24 de agosto de 2010

Amamantar en Mongolia

-.-

Esta mañana, Jesusa Ricoy-Olariaga me conmovió al "regalarme" en Facebook esta fábula, sobre lactancia materna, pero también sobre la naturaleza humana, sobre relativismo cultural, sobre la tolerancia, el amor y la belleza... Se quejaba Jesusa de no tener tiempo para traducirlo, y esta misma tarde otra compañera nos regalaba ya la versión en castellano. Muchísimas gracias a las dos.

Es conmovedor, y me ha recordado, por el tema maternal y mongolés, aquella buenísima película, la de La Historia del Camello que Llora.

Disfrutadlo:

Amamantar en Mongolia

Autora: Ruth Kamnitzer
Tomado de: Peaceful Parenting
Traducción al castellano: Ana Isabel Chinchilla



Hay en Mongolia un dicho muy utilizado que afirma que los mejores boxeadores toman leche materna durante al menos seis años, afirmación muy seria para un país en el que el boxeo es el deporte nacional. Me trasladé a Mongolia cuando mi primer hijo tenía cuatro meses y viví allí hasta que cumplió tres años.

Criar a mi hijo en aquellos primeros años en un lugar donde la actitud hacia la lactancia materna es tan radicalmente diferente de las costumbres que prevalecen en Norteamérica me abrió los ojos a una visión completamente diferente de cómo podría ser todo. Los mongoles no solamente prolongan la lactancia materna, sino que además lo hacen con más entusiasmo y menos inhibiciones que casi nadie de quienes había conocido hasta entonces. En Mongolia, la leche materna no es sólo para bebés; no se trata sólo de nutrición y definitivamente no es un tema sobre el que se imponga la discreción. Es la madera de la que estaba hecho Genghis Khan.

Al igual que muchas madres primerizas, no había pensado demasiado sobre la lactancia antes de tener a mi bebé, pero minutos después de que mi hijo Calum saliera, se agarró a la teta y durante los siguientes cuatro años no parecía nada dispuesto a soltarse. Tuve suerte, porque en muchos aspectos la lactancia nos resultó sencilla: ninguna grieta en el pezón, rara vez un pecho ingurgitado. Mentalmente las cosas no eran tan sencillas: a pesar de lo mucho que amaba a mi bebé y disfrutaba del vínculo que nos ofrecía la lactancia, en ocasiones resultaba insoportable. No estaba preparada para la magnitud de mi amor por él ni para la intensidad de su necesidad de mí en exclusiva y de mi leche. “No le permitas que te convierta en un chupete humano”, me advirtió una enfermera canadiense pocos días después del nacimiento de Calum, que mamaba a todas horas, pero yo repasaba todos los posibles motivos de su llanto (¿gases?, ¿pañal? ¿infraestimulación? ¿sobreeestimulación?) y por lo general acababa dándole teta de nuevo. Me preguntaba si hacía bien.

Entonces me trasladé de Canadá a Mongolia, donde mi marido llevaba a cabo unos estudios sobre vida salvaje. Allí los bebés están siempre envueltos en varias capas de gruesas mantas, atados con cuerda como un paquete que no quieres que se rompa en el correo. Cuando un paquete murmura, se le pone un pezón en la boca. No se les cambia muy a menudo y nunca se les hace eructar. No hay ni siquiera una manos en las que poner un sonajero. Por supuesto, no hay ratitos boca abajo. Los niños permanecen envueltos hasta al menos los tres meses, y cada vez que emiten un sonido, se les da de mamar.

Esto resultaba interesante. A los tres meses, los bebés canadienses ya tienen actividades sociales, incluso natación. Algunos aprenden a “calmarse solos”. Yo daba por sentado que había muchos motivos por los que un bebé podía llorar y que era mi trabajo averiguar la razón y darle la solución adecuada. Pero en Mongolia, aunque los bebés puedan llorar por muchos motivos, sólo hay una solución: leche materna. Dejé de darle vueltas e hice lo mismo.

En Canadá la lactancia materna aún está rodeada de cierto misticismo, pero en realidad no estamos demasiado acostumbrados a ella. La lactancia se realiza en casa, en grupos de lactancia, quizá en alguna cafetería: rara vez se ve en público y desde luego nosotros mismos no tenemos recuerdos conscientes de haber sido alimentados con pecho. A esta íntima actividad entre madre e hijo se la trata con secretismo y educadas miradas hacia otro lado, y se considera casi igual que las demostraciones públicas de intimidad en una pareja: no es tabú, pero sí que causan ligera incomodidad y son educadamente ignoradas. Cuando el silencioso y angelical recién nacido se convierte en un niño activo resuelto a comunicar a todo el mundo lo que está haciendo a cada momento, bueno, entonces esos ojos se apartan con mayor rapidez e intensidad, a veces con el ceño fruncido.

En Mongolia, dar el pecho en público, en lugar de relegarme a la sección de “sólo mamás”, me puso decididamente en el centro de atención. Su práctica universal de dar pecho en cualquier momento y lugar, así como la cercanía en la que la mayoría de los mongoles vive, implica que todos están acostumbrados a ver un pecho en acción. Les alegraba ver que hacía las cosas a su manera (que por supuesto era la manera correcta).

Cuando daba pecho en el parque, las abuelas me brindaban sus historias sobre cómo habían alimentado a sus doce hijos. Cuando daba pecho en el asiento trasero de los taxis, los conductores levantaban sus pulgares por el retrovisor y me aseguraban que Calum se convertiría en un gran boxeador. Cuando paseaba por el mercado acunando a mi hijo en mis brazos mientras mamaba, los comerciantes me hacían un sitio en su puestos y le decían al niño que se lo bebiera todo. En lugar de mirar a otro lado, la gente se inclinaba sobre Calum y le besaba la mejilla. Si se soltaba de la teta en respuesta a la atención recibida, dejando mi pecho chorreando y completamente expuesto, no pasaba nada. Nadie se quedaba mirando, nadie apartaba la vista: simplemente se reían y se limpiaban la leche de la nariz.

Desde que Calum tenía cuatro meses hasta los tres años, allá donde fuera, oía una y otra vez lo mismo: “La teta es lo mejor para tu bebé, lo mejor para ti” La aprobación constante me hacía sentir que hacía algo importante que interesaba a todos; exactamente la clase de aprobación pública que *toda* madre reciente necesita.

Para cuando Calum cumplió los dos años, yo ya había descubierto lo útil que podía ser la lactancia materna. Nada hace que un niño se duerma más rápido, alivia el aburrimiento de un largo viaje en coche, o calma una tormenta que se cierne, tan rápidamente como una poca leche calentita de mamá. Es la ayuda más útil para la madre perezosa, y yo creía que le daba todos los usos, pero los mongoles lo llevaban más lejos.

Durante los inviernos mongoles, pasaba muchas tardes en en el yurt de mi amiga Tsetsgee, huyendo del frío glacial de fuera. Fue instructivo comparar nuestras técnicas de crianza. Cuando estallaba una pelea por los juguetes entre nuestros hijos de dos años, mi primera reacción era restablecer la paz distrayendo a Calum con otro juguete al tiempo que le explicaba los principios de compartir las cosas, pero esto llevaba tiempo y una media de éxito de tan sólo un cincuenta por ciento, En el restante cincuenta por ciento de veces, cuando Calum no quería dar su brazo a torcer y su frustración aumentaba hasta el punto de ebullición, lo cogía y le acunaba en brazos para amamantarle.

Tsetsgee tenía una táctica diferente. Al primer murmullo de discordia, se levantaba la camisa y empezaba a menear sus pechos con entusiasmo, diciendo: “¡Ven aquí, cariño, mira lo que tiene mami para ti!” Su hijo apartaba la vista de los juguetes para mirar las dianas de sus pechos y siempre se iba hacia ellos.

¿Media de éxito? Cien por cien.

Para no ser menos, adopté la misma estrategia. Allí estábamos, dos madres agitando los pechos como strippers compitiendo por atraer a un cliente. Si los abuelos estaban por allí, se unían a la representación. Los pobres críos no sabían a dónde mirar: la tranquilizadora plenitud de los pechos de sus madres, los mustios pechos planos de la abuela con su larga experiencia, o el extraño montón de carne que el abuelo se agarraba en su envidia de pechos. Por mucho que lo intente, no puedo imaginarme una escena similar en una reunión de la Liga de la Leche.

En mis clases prenatales en un pequeño pueblo de Canadá, donde nació Calum, nos mostraron la lactancia materna con un vídeo de una madre sueca de aspecto especialmente atlético, que daba pecho a su niño pequeño mientras esquiaba. La clase se estremeció: “Claro que es genial para los bebés, pero cuando ya empiezan a hablar y a andar...?” Todas parecían de acuerdo. Yo me callé.

Me tocó a mí sorprenderme cuando una de mis amigas mongoles me dijo que había tomado leche materna hasta los nueve años de edad. Me quedé tan boquiabierta y estupefacta que al principio me lo tomé a broma. Viendo ahora que mi hijo se destetó justo después de cumplir los cuatro años, me avergüenza un poco mi inflexible incredulidad. Aunque nueve años sea bastante edad para tomar el pecho, incluso para los mongoles, no está fuera del rango.

Aunque no siempre era fácil hablar sobre conceptos como “destete voluntario” con mongoles debido a la barrera idiomática, dar pecho “a largo plazo” parecía ser la norma. Nunca conocí a nadie que diera pecho a dos niños, lo cual me sorprendió, aunque debido a que los intervalos entre hijos son bastante largos, la mayoría de los niños dejaban de mamar entre los dos y los cuatro años.

Según UNICEF, en 2005 el 82 por ciento de los niños de Mongolia seguían con lactancia materna entre los 12 y los 15 meses y el 65 por ciento seguían entre los 20 y los 23 meses. El último hijo parece que simplemente continúa, de ahí la niña de nueve años que tomaba pecho, y si la sabiduría popular no se equivoca, de ahí la fama de Mongolia en el boxeo.

Cuando a los tres años Calum seguía tomando pecho con el entusiasmo de un recién nacido y yo me preguntaba cómo surgiría el destete, sentí curiosidad sobre qué animaba a los niños mongoles a destetarse solos. Algunas madres me dijeron que su hijo simplemente perdió el interés. Otras dijeron que la presión de grupo tuvo que ver, (he oído a adolescentes mongoles burlarse de otros diciendo “¡Quieres los pechos de tu mami!” del mismo modo que se dice “¡Corre con tu mamá!”). Cada vez más a menudo, las obligaciones del trabajo obligan a destetar antes de lo habitual: los niños a menudo pasan el verano en el campo mientras que la madre se queda en la ciudad trabajando, y durante esta larga separación a la madre se le retira la leche.

Mi amiga Buana, de veinte años, me contó su lactancia, digna de medalla de oro: “Me crié en un yurt lejos, en el campo. Mi madre siempre me decía que me la bebiera toda, que era buena para mí. Yo creía que todas los niños de nueve años lo hacían. Cuando fui al colegio, lo dejé.” Me miró con un brillo travieso en los ojos “ Pero aún me gusta beberla a veces”.

Destetarse me parecía un suceso bastante definido. Siempre esperé que, en algún momento, las tomas se reducirían y seguirían reduciéndose hasta que cesaran por completo. Se me retiraría la leche y ya está. Bar cerrado.

En Mongolia no sucede así. Hablando de lactancia con mi amiga Naraa, le pregunté cuándo su hija, entonces de seis años, se había destetado. “A los cuatro años” me contestó, “a mí me entristeció pero ella no quería tomar teta más”. Entonces Naraa me dijo que la semana anterior, cuando su hija había vuelto de una larga estancia en el campo con sus abuelos, quiso tomar teta. Naraa la complació “Me imagino que me había echado mucho de menos" explicó, "y fue bonito. Por supuesto, yo no tenía leche, pero no le importó”.

Pero si “destetar” significa no volver a beber leche materna, entonces los mongoles nunca se destetan del todo, y esto es lo que más me sorprendió de la lactancia en Mongolia. Si los pechos de una mujer están ingurgitados y su bebé no está cerca, irá sencillamente preguntando a sus familiares, de cualquier edad o sexo, si quieren beber. A menudo las mujeres se extraen una taza de leche para sus maridos para darles un capricho, o dejan una poca en el frigorífico para que cualquiera pueda servirse.

Aunque todas hemos probado nuestra propia leche, le hemos dado a nuestras parejas para que la prueben, quizá hemos echado una poca al café en una emergencia ¿no?, no creo que que muchos de nosotras la hayamos bebido a menudo. Sin embargo a todo mongol al que he preguntado me ha dicho que le gusta le leche materna. El valor de la leche materna está tan reconocido, tan firmemente arraigado en su cultura, que no se considera como algo sólo para bebés. La leche materna se usa comúnmente de forma medicinal, se les da a los mayores como una cura para todo, se usa para tratar infecciones oculares así como (dicen) hacer más blanco el blanco de los ojos y más intenso el marrón del iris.

Pero sobre todo, creo que los mongoles beben leche materna porque les gusta el sabor. Una amiga mía occidental que se extraía leche en el trabajo y dejaba la botella en el frigorífico de la oficina se encontró un día la botella medio vacía. Ella se rió: “¡Sólo sospecharía de que mis compañeros se beban mi leche en Mongolia!”

Vivir en otra cultura siempre te obliga a re-evaluar la tuya. No sé cómo hubiera sido dar pecho a mi hijo en sus primeros años en Canadá. La avalancha de observaciones positivas que recibí en Mongolia, así como la aceptación sincera de dar el pecho en público simplemente me asombró, y me dio la libertad de criar a mi hijo de una manera que me parecía natural. Además de las pequeñas diferencias en nuestras costumbres de lactancia, los detalles de cuánto y cuándo, concluí que había una diferencia más grande en nuestros métodos de crianza.

En Norteamérica valoramos tanto la independencia que aparece en todo lo que hacemos. Sólo se habla de qué come tu bebé ahora, y a cuántas tomas has reducido. Incluso aunque no seas la que hace estas preguntas, es difícil escapar de su impacto. Además se venden tantas cosas para que tu hijo se entretenga solo y te necesite menos que el mensaje es claro. Sin embargo en Mongolia, la lactancia no se identifica con dependencia, y el destete no es una meta. Saben que sus hijos crecerán; de hecho, un niño mongol normal de cinco años es mucho más independiente que uno occidental. No hay prisa por destetar.

Probablemente lo más valioso de criar a mi hijo en Mongolia fue que me di cuenta de que hay un millón de maneras de hacer las cosas, y que yo podía elegir cualquiera de ellas. Durante la lactancia de mi hijo tuve varias dificultades, y tomé y deseché ideas y prácticas en mi intento de forjar mi propio estilo. Me alegro de haber amamantado a Calum tanto tiempo: fueron cuatro años al final. Creo que la lactancia fue lo mejor para mi hijo, y que tendrá una influencia duradera en su personalidad y en nuestra relación.

Y cuando gane la medalla de oro de boxeo en la Olimpiadas, espero que me lo agradezca.

Nota: 1. UNICEF Childinfo, "Monitoring the Situation of Children and Women: Infant and Young Child Feeding (2000-2007)" (January 2009).

Ruth Kamnitzer vivió durante tres años en una tienda tradicional de tela en la campiña mongola mientras su marido, Steve, llevaba a cabo unos estudios sobre el gato de Pallas de Asia Central. Es licenciada en Conservación de la Biodiversidad y hoy en día vive en Bristol, Reino Unido, con Steve y Calum.

35 comentarios:

  1. Es un relato precioso! Me alegra tanto poder vivir la lactancia como estas mujeres de Mongolia. Gracias Ileana por compartirlo!

    ResponderEliminar
  2. Me encanto!! Muy interesante!!

    Me sentí identificada con la parte de que es la ayuda más útil para la madre perezosa. Siempre se me ríen de que por cualquier cosa pongo a mi bebé en la teta...

    Un beso, gracias por compartirlo Ileana!!

    ResponderEliminar
  3. Me ha encantado el relato.
    Muchas gracias

    ResponderEliminar
  4. hoy mi niño cumple 18 meses y desde luego no me planteo dejar la lactancia. Es lo mejor que he hecho en mi vida....
    El relato me ha emocionado...

    ResponderEliminar
  5. Jo! qué natural y que idílico! Ojalá fuera así la cosa, los Mongoles son un pueblo que me gusta.

    ResponderEliminar
  6. Hola, Trío Calavera!!! Bienvenida!!!

    Muchas gracias a todas, la verdad que tenemos tanto que aprender con experiencias como estas!!!

    Besos!!!

    ResponderEliminar
  7. ¡Precioso! Me ha encantado la escena de las dos mamás agitando sus pechos para resolver los pequeños roces...¿qué pasaría aquí en España si hago eso en el parque esta tarde? Mi hija tiene ahora 23 meses y no se priva de mamar en cualquier lugar, y cada vez veo más a mi alrededor esas miradas de "ligera incomodidad".
    Gracias por compartir este relato tan revelador.

    ResponderEliminar
  8. precioso, sublime, con tu permiso lo copio en mi blog

    ResponderEliminar
  9. Qué lindo leer esto! Muy interesante y simpático, bien escrito, además. Qué envidia me dan, madres! Si dios me da un bebé, yo le daré mis tetas hasta que ya no quiera más. He dicho.

    ResponderEliminar
  10. Un artículo precioso (además de interesante como todos los que publicas).
    He descubierto tu página hace unos días gracias al facebook y estoy poniéndome al día cuando tengo ratitos libres. Enhorabuena porque es interesantísima. Que sepas que te estoy haciendo propaganda :)
    Mi gordo cumple un año el jueves que viene y seguimos con la lactancia tan felices los dos. ¡Ojalá todas las madres del mundo se dieran cuenta de lo maravilloso y fácil que es!

    ResponderEliminar
  11. Gracias, Asokita, por pasar por aquí y por dejar tu comentario.
    A los bloggers nos gusta mucho que quienes se asoman por aquí dejéis vuestros comentarios: son la "gasolina" del blog, lo que nos anima a seguir compartiendo.
    Un abrazo muy grande y felicidades a ti por vivir tu maternidad tan plenamente y a tu bebote por su primer añito!!!

    ResponderEliminar
  12. las líneas son emocionantes, gracias por compartirlas y poner en palabras el instinto a flor de piel que nos desprende la llegada de un hijo a nuestras vidas

    ResponderEliminar
  13. Mi niño casi 2 años y medio y en la ambigúedad del destete natural. él casi no quiere y yo con la boca abierta viendolo crecer y tomar sus decisiones...

    ResponderEliminar
  14. Me ha encantado tu artículo. Me gustaría que profundizarás más en el destete. Ya que lo has vivido. Entiendo que la mayor parte de destetes era porque la madre se iba a otro lugar por unos días y otros porque el niño así lo decidía...

    ResponderEliminar
  15. Precioso y muy revelador, en el fondo en el mundo occidental nos hemos desvinculado de nuestros instintos más primarios, todo se reduce a una mera cuestión cultural. Me he sentido identificada cuando dice que la primera reacción cuando el bebé llora es darle el pecho, porque es precisamente lo que yo hacía, y creo que son reacciones naturales que todas llevamos en nuestro instinto, lo malo es que en nuestra sociedad se nos dice otro tipo de cosas que nada tienen que ver y que nos ponen muy difícil la lactancia materna. Mi hija va a cumplir 25 meses y sigue enganchada a su "tetilla", espero que por mucho tiempo más porque a las dos nos encanta.

    ResponderEliminar
  16. Mi niño estuvo en la incubadora cuando nació,por prematuro,no pude darle el pecho porque cuando salió del hospital y lo ponia para que mamara,ponia como cara de asco y no sé si es porque se acostumbró a la tetina del biberón o es porque no se agarraba bien porque no tengo mucho pezón.

    ResponderEliminar
  17. me ha encantado!!!!!pero me entristeze que queda mucho aquí y nunca llegaremos a eso yo llevo 13 meses y yo feliz pero me costó lo mío,ahora hay veces que hasta mi propia familia me miran cuando le doy teta pensando que para que le doy tan mayor si come de todo.

    ResponderEliminar
  18. Me encantó el relato y que todo fuera tan natural y solo la madre naturaleza dijera cuando es el momento de parar. Por otra parte, entro en conflicto al pensar que acá en occidente, luego de unos meses debes volver al trabajo y muchas veces eso conlleva a que tengas que parar de amamantar o "cortarte" la leche como se dice acá.
    Espero que las cosas cambien y que se de el tiempo a cada mujer para que puedan seguir haciendo lo que deseen en conjuntos con sus hijos.

    ResponderEliminar
  19. Lindo relato, llevo 7 meses amamantando a mi hijo y es lo mejor que he hecho! a pesar de que los pezones se me destruyeron totalmente me aguante todo el tiempo el dolor puesto que el pensar en darle biberon me hacia sentir mala madre! mi hijo jamas se ha enfermdado y si trata de darle gripe inmendiatamnte desaparecen los sintomas. discuto mucho con las personas que se crecen sabias sobre la lactancia y jamas han leido articulos ni han recibido instrucciones reales sobre ella. FAN #1 DE LA LECHE MATERNA

    ResponderEliminar
  20. Un relato maravilloso! me.encuentro disfrutando de la.lactancia materna con mi bebé desde hace 3 meses y ahora con lo que he aprendida en la Liga de la Leche la llevaremos a cabo hasta que se presente el destete natural. Gracias por compartirlo

    ResponderEliminar
  21. precioso...tengo 3 hijos la mayor tiene 9años y tomo teta hasta los 4 el mediano tiene 5 años y tomo teta hasta ahora que nacio su hermana hace 7meses y el solo dijo que era para la pequeña...asi que llevo dando teta sin parar desde que nacio la mayor...es lo mejor, pero si que es verdad que llega un momento que dejas de explicarlo ya que la gente se cree en el derecho de cuestionar algo tan bello y natural...mis hijos son tremendamente felices!

    ResponderEliminar
  22. Yo llevo 17 meses y continuamos!!!!

    ResponderEliminar
  23. simplemente hermoso ¡¡¡

    ResponderEliminar
  24. Maravilloso. Yo di teta dos años y dos meses y desteté porque simplemente así pasó. Pero este tiempo de lactancia fue maravilloso y me siento muy orgullosa de haberlo hecho porque mi hijo es sano, inteligente, activo y muy gracioso y ocurrente en mucho por la lactancia. En el Perú, así como en la mayoría de países occidentales, todo le mundo jode con que el niño deje la teta. Simplemente aconsejo que hay que cerrar los oídos y hacer lo que te dicta el instinto y como se sienta la madre. Si la madre es feliz dando teta, todo bien, pero si no lo es pues también todo bien hay otras alternativas. Como dice Ruth la maternidad es compleja y una debe hacer lo que más cómoda y feliz la haga sentir

    ResponderEliminar
  25. Me ha encantado!! Era justo lo que necesitaba leer, llevaba días planteando me el destete, pero esto me he echo ver que Dana tiene espíritu Mongol, así que no seré yo quien le diga que no será boxeadora!
    Gracias por la historia!

    ResponderEliminar
  26. Hay me encanto el relato,me recordo que un dia me hice un licuado con mi leche y me gusto jajaja que bueno que no soy la unica.

    ResponderEliminar
  27. Hermoso!, muchas gracias por compartir esta experiencia... que nunca se pierda la maternidad natural, el instinto no falla!!!. Cariños

    ResponderEliminar
  28. Precioso relato, me ha encantado! Mi hijo tiene 26 meses y sigue enganchado a su teta, los primeros 4 meses fueron muuuy duros, yo al contrario de Ruth no tuve "suerte" y me tocó una lactancia complicada, pero con perseverancia y mucho amor aún seguimos. La lactancia que he logrado darle a mi hijo es la mejor batalla que he gado en mi vida.

    ResponderEliminar
  29. Muy buen relato... aquí estoy convenciendo a mi polola que lo lea :), tenemos una pequeña de 5 meses y hasta el momento ha estado a puro pecho y ojala lo este hasta los 4 años... :) si no por ser hombre no voy a estar al tanto de lo que es bueno o malo para mi bebita......
    Muy pero muy hermoso el relato...

    ResponderEliminar
  30. Entonces, Hoy me siento, una mujer Mongola. Grcias por acercarnos a otra parte del mundo, que placer, cuando las personas, el pueblo que te rodea, saben que es tan sumamente bueno. Hace unos días, un amigo, me contaba sobre una mujer que había queso de leche materna, super rico.

    ResponderEliminar
  31. Me encanto!! Muy alentador para una mamá lactante que planea continuar hasta el destete natural. Gracias por compartir

    ResponderEliminar
  32. Me encanto el relato
    ya viajaria a mongolia a degustar
    cuanta vea .
    la leche materna me fascina
    deben de estar bien ricas mmm.

    ResponderEliminar
  33. Que hermoso relato!!! Aquí en Perú la lactancia también es muy natural y yo amamanté a mi bebé hasta los 25 meses porque ella así lo quiso y de vez en cuando la pongo en la teta para calmarla, ahora tiene 33 meses y aún me pide aunq ya no sale nada pero ella es feliz cuando mama... Saludos!!!

    ResponderEliminar
  34. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar