31 de agosto de 2009

La satisfacción de necesidades básicas

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Reproduzco este fragmento tomado de un libro de Laura Gutman, que me parece clave para comprender muchos temas que ya he tratado o que trataré en el futuro en Tenemos Tetas:

(...)
Somos una sociedad adictiva, en el sentido de que estamos todos muy pendientes de lo que obtenemos, de lo que consumimos, de lo que incorporamos y, sobre todo, de lo que creemos que son nuestras “necesidades”.

Como hemos visto en el capítulo anterior, estamos casi todos carentes de maternaje en nuestras historias individuales. Con la suma de individuos dentro de un sistema carente, establecemos un funcionamiento colectivo acorde. Creo que nuestra cultura avanza cada vez más hacia el egoísmo, la falta de mirada hacia el otro y la comodidad personal. Es común que los individuos modernos y urbanos tengamos como objetivos de vida buscar un buen trabajo y ganar lo suficiente para aumentar el confort. Luego, el confort viene de la mano del consumo. Por otra parte, cuando logramos comprar un objeto, desearemos otro similar, más grande y más bonito. Y lo mismo con un auto o con el destino de unas vacaciones. Una vez obtenido y consumido un placer confortable, anhelamos uno más grande. Y así se nos va la vida.

¿Por qué nos pasa esto? ¿Qué es lo que necesitamos incorporar en realidad?

Personalmente, creo que tiene que ver con la calidad de maternaje que hemos recibido. Incluyo en la palabra “maternaje” no sólo lo que nuestra mamá real ha hecho con nosotros, sino la totalidad de situaciones de amparo, cariño, cuidado y sostén que hemos recibido –o no- en nuestra primera infancia.

Un bebé es un ser necesitado. Necesita indiscutiblemente ser cuidado, sostenido, alimentado, tocado, abrazado, amado. No hay estructuración psíquica saludable sin que esto ocurra. La mayoría de nosotros no somos satisfechos en nuestras necesidades originales porque la cultura, la moda o las opiniones que circulan y que adoptamos así lo establecen. Y esto es muy real en los últimos siglos de “cultura” occidental. También a causa de la discapacidad de prodigarnos amparo de nuestras propias madres que, a su vez, no fueron suficientemente maternadas por sus propias madres que, a su vez, cargan con historias difíciles de soledad y desamparo. Y así, transgeneracionalmente.

En tanto bebés, tenemos algunas opciones para sortear estas dificultades: la primera es enfermarnos. Esto es muy fácil de constatar. A esta enfermedad le llamaremos “hecho desplazado”, porque el adulto que nos cuida comienza a tomar en cuenta la enfermedad, pero no la totalidad del bebé necesitado. Otra opción es hacer otros pedidos más “escuchables” para el adulto: llorar, no dormir, vomitar, tener reacciones alérgicas, etc. Y la última opción es adaptarnos. Es decir, hacer de cuenta que no necesitamos lo que necesitamos. Y así logramos sobrevivir.

Que hayamos sobrevivido disminuyendo las demandas, significa que hemos relegado a algún lugar sombrío las necesidades básicas que no han sido satisfechas. Pero estas no desaparecen. Sólo desaparecen para la conciencia. La vivencia más profunda, desplazada al inconsciente, es la de seguir estando necesitados. La confusión aparece porque mientras tanto vamos creciendo. Un niño de tres años ya no puede llorar como un bebé recién nacido; a los seis años, mucho menos. Aprendemos a pedir sólo lo que los adultos están dispuestos a escuchar, porque ya estamos entrenados para no pedir lo que no corresponde. Además, de todas maneras, no lo obtendremos. Así, nos alejamos de nuestras genuinas necesidades personales, que ya no registramos, no conocemos ni reconocemos en nosotros. Es una manera de desconocernos a nosotros mismos. Por eso podemos afirmar que el desconocimiento de sí mismo se instaura en la infancia.

Al mismo tiempo, nos entrenamos para estar siempre atentos a cualquier necesidad que pueda surgir, para autosatisfacerla inmediatamente. Este es un punto clave: la inmediatez. Así como el bebé necesita el pecho de su madre “ya”, el niño o adulto eternamente necesitado, lo que sea, lo que necesite, lo necesita “ya”. No importa qué sustancias tenga que incorporar para satisfacer su necesidad. Solo sabe que tiene que ser pronto, a cualquier precio. De lo contrario, el dolor al que remite es insoportable.

Es menester pensar que nuestros padres también son esa clase de niños necesitados. Nos educaron seguramente con las mejores intenciones y creyendo hacer lo correcto. Pero, inconscientemente, antepusieron sus propias necesidades a las de cualquier otro individuo. No puede ser de otra manera. Es como pedirle a un bebé que espere: es desgarrador.

Quiero recalcar que la mayoría de los individuos, en este sentido, somos emocionalmente bebés.

Es decir, necesitamos satisfacer prioritariamente nuestras propias necesidades. Entonces, podemos darnos cuenta de qué significado adquiere lo que mayormente hemos experimentado siendo niños: padres especialmente ocupados en satisfacer sus propias necesidades, por lo tanto, poco espacio psíquico y emocional para satisfacer las necesidades genuinas que teníamos en tanto niños.

Así las cosas, siendo niños hemos aprendido a satisfacer nuestras necesidades emocionales –me refiero al contacto, la mirada del adulto, la comprensión, el diálogo y el acompañamiento en el descubrimiento del mundo externo- desplazándolas hacia sustancias u objetos que podíamos “incorporar”. Al no poder incorporar “mamá”, fuimos incorporando “sustitutos”. Desesperadamente.

El tema de la desesperación también es una cuestión central. Porque no hay términos medios en la necesidad primaria. Al igual que un bebé, que se desespera en ausencia del pecho materno, todo individuo necesitado tiene la urgencia de obtener la sustancia o el objeto desplazado para calmarse.

Por eso, podemos comprender que, hoy en día, nuestra vida cotidiana esté regulada por la adicción al consumo –desesperado- de comida, dulces, cigarrillos, alcohol, drogas blandas o duras, psicofármacos o trabajo. También entramos en relación compulsiva con la televisión, el “chateo” por internet, las llamadas permanentes por teléfonos móviles o el vínculo obsesivo y eterno con jueguitos electrónicos. Como esta modalidad de consumo constante es global, resulta muy difícil detectar la patología de las conductas individuales. Pero podemos afirmar que todas estas conductas reflejan la necesidad de “incorporar vorazmente” lo que sea para sobrevivir, son desplazamientos de necesidades primarias que no han sido satisfechas.

Para no permanecer lamentándonos de nuestro pasado, me interesa reflexionar sobre lo siguiente: nosotros, esos niños necesitados, nos hemos convertido en los adultos que somos. Continuamos siempre atentos a satisfacer como sea nuestras necesidades ocultas. No importa que pertenezcan a nuestra infancia, porque para nuestra estructura psíquica siguen siendo tan prioritarias como cuando éramos niños. O sea, que estamos ante todo pendientes de lo que necesitamos: creeemos que se trata de dinero, ascenso social, buen trabajo, casa, vacaciones, objetos de confort, ropa, discos, o acceso al cine. En realidad, no se trata de nada de esto. Estamos huérfanos simplemente de cariño incondicional, de “mamá”, de “maternaje primario”. Pero no lo sabemos. Y no saberlo es el gran problema. Porque continuamos desplazando nuestras supuestas “necesidades” hacia todo tipo de actividades y objetos que creemos que son indispensables para vivir.

¿Cómo nos podemos dar cuenta de que son objetos desplazados? Porque no importa con cuánta comida nos atiborremos, cuántos cigarrillos fumemos o cuántas cosas nos compremos… siempre necesitaremos más. Lamentablemente, aún obteniendo reconocimiento, éxito o dinero, nunca obtendremos más “mamá”.

Con este panorama desalentador ¿qué capacidad emocional tendremos para dedicarnos a maternar y paternar a un bebé que llega al mundo con una voracidad espectacular? Muy poca capacidad, obviamente. Porque vamos a anteponer –inconscientemente, es cierto- nuestras necesidades emocionales a las necesidades inmensas e incomprensibles del bebé.

De hecho, cada vez que escucho un bebé llorar, le pregunto a la mamá por qué llora. Casi siempre, invariablemente me contesta: porque quiere teta, o quiere brazos. Entonces replico: ¿y por qué no se la ofreces? Luego vienen respuestas diversas sobre indicaciones del pediatra, costumbres, valores y justificaciones varias que no importan en absoluto. Lo único que me importa es constatar que esa madre reciente no está dispuesta a darle prioridad a la demanda del bebé, sencillamente porque siempre le dio prioridad a la propia. ¿Por qué? Porque es –antes que todo- ella misma una gran necesitada.

Así continuamos, a través de débiles maternajes, los circuitos de la adicción: incorporación de sustancias desplazadas, autosatisfacción y necesidad repetitiva de volver a incorporar sustancias desplazadas. Esto se traduce en incapacidad de mirar más allá de sus propias narices.

Así no podemos satisfacer las necesidades genuinas de los niños pequeños, esperando que algún día tenga la “panza tan llena” (emocionalmente hablando) como para que sean capaces de mirar al prójimo y darles prioridad a los demás, en lugar de darle prioridad siempre al ego.

La innumerable cantidad de preconceptos, opiniones y consejos que circulan sobre la crianza de los niños están supeditados a la comodidad de los adultos. Todo individuo que necesita –desesperadamente- satisfacer primero sus necesidades va a buscar su propia comodidad. A través de las generaciones, repetimos estos circuitos de hambre emocional.

Ahora bien, si nos interesa realmente criar niños seguros y libres, estaremos obligados a reconocer, antes que nada, nuestras discapacidades y desvalimientos primarios. Comprender y alimentar nuestro ser interior hambriento. Pero no con comida, trabajo, ni televisión, sino con conciencia. Con comprensión de la propia historia vital. Entonces, tal vez, podamos resarcirnos y estar atentos a qué necesita el otro. Que en tanto otro, necesita algo distinto que nosotros. Y si nos resulta intolerable responder a las necesidades del otro, sabremos pedir ayuda. No para que ese otro se calme. Sino para calmarnos nosotros mismos ante nuestra necesidad devoradora. La crianza de los niños pequeños necesita altruismo, generosidad y dedicación: todas virtudes despojadas de necesidades individuales.

Tomado de:

Laura Gutman: Crianza. Violencias Invisibles y adicciones. Editorial del Nuevo Extremo, Buenos Aires, 2006. Págs. 119-124.
Psicoterapeuta y escritora.
Directora del centro CRIANZA en Buenos Aires.

29 de agosto de 2009

Leche mercenaria

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Reproduzco este artículo con interesantes apuntes históricos sobre la lactancia materna, y sobre la consideración social de las necesidades y derechos de los bebés.

Sólo me permito hacer un comentario sobre la primera frase del texto: si algo habría de "repugnarnos" no es que mujeres pobres se vieran obligadas a abandonar a sus bebés para alimentar a extraños y que muchas veces tuvieran la inmensa generosidad de atenderlos y amarlos como propios, sino que las madres ricas abandonaran a sus propios bebés para que fueran alimentados por otras.

En la leche mercenaria, como en el sexo mercenario, como en la guerra mercenaria... si alguien tiene un problema, ha de ser el que paga, digo yo. Cada uno da lo que tiene.


Leche mercenaria


Por José Miguel Lorenzo Arribas


Abandonar a un bebé propio para ganar dinero amamantando a otro es una práctica que hoy nos repugna. Al margen de su consideración moral, lo cierto es que no fue demasiado infrecuente en la Península Ibérica, ni en el resto de Europa, en aquellos tiempos en que se pagaba por la leche materna, cuando no había sustitutos artificiales.

En la Edad Media, la nobleza hacía de la lactancia mercenaria un símbolo de su prestigio. Pagar a una nodriza, que solía vivir durante el tiempo que desempeñara su función en la casa de la recién agrandada familia, era un artículo de lujo. La nodriza era reclamada no por imposibilidad de la madre biológica de asumir esa función alimentadora, sino por la asunción de una práctica social que así estableció la norma. Al margen de los beneficios nutritivos que conllevaba alimentar con leche materna, que se cuantificaría siglos después, no valía cualquier mujer por el solo hecho de tener leche, ya que también primaba una consideración moral, por la creencia en que a través del líquido recibido el lactante no solamente adquiría el alimento físico necesario, sino que se transmitían también cualidades espirituales, creencias... Los moralistas legislaron en este sentido, tratando de evitar que madres, por ejemplo, judías o musulmanas, dieran el pecho a la prole cristiana. Había mujeres con «mala leche», y no precisamente porque fuera menos alimenticia. No era una cuestión de defecto de nutrientes, sino de prevención y prejuicio, ya que, advierte todavía hoy la sabiduría popular, «de lo que se come, se cría».

La medicina, por su parte, creía en la existencia de un esperma femenino, como expuso san Alberto Magno, superando la versión aristotélica que lo negaba. Según las teorías bajomedievales, desarrolladas con éxito en la región italiana de Salerno, las mujeres producían dos emisiones diferenciadas: el esperma, que se producía de la misma manera que en los hombres, y la sangre menstrual como residuo. La mujer, «varón imperfecto» en la lectura aristotélica (esta teoría, en cambio, no se abandonó) por un defecto físico constitutivo no llegaba a transformar por cocción dicho esperma a causa de su falta de calor, y explicaba que en la época del embarazo pudiera así alimentar al feto, transformándose el esperma en leche una vez nacido el niño.

Los seres humanos en sus primeros años de vida han sido, como sujetos historiográficos, reivindicados hace poco tiempo. Ahora ya tenemos disponibles algunas «Historias de la Infancia» que demuestran cómo esta categoría, la infancia, es un descubrimiento de la Contemporaneidad. No había muchas contemplaciones antes para con los más pequeños de la casa. Muchos siglos han tardado las niñas y los niños en adquirir ese estatuto, en ser considerados sujetos de pleno derecho. Todavía, en muchas partes del mundo, estos pequeños seres humanos distan mucho de ser reconocidos como tales. Evidentemente, no sólo por una cuestión de edad. Cuando crezcan, los que lleguen a crecer, no les esperan unas expectativas mucho más allá.

Se van haciendo avances. De todo esto, con un sentido muy posibilista, también el refranero ha dejado su sentencia: «El que no llora no mama», al margen de la mayor o menor consanguinidad o moralidad de la teta nutricia que se arrime a la pequeña boca para saciarla.


Tomado de:

http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/enero_08/10012008_01.asp

27 de agosto de 2009

Abandonar el enfoque adultocéntrico

Imagen: Quino

Por Ileana Medina Hernández

Hasta ahora, la inmensa mayoría de la tradición escrita sobre pedagogía, educación infantil y crianza, se ha hecho desde lo que podemos llamar un "enfoque adultocéntrico", desde el punto de vista del ser humano adulto, donde cabe cualquier postura, si se considera que los padres o adultos somos "libres" para educar y enseñar como queramos.

Desde el punto de vista jurídico, la libertad de enseñanza y educación -pocos hablan de crianza, que tendría un matiz más apropiado para describir la relación del bebé y del niño en los primeros años de vida con sus padres- es un derecho fundamental de los más incuestionables en toda la tradición constitucionalista de las democracias occidentales.

También las teorías patriarcales, las teorías feministas de la igualdad, las teorías feministas de la diferencia, las llamadas teorías queer y contra-sexuales que han evidenciado el innegable gran papel de la cultura en la construcción del género sexual (incluso en sus propuestas más radicales de negar toda diferencia biológica, como la de afirmar que "no somos más que trabajadores del ano")... toda la gama de formas de interpretación de la sexualidad humana son posibles y legítimas a mi entender (con los únicos límites de las relaciones de poder y éticas inherentes a cada uno de los modelos), siempre y cuando hablamos de seres adultos o maduros que defienden su derecho a vivir su sexualidad y su vida total del modo que estimen conveniente.

Desde el punto de vista de la libertad individual del adulto progenitor, tres problemáticas atraviesan de lleno cualquier análisis serio que quiera hacerse del mundo de la educación paternal y la crianza:

  • las formas de asumir la sexualidad (sin sexualidad no hay reproducción; y el embarazo, el parto, la lactancia y el puerperio forman parte del ciclo sexual femenino). Madre o padre puede ser cualquiera y de muchos modos, pero hay que tener en cuenta el nexo afectivo y corporal que el bebé mamífero necesita durante los primeros años con un adulto de referencia, preferiblemente con la persona que lo ha gestado.
  • las relaciones de poder entre padres e hijos (la cuestión de los "límites", el autoritarismo, la asertividad, las normas, la violencia, el apego, etc... sigue siendo el vértice central de toda teoría pedagógica).
  • y la dinámica entre el tiempo familiar y el tiempo dedicado al trabajo, entre la esfera privada y la pública, entre el mundo emocional y el laboral-productivo (lo que hoy hemos dado en llamar "conciliación laboral y familiar"). [La "conciliación" entendida como equilibrio, se viene mirando en dos sentidos diferentes: el derecho de los sujetos hasta ahora excluidos del mundo laboral (las mujeres) a incorporarse a él sin que los roles de la maternidad resulten una rémora (sentido hacia "afuera"); y el derecho de los trabajadores a dedicar parte de su tiempo al cuidado familiar (sentido hacia "dentro"). Todavía en muchas políticas sigue predominando el sentido hacia "afuera", y en ninguno de los dos enfoques se le está dando la importancia que merece al derecho y necesidad de los niños de permanecer mayor tiempo al cuidado de sus padres].

Las tres problemáticas han sufrido un huracán de transformaciones en el siglo XX que todavía no ha hecho sino comenzar, venidas de la ampliación del espectro del respeto a las diferencias individuales, del reconocimiento y la incorporación progresiva al mundo público y socio-laboral de todos los seres humanos diferentes del macho-blanco-rico-heterosexual-europeo-cristiano. Entiendo que son demasiados "derechos" a la vez para echarlos a andar juntos en tan poco tramo de tiempo.

Particularmente la incorporación de la mujer al mundo laboral ha supuesto un revulsivo que hace imprescindible y urgente no solo revisar las políticas sociales relativas a la igualdad de género, sino también el cambio del sistema productivo-laboral en su conjunto de manera que se ajuste a las necesidades de las nuevas familias en que ambos miembros trabajan, pero necesitan seguir teniendo tiempo para el mundo privado, para el mundo de los afectos, para la educación y crianza de sus hijos.

Porque aunque en última instancia cualquier adulto es libre de renunciar cuanto pueda a la vida privada y afectiva en mor del trabajo (luego hay que ver si es humanamente posible), lo que sí es imposible concebir qué queda de la familia si no pensamos en los derechos de los niños a recibir tiempo y atención de ambos padres.

Si abandonamos el enfoque adultocéntrico (centrado únicamente en los derechos de ambos progenitores al trabajo, a la realización personal en el mundo público, al ocio, etc...), podemos detenernos en que, como muchos estudios que hemos citado en otros artículos demuestran, los bebés hasta los 2 años necesitan todo el contacto posible con su madre para la maduración normal de su sistema neurológico, y que los niños y adolescentes, hasta llegada la edad adulta, necesitan tiempo, compañía y comunicación con sus padres para la construcción sana y fuerte de su personalidad, su autoestima y su esqueleto emocional.

Hay una larga historia desde la época romana de reconocimiento de los derechos de los niños, que en el siglo XX se han visto oficializados por instituciones internacionales como la ONU y la UNICEF y recibido el respaldo constitucional y jurídico de muchos gobiernos, pero que también necesitan ser revisados y ampliados, incluyendo derechos como los que defiende la Plataforma Pro-derechos del Nacimiento, por ejemplo, y algunos más que atañen a la primera crianza, a los primeros años de vida.

Que si la realización personal de la madre, que si es respetable la opinión de cada cual, que si cada una es libre para criar a su hijo como quiera.... y eso todo es absolutamente cierto: en el mundo de los adultos. Pero si NOS PONEMOS EN EL LUGAR DEL NIÑO, del bebé, entonces tenemos que encarar unos cuantos asuntos:

1.-Un niño necesita AFECTO para construir su autoestima, e incluso, para terminar de construir su sistema neurológico.

2.- Numerosos estudios ya clásicos (la teoría de la "madre suave" de Harlow, la del "hospitalismo" de René Spitz, las teorías de la "resiliencia" de E. Werner y otros, la teoría sobre los orígenes de la violencia de Alice Miller, las teorías reichianas sobre el acorazamiento, etc...) y estudios contemporáneos de neurología y neonatología (el concepto de neuroplasticidad, los estudios del neonatólogo Nils Bergman, las aportaciones de Michel Odent sobre la salud primal, etc.) evidencian la importancia del AFECTO en la primera infancia para la construcción de una personalidad segura, con una autoestima sana, y la capacidad de empatía con los demás, de amar y ser amado.

3.- La ÚNICA MANERA EN QUE UN BEBÉ PUEDE PERCIBIR AFECTO ES SIENDO TOCADO. Tocado, abrazado, amamantado, acariciado, sostenido, mirado, llevado a upa, en contacto directo con su madre y con las personas que le rodean. Un bebé no puede saber que una cuna maravillosamente decorada es sinónimo de amor. El bebé no sabe nada de cunas, minicunas, habitaciones preciosas, colores de Agatha Ruiz de la Prada, cochecitos de Bebéconfort... Los bebés todos nacen iguales (todos nacemos iguales) y la única manera en que entendemos que nuestra madre nos quiere es teniéndola cerca: en contacto directo con su piel, con su olor, con su voz. Los bebés no tienen noción temporal ni espacial: cuando su madre se aleja, les parece que se aleja para siempre. Tampoco tienen conciencia de su "yo" separado: viven en estado de FUSIÓN permanente con su madre, hasta los dos años en que comienza la construcción de su ego individual.

4.- De ahí se desprende, que por lo menos hasta los 2 años, los bebés no deberían ser separados de su madre por mucho tiempo, y deben recibir la mayor cantidad posible de CONTACTO FÍSICO con su madre (también con una persona sustituta, pero principalmente la madre, de la que SU PSIQUIS NO SE HA SEPARADO CON EL PARTO).

5.- Los estudios sobre "salud primal" evidencian cada vez más la importancia de los estadíos primarios, el estadío intrauterino, el parto y los primeros años de vida en la FORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD. Los bebés humanos nacen muy inmaduros, no se han acabado de formar, somos todos "prematuros", y es necesario la continuidad del cuerpo materno por varios años, y que la separación se produzca poco a poco y siempre a iniciativa del bebé.

6.- Los bebés no son "listos" ni nos hacen chantaje emocional por pedirnos que los tomemos en brazos. Los bebés PIDEN LO QUE NECESITAN. NECESITAN AFECTO, CORPORALIDAD, CALOR HUMANO, CONTACTO PIEL CON PIEL. Así de simple, y así de barato. Todo esto está cada vez más demostrado por la ciencia, y parece además, de enorme sentido común.

Desde el punto de vista adultocéntrico, es posible escribir cosas como las que la bienintencionada Dra. Inmaculada Gilaberte, ha escrito en su reciente libro Equilibristas. Entre la maternidad y la profesión (Alienta Editorial, 2009), donde escribe en una carta a su imaginaria hija bebé:


"...por eso hoy he tomado una gran decisión: de forma transitoria pero frecuente te voy a dejar en manos ajenas, no sólo para irme a trabajar, sino también para cumplir mis grandes deseos y mis pequeños caprichos.
Porque en esta tarde de compras, además de disfrutar de unas horas de alegre asueto, me he percatado de que, más allá de esta piscina donde te enseño a dar tus primeros pasos, tienes que aprender de mí a vivir libre de las cadenas del afecto. "


Esta frase sacada de contexto es horripilante en sí misma, y no sería justo que criticáramos el libro de la Dra. Gilaberte (psiquiatra y especialista en "farmacología de la depresión") solo a partir de ella.

El análisis que hace sobre cómo las mujeres hemos aprendido a sentirnos bien "dando afecto a otros" y olvidándonos de nosotras mismas, puede tener sentido cuando se refiere a otros adultos, pero no cuando se refiere a un bebé de pocos meses.

En realidad, creo que Gilaberte -y ese es el objetivo principal por el que ha escrito su libro, y es de agradecer- se ha dado perfecta cuenta de que el mundo laboral tiene que cambiar para no penalizar por la maternidad el camino profesional de las mujeres y para aprovechar el inmenso potencial del cerebro multifuncional de las madres: "De forma lenta, pero firme, la cultura laboral debería convertirse en más humana para tener en cuenta esta situación tan habitual de las familias. Aunque para ello tenga que romper con los clásicos hábitos tan caducos que perduran en nuestras empresas. Espero que esto que te cuento hoy te parezca prehistórico cuando tú te encuentres en mi situación. Ésa será la señal de que la sociedad ha evolucionado en la dirección adecuada para todos", dice certeramente.

Pero en lo que no llega a profundizar suficiente la psiquiatra es que el mundo productivo-laboral tiene que cambiar, sobre todo y principalmente, para no perjudicar el sano desarrollo emocional y afectivo de nuestros hijos, sobre todo en su primera infancia.

Creo que Gilaberte ha sido capaz de explicar suficientemente bien lo injusto de que la maternidad perjudique el desarrollo profesional de las mujeres, pero no cómo el orden productivo-laboral tal como está hoy perjudica a la maternidad, y por ende, a las crías. Su enfoque puede ser revolucionario para el mundo de la empresa que está aún en pañales en materia de conciliación y gestión de recursos humanos, pero no para una psiquiatra de la que podríamos esperar mayor profundidad sobre los orígenes primarios de los problemas afectivos (y de paso también sobre la depresión que es su especialidad).

Más escuelas infantiles públicas donde dejar a nuestros hijos 10 horas diarias desde los cero años no es la solución. Grandes salarios con los que contratar y malpagar a una amorosa inmigrante que se ocupe de nuestros hijos tampoco.

La solución pasa por articular nuevas formas de control de la productividad, de verdadera flexibilidad horaria, jornadas de trabajo más cortas para todos, teletrabajo, mayor incorporación del hombre al mundo doméstico, cambios de mentalidad, bajas maternales más largas retribuidas y respetadas... que signifiquen la interrupción momentánea pero no definitiva de las carreras profesionales de sus madres. Un concepto del tiempo menos lineal, un concepto del éxito menos vertical.

Eso, poniéndonos en el lugar de aquellas mujeres con carreras profesionales exitosas desde el que habla la propia Gilaberte, que quizás les merezca la pena sacrificar la vivencia de la maternidad en todo o en parte a cambio de un mayor techo profesional, pero no debemos olvidar que la gran mayoría de mujeres trabajadoras simplemente trabajan por un salario, en puestos mal remunerados, sin posibilidades de promoción profesional, e incluso sin motivación vocacional alguna, por lo que la protección laboral de la maternidad se impone entonces aún más.

Pero para todo eso, es preciso dejar de pensar el problema en términos únicamente de igualdad de género, de derechos de las mujeres -que son importantísimos-, y pensar también en los derechos de los niños, en los derechos de esa díada mamá-bebé que debe protegerse durante por lo menos los primeros dos años de vida del niño.

La liberación de la mujer tiene que servir también para que alguien se ponga en el lugar de los niños pequeños, ignorado por milenios de cultura patriarcal autoritaria.

Solo madres conectadas profundamente con su maternidad pueden traernos la voz de los bebés y los niños. Los avances científicos de estudio del cerebro, de las conexiones neurológicas y de la maduración cerebral de los bebés también permiten constatarlo.

Ya hemos pensado -aunque aún queda mucho por andar- en los derechos de las mujeres, de los homosexuales, de los inmigrantes... en todo tipo de "otros". Nos hemos percatado de que el único modo de entender los problemas sociales en toda su complejidad y asumir a ese "otro" que es sin dudas uno mismo, es abandonar los prejuicios eurocéntricos, heterocéntricos, falocéntricos... y aún nos queda el "último tabú": abandonar el enfoque adultocéntrico.

Falta pensar en los derechos de los bebés, que fuimos, somos y seremos todos. Quizás poniéndonos en el lugar de los bebés (y de los ancianos, que somos todos) podamos alcanzar más luz sobre un futuro para la humanidad realmente más justo, pacífico y equilibrado.

25 de agosto de 2009

Gestar, parir, amamantar.


Por Ileana Medina Hernández


Las mujeres en el último siglo estamos demostrando que -si nos lo permiten y nos lo permitimos- podemos hacer igual de bien todo lo que hacen los hombres: hacer ciencia, dirigir empresas y gobiernos, viajar al cosmos, escalar montañas de 8 mil metros, pilotar aviones, escribir libros, dirigir orquestas, construir puentes... y hasta hacer la guerra.

Sin embargo, si nos preguntamos si queda alguna cosa que sólo un sexo pueda hacer, nos encontramos una sencilla respuesta: gestar, parir y amamantar. De momento, solo las mujeres podemos.

Y "casualmente" esa pequeña diferencia es la que garantiza la supervivencia y la continuidad de la especie. (Cierto que no podemos hacerlo solas, pero el semen es abundante, ecológicamente barato y generalmente disponible; y el hecho de que necesitemos el apoyo del macho en todo el proceso, no nos quita la exclusividad del hecho biológico).

Parece increíble que casi todos los feminismos del siglo pasado -y los que siguen dominando hoy todas las instituciones públicas de "la igualdad"-hayan pasado por alto ese "pequeño detalle".

Imaginad un grupo de pequeños animales -o de extraterrestres-, que podáis observar desde lejos, desde fuera, como si los miráramos con un microscopio. En ese grupo de seres, resulta que sólo la mitad, en un momento de su vida, puede hincharse, hincharse e hincharse, hasta que su cuerpo se abre y da lugar a otro nuevo ser. ¿Qué pensarían los que no pueden hacerlo (e ignoraran su papel en ese proceso)? ¿No sería la envidia primera -si la hubo- una especie de envidia del útero, en lugar de la envidia falocéntrica que describió Freud?

Esa otra mitad que no se hincha, que tomó "conciencia" de su ser, pero ignoraba su papel en el proceso, o en última instancia no podía garantizar la legitimidad de su paternidad, aprovechando la superioridad de su fuerza física, fue creando un sistema en el que lo valioso ha sido todo lo que el macho puede construir, y en el que el parto, la maternidad y la femineidad ha sido reprimida : "parirás con dolor y tu marido te dominará".

¿Y si resultara que el verdadero poder residiera en la capacidad de parir, amamantar y criar?

¿Si resultara que el verdadero feminismo no estuviera en hacernos "iguales" a los hombres, sino en aprender a sentir lo valioso, lo mágico, el gran milagro de la vida, la creación que encarna en nuestros vientres y nuestros pechos?

¿Si el verdadero y mayor aporte a la sociedad consistiera en criar generaciones de hijos e hijas sanos y felices?

¿Si resultara que el verdadero cambio social estuviera en aprender a valorar la crianza y la maternidad como actos socialmente respetables, y como parte fundamental de la libertad de la mujer?

¿Si las mujeres, libres y conscientes, fuera de la dominación masculina, conocedoras de nuestro propio cuerpo, de nuestra sexualidad, de la importancia de los afectos y del mundo emocional... acabásemos descubriendo, sintiendo con nuestras entrañas, que el amor y el cuerpo maternos en la primera crianza es fundamental para hacer a la humanidad más libre, más feliz, más justa, más equitativa, más solidaria?

21 de agosto de 2009

¡Que no os separen!


Muchos estudios contemporáneos -y algunos ya clásicos-, demuestran que la primera necesidad del recién nacido es permanecer todo el tiempo junto al cuerpo de su madre, y que esta unión física y corporal es fundamental durante todo el primer año de vida.

La separación del recién nacido del cuerpo de su madre, ya sea en el hospital o posteriormente en los primeros meses de vida del bebé, está relacionada con carencias afectivas, con enfermedades y trastornos de conducta futuros, y con los orígenes de la violencia y la sumisión.

Casilda Rodrigañez, en el prólogo a la nueva edición de su libro La Represión del deseo materno y la génesis de la sumisión inconsciente (Ediciones Crimentales, Murcia, 2007) hace un resumen magnífico de lo que las neurociencias han aportado al respecto, que me parece importante reproducir y compartir:


«(...)

Por su parte, Henry Laborit explicó hace años lo que nos sucede
neurológicamente cuando ante una situación adversa no podemos
ni huir ni luchar, y no tenemos otra alternativa que la sumisión.
(2).

El estudio de Laborit fue un hallazgo pionero, pero se refiere
en general a las personas adultas, no habiendo investigado la etapa
de formación primal. Más recientemente, el pediatra neonatólogo
Nils Bergman que trabajó durante doce años en el Mowbray
Hospital de Cape Town, está ofreciendo una explicación muy concreta
y precisa de cómo acontece este fenómeno en los bebés recién
nacidos, explicación que se puede encontrar en su comunicación en
el VI Symposium de la Liga de la Leche en Paris, en marzo del
2005(3), así como en sus documentales, en particular en
Restoring
the original paradigm
(4).

Hacer un resumen de lo que este autor nos aporta, es casi imposible
porque él mismo es un resumen de muchísimas cosas: empezando
por sus propias investigaciones en la práctica clínica neonatal,
que ha cruzado entre otras, con la neuroendocrinología y con
la biología evolutiva (5). Su obra es imprescindible para cualquiera
que esté interesado/a en conocer los términos neurológicos y fisiológicos
de la represión del deseo materno
(la separación de la criatura
de su madre
) y el estado de sumisión de la criatura humana.

Porque efectivamente, la neurología ha comprobado:

1) En primer lugar, que la formación de las vías neurales sólo
está pautada genéticamente hasta las 14/16 semanas de gestación,
y por tanto,
a partir de ese momento el tipo de desarrollo depende
de su hábitat, del estado de la madre y de su relación con ella.
Por
otra parte, también nacemos con millones de neuronas que iran
desapareciendo conforme se vayan fijando las sinapsis y las vias
neurales que definitivamente van a constituir el sistema neurológico.

En esta ‘poda’ y en esta formación de las vías neurales estriba
la enorme plasticidad adaptativa del ser humano: entre otras, si ha
de vivir para la guerra o para la paz.

En este proceso de formación del sistema neurológico incide otro
importante factor: somos una especie neoténica, que en lugar de
nacer con el 80% del cerebro formado como sucede en otras especies,
nacemos con sólo formado un 25% del cerebro adulto, alcanzando
ese 80% sólo a los doce meses después de nacer. Es decir,
que
desde el punto de vista neurológico, el primer año después de
nacer es también una gestación externa.


2) En segundo lugar, se ha comprobado que hay un programa
neurológico que se pone en marcha en circunstancias de alerta o de
defensa, y que automáticamente cierra el programa que regula el
metabolismo basal en circunstancias normales; el programa de
defensa activa un sistema neuroendocrino y un sistema neuromuscular
específicos para que el organismo entero se disponga a huir o
a luchar contra la circunstancia desfavorable. Las criaturas separadas
de sus madres, se encogen, tiemblan de pánico, descienden la
temperatura corporal, sufren alteraciones del ritmo cardíaco y respiratorio,
incluso padecen apneas, y, en fin, todo su pequeño cerebro
es invadido por descargas de glucocorticoides (cortisol, hormonas
del stress…) y de adrenalina (hormonas del miedo), creando
una toxicidad neuroquímica que va a ser determinante en la formación
de las vías neurales, es decir, en el sistema neurológico y neuromuscular
que están en periodo de formación. En otras palabras,
va a determinar si la criatura tendrá una estructura caracteriológica
para vivir en armonía con sus semejantes o si va a tener una estructura
para vivir en tensión y en competencia.


3) Todo depende del tiempo en que la criatura permanezca en
estado de stress, es decir, separada de la madre: si es un momento,
no pasa nada, porque se pone en marcha un sistema de alerta, que
está previsto para eso, para alertar. Pero no para permanecer
durante tiempo; porque si la separación se mantiene de forma persistente,
y el sistema de alerta o de defensa permanece activado
durante mucho tiempo y con frecuencia, empieza a formarse la
patología específica.
Muchos diagnósticos de llamadas enfermedades
mentales (esquizofrenia, bipolares, autismos, etc.) (6) así
como el origen de la conducta violenta (7) han quedado ya relacionados
con un modelo patológico de desarrollo de la criatura humana,
en estado persistente de stress, es decir, separado de la madre,
un modo de vida que Bergman llama de supervivencia (survival
mode).

Por todo esto, Bergman afirma que
la peor situación que se
puede encontrar una criatura al nacer es la separación de la madre;
que esta separación es una violación de la criatura humana cuyo
programa innato de crecimiento preve el contacto piel con piel con
su madre; y que esta violación que sufre la criatura tiene un impacto
de por vida.


Asegura que la criatura, incluso la que nace prematura, no nace
enferma, pero enferma cuando se le separa de la madre. Y concluye
haciendo un llamamiento para que los sistemas de salud pública den la prioridad absoluta a poner los medios para que las criaturas no sean separadas de sus madres
al nacer salvo en las más extremas circunstancias.


Nils Bergman, desde mi punto de vista, ha pasado a formar parte
de los clásicos (Reich, Leboyer, Odent…) que desde distintos campos
de las ciencias trabajan en pro de la recuperación de la madre
verdadera, la madre antigua, aquella que, según definición de Lope
de Vega a cuanto vive aplace. A este proyecto, Bergman le ha
puesto un nombre muy preciso: RESTAURAR EL PARADIGMA
ORIGINAL DE LA MATERNIDAD. »

NOTAS:

2) Henri Laborit: algunos títulos de su obra son La Nouvelle grille, Eloge de la fuite y
L’inhibition de l’action.(Masson 1980). También en el libro de la UNESCO, La violence
et ses causes (1981) hay un capítulo suyo con el título Mecanismos biológicos y
sociológicos de la agresividad.
(3) Nils Bergman, ‘Le portage kangaroo’, en Les dossiers de l’allaitement, Leche League
France, especial nº 6, 18.03.2005.
(4) Nils y Jill Bergman, Documental Restoring the original paradigm, www.kangaroomo
thercare.com
(5) En la exposición de los cursos de Verano de Jaca 2006: ‘El matricidio y la represión
el deseo materno a la luz de la neurobiología y de la investigación clínica neonatal’,
(publicado en Maternidad entrañable y gozosa, Prensas Universitarias de Zaragoza,
julio 2006), y en ‘La maternidad: correlación entre libido y fisiologia’, en la revista
Medicina Naturista num. 10 , junio 2006, hago un resumen más detallado de las aportaciones
de Bergman. También están colgadas en: www.casildarodriganez.org
(6) Por si alguien quiere adentrarse en la literatura publicada al respecto, ver en la revista
Acta Paediatr. suppl 1994, 397: Albert, JR (77-85) ; Hofer M.A. (9-18); Fifer, WR.
(86-93); Rosenblatt, JS. (3-8); en la misma revista 1995, 84(5): Christensson et al
(468-73), y de abril 1996: 85(4) Michelsson et al (471-5). En la revista Journal of
Paediatr de 1977 91(1): Lozoff, B. et al. (1-12).
(7) Además de Henri Laborit ya mencionado en la nota (2), otros autores han estudiado
la formación del carácter violento desde la neurología. Menciono dos:
- A.N. Schore , en The effects of early relational trauma on right brain develop
ment, affect regulation, and infant mental health (Infant Mental Health Journal
2001; 22 (1-2): 201-69), quien entre otras cosas, asegura que
Las complicaciones que suceden durante el nacimiento afectan a la personalidad, a la
capacidad relacional, a la autoestima, y a los esquemas de comportamiento a lo largo de
toda la vida. Si a ello se le añade el rechazo de la madre y la ausencia de unión con la
madre ('bonding'), podemos constatar una fuerte correlación con un comportamiento criminal
y violento.
- Lloyd de Mause, en : The neurobiology of Childhood and History, y War as
righteous Rape and Purification (citado en 'El llanto infantil y el cerebro'
www.dormirsinllorar.com y www.psychohistory.org), por su parte ha escrito que:
Los traumas provocados por el desamparo pueden dañar severamente el hipocampo,
matando neuronas y causando lesiones; y que este daño está causado por la liberación de
una cascada de cortisol, adrenalina y otras hormonas segregadas durante el periodo traumático,
que no sólo dañan a las células cerebrales sino también la memoria y ponen en
marcha una desregulación duradera de la bioquímica cerebral. Además, la abundancia
de repetidas oleadas de estas sustancias químicas y hormonas en el cerebro es la causa de
la reducción de la producción normal de serotonina, siendo, según este autor, un nivel
bajo de serotonina el indicador más importante de violencia, relacionada con tasas altas
de homicidios, suicidios, piromanías, desórdenes antisociales, automutilaciones y otros
desórdenes agresivos. Y también que:
Se ha demostrado que la falta de cuidados maternales tempranos es la causa de que la
región que... permite al individuo reflexionar sobre sus propias emociones y empatizar con
los sentimientos de otros individuos sea diminuta, desembocando en una pobre autoestima
y en una tan baja capacidad para empatizar, que el bebé crece literalmente incapaz de sentirse
culpable por lastimar a los demás.

(...)

Más información 
http://www.quenoosseparen.info/

20 de agosto de 2009

Amamantar y autoestima (II)


Por Ileana Medina Hernández


Hace unos meses dedicamos un artículo a cómo la lactancia materna contribuye a la formación de la AUTOESTIMA del bebé. La autoestima y la formación de la personalidad comienza desde el mismo momento del nacimiento, incluso desde el momento de la concepción.

Hoy vamos a hablar de la relación de la lactancia con la AUTOESTIMA DE LA MADRE. La lactancia -y la crianza- son eslabones fundamentales en la cadena de la autoestima y del amor, mientras más tengamos, más daremos a nuestros hijos y así sucesivamente.

Como analizamos en el post sobre la Divina Trinidad, en la sociedad patriarcal las mujeres, excluidas del plano de lo divino y consideradas "pecadoras", hemos visto nuestra autoestima dañada y menospreciada a lo largo de los siglos. Nuestra sexualidad ha sido reprimida, enorme el grado de represión y de desconocimiento sobre el funcionamiento del cuerpo femenino, que atenta contra nuestra capacidad de parir y amamantar a nuestros hijos. (Al respecto, son muy interesantes los libros y artículos de Casilda Rodrigañez).

Lo que no resulta tan fácil de ver, y creo que ahí está el quid de la cuestión, es CÓMO LA MUJER REPRIMIDA DURANTE SIGLOS SE CONVIERTE EN UNA "MALA" MADRE. Léase esta "mala" entre comillas, en el sentido de que no puede ofrecer lo que el hijo primariamente necesita: leche y cuerpo maternos.

Creo que el patriarcado afecta la calidad de la MATERNIDAD en dos sentidos diferentes, pero complementarios:
  • El embarazo, el parto y el puerperio son parte de la sexualidad femenina. Las mujeres, con nuestra sexualidad históricamente reprimida,  nos encontraremos con dificultades para embarazarnos, parir y amamantar, fácil y placenteramente. Amamantar es un acto absolutamente físico: corporalidad, fluidos, cuerpo... es sexualidad pura. Si nos han metido en la cabeza que nuestro cuerpo es indigno, si desconocemos cómo funciona, si no somos capaces de tener orgasmos, si no estamos familiarizadas con los fluidos de nuestro cuerpo y más bien tendemos a rechazarlos -aunque ese rechazo sea inconsciente-, tendremos problemas para parir y amamantar.
  • La autoestima. Para lograr amamantar la mujer ha de tener una autoestima bien construida. Confiar en su propio cuerpo, saberse capaz de alimentar a su hijo (en los niveles profundos del inconsciente, no basta con leer manuales sobre lactancia materna), ser capaz de renunciar durante varios meses a la vida social, al maquillaje, al trabajo, al éxito social, al bar de la esquina, a mirar el reloj, o a depilarte las piernas... sin sentir que pierdes tu vida en ello. La lactancia nos necesita desnudas, en cuerpo y alma, sin más que nuestra propia capacidad femenina de alimentar a nuestros cachorros. Es un gran acto de humildad: no manda una, manda el cachorro. No hace falta que miremos el reloj, ni controlemos el tiempo, ni la cantidad, ni que compremos la leche más cara y contemos 9 cacitos... Solo hace falta que abandonemos toda racionalidad y estemos disponible para el hijo. La lactancia materna puede convertirse así en una forma de desintoxicación de las fórmulas sociales, en una forma de meditación y de encuentro con nuestra esencia.

Si mi autoestima -construida en lo externo- necesita mirarme en el espejo y verme una cintura de 60 cm, repoblarme las pestañas cada mañana con maybelline, el cafecito y el cigarrito, la fiestas y reuniones sociales, o la valoración social que obtengo en el trabajo... y verme igual de estupenda que antes de parir para no derrumbarme, se hará muy difícil que pueda fluir y renunciar a todo eso para sumergirnos en el mundo íntimo del amamantamiento, del acarreo de la criatura, de las noches insomnes...y permitirte sentirte como la persona más importante del mundo: la gran madre que sostiene y alimenta. 

Si la sociedad premiara y valorara a la madre que sostiene y alimenta, entonces las mujeres lo tendríamos más fácil para sostener a nuestros cachorros. Pero si la sociedad solo nos valora por la belleza física, o por el rol profesional, puies la maternidad desvalorizada nos derrumba a las mujeres, y nos obliga a buscar desesperadamente una puerta de salida: volver al trabajo y a la cintura estrecha, y que otro dé el biberón por mí.

(Lo cual no tendría nada de malo, si no fuera porque la necesidad primaria de la cría humana es la de ser amamantada y permanecer en contacto con el cuerpo materno durante los primeros AÑOS).

A la vez, las mujeres estamos descubriendo que cuando logramos amamantar con placer, nos sentimos felices de ello. Nuestra autoestima sale reforzada, y nuestra fuerza maternal y personal parece multiplicarse.

La gran paradoja de todo esto, es que parece que las feministas luchan y lucharon, precisamente por que a las mujeres no se nos valore en cuanto criadoras. Pero es que no lo hemos sido nunca. La mujer oprimida por el marido en su casa, ignorantes de nuestra sexualidad y de nuestros deseos más íntimos, con nuestras autoestimas pisoteadas, no hemos podido tampoco ser la madre feliz y disponible para nuestras crías que podemos llegar a ser. Hemos sido menospreciadas hasta en eso. Nuestra labor de crianza invisible, lo único importante quién trae el dinero a casa.

Una vez las mujeres incorporadas al trabajo remunerado y a la vida pública, podemos ahora también reconstruir el prestigio de la crianza. No es incompatible. 

Paradójicamente, ha sido necesario recorrer el largo camino de la incorporación al trabajo y al mundo productivo, para a partir de ahí, tener el poder y la fuerza necesarios para reivindicar la crianza. Este camino, a la vez permitiría que el hombre pudiera incorporarse a la crianza y a las labores domésticas, que pasaría a ser una actividad prestigiosa, placentera y pacífica: la familia como lugar nutricio y no como lugar de opresión. 

Lecciones de teología para niños -3-


Por Ileana Medina Hernández

"En la Trinidad Cristiana no hay lugar para una mujer. Son todos hombres: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es un club de hombres gays."
Osho

3.- ¿Qué significa la Divina Trinidad?

El Padre, el Hijo y... cualquier persona normal diría: la Madre.

La Divina Trinidad es un supuesto misterio, que ríos de tinta han corrido durante dos mil años intentando explicar lo inexplicable, y que esconde un secreto a voces: la expulsión de la Madre, la expulsión de la Diosa, del plano de lo divino.

Las Sagradas Escrituras expulsaron a Eva del Paraíso, a La Madre de la Trinidad divina, a la mujer de la vida de Jesucristo... y solamente incluyeron a María, en condición de virgen.

La figura de María no aparecía en el primer cristianismo, y su introducción se produjo más tarde, cuando la vocación católica (que significa universalista) del cristianismo necesitó de una figura femenina, para ser aceptada por los pueblos paganos, con una larga tradición de adoración a las diosas.

Las culturas paganas -aunque cada vez más cercanas también al patriarcado, el imperio romano ya era un gran patriarcado, por eso terminó aceptando el cristianismo- incluían abundantes cultos a las diosas, a la fertilidad y a la naturaleza, y la introducción de la figura de María fue una operación de "marketing" que la incipiente Iglesia Católica se vio obligada a realizar para lograr su extensión hacia Occidente. El éxito de las miles de advocaciones marianas que existen en toda la cristiandad, corrobora lo acertado de esta inclusión.

Aún así, la convirtieron en Virgen y mutilaron toda dimensión sexual o corporal de su maternidad.

La Virgen María, el culto a las imágenes y el santoral católico, fueron intromisiones -hoy diríamos sincretismo- de los cultos paganos y politeístas que la Iglesia Católica hubo de aceptar como precio por su vocación universalista.

Únicamente las religiones monoteístas de segunda generación (el cristianismo y el islam, el judaísmo permaneció asociado a la raza) han tenido vocación de imponerse como Verdad a otras culturas, para lo que no han tenido más remedio que aceptar cierta flexibilidad y mezcla con los cultos previos que se practicaban en las regiones donde se han impuesto.

La Divina Trinidad es pues la consagración religiosa del Patriarcado. La duplicación con la Sagrada Familia fue una concesión, dejando claro que en el plano superior, en el plano divino no tiene cabida la dimensión femenina.

Ese es el gran Secreto que cátaros, templarios, rosacruces, caballeros del Santo Grial, alquimistas, cabalistas, priores de Sión, astrólogos, místicos, sabios, "iniciados"... y todos los que han permanecido de cierto modo en los "márgenes" del cristianismo en Occidente, han "guardado" a lo largo de 2.000 años, y que Dan Brown se atrevió a convertir en literatura comercial con "El Código Da Vinci": el gran secreto -y el gran pecado- de la Iglesia Católica ha sido la exclusión de la mujer, de la Madre y de la femineidad del plano de lo divino, y por tanto, también de toda consideración social. La ruptura del equilibrio masculino-femenino.

El gran Secreto, lo tan misterioso, lo que tanta literatura, tanta política y tantos asesinatos ha merecido en los últimos dos mil años, es así de simple y está a la vista de todos. El Rey está desnudo.

El origen de las religiones monoteístas coincide en el tiempo con el origen de la escritura (de la "sagrada" escritura) y con la consolidación del patriarcado como sistema social, que enajena a la mujer de su propio cuerpo, que reprime su sexualidad convirtiéndola en "pecadora", que la convierte en servidora del marido y la obliga a "parir con dolor".

El patriarcado y el cristianismo convierten al cuerpo de la mujer en Culpa, en pecado, en enfermedad, y lo que es peor, cercena su proceso reproductivo, alejándola de sus instintos maternales, y dejando desprotegida a la cría, que necesita el cuerpo materno durante sus primeros años para sentirse segura y protegida, y ésta es su peor consecuencia.

La cría humana que nace de un cuerpo femenino consciente y pleno; que es parida, sostenida y acarreada junto al cuerpo de su madre, y amamantada durante años con placer; construirá una autoestima fuerte y saludable, que la mantendrá alejada de los "pecados", del miedo, de la violencia, de la ambición desmedida, y en gran medida, de todas las formas del "mal".

Eso es lo que significa que LA CULPA DE EVA es el ORIGEN DEL MAL: la mujer culpabilizada, considerada inferior, dominada por el hombre, humillada, con su sexualidad reprimida... parirá con dolor y la crianza le supondrá una dura carga, por lo que su cría no recibirá durante el embarazo, el parto y los primeros años de vida la disponibilidad materna necesaria para la construcción de una autoestima que le permita vivir como un ser realizado y feliz, alejado del mal, sin MIEDO, y por tanto, alejado también de las instituciones religiosas que han hecho del mal una gran fuente de lucro.

Es también lo que significa que Dios es una TRINIDAD: la trinidad familiar. El Hijo, cada ser humano, necesita de su Padre y de su Madre. Dios es la familia, pero no la hipócrita familia católica de madre "virgen" y sumisa y padre colérico y distante, Dios es el amor y el cuerpo que recibimos en nuestra primera infancia. Cuando hay Dios, cuando hay familia -con madre incluida, con cuerpo materno pleno y disponible- no habrá pecados, no habrá mal.

La crianza en el sistema patriarcal, construida a partir de mujeres mutiladas, enajenadas de su propio cuerpo, tiene una gran relación con los "orígenes del mal" y con la formas de dominación machista y económica imperantes durante más de dos mil años en Occidente.


18 de agosto de 2009

Lecciones de teología para niños -2-


Por Ileana Medina Hernández

2. ¿A dónde vamos cuándo morimos?

Se ha dicho que la conciencia de la muerte es lo que nos ha hecho humanos, y también la base de todo sentido religioso. El miedo a la muerte rige toda nuestra existencia.

Cuando morimos, vamos a la tierra, pero para no reconocerlo, hemos dicho que vamos al cielo (que es su opuesto complementario). No existe el paraíso ni el infierno, ni nada más allá. El paraíso y el infierno lo tenemos dentro de nosotros mismos aquí y ahora. El infierno es un estado de conciencia, dijo Jung.

Nuestro cuerpo va a la tierra, es devuelto a la naturaleza, la misma que nos ha dado la vida. Volvemos a la madre de la que vinimos.

Cuando dios es la Diosa Madre, la Madre Ancestral y la Madre Tierra, dejamos de tener miedo a la muerte tal como es, deja de parecernos tan espantoso que simplemente volvamos a la tierra. Y a la vez, aprendemos a amar y a proteger la naturaleza de la que formamos y formaremos parte.

Y nuestra alma también va a la tierra. Nuestro cuerpo es materia y energía a la vez. La materia y la energía son indisolubles.

Nuestro cuerpo se descompone, y nuestras moléculas pasan a formar parte de una brizna de hierba, del ala de un pájaro, de la corriente de un río o del soplo del aire...

Nuestra energía psíquica también se descompone. Y nuestra alma se divide en millones de partículas que nos une con todo el universo. Nuestro ente psíquico no mantiene su integridad, sino que se funde y se integra en la totalidad.

Tampoco existe la reencarnación ni el karma. La perfección progresiva de la humanidad se explica a través de la crianza, pero esa será otra lección.

"El primer acto de soberanía alimentaria"


Por Ileana Medina Hernández


He tenido una grata sorpresa al encontrar en el blog del profesor y humanista Salvador García Bardón, algunos posts dedicados al tema de la lactancia materna.

Dice el video promocional del Instituto Nacional de Nutrición de Venezuela, y suscribe el profesor Bardón, que la lactancia materna es un derecho genético del bebé, y el primer acto de soberanía alimentaria del ser humano.

Efectivamente, con la lactancia es el bebé quién decide cuándo, cómo y cuánto quiere comer.

El bebé sabe lo que necesita para su supervivencia y desarrollo, son las necesidades del bebé las que priman, y la madre, en ejercicio supremo de generosidad y humildad, simplemente ofrece su cuerpo para que esa nueva personita inaugure su vida en un acto de alimentación que es a la vez amor y entrega.

La naturaleza -o Dios- es más sabia que cualquiera de nosotros. La supervivencia de la especie no puede depender de la voluntad de alguien que decide alimentar con leche de otra especie cada 3 horas (también se le podría ocurrir 4). La supervivencia de la especie la regula la propia demanda del bebé.

Luego nos quejamos de que cada vez haya más trastornos alimentarios entre niños y jóvenes.

Cómo no va a haberlos, si somos los adultos los que trastornamos y traicionamos la primera forma de alimentación sana y natural: la lactancia materna.

17 de agosto de 2009

La escolarización de 0 a 3 años



Por Ileana Medina Hernández


Escucho la noticia esta mañana en la radio. Busco ahora en internet, y la página del Ministerio de Educación me ha dejado sorprendida, desolada, indignada.

El Ministerio de Educación prevé la puesta en marcha de 300.000 nuevas plazas en las escuelas públicas, para los niños de 0 a 3 años.

Dicho así, todo el mundo diría: pues qué bien. Así los padres de menos recursos no se verán obligados a pagar cuotas de más de 300 euros mensuales en guarderías privadas.

Pero esa es una verdad engañosa. La noticia es buena, pero el enfoque con el que se vende es, desde mi punto de vista, absolutamente equivocado.

La escolaridad obligatoria en España es a partir de los 6 años. La necesidad de escolarizar a los niños antes de esa edad, ha venido de la incorporación de la mujer al trabajo. No porque los niños necesiten ser escolarizados desde los 0 años.

Evidentemente, las mujeres necesitamos trabajar, pero LOS NIÑOS TAMBIÉN NECESITAN PERMANECER CON SUS FAMILIAS, y con sus madres la mayor cantidad de tiempo mientras son bebés.

Ya hemos satisfecho el derecho de los padres y madres a incorporarse al mundo laboral. Ahora toca detenernos a pensar en los derechos de los bebés.

Voy a analizar el texto completo publicado por el Ministerio de Educación, porque no tiene desperdicio:
http://www.educacion.es/horizontales/iniciativas/educa3.html
  • "El plan de impulso a la creación de nuevas plazas escolares para niños de entre 0 y 3 años, Educa3, representa la medida más avanzada en materia de educación infantil y de apoyo a la conciliación laboral y familiar que se ha realizado nunca desde el Gobierno de España."

Cerrad la boca, no hace falta que la dejéis abierta. ¿Qué es la conciliación laboral y familiar? ¿Tener donde dejar aparcados a nuestros hijos para poder trabajar? ¿O la verdadera conciliación consiste en tener más posibilidades para estar con nuestra familia y nuestros hijos?
  • "Por primera vez, el Ministerio de Educación, pone en marcha un plan integral que, en colaboración con las Comunidades Autónomas, ofrecerá en los próximos cuatro años un total de 300.000 nuevas plazas educativas para la educación infantil de primer ciclo."
    Educa3, que cuenta con un presupuesto de 1.087 millones de euros, repartidos al 50% entre el Ministerio y las Comunidades Autónomas, permitirá dar respuesta a la creciente demanda de las familias, que ven en la escolarización temprana una excelente fórmula para compaginar el trabajo y la atención a los hijos. Además, fomentará la incorporación de los niños a la escuela desde los primeros años de vida, elemento clave para el posterior éxito escolar tal y como señalan todos los organismos europeos."

Vamos a ver. "Compaginar el trabajo y la atención a los hijos" SIGNIFICA que UN TIEMPO ESTOY TRABAJANDO Y OTRO ATENDIENDO A MIS HIJOS. No que yo trabajo todo el día, mientras otros atienden a mis hijos a por mí. ¿Es esa la "excelente fórmula"? Esa es la gran falacia de la conciliación laboral tal como se está planteando hasta ahora.

Las políticas de conciliación laboral y familiar están TOMANDO EL PELIGROSO RUMBO DE QUE EL ESTADO SE OCUPA DE MI FAMILIA, MIENTRAS YO TRABAJO.

Todos las tribus guerreras, los caudillos, los dictadores, ejércitos, y manipuladores de masas, saben que la mejor manera de construir un soldado psicópata capaz de matar como una máquina, es separar a los niños desde pequeños de sus familias.

¿DÓNDE ESTÁN ESOS ORGANISMOS EUROPEOS Y ESOS ESTUDIOS que dicen que el elemento clave para el posterior éxito escolar está en la escolarización cada vez más temprana? Quiero verlos. Me temo que es exactamente lo contrario. Los maestros de primaria se quejan cada vez más de problemas en las aulas. Y la causa está en que los niños no están recibiendo la presencia paternal que necesitan en los primeros años de vida, no al contrario.

La entrada en escuelas infantiles desde los O años, ES SOMETER AL BEBÉ A LA PRIVACIÓN AFECTIVA desde la más temprana edad.

  • "Actualmente, el porcentaje de escolarización en esta etapa se sitúa en torno al 20%, muy por encima de la media europea. Sin embargo, nuestro objetivo es aumentar esas cifras, puesto que la demanda existente es todavía mucho mayor que la oferta."
¿Y no se pregunta nadie en este ministerio español, por qué en el resto de Europa, donde somos los más pobres y atrasados, la escolarización en esta etapa es más baja? ¿¿¿No será porque HAY BAJAS MATERNALES MUCHO MÁS LARGAS???
  • "Así, una vez que entre todos hemos completado la gratuidad de la educación entre los 3 y los 6 años, una etapa voluntaria pero que cuenta con un porcentaje de escolarización cercano al 100% de los alumnos, el reto pasa ahora por fomentar la primera etapa de la educación infantil y ampliar así el periodo de escolarización de los alumnos."
Vender que la escolarización temprana es algo bueno para los niños es una grave y peligrosa falacia. Lo que necesitan los niños es permanecer más TIEMPO con sus padres.

Los padres somos algo más que mano de obra barata trabajando todo el día para que cuatro gatos se hagan ricos, mientras otros cuidan de nuestros hijos, convirtiéndolos de paso, en seres privados de afecto, mirada exclusiva, contacto físico y corporalidad.

Crear plazas públicas de Educación Infantil puede ser un paliativo ante la gran demanda de guarderías privadas. Pero no es la solución al inmenso problema de que los niños NO solo NO NECESITAN SER ESCOLARIZADOS a tan tempranas edades, sino que perjudica la maduración de su sistema neurológico y la construcción sana de su personalidad y su autoestima.

Los bebés necesitan afecto y presencia m(p)aternal, no más escuelas infantiles. Las escuelas infantiles son un "mal menor" ante la no disponibilidad de las familias para permanecer con nuestros bebés. Pero esa falta de disponibilidad viene en la mayoría de los casos, de la necesidad de reincorporarnos al mercado laboral tras las exiguas 16 semanas de baja maternal,

Entérese, Señor Ministro, la medida verdaderamente avanzada y progresista en materia de educación infantil que podría tomar su gobierno, es AUMENTAR LA BAJA M(P)ATERNAL REMUNERADA HASTA POR LO MENOS UN AÑO (lo ideal dos), y garantizar la reinserción laboral plena de derechos a las mujeres después de su maternidad.

La CRIANZA es lo más importante de la sociedad. La producción de los bienes de consumo y el mercado y la organización laborales, han de supeditarse a la crianza, y no al revés.

__________________________________

PD: Después de haberse publicado este artículo, que también fue enviado como carta al Ministerio de Educación, la página web del Ministerio de Educación a la que se hace referencia fue eliminada.  Ya no se puede encontrar el referente original en el enlace de arriba.
Sobre Educa3 se encuentra ahora otra descripción aquí: http://www.educacion.es/plane/educa3.html 
Redactada en otros términos más "suaves", aunque sigue diciendo que: "En el marco de la Estrategia de Lisboa, el Informe Objetivos Educativos y Puntos de Referencia 2010, establece como primer ámbito de actuación el incremento de la tasa de escolarización en Educación infantil, por considerar que la escolarización en edades tempranas es uno de los factores más determinantes para conseguir que los estudiantes alcancen mejores resultados."




15 de agosto de 2009

Lecciones de teología para niños -1-



Por Ileana Medina Hernández


1.- ¿Qué es Dios?

Dios es todo lo que existe: la tierra, el mar, el cielo, los animales, las plantas, los minerales, el cielo, los astros, los agujeros negros y el polvo de las estrellas...

De ahí venimos, y ahí volveremos.

El sentimiento de religiosidad, en todas las culturas y en cualquiera de sus formas, es una fuerza centrípeta que nos impulsa hacia la unión con Dios, o sea, hacia la unión con el universo, hacia la totalidad. Es una fuerza de atracción hacia nuestros semejantes y hacia el universo, una fuerza de amor.

¿Y cuál es el primer nexo de unión que tenemos con el universo, con el origen, con el todo, el primer ser con el que tenemos contacto, la primera experiencia afectiva?

La madre. Dios es la Madre. Y Dios es amor. Dios es, primariamente, el amor maternal.

13 de agosto de 2009

El bebé ideal


Por Ileana Medina Hernández


El bebé ideal a los 6 meses sabe dormir solo -con un bellísimo y tierno osito de peluche-, duerme toda la noche de un tirón, y por supuesto, en su habitación muy bien decorada.

Bebe sin rechistar preciosos biberones rellenos de leche de vaca manipulada industrialmente y cereales industriales. Y por el día, es tranquilo, buenísimooooooooooo, se queda todo el tiempo jugando solito en el parque. (Al parque en otras regiones se le llama más apropiadamente 'corral'. En la refinada España moderna se usa eufemísticamente la palabra 'parque', que suena a lugar abierto y natural...).

Luego nos escandalizamos cuando a los 10 años se ha convertido en un hermoso niño obeso que zampa bollos delante de una maquinita de jugar. Pero es justamente lo que le hemos enseñado desde que nació: a tragar preparados industriales y a entretenerse solo. A cambiar el contacto humano por el plástico.

Hemos creado el perfecto individuo solitario, consumista y pasivo. El ideal humano del siglo XXI.

11 de agosto de 2009

Los diez NO de la mujer trabajadora

Por Ileana Medina Hernández



Estoy segura de que no puedo ser la única que piensa que los horarios de trabajo en España tienen que ser modificados tras la incorporación de la mujer al trabajo, (comenzando por esa anacrónica jornada partida hasta las 8 de la noche) y he encontrado esta asociación que me demuestra que no estoy loca.

El futuro tiene que ir por ahí, porque todos trabajemos menos horas con más productividad y más racionalizadamente, de modo que tanto madres como padres podamos estar más tiempo con nuestros hijos. Sin eso, las futuras generaciones están perdidas. No podemos seguirle pidiendo a las escuelas que se ocupen de nuestros hijos todo el tiempo, desde los 4 meses de nacidos, y desde las 7 de la mañana hasta las 9 de la noche los 12 meses del año. El desarrollo emocional e intelectual de nuestros hijos lo necesita.


Os reproduzco la Declaración sobre DIEZ NO DE LA MUJER TRABAJADORA, y os invito a visitar la página de la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles, y a difundir esta información todo lo que podáis:


Madrid, 8 de marzo de 2009.- La Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles yARHOE, con motivo del Día Internacional de la Mujer Trabajadora, ha preparado un Decálogo de pautas a modo de negativa con el objetivo de ayudar a las mujeres trabajadoras españolas a lograr una mejor conciliación de la vida laboral, personal y familiar. Según Ignacio Buqueras y Bach, Presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los HorariosEspañoles, y de ARHOE: “Es hora de que la mujer se plante y diga ¡basta! La mujer hoy en día es la principal perjudicada, junto a los niños, por los actuales usos horarios españoles, y para que esto cambie la sociedad debe mentalizarse de que hombres y mujeres deben ser iguales en todos los ámbitos”.

Los diez NO de la Mujer Trabajadora:

1. NO renuncies a tu vida privada a favor de tu vida profesional o viceversa. Poder conciliar ambas es un objetivo irrenunciable. Hay que desterrar el tópico de que una mujer sólo puede progresar en su carrera
profesional si descuida su vida privada y familiar.
Conciliar no es trabajar menos, es hacerlo de manera más eficaz y productiva.


2. La casa NO es un segundo trabajo. Las tareas domesticas NO son el segundo trabajo de la mujer, ni algoque se espera que haga. Erradica de tu cabeza y de la de los demás esa idea. La casa forma parte de tu vida
personal y las responsabilidades que acarrea deben ser compartidas.


3. NO aceptes el concepto “mi marido ayuda en casa”. En lo concerniente a las tareas de la casa y a loshijos, el hombre no debe ayudar ni colaborar, debe compartir las tareas con la mujer, en igualdad de
condiciones.


4. NO asumas sola la educación de tus hijos. Los hijos son tanto tuyos como de tu pareja. Es importanteque el niño/a pase tiempo con los dos y tenga presente que ambos jugáis el mismo papel junto a él. NO
que papá trabaja y mamá se ocupa de las cosas de la casa.


5. Aprende a decir NO en el trabajo. Es muy importante saber decir NO a los superiores y compañeros detrabajo ante determinadas peticiones que no corresponden a tus funciones o bien suponen un incremento
en tus horarios laborales.


6. NO estamos en el siglo XX. En la época de nuestros padres y abuelos, los roles de hombre y mujer serepartían de otro modo. El hombre trabajaba fuera de casa y la mujer lo hacía en la casa, con lo que su
tiempo se ocupaba de diferente manera. Hoy ese reparto ya NO tiene sentido.


7. Los hijos NO son un lujo sino un derecho y una gran responsabilidad. Tener hijos es un derecho natural de todas las mujeres, así como atenderlos y dedicarles el tiempo necesario. NO permitas que nadie
insinúe que son un lujo o un capricho.


8. La conciliación NO es un favor que hacen las empresas. Ni la mujer tiene que justificarse cuandoreclama tiempo para conciliar, ni las empresas le están haciendo ningún favor cuando se lo conceden.

9. NO permitas que tu jornada laboral se incumpla. Exige que tu jornada laboral acabe a su hora, y que los permisos especiales y reducciones de jornada que te corresponden se cumplan rigurosamente según lo
estipulado.


10. NO des tu causa por perdida. NO te canses en reclamar tus derechos en cualquier circunstancia ysituación al tiempo que cumples con tus deberes. Sólo de esta manera se logrará que las empresas, las
administraciones y la sociedad tengan presente la desigualdad que tiene la mujer frente al hombre en todoslos ámbitos de la sociedad.


Por unos horarios más racionales

La necesidad de unos horarios racionales tiene como objetivos prioritarios: conciliar nuestra vida personal,familiar y laboral; favorecer la igualdad; aumentar la productividad; disminuir la siniestralidad; facilitar la
globalización; mejorar nuestra calidad de vida; cuidar y mantener hábitos saludables; dormir el tiempo suficiente; apoyar el rendimiento escolar; y, en definitiva, dar mayor valor al tiempo. Todo esto pasa, ineludiblemente, por racionalizar nuestros horarios, humanizarlos, para hacerlos convergentes con los países de economías másavanzadas.


Sobre ARHOE

La Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles es una entidad sin ánimo de lucro cuyos fines son concienciar a la sociedad sobre el valor del tiempo y la importancia de su gestión, y promover medidas que faciliten una racionalización de los horarios en España.


La Comisión Nacional está integrada por representantes de 112 instituciones y entidades; 7 ministerios, 10 comunidades autónomas, empresarios,sindicatos, universidades, sociedad civil, etc., etc. La Comisión Nacional tiene un brazo ejecutor que es ARHOE-Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles- y el Observatorio de los Horarios Españoles.

Aconsejamos visite la página web http://www.horariosenespana.es/, y la Revista Digital “España en Hora”, que podrá encontrar en ella.

10 de agosto de 2009

La raíz de la violencia, por Alice Miller



Alice Miller, psicoanalista suiza de origen polaco (que luego ha abandonado el psicoanálisis) ha investigado y publicado varios libros sobre maltrato infantil, y el origen de la violencia y el mal social.

Su aporte me parece esencial. Más esencial me parece que todos los padres, y las instituciones sociales, pudiéramos incorporar estos enfoques que hasta ahora han sido ignorados por el mainstream de la ciencia y la política.

Parece que cuando se habla de violencia contra los niños, o de niños maltratados, nos referimos siempre a "otros", a familias marginales, a pobres niños huérfanos o hijos de delincuentes que están muy lejos de nosotros. Que los violentos son otros.

Pero la violencia de la que habla Alice Miller está en cada una de nuestras familias, en cada uno de nuestros hogares, en mayor o menor medida. Muchas de las formas educativas que se dan por "normales" están cargadas de estas formas de violencia.

Es frecuente además, que cuando uno habla de estos temas, enseguida la gente reaccione: "pero un cachete a tiempo hace mucha falta", "los jóvenes están como están por la permisividad de los padres". Volveré en otro post sobre este tema, que merece varias vueltas de tuerca. Hoy, solo con la intención de presentaros a Alice Miller, os dejo con este magnífico artículo.


La raíz de la violencia
12 Puntos


por Alice Miller

Hace ya varios años que está científicamente comprobado que los efectos devastadores de los traumatismos infligidos a los niños repercuten inevitablemente sobre la sociedad. Esta verdad concierne a cada individuo por separado y debería –si fuese suficientemente conocida– llevar a modificar fundamentalmente nuestra sociedad, y sobre todo a liberarnos del crecimiento ciego de la violencia. Los puntos siguientes ilustrarán esta tesis.


  • Cada niño viene al mundo para expandirse, desarrollarse, amar, expresar sus necesidades y sus sentimientos.
  • Para poder desarrollarse, el niño necesita el respeto y la protección de los adultos, tomándolo en serio, amándolo y ayudándolo a orientarse.
  • Cuando explotamos al niño para satisfacer nuestras necesidades de adulto, cuando le pegamos, castigamos, manipulamos, descuidamos, abusamos de él, o lo engañamos, sin que jamás ningún testigo intervenga en su favor, su integridad sufrirá de una herida incurable.
  • La reacción normal del niño a esta herida sería la cólera y el dolor. Pero, en su soledad, la experiencia del dolor le sería insoportable, y la cólera la tiene prohibida. No le queda otro remedio que el de contener sus sentimientos, reprimir el recuerdo del traumatismo e idealizar a sus agresores. Más tarde no le quedará ningún recuerdo de lo que le han hecho.
  • Estos sentimientos de cólera, de impotencia, de desesperación, de nostalgia, de angustia y de dolor, desconectados de su verdadero origen, tratan por todos los medios de expresarse a través de actos destructores, que se dirigirán contra otros (criminalidad, genocidio), o contra sí mismo ( toxicomanía, alcoholismo , prostitución, trastornos psíquicos, suicidio).
  • Cuando nos hacemos padres, utilizamos a menudo a nuestros propios hijos como víctimas propiciatorias: persecución, por otra parte, totalmente legitimada por la sociedad, gozando incluso de un cierto prestigio desde el momento en que se engalana con el título de educación. El drama es que el padre o la madre maltratan a su hijo para no sentir lo que le hicieron a ellos sus propios padres. Así se asienta la raíz de la futura violencia.
  • Para que un niño maltratado no se convierta ni en un criminal, ni en un enfermo mental es necesario que encuentre, al menos una vez en su vida, a alguien que sepa pertinentemente que no es él quien está enfermo, sino las personas que lo rodean. Es únicamente de esta forma que la lucidez o ausencia de lucidez por parte de la sociedad puede ayudar a salvar la vida del niño o contribuir a destruirla. Esta es la responsabilidad de las personas que trabajan en el terreno del auxilio social, terapeutas, enseñantes, psiquiatras, médicos, funcionarios, enfermeros.
  • Hasta ahora, la sociedad ha sostenido a los adultos y acusado a las víctimas. Se ha reconfortado en su ceguera con teorías, que están perfectamente de acuerdo con aquellas de la educación de nuestros abuelos, y que ven en el niño a un ser falso , con malos instintos, mentiroso, que agrede a sus inocentes padres o los desea sexualmente. La verdad es que cada niño tiende a sentirse culpable de la crueldad de sus padres. Y como, a pesar de todo, sigue queriéndolos, los disculpa así de su responsabilidad .
  • Hace solamente unos años, se ha podido comprobar, gracias a nuevos métodos terapeúticos, que las experiencias traumatizantes de la infancia, reprimidas, están inscritas en el organismo y repercuten inconscientemente durante toda la vida de la persona. Por otra parte, los ordenadores que han grabado las reacciones del niño en el vientre de su madre, han demostrado que el bebé siente y aprende desde el principio de su vida la ternura, de la misma manera que puede aprender la crueldad.
  • Con esta manera de ver, cada comportamiento absurdo revela su lógica , hasta ahora ocultada, en el mismo instante en que las experiencias traumatizantes salen a la luz.
    Una vez conscientes de los traumatismos de la infancia y de sus efectos podremos poner término a la perpetuación de la violencia de generación en generación.
  • Los niños, cuya integridad no ha sido dañada, que han obtenido de sus padres la protección, el respeto y la sinceridad necesaria, se convertirán en adolescentes y adultos inteligentes, sensibles, comprensivos y abiertos. Amarán la vida y no tendrán necesidad de ir en contra de los otros, ni de ellos mismos, menos aún de suicidarse. Utilizarán su fuerza únicamente para defenderse. Protegerán y respetarán naturalmente a los más débiles y por consecuencia a sus propios hijos porque habrán conocido ellos mismos la experiencia de este respeto y protección y será este recuerdo y no el de la crueldad el que estará grabado en ellos.
Más sobre Alice Miller:

http://www.screamsfromchildhood.com/articulos_alice_miller.html

http://www.alice-miller.com/

Recordando a Rousseau



"Si buscamos el sueño que desencadenó la revolución pionera de los franceses, lo encontramos tanto en el racionalismo de Kant, Voltaire y los enciclopedistas, como en Rousseau, que más que racionalista fue romántico, y más que un académico un ser humano comprometido, como lo indica el que su tumba, en París, haya sido visitada a través de los siglos por gente que lo ha considerado una especie de santo por su sabiduría y amor a la humanidad. Como Freud haría posteriormente, Rousseau percibió la estructura disfuncional y opresiva de la sociedad, y aún así confió más que Freud en a libertad, en la naturaleza, en la educación y en los esfuerzos de colaboración de la comunidad hacia el bien común." Claudio Naranjo

Este texto es del siglo XVIII y como tal hay que ubicarlo, pero ofrece pistas muy interesantes: la de un gran hombre que creyó en que el ser humano es innatamente bueno, si se cría con amor y en equilibrio con la naturaleza:

«La educación primera es la que más importa, y ésta sin disputa compete a las mujeres; si el autor de la naturaleza hubiera querido fiársela a los hombres, les hubiera dado leche para criar a los niños.

Así, en los tratados de educación se ha de hablar especialmente con las mujeres, porque además de que pueden vigilar más de cerca que los hombres, y de que tienen más influjo en ella, el logro les interesa mucho más, puesto que la mayor parte de las viudas se quedan a merced de sus hijos, que entonces les hacen experimentar los buenos o malos frutos de la educación que les han dado.

Las leyes, que siempre se ocupan en las cosas, y casi nunca en las personas, porque su objeto es la paz, no la virtud, no otorgan la suficiente autoridad a las madres, aunque sea su estado más cierto que el de los padres, más penosas sus obligaciones, más importantes sus afanes para el buen orden de las familias, y, en general, mayor el cariño que a sus hijos tienen.

Casos hay en que un hijo que falta el respeto a su padre, puede merecer alguna disculpa; pero, si en una ocasión, sea cual fuese, se hallare un hijo de tan mal natural que falte el respeto a su madre, a la que le trajo en su vientre, le crió a sus pechos y por espacio de muchos años se olvidó de sí propia para no pensar más que en él, bueno fuera sofocar a este desventurado como un monstruo que no merece ver la luz del día.


Dicen que las madres miman a sus hijos; en eso hacen mal; pero no tanto como vosotros, que los depraváis. Una madre quiere que su hijo sea feliz y que lo sea desde el momento actual. En eso tiene razón; cuando se equivoca en los medios, conviene desengañarla. Mil veces más perjudiciales son para los hijos la ambición, la avaricia, la tiranía y la falsa previsión de los padres, que el cariño ciego de las madres.»

Jean Jacques Rousseau, Emilio o La Educación (1762).