29 de octubre de 2009

El desprestigio del hogar

Por Ileana Medina Hernández


"Hogar es una sensación o estado de ánimo sostenido que nos permite experimentar sentimientos que no necesariamente están sustentados en el mundo mundano: asombro, visión, paz, liberación de las preocupaciones, liberación de las exigencias, liberación del constante parloteo."
Clarissa Pinkola Estés


Dedicado a Caro, amiga e inspiradora

El mundo actual solo tiene una cara: la cara pública. Las mujeres nos hemos incorporado al mundo laboral, y todos salimos por la mañana de casa.

Dejamos a los niños en las "escuelas infantiles" a las 8 de la mañana.
Salimos del trabajo, los vamos a recoger a las 4 ó a las 5 de la tarde, y de ahí nos vamos al "parque" y regresamos a las 8 de la noche. ¿Qué tiempo estamos en casa? Solo vamos a casa a bañarnos y a dormir.

Hemos abandonado el mundo doméstico. Las tareas del hogar no las quiere hacer nadie. Son ingratas e invisibles. Son símbolos de esclavitud femenina. Ahora, las hacen los equipos electrónicos o una empleada: hasta las familias de clase baja tenemos una termomix y alguien que nos "ayuda" con las tareas de la casa. Felizmente, nos hemos librado de algunas labores rutinarias muy duras.

Como dice el artículo del profesor Pinto que reprodujimos aquí, las tareas domésticas se vuelven "irritantes" para todos. Ya no queremos ni darles de comer a nuestros hijos, que coman en el cole. (Muchas madres -aunque no trabajen- llevan a sus bebés a las guarderías porque allí ¡"les enseñan a comer"!)

"Liberadas" (digo liberadas, porque los hombres siempre han estado libres de ellas) en buena parte de las labores domésticas, no sabemos muy bien qué hacer en casa entonces. La casa se vuelve un lugar donde no queremos estar, asociada a la pasividad, a la invisibilidad, a tareas monótonas o 'degradantes', al aburrimiento.

Como consecuencia, nunca hay nadie en casa. Todo el día en la calle. Y en la calle no se hace familia. Es como si aborreciéramos el hogar. Como si no supiéramos qué hacer dentro de casa, nos sentimos "asfixiados" allí. 

La importancia que le damos a los espacios físicos, es la importancia que le damos a lo que se hace en ellos. Por eso, la Iglesia Católica medieval construía inmensos templos. Por eso, la sociedad de consumo construye enormes centros comerciales, mientras las viviendas son cada vez más pequeñas.

El hogar es -o debería ser- el espacio de la familia, de lo íntimo, de las emociones, de los afectos, de los abrazos, donde podemos ser nosotros mismos con libertad, sin máscaras ni atrezzos... Es el lugar donde podemos comportarnos tal como somos, donde podemos "perder el tiempo", hacer aquellas cosas que de verdad nos gustan,  y donde podemos cultivar los afectos, sin prisas, con corporalidad y contacto físico.

No hay que negar que la familia ha sido durante muchos siglos un importante lugar de represión. Normas rígidas, patriarcas autoritarios, abusos, violencias de todo tipo. Quizás como rechazo a ese papel histórico tan represivo y violento de la familia es que hemos pensado que lo mejor es su extinción. Botar el sofá.


Pero los seres humanos necesitamos un espacio afectivo y calentito, forjar lazos sinceros, cariñosos y espontáneos. Las familias del siglo XXI estamos cambiando un poco, afortunadamente. Hoy tenemos diversos modelos de familia: familias monoparentales, familias homosexuales, familias reconstituidas, familias adoptivas... da igual, pero lo importante es que seamos capaces de convertirlas en un centro de equilibrio, tranquilidad y afecto, donde sus miembros puedan nutrirse afectiva y emocionalmente.

No es el matrimonio homosexual ni el divorcio exprés lo que acaba con la familia: es la falta de tiempo, la falta de vida privada, el tiempo dedicado en exclusiva al trabajo, a la producción y al espacio público. La falta de capacidad para comunicarnos sinceramente, para estar disponibles para los que queremos, para compartir, jugar y ser. 

Es la muerte del hogar: todo el día inmersos en la vida pública, en el escaparate, donde parece que hacemos "vida social" y en realidad, estamos solos, todo el tiempo alertas, estresados, apurados, pendientes de lo que piensan los otros, cultivando relaciones superficiales, llevando una máscara políticamente correcta que agrade a los demás. El mundo doméstico -en realidad el mundo emocional e íntimo- está totalmente desprestigiado, en favor de un mundo público lleno de prisa, de competencia, de hipocresía y de apariencias.

Todo el mundo pendiente de la "socialización" de los niños, desde los 0 meses, para que empiecen a entrar rapidito en la guerra del consumo, de la velocidad, del tengo más que el otro. Lo único importante lo de afuera: el vestido, el maquillaje, el tamaño y la marca del coche... Una fachada que a la vez que se adorna cada vez más de pacotilla consumista,  esconde dentro más soledad, más desamparo, más incomunicación, estrés y depresión.

Salimos huyendo de casa con nuestros niños, porque parece que dentro de casa no se puede hacer otra cosa que ver televisión. La pantalla del televisor -mientras más pulgadas mejor- resplandece en medio de nuestros hogares, donde antes estaba el fuego alrededor del cual se reunía la familia. La amamos y la odiamos a la vez, le ofrecemos el lugar principal de nuestra casa y luego no queremos que los niños la vean -o la ven demasiado-, hablamos mal de los "programas del corazón" -que ya copan totalmente los horarios televisivos- a la vez que tienen grandes audiencias, y hasta parece que todo el mundo quiere salir en ellos.

El mundo antes estaba dividido con un muro infranqueable: hombre fuera de casa, mujer dentro de casa. Sufríamos las mujeres, dependientes económicamente, humilladas, confinadas dentro del mundo doméstico, desvalorizado totalmente. Lo privado por un lado, lo público por otro, con una frontera bien definida que, con la inestimable ayuda de los medios de comunicación de masas, se ha dinamitado.

Ahora estamos todos fuera de casa. La intimidad ha desaparecido. Sí, hemos alcanzado la igualdad: todos estamos igualmente alienados en el mundo unidimensional de la productividad. El ocio, ese nuevo privilegio de las clases medias, también se articula en torno a lo externo: en los lugares sociales de consumo.

El triunfo de la igualdad no puede cercenarnos la mitad de la vida, y quedarnos solo con el trabajo. Lo ideal sería que ambos, mujeres y hombres, pasemos una parte del tiempo trabajando y otra parte del tiempo haciendo hogar (jornadas laborales más cortas para todos, permisos de m(p)aternidad más extensos...). Que todos, hombres y mujeres, volvamos a cocinar, a elegir alimentos sanos para nuestros hijos, a hacer manualidades, a compartir las tareas del hogar, a dedicar tiempo diario a jugar, a reír o a no hacer nada... juntos y en familia. Que desarrollemos la capacidad emocional de convertir la familia autoritaria patriarcal en una familia alegre, libre y nutritiva. 

Ese es el camino hacia la verdadera "igualdad de género", pero además, es lo único que garantiza una crianza de calidad para nuestros hijos, y un equilibrio entre la vida pública y privada, entre la vida laboral y personal, entre lo masculino y lo femenino, entre lo productivo y lo afectivo, que nos permita llegar a ser personas plenas y felices. Incluso que permita un reparto mejor del empleo y de las riquezas materiales.

La construcción de un mundo más confortable pasa por que todos, hombres y  mujeres, dediquemos más tiempo, al hogar, a la familia, a los afectos genuinos... que es donde se fragua el carácter, la felicidad y la plenitud del ser humano. 

27 de octubre de 2009

¿(Por) Qué leer si estás embarazada?

Por Ileana Medina Hernández


Siguiendo el hilo de la bloguera amiga Ahora la madre soy yo, sobre aquellas cosas que nos hubieran gustado saber antes de parir, podemos hacer una lista de aquellas lecturas imprescindibles que nos han ayudado a confirmar que nuestros instintos maternales -tan distintos de lo que la sociedad "dice" que hay que hacer con los niños- son parte de la ley de la naturaleza para conservar la especie, y su satisfacción es fundamental para criar niños sanos y felices.

Seguro que las mujeres de la pintura de arriba no necesitan leer ningún libro para reencontrarse con su femineidad y sus deseos maternantes (según Casilda Rodrigáñez, lo apropiado es decir "deseo maternal", no instinto maternal).

Pero las madres occidentales nos encontramos con entornos enormemente hostiles a la maternidad, a la crianza en brazos o a la lactancia materna prolongada (o sea, a la lactancia no interrumpida precocísimamente por el uso de biberones), que ponen en duda y en entredicho aquellos pocos deseos profundos con los que aún podamos estar en contacto.

Además, las mujeres "modernas" hemos construido nuestra identidad en la vida social externa o laboral, lo cual ha traído como "daño colateral" que nos hayamos alejado progresivamente de las pulsiones de nuestro cuerpo, y esto (notable por ejemplo en los dolores menstruales o en los crecientes problemas de fertilidad) toma su consecuencia más grave cuando devenimos madres, y nuestra desconexión no solo nos afecta a nosotras, si no, lo que es peor, a nuestros bebés, cuyas expectativas al nacer - simplemente leche y cuerpo maternos- siguen siendo las mismas que se fraguaron en las selvas africanas hace millones de años.

Leo con pasmo cada día articulos de importantes revistas científicas o investigaciones de ilustres universidades y hospitales que prentenden demostrar que los niños "necesitan contacto físico y atención", o que "las madres mecen a sus hijos, les cantan, y esto fomenta enormemente su desarrollo neurológico". ¡¡¡Que haya que dedicar recursos y esfuerzos científicos a demostrar estas obviedades!!! Que encima haya que mendigar o luchar con uñas y dientes por nuestro derecho a estar con nuestros bebés, como si fuera una conquista que tuviéramos que merecer en el siglo XXII. Como dice insuperablemente mi amiga Caro: "así de ignorantes y de idiotas nos hemos vuelto, en apenas 100 años".


Por eso, nos vemos impelidas a buscar lecturas que nos refuercen que nuestros instintos, nuestro deseo de estar en contacto permanente con nuestros bebés, nuestra soledad y angustia cuando nos los arrebatan en el hospital, nuestra tristeza cuando tenemos que incorporarnos al trabajo tras las míseras 16 semanas de baja remunerada, nuestras ganas de consolarlos cada vez que lloran, no sólo son normales y sanos, sino que son el resultado de millones de años de evolución en que las madres hemos sido diseñadas por la evolución para acudir a atender a nuestras crías cada vez que ellas lo necesiten, porque si no, sencillamente la especie desaparece.
 
En 100 años las madres podemos habernos vuelto trabajadoras, competitivas, intelectuales, ambiciosas... podemos habernos alejado más o menos de nuestros deseos maternantes... pero los bebés siguen siendo los mismos, sus necesidades fisiólogicas y emocionales no han cambiado, y resulta que la neurología y las distintas ramas de la ciencia lo demuestran todos los días: los bebés necesitan el contacto con el cuerpo de sus progenitores, la leche materna y la atención constante a sus necesidades, para su correcto desarrollo neurológico, su desarrollo inmunitario, su maduración emocional e incluso su crecimiento físico.
 
Las mujeres embarazadas creemos que todo va a salir espontáneamente como debería ser, y luego nos encontramos con que tuvimos la "mala suerte" de una cesárea, o de que "no tenemos leche", pero en la mayoría de los casos no es cuestión de "suerte".

Es cuestión de que nuestro entorno -sobre todo el entorno hospitalario que tan malas prácticas sigue llevando a cabo- y nosotras mismas luchemos por hacer las cosas bien. Para ello, desgraciadamente, tenemos que estar, como mínimo, informadas.
 
Lecturas recomendadas desde Tenemos Tetas para todas las mujeres y hombres que están esperando un hijo:
 

  • Fernández del Castillo, Isabel: LA REVOLUCIÓN DEL NACIMIENTO, Belacqua, 2008.


  • González, Carlos: BESAME MUCHO: COMO CRIAR A TUS HIJOS CON AMOR, Editorial Temas de Hoy, 2003.


  • González, Carlos: UN REGALO PARA TODA LA VIDA: GUIA DE LA LACTANCIA MATERNA, Editorial Temas de Hoy, 2006.


  • González, Carlos: MI NIÑO NO ME COME, Editorial Temas de Hoy, 2006.


  • Gutman, Laura: PUERPERIOS Y OTRAS EXPLORACIONES DEL ALMA FEMENINA, RBA LIBROS, SA, 2006.


  • Gutman, Laura: LA MATERNIDAD Y EL ENCUENTRO CON LA PROPIA SOMBRA, RBA LIBROS, SA, 2007.


  • Gutman, Laura: CRIANZA: VIOLENCIAS INVISIBLES Y ADICCIONES, RBA LIBROS, SA, 2007.


  • Gutman, Laura: LA REVOLUCION DE LAS MADRES: EL DESAFIO DE NUTRIR A NUESTROS HIJOS. RBA LIBROS, S.A., 2009.


  • Henci, Goer: GUÍA DE LA MUJER CONSCIENTE PARA UN PARTO MEJOR, Editorial Ob Stare, 2008.


  • Jové, Rosa: DORMIR SIN LAGRIMAS: DEJARLE LLORAR NO ES LA SOLUCION: TODO LO QUE HAY QUE SABER PARA RESOLVER LOS PROBLEMAS DEL SUEÑO INFANTIL. Editorial La Esfera de los Libros, 2006.


  • Jové, Rosa: LA CRIANZA FELIZ, Editorial La Esfera de los Libros, 2009.


  • La Liga de la Leche Internacional: EL ARTE FEMENINO DE AMAMANTAR, Pax Mexico, 2001.


  • Liedloff, Jean: EL CONCEPTO DE CONTINUUM, Editorial Obstare, 3era edición, 2008.


  • Miller, Alice: EL DRAMA DEL NIÑO DOTADO Y LA BÚSQUEDA DEL VERDADERO YO, Tusquets Editores, 1998.


  • Odent, Michael: EL BEBÉ ES UN MAMÍFERO, Editorial Obstare, 2da. edición revisada y ampliada, 2008.


  • Odent, Michel: LA CIENTIFICACIÓN DEL AMOR, Fundación Creavida.


  • Pinkola Estés, Clarissa: MUJERES QUE CORREN CON LOS LOBOS, Zeta Bolsillo, 2009.


  • Rodrígañez, Casilda: LA REPRESIÓN DEL DESEO MATERNO Y LA GENÉSIS DE LA SUMISIÓN INCONSCIENTE, Ediciones Crimentales, 2008.

Advertencia: Estos son libros que crean adicción. Cuando empiezas a tirar del hilo, te das cuenta de hasta qué punto el mundo está al revés, y de cuánta verdad hay encerrada en cada una de estas páginas, y no puedes parar de seguir investigando... sobre todo dentro de ti.

21 de octubre de 2009

Hombres que apoyan públicamente el parto respetado, la lactancia materna y la crianza feliz



Por Ileana Medina Hernández

El mundo de la "crianza con apego" (o de la crianza en general) parece que se desarrolla principalmente en femenino. Internet está lleno de foros de madres, y redes de madres blogueras, enfrascadas en defender la idea de que ha sido necesario y maravilloso que las mujeres nos incorporemos al espacio público y al mundo laboral, pero que el siguiente paso tiene que ser que la sociedad en su conjunto apoye la crianza, estimule la lactancia materna, prolongue las bajas maternales remuneradas, invierta recursos en que los niños puedan estar más tiempo con sus familias.

Muchos de los autores que inspiran, comparten y difundes estas ideas han sido y son mujeres: Laura Gutman, Rosa Jové, Isabel Fernández del Castillo, Jean Liedloff, Jean Shinoda Bolen, Alice Miller, Rebeca Wild, Ibone Olza, Isabel Aler, Yolanda González, Violeta Alcocer, Lourdes Fernández Montoya... Intelectuales y madres que demuestran que una cosa no está reñida con la otra, pero que no solo tenemos que luchar por que la maternidad no entorpezca el desarrollo laboral, sino sobre todo por que el trabajo no obstaculice la maternidad y la crianza feliz de nuestros hijos.

Sin embargo, hoy quiero hacer un recorrido por algunos de esos hombres, desde los más importantes científicos o intelectuales, hasta sencillamente padres sensibles y comprometidos, que levantan públicamente su lanza en defensa de otra forma de nacimiento, de otra forma de crianza y de la importancia del afecto familiar en la educación de nuestros hijos.

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Michel Odent, cirujano

Michel Odent Cirujano francés. El gran revolucionador de la forma de nacer en Europa, introduciendo por primera vez una piscina en una sala de partos de un hospital. Autor de numerosos libros, es sin duda, el mayor inspirador de toda la corriente que apuesta por el parto respetado. Creador del Centro de Salud Primal en Londres. Suya es la frase "Para cambiar el mundo, antes hay que cambiar la forma de nacer".

Os dejo con un fragmento de su artículo ¿Es la promoción de la lactancia tan inútil como la promoción del amor?:


"¿CÓMO SE PUEDE DESARROLLAR LA CAPACIDAD DE AMAMANTAR? 
Esta cuestión tan sencilla, básica y necesaria es, paradójicamente nueva. Mientras tratemos de ignorarla, la promocion del amamantamiento seguira siendo ineficaz. Hoy en día estamos en condiciones de explicar que la lactancia materna empieza antes de que nazca el bebé. Hasta hace poco el hecho de que el organismo materno prepara
la secreción láctea antes del nacimiento del bebé estaba en el dominio de los conocimientos intuitivos. Hoy en día los fisiólogos están en condiciones de explicar como las hormonas segregadas por la madre y el bebé durante el trabajo
de parto y el nacimiento juegan un papel en el inicio de la lactancia.
 (...) Las distintas hormonas segregadas por la madre durante el proceso del nacimiento permanecen presentes durante la hora que sigue al parto, y todas ellas juegan un papel específico en la interacción entre la madre y el bebé así como en el inicio de la lactancia.
Asimismo existen otros factores que participan en el desarrollo de la capacidad de amamantar (13).
De todas maneras es necesario concentrar la atención en el proceso fisiológico que es rutinariamente perturbado por el medio cultural. Tales consideraciones tienen una especial relevancia en la época de las cesáreas electivas a demanda y en la época en que tenemos a nuestra disposición múltiples y poderosas maneras de perturbar el proceso fisiológico del período que rodea al
nacimiento. Como las preguntas fundamentales no se toman en cuenta, las campañas de salud publica no son positivas en lo que concierne a la relacion de costo-beneficio.
Ninguna de estas campañas de salud pública toma en consideración la total casi cultural incomprensión de la fisiología del nacimiento que conduce a tasas elevadas de intervenciones obstétricas y al uso generalizado de sustitutos farmacológicos de las hormonas naturales. La actual prioridad debería ser redescubrir las necesidades básicas de las mujeres durante el parto (14)
(...) La mejor síntesis de la actual situación internacional la proporciona el Banco Global de Datos de la OMS sobre temas de lactancia (WHO Global Data Bank on breastfeeding). Contiene datos de 94 países y un 65% de la población infantil mundial. Según los últimos datos (abril 2003), el 35% de estos niños eran alimentados exclusivamente con leche materna entre los 0 a 4 meses de edad.
Hoy en día la prioridad no es repetir constantemente que "El pecho es lo Mejor" (Breast is Best). Es plantearse cómo se desarrolla la capacidad de amamantar. Está en redescubrir las necesidades básicas de la mujer en el parto. Los organismos de Salud Pública deben tener en cuenta que "la lactancia empieza antes del nacimiento del bebé".

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Nils Bergman, neonatólogo

Nils Bergman, médico neonatólogo, director de la Maternidad del Hospital Mowbray y profesor de la Universidad de Cape Town, Sudáfrica. Uno de los máximos exponentes mundiales del uso de los Cuidados Canguro para los recién nacidos. Realizador del importante documental Recuperando el Paradigma Original (2000) y de otros materiales divulgativos.

En su valiosa ponencia presentada en 2005 a las Jornadas Internacionales de Lactancia de París, explica:

«En términos biológicos, el Homo sapiens es un mamífero. Lo que caracteriza a todos los mamíferos es que tienen mamas (del latín ‘mammae’) destinadas a la alimentación de las crías. Las investigaciones biológicas en numerosos mamíferos han demostrado que los procesos neurológicos que tienen lugar durante la gestación (el desarrollo embrionario) están ‘altamente conservados’, es decir, son casi idénticos en todas las especies (Christensson, 1995). Los mecanismos endocrinos fundamentales de la gestación, son también notablemente similares en todas las especies (Keverne y Kendrick, 1994). Hay modelos de comportamiento programados por el sistema límbico de nuestro cerebro. Desde el nacimiento, todos los mamíferos presentan una ‘secuencia comportamental definida’ (Rosenblatt, 1994), que lleva al arranque y al mantenimiento del comportamiento de la lactancia. Existen diferencias en estas secuencias, cada especie tiene la suya propia. Un descubrimiento fundamental y sorprendente ha sido constatar que lo determinante es el comportamiento de la cría recién nacida; que es su actividad la que induce una respuesta cuidadora de su madre (Rosenblatt, 1994). También se ha constatado que existe un periodo crítico, a saber, un periodo durante el cual es necesario que se produzcan ciertos hechos claves para un desarrollo óptimo; un periodo que ha sido bien descrito por la investigación en los mamíferos, y cuya importancia se reconoce ahora cada vez más también en el ser humano. Tras su iniciación a cargo del recién nacido, ‘la lactancia se establece por medio de una gama de estimulaciones complejas, mutuas entre la madre y la criatura’ (Kjellmer y Winberg, 1994). No obstante, en todas las especies, la lactancia es ‘un comportamiento especialmente frágil y transitorio’ (Alberts, 1994): cualquier intervención puede fácilmente perturbarla.»

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Carlos González (Pediatra) Sin ninguna duda, el gran "gurú" divulgador de la crianza natural en España. Autor de tres importantes best-sellers sobre lactancia materna, alimentación infantil y crianza respetuosa (recientemente reunidos en un solo volumen). Sus artículos, entrevistas y fragmentos de sus libros, recorren la red como pólvora. La dicotomía entre crianza con apego y crianza conductista distante, suele personificarse como "González vs. Estivill". De su libro Bésame Mucho es este fragmento maravilloso:


Carlos González, pediatra

Tu hijo es desinteresado
"Sergio acaba de mamar; no tiene frío, no tiene calor, no tiene sed, no le duele nada... pero sigue llorando. Y ahora, ¿qué más quiere? La quiere a usted. No la quiere por la comida, ni por el calor, ni por el agua. La quiere por sí misma, como persona. ¿Preferiría acaso que su hijo la llamase sólo cuando
necesitase algo, y luego "si te he visto no me acuerdo"? ¿Preferiría que su hijo la llamase sólo por interés? El amor de un niño hacia sus padres es gratuito, incondicional, inquebrantable. No hace falta ganarlo, ni mantenerlo, ni merecerlo. No hay amor más puro. El doctor Bowlby, un eminente psiquiatra que estudió los problemas de los delincuentes juveniles y de los niños abandonados, observó que incluso los niños maltratados siguen queriendo a sus padres.
Un amor tan grande a veces nos asusta. Tememos involucrarnos. Nadie duda en acudir de inmediato cuando su hijo dice "hambre", "agua", "susto", "pupa"; pero a veces nos creemos en el derecho, incluso en la obligación, de hacer oídos sordos cuando sólo dice "mamá". Así, muchos niños se ven obligados a pedir cosas que no necesitan: infinitos vasos de agua, abrir la puerta, cerrar la puerta, bajar la persiana, subir la persiana, encender la luz, mirar debajo de la cama para comprobar que no hay ningún monstruo... Se ven obligados porque, si se limitan a decir la pura verdad: "papá, mamá, venid, os necesito", no vamos.
¿Quién le toma el pelo a quién?"
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Eduard Punset, divulgador científico


Eduard Punset (abogado, economista, político, escritor) tanto en su programa televisivo Redes, como en sus libros, como en su blog, está haciendo una magnífica labor de divulgación científica, enfocada sobre todo a aquellas materias que la ciencia parecía ignorar hasta hace muy poco: las emociones, la felicidad, y cómo no, la salud perinatal.

Ha dicho:

"Si mis lectores me insisten en que les diga cuál es el descubrimiento social más trascendental de estos dos últimos siglos, no tendré más remedio que responder: el impacto insospechado en su vida de adulto de lo acontecido al bebé desde el vientre de la madre."

Entre otros muchos, la edición 447 del programa Redes fue dedicada a El Cerebro de los Bebés. Puedes verla aquí.


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José María Bermúdez de Castro, antropólogo

José María Bermúdez de Castro (paleoantropólogo) es director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana (CENIEH), codirector de las excavaciones de Atapuerca (Burgos), el yacimiento paleontológico más importante de Europa. Recientemente ha publicado un estudio que demuestra que las mujeres de Atapuerca amamantaban durante 4 años. Hace un par de años se pronunció también explicítamente a favor de la lactancia materna:

"¿Y porqué no pueden el Estado y las empresas costear el periodo de lactancia con un salario para las madres y la cotización correspondiente? ¿Se imaginan, señores políticos, cuánto nos ahorraríamos a largo plazo en horas de trabajo perdidas por baja laboral, en medicamentos y hospitalizaciones, si nuestros hijos tuvieran la mejor de las dietas durante sus dos o tres primeros años de vida?
Una sociedad con un buen nivel de vida, que combinara la lactancia prolongada con una dieta equilibrada, como la mediterránea, sería una sociedad sana y mejor, con una expectativa y calidad de vida extraordinarias.
Que cada uno elija su opción."

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Enrique Blay, terapeuta
  Enrique Blay, Terapeuta psico-emocional especializado en la época primal del ser humano. Conferenciante y escritor. Muchos de sus artículos están recogidos en el Blog "El bebé emocional". De su artículo "Lactancia: Alimento nutriente- Alimento Afectivo" reproducimos el siguiente fragmento:

"La lactancia satisface tanto las necesidades de alimento nutriente como las de alimento afectivo. Es un acto de amor en que la madre entrega tanto su cuerpo (leche materna, piel a piel, mirada, caricias, olor, palabras suaves), como sus sentimientos (afecto, protección, amor). Siempre hay que apuntar, para las madres que no pueden dar lactancia, aún deseándolo, en general por un problema de entorno del parto que dificulta su inicio o por mal asesoramiento en las formas (de ahí el gran trabajo de las Asociaciones de Lactancia en el apoyo y asesoramiento a las madres), que también un biberón dado con amor, es un buen alimento afectivo. Eso sí, siempre debe priorizarse la lactancia, al fin y al cabo es la herramienta más perfecta que nos ofrece la naturaleza para alimentar, en todos los sentidos, a nuestros bebés (y además es gratis). 

Uno de los factores que más dificulta la lactancia a demanda y prolongada, en la mujer que trabaja fuera de casa, es la incorporación al trabajo después del, a todas luces, insuficiente permiso por maternidad. Otro factor es el poco apoyo que, generalmente, encuentra la madre en los pediatras desconocedores del proceso de la lactancia, tanto en formas, como en el particular desarrollo del bebé lactante. Y por último la incomprensión social (familiares, amigos, entorno laboral y sociedad en general) que critican y “machacan” a las madres que optan por la lactancia a demanda y prolongada en el tiempo, igual que pasa con el colecho y con la atención del llanto. Cómo una madre practique el colecho, la lactancia y atienda el llanto de su bebé, tiene asegurados augurios nefastos que le garantizarán un hijo inseguro, dependiente de sus padres y desgraciado para el resto de su vida. Y mira por dónde la experiencia nos demuestra todo lo contrario. Un bebé, un niño, atendido en sus necesidades emocionales, es un niño, que en su proceso de desarrollo natural (no cuando a nosotros nos convenga) adquirirá seguridad. Seguridad que le permitirá abrirse al mundo con confianza e independencia. Es un niño que se sentirá amado y por lo tanto tendrá autoestima. Autoestima que le permitirá afrontar las dificultades en su camino.

Es un niño que desarrollará una gran inteligencia emocional, definida como la capacidad de ser feliz, de no dejarse dominar por la adversidad, de elegir tu vida y establecer relaciones armoniosas con los demás. ¿Quién no desearía algo semejante para sus hijos? Pues es muy fácil, simplemente hay que amarlos (alimento afectivo) y que ellos lo sientan así.

Toda mujer y todo hombre han sido una vez niños y en la medida en que ese niño se sintió amado, así se ama ahora a sí mismo, a los demás, al Mundo y al Universo entero. Quien ama a un niño, siembra amor para el futuro.”

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Gustavo Martín Garzo, escritor



El escritor vallisoletano Gustavo Martín Garzo, publicó hace un año un artículo en el periódico El País, que es de los textos más hermosos que se han escrito sobre la importancia de la felicidad en la educación de los niños, y la relación entre la felicidad y la bondad. Pueden leerlo completo pulsando el link de arriba, y aquí os dejo con el párrafo final:

"Los hermanos Grimm son especialistas en buenos comienzos, y el de Caperucita Roja es uno de los más hermosos de todos. "Érase una vez una pequeña y dulce muchachita que en cuanto se la veía se la amaba. Pero sobre todo la quería su abuela, que no sabía qué darle a la niña. Un buen día le regaló una caperucita de terciopelo rojo, y como le sentaba muy bien y no quería llevar otra cosa, la llamaron Caperucita Roja". Una niña a los que todos miman, y a la que su abuela, que la ama sin medida, regala una caperuza de terciopelo rojo. Una caperuza que le sentaba tan bien que no quería llevar otra cosa. Siempre que veo en revistas o reportajes los rostros de tantos niños abandonados o maltratados, me acuerdo de este cuento y me digo que todos los niños del mundo deberían llevar una caperuza así, aunque luego algún agua-fiestas pudiera acusar a sus padres de mimarles en exceso. Esa caperuza es la prueba de su felicidad, de que son queridos con locura por alguien, y lo verdaderamente peligroso es que vayan por el mundo sin ella. "Si quieres que tu hijo sea bueno -escribió Héctor Abad Gómez, el padre tan amado de Faciolince-, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad".
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Juan Antonio Pinto, periodista


Juan Antonio Pinto, profesor y periodista gallego. Quiero aprovechar para reproducir íntegramente aquí su artículo "Se necesita todo un pueblo para educar un niño", publicado en un periódico de Lugo en 2005:

"De repente nos dimos cuenta de que la educación de los hijos es una tarea dura y muy cara. Implica renunciar a buena parte de la vida personal, de ocio y de diversión.

De golpe nos dimos cuenta de que todo el dinero que llegaba a casa no alcanzaba para vestir, alimentar y entretener a un pequeño gargantúa con complejo de ombligo.

De repente, nos dimos cuenta de que educar es una tarea bien complicada: exige un trabajo y una tensión que abarca las veinticuatro horas del día.

Por eso no tenemos hijos. Por eso tenemos pocos hijos y huimos del demonio de las responsabilidades que implican formar una familia donde todo son deberes y donde los derechos están tan injustificadamente repartidos.

Y si tenemos un hijo, que lo cuiden desde los primeros meses las guarderías de la Xunta, que lo eduque el estado en sus colegios, que lo aparquen largos años en las universidades.

En esta sociedad los trabajos profesionales están bien considerados. Pero los trabajos de amor, como cuidar a una familia, son siempre irritantemente femeninos, de los que los hombres escapan como rayos.

Y sin embargo hay una inmensa tarea encomendada a la familia. De ella esperamos todo, o casi todo. 

Decimos que es la portadora del más eficaz sistema educativo. La familia es la primera escuela de democracia. La familia es el escenario más apropiado de calor humano y de afecto donde se establecen las necesarias relaciones de jerarquía y de igualdad. En la familia se encuentra el aula de las más importantes aprendizajes. Es un centro privilegiado de comunicación y de palabra, y laboratorio de interpretación del mundo. Es el territorio adecuado para el desarrollo biológico y afectivo, y ofrece modelos muy próximos de comportamiento. La familia es el mejor marco para la reproducción cultural y la unión a la tierra en estos días de globalización descarnada. La familia transmite normas y costumbres e impone los límites que son semilla de conciencia y autocontrol.

Y toda esta recolección gratuita y socialmente muy barata es todo un inmenso trabajo de amor, poco reconocido y mal pagado e incluso desprestigiado.

El actual sistema económico, ya saben, el neoliberalismo más brutal y depredador, el que tiene como motor de riqueza la codicia, roba tiempo y presencia a la familia. Los padres apenas pueden estar con sus hijos. Las largas jornadas de trabajo dan para sobrevivir con angustia en trabajos mal pagados, de contratos basura, de futuro laboral incierto.

Continuamente nos bombardean con valores como competitividad ( sólo tienen derecho a triunfar los más fuertes) y flexibilidad (sueldos más pequeños y contratos más precarios).

Valoramos mucho el trabajo profesional. Transformamos todo en trabajo pagado. Es más importante construir pisos que construir personas. Es infinitamente más importante fabricar televisiones que fabricar inteligencia, crear afectos o acompañar en la construcción de personalidades fuertes y resistentes. Es infinitamente más importante el trabajo extramuros que la atención intramuros de la familia, de los hijos.

Criar un hijo, es decir, educarlo, parece un lujo tan excesivo que una familia trabajadora no se lo puede permitir. Para algunas mujeres que quedan embarazadas la alternativa es dramática: abortar un hijo o perder el trabajo, como señala una encuesta reciente. Y encima hay quien condena a la mujer que aborta, y no al sistema que tritura a las mujeres trabajadoras.

Hablaba del trabajo profesional, claro, porque los trabajos del amor son invisibles, no cotizan en bolsa, ni salen en prime time, ni son objeto de reivindicación de los sindicatos. “Cosas de mujeres”, dicen los bobos, sin darse cuenta de que estos trabajos son los que construyen los pilares de la sociedad.

Sí, de repente nos damos cuenta de que ser padres y madres es un trabajo poco apetecible y desde luego gratuito. Y también es una tarea dura y apasionante, un trabajo de amor en el que la familia no puede estar sola, como recuerda acertadamente un refrán africano: “Se necesita todo un pueblo para educar a un niño”.

(Juan Antonio Pinto Antón, en Diario El Progreso, Lugo, 5 de marzo de 2005. Traducción del gallego: Mª Angeles Fernández e Ileana Medina).

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Salvador García Bardón, lingüista

Salvador García Bardón: Doctor en Filosofía y en Lingüística. Profesor Emérito de la Universidad de Lovaina. Promotor de la Amistad Europea Universitaria. Creador de varios blogs de análisis humanista de la realidad, donde ha publicado varios artículos en defensa de la lactancia materna:

"Todos debemos promover la lactancia natural y corregir la imagen abusiva actual de los pechos femeninos como órganos destinados exclusivamente al placer sexual de las parejas, no permitiendo que se olvide su función igualmente importante e incluso vitalmente esencial, en época de lactancia, para la supervivencia sana y afectiva de la prole de la misma pareja. Tanto las mujeres como los hombres debemos impedir, acusar, condenar e incluso perseguir en justicia los casos, tanto manifiestos como camuflados, de prohibición a las madres de ejercer su derecho de amamantar en público.
Debemos ayudar a que las mujeres no se abstengan de amamantar por miedo de ser tratadas de manera abrupta u ofensiva.
Lo lograremos mejor rodeándolas con el respeto debido en el momento de ternura y de diálogo con su bebé que es el amamantamiento.
Las apoyaremos con todos los medios a nuestro alcance, para que no dejen de amamantar a sus hijos de manera convivial y humana, en un acto de comunicación placentero, disfrutando de la manera como los adultos preferimos alimentarnos en sociedad, es decir: empleando los espacios comunes y socialmente abiertos o los lugares públicos, más bien que confinándonos en un lugar de exclusión social. "

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Pere Enguix, ginecólogo
Dr. Pere Enguix, creador de la Clínica Acuario. Defensor del derecho a decidir de las mujeres, tanto en el aborto como en el parto respetado. 

"Hemos expropiado el poder de la vida, que lo tienen las mujeres de siempre. Hemos medicalizado el proceso reproductivo y hacemos del ser mujer enfermedad, la tipificamos desde la primera regla hasta la menopausia. Las mujeres han sido magníficas clientes para los médicos, sumisas y obedientes; afortunadamente algunas se rebelan, alteran el orden buscando su autonomía personal en el momento del nacimiento. Nosotros modificamos el ambiente; en vez de quirúrgico lo hacemos doméstico con una bañera, sofás, una cama ligera, almohadones, música, penumbra. Un parto es un acto familiar, por tanto debe estar completa la familia. Integramos a los niños y al padre cuando están, a quien la mujer quiera; nosotros nos retiramos a un segundo plano vigilando las posibilidades de riesgo y si hace falta intervenimos."

ha afirmado en esta entrevista que se puede leer completa aquí. 
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Emilio Santos, ginecobstetra y psiquiatra

Emilio Santos, médico ginecólogo y psiquiatra. Creador del Centro Urdimbre, discípulo de Consuelo Ruiz Vélez-Frías, uno de los grandes abanderados del parto en casa y del parto respetado en España:

"Lo ideal es que el parto se desarrolle en tu propio entorno, con la intimidad y privacidad que ello aporta. Nuestra forma habitual de atender el parto es favoreciendo que la mujer sienta la mayor seguridad y relajación posibles, de manera que sea capaz de entregarse al proceso del parto guiada por su instinto. Para ello, se favorece la libertad de movimientos durante la dilatación; mantenemos las intervenciones al mínimo necesario para asegurarse del bienestar del bebé (auscultación intermitente del latido fetal durante la fase activa del parto) y usamos otros medios para monitorizar la progresión del parto (lenguaje corporal, verbalizaciones), manteniendo la exploraciones vaginales al mínimo indispensable; proporcionamos herramientas para ayudar a que el parto sea lo más agradable posible (la pelota, masajes lumbares, ducha o baños de agua caliente); respetamos la libertad total de postura en el expulsivo y el contacto piel con piel con el recién nacido desde que la misma madre lo ayuda a salir a través de su vulva. En nuestra experiencia, en partos guiados por el instinto materno no suele haber desgarro y la parturienta suele poder moverse o caminar en seguida.

Es fundamental para todo ello una buena preparación para el parto, para que la mujer conozca bien el proceso del parto y la permita liberarse de los miedos infundidos por el desconocimiento de cómo se desarrolla.

Un parto que transcurre en este entorno, es más eficaz y seguro, y nuestro trabajo es asegurarnos que tanto mamá como bebé estén bien en todo momento. En caso de presentarse complicaciones, nosotros nos basamos para la toma de decisiones en la guía NICE para la atención del parto, porque consideramos que es la más basada en la evidencia científica."


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Armando Bastida, enfermero y bloguero
Armandilio (DUE): No podemos terminar esta -seguramente incompleta-selección sin incluir al blogger más conocido en el "mundillo" de la crianza natural en España. Armando Bastida tiene su propio blog y además es redactor en el conocido portal Bebés y Más. Enfermero y padre, sus posts tratan con solvencia, cercanía y lucidez los principales temas de la crianza y la p(m)aternidad. Reproducimos aquí uno sobre lactancia materna:

Por qué muy pocos bebés toman lactancia materna exclusiva hasta los seis meses

Desde hace años se recomienda lactancia materna exclusiva hasta los seis meses como alimentación ideal para todos los bebés, sin embargo las tasas de lactancia materna indican que pocos niños llegan a cumplir estas recomendaciones. La Encuesta Nacional de Salud efectuada el año 2006 en España por el Ministerio de Sanidad y Consumo arrojó las siguientes cifras:

A las 6 semanas de vida un 68,4 % de los bebés eran amamantados con lactancia natural (la misma encuesta en 2001 indicaba un 61%), un 2,27% recibían lactancia mixta (natural y artificial) y un 29,34% eran alimentados con leche artificial. A los 3 meses los bebés eran alimentados con leche materna en un 52,48%, con lactancia mixta un 10,83% y con leche artificial un 36,7%. A los 6 meses, momento hasta el cual se recomienda la lactancia materna de manera exclusiva, tan solo un 24,72% de los bebés (uno de cada cuatro) era alimentado con lactancia natural (en la encuesta de 2001 fueron un 23,6%), por un 14,03% de bebés con lactancia mixta y un 61,25% de bebés alimentados con leche artificial. La conclusión que se extrae es que han mejorado las tasas de lactancia materna exclusiva de manera muy leve. Pese al aumento, las tasas siguen siendo muy bajas, como en la mayoría de países de la Unión Europea.

En un documento de “
Normas de alimentación recomendadas para la UE” podemos ver cuáles son las razones más frecuentes que impiden un inicio y mantenimiento de lactancia materna deseable para la salud de los bebés:

-Insuficientes calidad y cobertura de la educación prenatal acerca de la alimentación del lactante y niño pequeño: Muchas madres reciben una educación muy completa y valiosa, sin embargo muchas otras no acuden a las clases pre-parto o no reciben información útil y actualizada. Esto provoca que sean pocas las madres que realmente tienen una información correcta sobre el funcionamiento de la lactancia.

-Políticas y prácticas inadecuadas en las maternidades hospitalarias: El uso de protocolos obsoletos en que no se permita el contacto madre-hijo desde el primero momento, sea el parto vaginal o mediante cesárea, la administración de biberones antes de la primera toma de leche materna (normalmente sin el conocimiento ni consentimiento materno), la contradicción de recomendar la lactancia natural y regalar un bote de leche “por si acaso”...

-Falta de seguimiento oportuno y apoyo competente: Aunque algunas mujeres decidirán amamantar a su hijo durante un período de tiempo limitado y otras ni siquiera comenzarán la lactancia, hay pruebas de que muchas mujeres están decepcionadas por no haber podido prolongar la lactancia materna durante más tiempo. Hamlyn (2002) informa que el 87% de las madres que interrumpieron la lactancia en el transcurso de las seis semanas después del nacimiento habrían querido continuar la lactancia durante más tiempo. De las madres que amamantaron durante al menos seis meses, el 37% habría preferido continuar durante más tiempo.Es necesario que tras el parto la madre lactante reciba apoyo e información adecuada por parte de los profesionales y del entorno más próximo para sentirse acompañada, escuchada y ayudada.

-Mala información y falta de orientación y estímulo por parte de los profesionales de salud: Por desgracia muy pocos están formados y actualizados y a menudo, en vez de ayudar o arreglar, estropean. Una recomendación para todas las madres que deseen dar el pecho o que están teniendo problemas es la de acudir a un grupo de apoyo a la lactancia materna. Por increíble que parezca tienen más formación e información que muchos pediatras (hay grupos tan “potentes” que los mismos pediatras les consultan o sugieren a las mamás la asistencia) y las madres encuentran un rincón donde explicar sus inquietudes y donde son escuchadas.

-Falta o bajo cumplimiento del Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Humana: Regalar muestras de leche de fórmula (ya sea el personal sanitario, ya sea en una farmacia, ya sea…), tener en los centros sanitarios pósters con las marcas y stands llenos de muestras a la vista de las mamás, ofertas o descuentos de leche de inicio en los supermercados, etc.

-Vuelta precoz al trabajo en ausencia de instalaciones y apoyo para el amamantamiento en el lugar de trabajo: La baja finaliza a las 16 semanas y pocas madres pueden permitirse alargar este periodo hasta al menos los seis meses (aunque cuanto más mejor), imposibilidad de extraer y almacenar leche en el puesto de trabajo, etc.

-Escaso apoyo familiar y social: Carencia de apoyo logístico en el momento en que más se necesita (limpieza de la casa, lavadoras, etc.). Las madres acaban sintiendo que necesitan ser Superwoman para llegar a todo y poco a poco el vaso se va llenando hasta el punto de buscar alternativas (que papá le de biberones al bebé) que acaban con la lactancia materna.

-La representación en los medios de comunicación de la alimentación con biberón como la norma: Aún arrastramos la imagen del biberón como elemento indispensable y como identificador de todo lo que tenga que ver con los bebés (biberón como logotipo de salas de lactancia, biberón incluido en los bebés de juguete, en las portadas de libros de bebés, en los baberos, etc.) Esperemos que poco a poco todos estos puntos se vayan solucionando para que los niños amamantados de manera exclusiva hasta los seis meses, que ahora son minoría, pasen a ser mayoría, tal y como se recomienda para su salud.

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Adolfo Gómez Papí, pediatra
 Dr. Adolfo Gómez Papí, pediatra neonatólogo. Autor del libro El poder de las caricias.

En entrevista concedida a El Faro de Vigo, explica cosas como estas:

"¿Qué sociedad queremos construir? Si es una más ecológica, con más valores humanos, se necesita un tipo de crianza más amorosa y cercana. Los niños no tienen por qué llorar, y cuando lo hacen es en último extremo."

"La ansiedad es fruto del miedo mal controlado que sienten los niños que duermen solos por la noche, pues ellos aprenden a regular sus emociones a través de su madre. Hay que decir que eso tiene arreglo. El ser humano tienen resiliencia, que es la capacidad para sobreponerse a períodos de dolor emocional."

"La sociedad pide hijos, pero lo pone muy complicado. Una vez las madres se incorporan al trabajo, cuesta que puedan aplicar los derechos que tienen. Se hace poco por la lactancia materna y la industria farmacéutica hace más propaganda de su producto. Tendríamos que normalizar la lactación en la calle."

18 de octubre de 2009

Día Internacional contra el Cáncer de Mama


La Asociación Española contra el Cáncer (AECC) celebra el 19 de octubre el Día Internacional contra el Cáncer de Mama.

Como varios estudios han demostrado, la lactancia materna reduce las probabilidades de llegar a padecer esta terrible enfermedad, segunda causa de muerte de las mujeres en España.

Además, para luchar contra ella se recomienda llevar un estilo de vida saludable evitando la obesidad, el consumo de tabaco, haciendo ejercicio físico, una dieta equilibrada... y acudir a los programas de detección precoz de los sistemas autonómicos de Sanidad.

Entre otras actividades para conmemorar este día, la cantante española Luz Casal ofrece un concierto benéfico esta noche en el Teatro Español de Madrid, y la marca de joyería Cristian Lay (en colaboración con la revista AR) ha diseñado una colección de joyas solidarias, con la mariposa como símbolo de equilibrio, con el objetivo de recaudar fondos para la AECC, destinados a la investigación para conseguir nuevas fórmulas terapéuticas que ayuden a superar esta enfermedad.

Estas joyas las puedes adquirir fácilmente en la tienda on-line Para tu tocador, una tienda bonita y solidaria, recién inaugurada por una mami emprendedora.

9 de octubre de 2009

Lecciones de teología para niños -4-


Por Ileana Medina Hernández

4.- Amarás al prójimo como a ti mismo

Una de las frases bíblicas más conocidas, y de los mandamientos cristianos más importantes es éste, el de amar a los demás y a nosotros mismos:

«En aquel tiempo, uno de los letrados se acercó a Jesús y le preguntó: ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? Jesús le contestó: El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que éstos.» (Marcos 12, 28-34)

Esto significa que para poder amar a los demás, primero debemos amarnos a nosotros mismos. Amarse a uno mismo no significa vanidad, todo lo contrario, significa saber que somos tan valiosos como cualquier otro. Quizás sea impreciso decir que "primero" es una cosa y luego otra: solo podemos amar a los demás en la misma medida que nos amamos a nosotros mismos, y viceversa.

¿Pero cómo podemos llegar a amarnos a nosotros mismos? O sea, ¿cómo podemos llegar a tener una autoestima sólida y verdadera, que nos permita saber escuchar; ser generosos con los demás; sin necesidad de estar siempre a la defensiva, de estar constantemente reforzándonos en nuestras posturas; sin necesidad de resguardarnos en la intolerancia, la prepotencia o la violencia?

En el blog de Crianza Positiva, la psicóloga Gina Graham habla de la importancia de la autoestima y concluye citando a Abraham Maslow:

"Sólo podemos respetar a los demás cuando uno se respeta a sí mismo. Sólo podemos dar, cuando nos damos a nosotros mismos. Sólo podemos amar, cuando nos amamos a nosotros mismos.”

Tanto la frase biblíca como la de Maslow han de completarse con la primera parte: las personas pueden amarse a sí mismas, cuando son amadas en la niñez. Es el amor y el respeto que recibimos en nuestra infancia, cuando nos estamos formando como seres humanos, cuando se está formando nuestra visión del mundo, nuestro esqueleto emocional y nuestro sistema neuronal, lo que nos permite amarnos a nosotros mismos y poder amar a los demás.

Es la cadena del amor: el amor y el respeto que recibimos de nuestros padres, de nuestra familia, es lo que hace que podamos construir una auto-imagen positiva, y a la vez, llenarnos tanto de él, hasta que nuestra vasija interior pueda desbordarse y verter ese amor hacia los demás.

La autoestima puede irse reforzando a lo largo de la vida con todo el amor y las recompensas que recibimos de otros, pero el amor primario, el más importante, el que viene de que aquellas únicas personas que tienen el "deber" de amarnos, es el que recibimos tempranamente de nuestros padres, de nuestra familia, en nuestro hogar.

Cada ser humano es un RECIPIENTE (en sus dos sentidos: que recibe, y que contiene) de amor, que al rebosarse, hace posible que el fluido continúe hacia sus semejantes.

Cada generación de seres humanos hereda el amor de la anterior, el amor con el que puede amarse a sí misma y a su vez legar a sus descendientes.

¿Puede una persona que ha sido maltratada en su infancia llenarse a sí misma de amor, y darle a los demás? Sí. Pobre de este mundo si no fuera posible romper las cadenas del desamor.

Pero lo tenemos mucho más fácil cuando hemos sido criados desde el primer día con cuerpo y leche maternos, con mirada, con caricias, con alegría y con respeto.

Para llenar los agujeros que nos quedan de nuestra infancia; para saciar las necesidades infantiles insatisfechas; para reparar las lesiones que el miedo, el abuso o la violencia hayan dejado en nuestra alma y en nuestro cuerpo a veces es necesario toda una vida de búsqueda, de sufrimiento, de psicoterapias, de meditación, de prácticas religiosas, de tratamientos médicos, de cursos de autoayuda... de perderse y perderse muchas veces hasta lograr reencontrarse.

La crianza con apego evita en buena medida este largo camino. Ayuda a que nuestros hijos puedan naturalmente amarse a sí mismos, y por consiguiente amar a los demás.

8 de octubre de 2009

Maravillosas madres blogueras


Desde el blog de La Mamá de Mateo recibo con mucha alegría este premio, que quiero considerar un homenaje a toda la gran red de madres y mujeres blogueras, tejedoras de amor que dedican parte de su escaso tiempo a informar, ayudar, consolar y compartir belleza, solidaridad y sabiduría a través de la red.

Para mí todas han sido de gran ayuda, una gran fuente de inspiración e incluso de amistad y compañía.

Me gustaría pasar este premio a todas las que me regalan cada día un rayito de belleza, pero he de dejar algunas para que se lo pasen otras ;-), así que tras difícil elección, paso este premio a:

Blog de María Giachino, psicóloga uruguaya, que ofrece un espacio terapéutico, de asesoramiento psicológico y de acompañamiento para mujeres en distintas situaciones vitales. Como su nombre indica, un lugar calentito donde nutrirse emocionalmente.

Excelente blog donde Mamá de Lola comparte sus dibujos relacionados con la maternidad, la crianza, la lactancia materna... Sus dibujos son maravillosos y los regala a todas aquellas blogueras que queramos utilizarlos para promocionar la maternidad, la lactancia y la crianza natural.

Blog cotidiano de Miriam, para la que sus hijos son "la mejor medicina del alma". Es un lujo contagiarse de su genuina pasión y gozo por la maternidad.

Blog de Mónica de Felipe: Terapeuta Transpersonal por la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal. Licenciada en Derecho y formada como Mediadora familiar. Lúcida y brillante.

Blog de Áurea López: visitarlo es entrar en un remanso de paz, belleza, ternura, naturaleza, fotos magníficas y manualidades preciosas. ¡Parece que hasta puede olerse el aroma de lavanda!

¡Muchas gracias a todas!

7 de octubre de 2009

La nostalgia del "cachete a tiempo"


Por Ileana Medina Hernández

Hasta ahora, a lo largo de la historia que conocemos, los niños se han criado con un poquito de afecto, y otro poco -u otro mucho, en cantidades variables- de autoritarismo, golpizas, bofetadas, miedo, abandono, soledad, incomprensión.

Cuando la madurez democrática nos ha llevado a abandonar el autoritarismo como forma de convivencia en casi todas las instancias sociales, muchos piensan que es la falta de autoridad (la falta de normas, la falta de límites, la falta de exigencia, la falta de un "cachete" a tiempo...) la que hace que surjan niños "tiranos", niños caprichosos, niños sin respeto.

Parece que hay una "añoranza" generalizada de la autoridad. En parte, por una percepción falsa de que "todo tiempo pasado fue mejor" (alentada por los medios de comunicación que hacen desproporcionadamente visibles las desgracias y lo sucesos violentos) y en parte, por la inseguridad y el miedo que acompañan la agitada y despersonalizada vida urbana de hoy.

Pero me temo que no es la autoridad, sino el amor, el respeto, la atención y el tiempo compartido, lo que hace innecesario el autoritarismo para que surjan niños respetuosos y felices. Puede que antes hubiera más respeto, pero basado en el miedo. Un respeto falso, hipócrita, que deja detrás frustraciones, inseguridad, resentimiento, baja autoestima.

Parece escucharse en todas partes que los niños necesitan más límites, más normas, incluso un "cachete a tiempo, que a todos nos dieron y no nos traumatizamos por ello". El trauma está ahí, sólo que no lo vemos. Es inconsciente. Nuestra dignidad lesionada de por vida. El mero hecho de que justifiquemos la violencia y estemos dispuestos a repetirla con nuestros hijos: esa es la peor consecuencia. 

Me atrevería a afirmar que la mayoría de las veces que un adulto pega a un niño, lo hace súbitamente. No pega "razonadamente", porque el niño lo necesite "por su bien". Algo nos "desborda" y pegamos. Pero los desbordados somos nosotros, no porque el niño "lo merezca" o lo necesite para su educación. Después que hemos pegado, entonces buscamos una excusa para quedarnos contentos con nosotros mismos: que si lo necesita, que si son necesarias las normas, que si el mundo no es idílico, que si la vida es así y no va a vivir en una burbuja, que si es "por su bien"... Lo que hemos oído de nuestros mayores, que a su vez hicieron lo mismo con nosotros. Cuando maltratamos a otro no es porque el otro "lo merezca", es porque nosotros mismos estamos impotentes y rabiosos; la carencia es nuestra, no del otro. No es porque el niño "lo necesite" o "se haya pasado de la raya". Eso es, por ejemplo, lo mismo que dicen los maridos maltratadores de sus mujeres: "se lo merece, me ha sacado de quicio, ha actuado mal, tiene la capacidad de sacar lo peor de mí".

¿Y si, por casualidad, resultara que no hay niños que nazcan "buenos y tranquilos" y otros que nazcan "rebeldes y tercos" y necesiten "una buena colleja"? ¿Si resultara que esa tranquilidad se va formando desde el momento en que nacen (o desde que los concebimos), cuando les damos brazos, pecho, contacto, cuando las madres podemos relajarnos, podemos respetar la demanda de los bebés, podemos ofrecer nuestro espacio, nuestro tiempo y nuestro cuerpo a los bebés sin agentes externos que nos lo impidan?

¿Si resultara que la cadena del amor comenzara desde el embarazo, y sigue con la primera crianza, y llegara a hacer innecesario todo tipo de violencia?

Es el amor y no la autoridad lo que hace a los hombres buenos.

Como nunca a lo largo de la historia los niños han sido criados con demasiado amor (con amor real, que el niño pueda percibir como tal, no con el que creemos sentir dentro de nosotros), lo único que algunos pueden echar de menos es la autoridad, la mano dura.

Como parece imposible pedir a los adultos que sean capaces de amar más y mejor, con MÁS TIEMPO COMPARTIDO con nuestros hijos, con más generosidad, con más disponibilidad, con más respeto hacia sus necesidades... entonces se elevan las voces pidiendo más "autoridad". No se puede pedir a nadie que dé más amor... cada uno da lo que tiene.

El amor es el gran "tabú": parece que no tiene nada que ver con la ciencia, la economía, la academia y la política, las cuatro grandes "legitimadoras" de la sociedad actual. El amor se ha quedado recluido tras los muros de la religión (cuyas instituciones están en decadencia), difuso en los vericuetos del arte o escondido en la intimidad de las alcobas... fuera de toda discusión pública y de todas las políticas sociales. Sin embargo, es fundamental para comprender la educación, la crianza y las funciones primarias de la familia.

Los niños aprenden a respetar siendo respetados, aprenden la empatía siendo tratados con empatía, aprenden a amar siendo amados.

La autoridad es un mal necesario para atajar las aún peores consecuencias de la falta de amor. Se ha resquebrajado la autoridad: aprovechemos para amar mucho más, tangiblemente, cotidianamente, concretamente.