies varias...

    Saludos alternativos

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  9. Enhorabuena! Gran análisis y totalmente de acuerdo.

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  10. Visitarte es un placer! mira con la joya que me encontre. Ileana nuestro mundo ha dado cambios disparatados pero esta en nosotros encontrar el equilibrio, siempre debes hacer un alto y reflexionar como vamos que calidad estamos ofreciendo a nuestras familias. Un abrazo.

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  11. las cosas están cambiando.

    Texto de la revista online MOTS de bloggers latinoamericanas:

    Hace unos meses leí a un periodista afirmar en una red social que los blogs estaban muriendo, al igual que los libros, e inmediatamente dentro de mí sonó una alarma. No tuve que pensarlo ni una vez. Le respondí, como si en ello me fuera la vida, que no era así, pero los escasos 140 caracteres de Twitter no me permitían la elocuencia que yo necesitaba expresar.
    Yo quería contarle que, en todo caso, los blogs han cambiado de target y de hacedores. Inicialmente los blogs eran reducto de geeks con ganas de transmitir conocimientos, de periodistas y escritores que no hallaban espacio para publicar sus trabajos. De especialistas en tema particulares. Pero en los últimos años han florecido otros tipos de blogs, visualmente más amables y actualizados a diario, casi exclusivamente por mujeres. He ahí la diferencia. El cambio. Mujeres de entre 20 y 50 años, que prefieren RESCATAR LO RECONFORTANTE DE LA LABOR DEL AMA DE CASA ANTES QUE QUEJARSE DE LO INGRATO que resulta muchas veces. Vemos que los blogs se han vuelto los vehículos perfectos para desempolvar hobbies postergados y hacerlos brillar, con tutoriales, notas y explicaciones con fotos sacadas por ellas mismas. También, los blogs son el espacio ideal para compartir recomendaciones de lugares a visitar: cafés, librerías, locales de diseño, ciudades. O aquellas que han decidido emigrar del país, eligen la plataforma blog para mantener contacto cercano con familiares y amigos, a pesar de los kilómetros.
    Algunas de estas activas bloggers cuentan con formación en diseño o periodismo gráfico, pero la gran mayoría es parte de un cuidado amateurismo, que se preocupa por aprender lo que no sabe, que consulta y va más allá de sus posibilidades, porque sabe que su blog es un punto de encuentro, para compartir con sus pares. Y por ende debe entregar contenidos provechosos, de buena calidad estética, útiles, graciosos, que logran que el lector vuelva a diario y se genere, de esta forma, una comunidad.

    Saludos alternativos

    MMar

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  12. Ileana, te quiero. Gracias.

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  13. Excelente!! pero una pena la última frase.. "que es donde se fragua el carácter, la felicidad y la plenitud del hombre" el hombre?? aquí no nos incluyes mujer.. ni a nosotras ni a la infancia.. el lenguaje es importante. Por favor cambiemos "el hombre" por el SER HUMANO, que nos incluye a tod@s

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    1. Tienes razón. El texto es de 2009, en esa época todavía hombre me sonaba genérico, jejeje...

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  14. Hola, soy una argentina que vive hace unos años en España y que aqui formo una familia, tuvo su hija y si todo sale segun lo planeado tendra algunos mas...al leerte Ileana no puedo dejar de emocionarme recordando esos largos domingos en casa, jugando en el patio, leyendo, cocinando y comiendo todos juntos, en familia, en mi pais natal...desde que mi hija nacio tengo una lucha interna sobre si quedarme o regresar a mi patria, y mi deseo de regresar esta intimamente ligado a esos recuerdos...Se que alli las cosas han cambiado mucho desde que me fui, y puede que ya nada sea como lo recuerdo, pero siento que en esta sociedad europea no hay lugar para ese "hacer sin hacer nada" en familia, tan importante para mi, tan importante en mi pais y que resumimos los argentinos en "tomemos unos mates"...

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    1. Gracias por tus hermosas palabras, es muy bonito que un texto tan "político" pueda evocar esas vivencias en alguien...
      Espero que aquí o allá encuentres tu lugar calentito!
      Un abrazo!

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