6 de mayo de 2010

Elisabeth Badinter. Las claves del debate.

Por Ileana Medina Hernández

A mis oídos llegó el run rún de la publicación en Francia del último libro de Elisabeth Badinter, Le conflit: la femme et la mère. (El Conflicto: la mujer y la madre").

También leí el post que otra madre y feminista bloguera -con quien en alguna ocasión he mantenido algún cordial debate- había publicado sobre ella , apuntando interesantes aspectos.

El libro no se ha publicado aún en España (aunque seguro vendrá pronto, dado que ya ha vendido más de 150 mil ejemplares en Francia), pero una amiga me ha pasado el enlace a esta entrevista con la autora, y me parece muy pertinente comentar algunas de sus afirmaciones, porque constituyen la clave del debate entre el feminismo de la "liberación" de los años 60 del pasado siglo -que se ha convertido en dominante en las instituciones españolas a día de hoy (leer otro artículo sobre las declaraciones de Amparo Rubiales)- y el posfeminismo del siglo XXI que encarnamos hoy muchas hijas de aquellas mujeres avanzadas.

Os invito a examinar algunos de los planteamientos de la profesora Badinter:
"Lo que sostengo es que no puede ser que el modelo de la Liga de la Leche se imponga a todas las mujeres. Yo no estoy de ninguna manera contra la lactancia porque sé muy bien que, para algunas mujeres, es una fuente de plenitud y disfrute. Pero no quisiera que este modelo se vuelva obligatorio. Se presenta la relación simbiótica con el bebé como el buen ejemplo a imitar. Este modelo de la "buena madre" se está imponiendo moralmente y esto es grave. Apenas una mujer se convierte en madre y ya es culpable. Si una mujer dice que prefiere dar la mamadera o si una mujer a los tres o cuatro meses dice "yo tengo ganas de volver a trabajar", es vista como alguien egoísta, como una mala madre."*
No creo que ningún "ente superior" esté forzando a asumir el modelo de la Liga de la Leche. Simplemente la maternidad consciente es una opción que crece cada día en adeptas, a contrapelo de las políticas oficiales y de la sociedad de consumo, que más bien incitan a todo lo contrario.

Las mujeres que prefieren dar el biberón o volver a trabajar cuando sus bebés tienen tres meses, son muy libres de hacerlo. Es más, el sistema en su conjunto casi nos fuerza a hacerlo. Sin embargo, las madres que quisiéramos permanecer más tiempo con nuestros hijos, sí que vemos limitadas las posibilidades de actuar como creemos mejor, dado que la baja maternal remunerada solo cubre en España 16 semanas.

Si la madre que prefiere dar biberones o incorporarse tempranamente al trabajo, lo hace porque lo desea y porque piensa que es lo correcto ¿por qué tendría que sentirse culpable? Si está tranquila con su conciencia, ¿da igual lo que piense La Liga de la Leche, o las "talibanas de la teta", no? Si se siente mal (o "culpable") ante la exposición de otro forma de hacer las cosas, será ella quién tendrá que revisar el peso de sus propios argumentos y decisiones.

Que lo que Badinter llama el modelo de la "buena madre" se imponga "moralmente", tras coincidir las más recientes demostraciones científicas con la espiritualidad más antigua y con el deseo de muchas madres, no veo por ninguna parte que sea grave. Siempre han coexistido diferentes escalas "morales", mientras la legislación no reprima ni prive de derechos a ninguna mujer, no veo cuál es el problema.

Grave sería que se prohibieran legalmente los biberones o que se obligara a una mujer a permanecer con su hijo, cosas ambas imposibles y que no están en el ánimo de nadie. Que se promocione la lactancia y que se legisle a favor de bajas maternales más extensas, INCLUYE los modelos de otros tipos de maternidad y no afecta ni reprime en nada a quienes eligen otras opciones.

Creo que aquí el conflicto principal surge porque ambos tipos de madres están en el fondo de acuerdo en que la lactancia materna y permanecer junto a su madre los primeros meses años de vida sería lo mejor para todos los bebés. Es por esto, por esa intuición profunda, (y no porque lo digan la Liga de La Leche, el psicoanálisis, la neurofisiología, la neonatología, la psiquiatría, la psicología transpersonal, las ecofeministas y las 13 abuelas de la Tierra) que surge la culpabilidad.

Como eso es indiscutible, parece que las madres que renuncian a ello no están haciendo lo mejor por sus bebés. El tema de la culpabilidad maternal da para mucho. Si pensamos que las madres que elegimos amamantar (y lo logramos, que esa es la otra parte) podemos luego hacer otras muchas cosas que no sean siempre lo mejor para el bebé, no veo cuál es el problema. Cada madre y cada familia tiene siempre un conjunto de aciertos y errores, que suman un saldo más o menos positivo que sólo puede medirse -si es que puede medirse- con la felicidad del futuro adulto en formación, y ninguna madre es la "buena madre" por excelencia.

Un niño amamantado no será "mejor" que otro niño que no lo ha sido. Una madre que amamanta no es "mejor" que otra que no lo hace. En todo caso sólo ofrecerá un plus, puede llegar a ofrecer un mejor maternaje, que el que ella misma ofrecería si no amamantara. No se trata de compararse con otras madres, sino con una misma.

El conflicto pues se ve de otra manera cuándo dejamos de discutir sobre modelos de feminismos, y abandonamos el enfoque adultocéntrico, para ver el problema desde el punto de vista del bebé, que fuimos y seremos todos.
"Creo que la condición sine qua non de la libertad femenina es la independencia financiera. Y me parece que no les recordamos lo suficiente este hecho a las mujeres de las nuevas generaciones. No podemos proclamar ser las más aptas para ocuparnos de los hijos y, a la vez, quejarnos después por la diferencia salarial con los hombres."
Esta es otra de las claves del debate: la independencia financiera de las mujeres. Pues sí: creo que es posible proclamar que somos necesarias para nuestros bebés durante el período de lactancia, y a la vez demandar que no seamos discriminadas salarialmente con respecto a los hombres. La inversión en la mejor crianza de nuestros hijos tiene que ser de la sociedad en su conjunto. Que las mujeres que así lo deseamos nos quedemos un año o dos en casa criando a nuestros bebés -que es lo mejor para ellos- podría y tendría que ser apoyado también por los hombres y por toda la sociedad en general, aportando de sus salarios a través de los impuestos. Ése es el gran cambio revolucionario que se desprendería de pensar realmente en el bienestar de los bebés.

La sociedad subvenciona guarderías para los bebés desde las 16 semanas de vida. Y pide subvencionar cada vez más.También subvenciona otros millones de cosas menos importantes. Pues bien, de igual modo puede subvencionar la independencia económica de las mujeres que desean criar ellas mismas a sus hijos pequeños, y no afectar por ello ni su contratación laboral, ni su nivel salarial ni el retorno a sus carreras profesionales. Quizás con eso, con ese simple gesto, a la larga, se ahorrarían otros muchos millones en sanidad pública.

El conjunto de la sociedad tiene que hacer compatible la crianza con la independencia económica de las mujeres. Si parece una utopía, pues simplemente miremos a los países nórdicos, donde la igualdad social de las mujeres es una realidad hace muchos años, la presencia de las mujeres en los altos cargos públicos es mucho mayor que en España y Francia, las bajas maternales son más extensas, los índices de lactancia materna mucho más altos y los partos en casa algo habitual. Esas mismas medidas condujeron allí al aumento de la natalidad, lo que indica que las mujeres quieren parir más cuando tienen más posibilidades de cuidar ellas mismas de sus crías.
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"En el siglo XVII, XVIII y parte del XIX en Francia, las mujeres privilegiadas, con todas las condiciones económicas para ocuparse de un niño, preferían deshacerse de ellos entregándolos durante años a una lejana nodriza para poder disfrutar de una vida social y conyugal. ¿Es posible acaso, hablar de un instinto que no se manifiesta durante siglos?"

¿Y qué son unos cuantos siglos en la historia de la especie humana? La respuesta a este razonamiento es tan obvia, que da un poco de vergüenza ajena que una intelectual de la talla de Elisabeth Badinter la ignore.

¿Cree usted que alguna especie mamífera podría darse el lujo de "disfrutar de la vida social y conyugal" deshaciéndose de sus propios hijos? ¿Cree que habríamos llegado hasta aquí si ese hubiera sido el comportamiento de la hembra humana a lo largo de millones de años de evolución?

Esas conductas que usted describe son precisamente las consecuencias de la dominación, de la división de la sociedad en clases y del patriarcado que usted tanto denosta, señora Badinter. Durante muchos siglos de dominación machista, las mujeres de las clases privilegiadas se han visto impelidas a cumplir con unos "estándares" patriarcales que a veces estaban bastante lejos de sus más íntimos deseos: entregar sus hijos a las nodrizas, para ellas volver a estar sexualmente disponibles para el macho, para poder parir muchos herederos (y que algunos de ellos lograran sobrevivir a las enfermedades y las epidemias), disponibles para la "vida de salón" y para el halago de la vida social externa, disponibles también para sentirse de nuevo deseadas por el macho porque en el deseo del macho hemos construido nuestra propia autoestima. No creo que este sea el modelo de mujer que una intelectual pueda defender en pleno siglo XXI.

Es posible que, efectivamente, muchas madres no hayan sentido ni sientan hoy en día "el instinto" de críar a sus propios hijos. No porque ese deseo no exista, sino porque nos lo han roto. ¿Y cuándo nos rompieron ese deseo maternal? Cuando nosotras mismas fuimos bebés y niñas emocionalmente violentadas. Lo explica Laura Gutman, "para que un adulto no esté en condiciones de responder a la demanda permanente, constante y sin tregua de un bebé humano, debe haber vivido la misma realidad emocional en su primera infancia."**

También lo ilustra Alice Miller: "En realidad sí que existe algo como 'amor maternal e instinto maternal'. Podemos observarlo en animales que no hayan sido maltratados por los hombres. También la mujer nace con el 'programa' instintivo que la capacita para amar, proteger, apoyar y alimentar a sus hijos, y para alegrarse de ello. Pero a menudo nos arrebatan a muy temprana edad estas capacidades instintivas, como por ejemplo en la infancia, cuando nuestros padres nos explotan para satisfacer sus deseos". ***

La cadena del desamparo infantil extendida generación tras generación de dominio patriarcal, nos rompe las conexiones con nuestras emociones desde bien temprano, y acorazadas en la lucha por la supervivencia, en la baja autoestima y en la necesidad de aceptación, buscamos insaciablemente reforzar nuestra frágil  personalidad en otros ámbitos: la perfección física, la eterna adolescencia, el deseo sexual del macho, el triunfo en el mundo laboral, el dinero y todo lo que puede comprarse con él.

"Quizás, la primera cosa para hacer sea decirse que tener un hijo no es una obligación. Que cuando uno decide tener un hijo tiene que reflexionar. Es por eso que yo les reconozco a las mujeres que deciden no tener hijos, el coraje de haber hecho por lo menos el cálculo de placeres e inconvenientes de la maternidad. Tal vez haya que cesar de pensar que un hijo –y esto sería una revolución extraordinaria– es un evento natural. Que tener un hijo siempre es lo correcto."

Pues mire, en esto sí estamos de acuerdo. Las mujeres hemos de ser libres para elegir o no ser madres (aunque también habría que ver qué pasaría, si esa decisión la tomásemos todas las mujeres).

Cada mujer es soberana para tomar esa gran decisión, y no creo que hoy se juzgue de ningún modo a las mujeres que no son madres, sea o no por voluntad propia. Como individuo, cada opción debe ser respetada, siempre que no afecte a otros individuos. Cuando devenimos madres, ya nuestras decisiones y nuestra forma de vida sí afecta a esas personitas que no han pedido venir al mundo, y que merecen la mejor crianza que seamos capaces de brindarle.

Otra cosa es que debamos preguntarnos qué pasa cuándo en una sociedad la mayoría de las mujeres deciden no ser madres, o encuentran muchas dificultades para serlo. Podríamos hablar de una sociedad suicida. Una sociedad decadente, que no apuesta por la continuidad, que no apuesta por la vida.

"¿Pero es que se puede continuar definiendo la femineidad a través de la maternidad? Cuando en países como Alemania hay un 27 por ciento de mujeres que no tienen hijos, ¿es que esas mujeres no desmienten la equivalencia mujer/madre? Lo que me asombra es la existencia de una gran diversificación de deseos femeninos que pone en cuestión la posibilidad de una definición universal de la naturaleza femenina."
Efectivamente, no creo que tengamos que seguir definiendo la femineidad a través de la maternidad, ni que sea posible una definición universal de la naturaleza femenina. Es un absurdo. Nadie medianamente informado puede negar hoy que lo femenino y lo masculino son constructos culturales, y que cada ser humano es libre de construir su identidad sexual allí donde se sienta más cómodo, o de combinar distintas formas de sexualidad a lo largo de su vida. Es más, creo que la separación entre homosexuales y heterosexuales es también ficticia. Mujeres, homosexuales, bisexuales, transexuales, "trabajadores del ano"... da igual como nos definamos mientras seamos adultos libres y responsables.

El problema surge cuando decidimos traer una nueva criatura al mundo. De momento, sólo las mujeres podemos gestar, parir y amamantar. Sólo nuestro útero puede convertirse en el primer hábitat, el primer entorno de una nueva criatura. Hábitat que no termina en el momento del parto, y que no debe romperse bruscamente tras el parto. Si un niño es abandonado por su madre biológica, ser adoptado por otra familia amorosa, sea del tipo que sea, es lo segundo mejor que puede pasarle en la vida. ¿Pero lo ideal sería que esa ruptura no se produjera, no?

Ser criado durante los primeros meses y años de vida por su propia madre, con cuerpo materno permanente, presencia, mirada, ternura, lactancia materna, brazos, porteo, colecho y respeto por sus necesidades afectivas y emocionales, es lo mejor que puede pasarle a un bebé. Y la sociedad en su conjunto debería apoyar que cada bebé pudiera disfrutar de ello, lo máximo posible. Al menos, hasta dónde puede propiciarlo sin atacar los derechos de ninguna mujer, pero sí apoyando a las que quieran hacerlo.

Este nuevo modelo naturalista, de simbiosis entre la madre y el niño, deja necesariamente al padre afuera, en el exterior de la relación. Y, sin que hayan hecho nada para lograrlo, los hombres se encuentran así liberados de toda coacción para hacerse cargo, de manera igualitaria, de los hijos y de las tareas domésticas.

En primer lugar, el modelo no es nuevo. Nada nuevo. Y no tiene por qué dejar afuera al padre (esto quizás sí sea nuevo). El papel del padre es muy importante, tanto para la criatura, como en el apoyo a la madre, que sólo sostenida por una pareja disponible y generosa podrá dedicarle el tiempo y el cuerpo que su bebé necesita en una fase tan delicada como el puerperio.

El apoyo e implicación real del padre, material y emocional, e incluso de otros miembros de la familia, de la familia extensa, de la "tribu", es fundamental para criar bien un niño. "Hace falta una aldea para criar a un niño", dice un antiguo proverbio africano.

Mete Badinter en el mismo saco a los bebés y a las tareas domésticas. Y no.
No es lo mismo. El padre no puede amamantar, pero puede hacer todo lo demás, empezando por apoyar emocionalmente a la madre reciente, acompañarla, entenderla, abrazarla, compartir la inundación emocional del puerperio. Las mujeres ni ahora ni antes hemos podido dedicar todo el tiempo que las criaturas necesitan y merecen, agotadas por la inmensa montaña de labores domésticas, y presas de una total incomunicación e incomprensión emocional con nuestros maridos... (cuando no directamente maltratadas por ellos). 

No sé si existen estudios sociológicos al respecto, pero por lo que he podido inferir en foros de madres y en la vida real, en las familias actuales cuyas madres amamantan prolongadamente y crian con apego y respeto,  en la mayoría de ellas se observa también un grado mayor de compromiso de los padres con la crianza y la educación de sus hijos.

Se trata de modelos de familia donde se da más importancia al tiempo compartido, al respeto mutuo, a la libertad y a los afectos, a  la comunicación y el intercambio emocional entre todos los miembros, que a la productividad y al consumo, en beneficio de todos y sobre todo de los niños pequeños.

"Hace falta también una participación de movimientos feministas que, al menos en Francia, casi no existen. Yo diría que los dos feminismos que hemos conocido, el universalista y el diferencialista, tienen un discurso tan opuesto que se anulan mutuamente. Entonces, ya nadie puede hablar en nombre de la mujer porque el único tema sobre el que se han puesto de acuerdo es sobre la mujer víctima."
Bueno, quizás está usted despreciando a este nuevo tipo de feminismo (o posfeminismo), precisamente el que defiende eso que usted llama "modelo de la buena madre". Ha escrito usted su libro preocupada por la fuerza que toma el modelo "de la Liga de la Leche". ¿No es este, pues, un movimiento creciente defendido por mujeres y para mujeres?

Quizás este nuevo "feminismo" ecologista y espiritual, que participa hoy en internet, foros, redes sociales, blogs, círculos de mujeres, grupos de apoyo a la lactancia... es el feminismo del inicio del siglo XXI. Y no somos ni nos consideramos víctimas de nada ni de nadie. Tomamos las riendas de nuestra maternidad y la defendemos de un modo desconocido hasta ahora durante veinte siglos de dominio patriarcal. ¿No será esto más revolucionario que todos los feminismos anteriores?

Hemos tomado el mundo productivo, queremos igualdad en el mundo público, y ADEMÁS, queremos mejorar el mundo doméstico: que los bebés sean atendidos, que las tareas domésticas sean compartidas, que pasemos todos más tiempo en nuestros hogares, que dediquemos más tiempo a los afectos, a las personas que queremos, que nos necesitan y que necesitamos.

Pero es más: la discusión debe salirse del ámbito del feminismo, de la discusión sobre la naturaleza femenina, de lo que somos o debemos o podemos ser las mujeres, y desviarse, por primera vez en la historia, hacia los bebés humanos. El punto de vista del bebé humano es el que nadie ha mirado ni defendido hasta ahora.

Hay un movimiento creciente que no sólo piensa en nosotras, sino que busca incluir a nuestros bebés e hijos, las mayores víctimas del sistema patriarcal. O sea, incluir a toda la humanidad. Pensar en el bebé humano no puede entrar en contradicción con la libertad de las mujeres. Tenemos que encontrar un modelo que haga compatible los derechos de todos: los de los hombres, los de las mujeres, y también los de los bebés y niños.

Idealmente, no debería existir el conflicto que da nombre a su libro, entre nuestra libertad como "mujer" y nuestra condición de "madre". O dicho de otro modo más exacto, el conflicto entre la inmensa demanda del bebé humano y la disponibilidad de su madre puede ser minimizado, con trabajo personal, con implicación y apoyo social, con otro modelo social más cuidadoso y humano.

Si pensar el problema desde el punto de vista de los bebés, nos provoca conflictos a las mujeres y a los adultos en general, es que algo no está bien.

¿Quiénes pueden hablar en nombre de los bebés humanos, que no tienen voz?

Las investigaciones científicas son claras: el bebé humano necesita leche y cuerpo maternos. Lo han dicho también grandes corrientes ancestrales de sabiduría de todo el mundo. Lo hacen cada vez más madres sensibles y conectadas con la tierra, que saben perfectamente lo que hace felices a sus bebés.

Me temo que en realidad todas las madres lo sabemos, y por eso nos sentimos "culpables" cuando no podemos satisfacerlo. Y por eso, incluso, Elisabeth Badinter, madre de tres hijos, ha escrito este libro.

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*La entrevista completa con Elisabeth Badinter, publicada por el suplemento cultural del periódico argentino Clarín el pasado 30 de abril, puede leerse aquí.

** Gutman, Laura: "Amparo y desamparo en la primera  infancia" en Mujeres Visibles, Madres Invisibles, RBA Libros, 2009, pp. 53-55.

***Miller, Alice: El drama del niño dotado y la búsqueda del verdadero yo. Fábula Tusquets, 2009, pág. 80. (1era ed. 1985).

22 comentarios:

  1. Bueno, chica. IMPRESIONANTE, impresionante de verdad.

    No me queda nada que decir.

    Un beso enorme.

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  2. Dios, Ileana, qué bien te expresas...

    Creo que, efectivamente, la clave de todo está en la culpabilidad. En la tranquilidad de la conciencia. Cada una deberíamos preguntarnos, '¿realmente, sinceramente, aunque no se lo confiese a nadie más... ESTOY HACIENDO LO MEJOR QUE PODRÍA HACER? ¿me hace feliz a mi, y a mi familia?'

    Yo tengo la conciencia muy, muy tranquila. Hace un tiempo le dije a mi mejor amiga que, si me muriera al día siguiente, me moriría SATISFECHA. Dejaría con pena esta vida, disfrutar cada segundo más de mi marido, de mi hijo, de mi familia y mis amigos... pero estaría satisfecha. He sido querida de niña, estudié todo lo que quise, viajé por el mundo, trabajé, encontré el amor verdadero, y tuve la increíble suerte de convertirme en madre... no me he separado ni un segundito de Mateo desde entonces, ni quiero. Me iría con pena, pero agradeciendo a Dios cada segundo vivido. Haber sido tan afortunada.

    Y esto que siento, es porque soy una neomachista, no? ;) en fin... no puedo darle una contestación seria a esta señora, porque no. Se supone que la opción de vida que he escogido no la he escogido libremente, no? es opresión del macho... es que para reirse, Ile, no me digas que no...

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  3. Yo creo que en el fondo ella misma, la badinter, no se siente tan satisfecha como tú, Caro. Piensa que se equivocó.

    La culpa da para mucho, hasta que te das cuenta de que la culpa es una cosa y la responsabilidad otra y que tú no eres responsable de tus circunstancias. Esto lo aprendí yo a base de leches en el foro de apoyocesáreas, hace tanto...

    Tú no sabes lo que me reí yo el día en que una feminista argentina con la que discutía me habló de violencia simbólica y para ilustrarmelo me puso un enlace a la wikipedia en el que citaban a Laura Gutman, juas. La mitad de las veces lo que les pasa es que no han tenido los huevos suficientes como para reflexionar acerca de ellas mismas, de su infancia, de la relación con sus madres, de la relación con sus hijos.

    Pero, no que va, es que bah, sois todas unas neomachistas :P

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  4. Uy! qué texto Ileana.

    Creo que el mayor problema de esta mujer es que ha negado el instinto materno que todo ser biològico tiene. Por favor! somos animales y no podemos negarlo, y la maternidad despierta todas esas biologías maravillosas para proteger y preservar la especie. Que nosotros le sumemos la conciencia es una doble ganancia. Que no podemos negar que somos las que parimos, amamantamos y tenemos ese instinto para criar. Que se defienda la lactancia materna, pues claro! es que es obvio que lo que el bebé necesita es leche humana no de vaca, ni de cabra, y que nada remplaza la teta calientita. Esta mujer habrá leido alguna vez todas las consecuencias positivas de la lactancia y todas las negativas del biberón? Que mal informada está, o como dice el dicho "no hay peor ciego que el que no quiere ver". Y es que ser madre no es dejar de pensar, de crecer de vivir, al contrario, es todo un renacer. Que pena por una persona que piensa así, que experiencias terribles debió sufrir como hija, esposa y madre tener para llegar a decir tantas barbaridades...

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  5. Jajajaja! Es verdad, jajajja pero tú mas! :PPPPP

    Irene, me ha gustado mucho esa diferenciación entre culpa y responsabilidad. Una no se puede sentir culpable por todo: primero porque en injusto, es agotador y al final, es idiota (hacerse daño a uno mismo porque sí). Pero sí se puede sentir responsable, y responsable sólo de las cosas que dependen de uno mismo, porque como tú dices, de las circunstancias será culpable otro (u otros). Una no debe sentirse responsable de que le hagan una cesarea (innecesaria o no) porque no es algo que tú puedas controlar, no está en tus manos (excepto que te la ofrezcan para convenir fechas, o sea, la cesárea a la carta, después de la cual no creo que muchas se sientan ni culpables ni responsables, puesto que lo quisieron ellas). Pero sí debemos sentirnos responsables por las cosas que estaban en nuestra mano, realmente, y no hicimos, conscientemente, aún sabiendo que podríamos haber tomado otra decisión mejor. Esas son las cosillas que en nuestro fuero interno nos hacen sentir mal, y cada uno tenemos, si somos sinceros con nosotros mismos, las nuestras.Y para mi, las decisiones que toma una mujer-madre no pueden ser sólo las que son mejores para ella. Diga la Badinter o Simone de Beauvoir lo que quieran. Obligatoriamente tienen que ser las mejores para ella y para su hijo. Para mi, de lo contrario, está en todo su derecho de hacer lo que le de la gana, pero yo pensaré que está actuando egoistamente. Los niños no piden venir, les traemos porque queremos (excepto en algunos casos que vienen sin que les llame nadie...). Y si después de que no vienen porque quieren, sino que les llamamos nosotros, no estamos dispuestos a darles todo lo posible de nosotros mismos (teniendo en cuenta que, lo posible, para cada madre, difiere por SUS CIRCUNSTANCIAS, unas podrán hasta aquí y otras hasta allí), estaremos siendo egoístas.

    Cuando una mujer es madre (y un hombre, padre) sigue teniendo sus necesidades como mujer (y el como hombre, claro), pero para mi han de primar las de sus hijos, al menos mientras sean bebés y dependan de su cuidado. Y si no estás dispuesto a 'hacerle sitio' al que TÚ, VOLUNTARIAMENTE, has llamado, pues es sencillo: no tengas hijos, que no obligan a nadie. Yo también prefiero que una mujer decida claramente no tener hijos si no le gusta la tarea o sencillamente no le gustan los niños. O piense que su trabajo le va a dar a la larga más satisfacciones. Probablemente no comparta sus ideas (seguro que no, vaya), pero la respetaré, por no traer más niños florero a este mundo...

    "La mitad de las veces lo que les pasa es que no han tenido los huevos suficientes como para reflexionar acerca de ellas mismas, de su infancia, de la relación con sus madres, de la relación con sus hijos." ¿Reflexionar?¿Eso qué es lo que es? La gente tiene muy poca capacidad autocrítica en general, ni consigo misma ni con su familia. Todo lo que hicieron sus padres con ellos, estaba muy bien hecho (eso me lleva al tema de NO se pega...). Oiga, está seguro? con los recuerdos, y lo que le han contado, ¿cree usted que se puede justificar todo? pues yo no puedo saber por todo el mundo, pero cuantas más cosas sé de cómo era mi familia y mis padres cuando yo nací y cuando era pequeña, más cosas tengo claras que no estaban bien y que desde luego ni se justifican ni hay que repetirlas como un papagayo. Se analizan, tienen un por qué, se PERDONAN (lo que sea perdonable) y la vida sigue, porque COMO PADRES, errores los han cometido todos y NOSOTROS TAMBIÉN LOS COMETEREMOS. Pero si tenemos autocrítica y propósito de enmienda siempre nos irá mejor.

    Yo no podría argumentar como vosotras con ninguna feminista intelectual jajajaja primero tendría que serlo yo.

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  6. pues no creas que voy a defender a Badinter... estoy convencida de que su punto de vista es bastante cuestionable, sobre todo cuando consideras que es principal accionaria del grupo "Publicis", que tiene en su portafolio a productores de leche en polvo (qué horror, no?)
    sin embargo, le agradezco profundamente su libro (que he leído con una mezcla de sentimientos confusos), creo que es muy saludable el asumir el conflicto, porque conflicto hay... aunque no entre la mujer y la madre (o tal vez sí, hasta cierto punto), si no entre las estrategias que son necesarias para conseguir la igualdad de oportunidades entre los géneros.

    Mi crítica principal no es desde el mismo punto de vista que el tuyo (que ya hemos discutido), si no de la ausencia de análisis acerca del cambio en el modelo de la virilidad, la poca y deficiente implicación del hombre en el cuidado y las ateras reproductivas de manera general, que no solo se traduce en dar un biberón de vez en cuando, si no que requiere disponibilidad en muchos otros aspectos.

    Asimismo, otra crítica enorme al libro es su ceguera ante las motivaciones que los y las ecologistas como yo tenemos para cambiar nuestro modo de crianza : no lo hacemos como un sacrificio si no como una crítica al productivismo, un deseo de vivir de manera simple y frugal.

    Finalmente, su crítica de LLL es muy virulenta y a pesar de que comparto con ella mis reservas ante el discurso vehiculado por esta organización (con la cual tuve experiencias personales muy contradictorias, positivas y negativas)...

    En fin, el conflicto no es malo, el conlficto es una oportunidad y como tal se debe asumir!

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  7. He leido sin respirar, de un tiron. Genial argumentacion!

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  8. Gracias a todas chicas.

    Especialmente a Caro y a Ecohumanist, cuyas enjundiosas aportaciones completan y mejoran el análisis.

    Un abrazo!!!

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  9. Ileana, excelente exposición.
    un abrazo fuerte.
    Claudia

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  10. Vaya, qué intenso este post. A mi lo que me llama la atención es que frecuentemente me topo con mamás que no amamantan o que dejaron a sus hijos muy pequeños por ir a trabajar, y he notado que sobre explican sus motivos, siempre están justificando su comportamiento como madres, que si el pediatra dijo, que si la psicóloga, que si... en fin, me parece que en el fondo ellas saben que no están dando todo lo que podrían, pero están cómodas así y no están dispuestas a cambiar esa comodidad. Felicidades por este sitio. Saludos.

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  11. Plas, plas, plas...esto son aplausos... Me ha encantado. Como siempre muy bien explicado y documentado. Eres grande Ileana!!! :-)

    Hice hace unos días una breve reflexión sobre este tema en mi blog, y también fue a raiz de conocer el libro de esa señora y sus opiniones. Por supuesto, mi texto no era tan profundo como el tuyo y estuve a punto de pasarte el testigo e invitarte a que reflexionaras sobee esto (no ha echo falta, no me defraudas nunca... :-) ), porque realmente sabía que no estaba de acuerdo con esta escritora pero sentía que necesitaba más documentación, más análisis para tener una opinión más clara al respecto. Pues bien, aquí está todo el análisis y reflexión que necesitaba.

    Gracias!

    Begoña

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  12. que alegría descubrir blogs como este.. saber que esta red de mujeres empoderadas del maravilloso papel que nos da la maternidad, felices en nuestro maternaje.. criando con amor.. conscientes de nuestra valiosísima aportación al mundo que cambia hacia una sociedad más amorosa.. mujeres en red.. compartiendo.. pasando toooooooodo el tiempo del mundo con nuestras pequeñitas criaturas..sabiendo qué es lo verdaderamente importante..

    que bien... que alegría... a veces me da la sensación de que somos muchísimas las familias que estamos intentando hacer lo mejor posible para que todo sea más humano.. más sostenible.. más amoroso.. más respetuoso con todos los seres.. poco a poco cada una en sus lugares.. tejiendo redes.. silenciosamente y cibernéticamente.. y me encanta..


    Besos a todas las MAmis mujeres liberadas y liberadoras grandes grnades.. mmmuá

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  13. Bienvenidas Dácil, Matrioska, Claudia!!! Esta es vuestra casa!!!

    Gracias, Begoña. Sabes que siempre estamos en "sintonía" ;-)

    Un abrazo muy fuerte a todas, red de mujeres valerosas!!!

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  14. Uy... que se me había escapado una "h" de hecho... ¡cara colorada! :-(

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  15. Descubrí tu blog hace ya un tiempo y desde entonces me tienes fascinada con tus reflexiones.

    En concreto con esta entrada no puedo sin aplaudirte con un ¡bravo Ileana!

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  16. Fantástica argumentación la tuya, Ileana. Te explicas de maravilla y estoy de acuerdo contigo.
    He leído la entrevista entera a Badminter y la verdad es que veo más cosas por rebatirle. Se adivina en sus palabras cierta culpabilidad y necesidad de justificarse, algo así como mantenella y no enmendalla.
    Puede ser interesante leer el libro como muestra de la culpabilidad que corroe a muchas mujeres de los paises del primer mundo.

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  17. Genial la réplica que haces de los argumentos de esta mujer. Gracias.
    Si no te importa voy a hacer difusión de tu artículo, si te molesta lo retiro.
    Un abrazo.

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  18. Gracias, Socmare, Cueta, Mon.
    ¡¡¡Bienvenidas a las que participan por primera vez!!! Aquí tienen su casa.
    Socmare, puedes hacer toda la difusión que quieras, siempre puede haber alguna madre a quien ayude a sentirse más cómoda y apoyada con su elección.
    Besos a todas!!!

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  19. Iliana, en este post, dices:

    "Si se sienten mal (o "culpables") ante la defensa de otro tipo de maternidad, serán ellas quienes tendrán que revisar el peso de sus propios argumentos y decisiones".

    ¿Por qué te sientes mal ante las palabras de Badinter? ¿No serás tú quien tengas que revisar el peso de tus argumentos o decisiones?

    No se trata de que esas mujeres se sientan mal. Se trata de que la sociedad arremete contra ellas.
    Se sientes mal por lo mismo que tú puedes sentirte mal si ponen una ley que prohíba dar de mamar. Se sienten mal porque no son libres y son acusadas e insultadas, no por sus acciones.

    Te invito a ver mi blog(ya he aprendido a hacerlo):

    http://educacion-enrique.blogspot.com/

    Te invito a ver el post titulado:

    Mediante la educación se nos debería incentivar a ser nosotros/as mismos/as, y a realizar nuestro proyecto vital; no a lo que la sociedad nos dicta que debemos ser y hacer.

    Es por lo que escribo yo, por lo cual muchas personas se sienten mal. Por lo cual tú podrías llegar a sentirte mal. Por lo cual las mujeres que deciden trabajar se sienten mal.

    Un saludo.

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  20. Ileana , sinceramente no has comprendido ni una sola palabra del discurso de Elisabeth Badinter.

    No entiendo la figura de padre sostenedor de la madre.Badinter no dice en ningún momento que las tareas domésticas vayan con el niño.Pero quieras o no si que vas a dedicarles más tiempo si no trabajas fuera.K

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  21. a mi me hubiera gustado disfrutar de mi prenatal postnatal y todo el periodo ese tan imp@ortante que dicen que son los primeros anos de vida,pero lo dicho queda solo en un deseo que fue sobrepasado porque simplemente carecia y aun continuo con eso de independencia economica que a su vez implica defectos en los cono -cimientos "social cultural",por experiencia apoyo a Badinter,aunq me duela esta realidad.

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  22. No se cual sea el afán de excluir al padre en estas situaciones, si su papel es muy importante para que se lleve a cabo una lactancia exitosa, las madres solteras deberán luchar igualmente como una madre al que su marido no lo apoya, pero exista o no la presencia del padre, la clave está en la disposición de la misma madre, en sus CONOCIMIENTOS acerca del tema, una mujer sin esos conocimientos, es bastante vulnerable ante la manipulación invasora del sistema médico en general, de la sociedad, de años y años de erróneas teorías...
    Poco a poco se esta viendo un despertar entre muchas de nosotras y debemos de esparcir estos conocimientos a otras madres vulnerables, por que en un principio todas lo somos.. son millones de creencias y presiónes contra una misma, y cabe aclarar, que, nadie obliga a nadie, claro está, nadie le esta poniendo una pistola en la cabeza a las mamás para que amamanten a sus hijos y mucho menos se les está diciendo "si no lo haces eres la peor mama", es volver a lo natural, a lo que debe de ser, despues de llenarse de la información necesaria, ya será desición de cada una, pero yo creo que se puede hacer mucho cuando exista más apoyo e insisto: información, la mayoria de las mamas trabajadoras piensan que ya por que iran a trabajar no podran amamantar a sus hijos y eso, de comienzo, es una idea erronea, ya es un 90% de probabilidad de un fracaso en la lactancia..
    Esta mujer Badinter tiene un enojo interno en contra de esta revolución.. pero como todo movimiento positivo, siempre existen opositores! saludos Ileana me encanta cómo te expresas, tú hablas por TODAS nosostras

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