29 de junio de 2010

Una tienda de Valencia reivindica el derecho de amamantar en público.

La tienda de artículos de bebés Nanufacture, sita en la calle Burriana de la ciudad de Valencia, ha tenido la excelente idea de lanzar la campaña "El mundo es mi sala de lactancia" , reivindicando el "derecho de las mujeres a amamantar en cualquier lugar del mundo, sin necesidad de esconderse ni avergonzarse."

A partir del 2 de julio, convertirán su escaparate en una sala de lactancia, y las mujeres que deseen pueden dar el pecho allí, como una especie de "performance" reivindicativo del respeto a la demanda de los bebés a recibir el mejor alimento a cualquier hora y y en cualquier lugar, cuando ellos deseen y necesiten.

Las mamás que participen en el proyecto recibirán una bolsa con el lema:  "Esta es mi sala de lactancia".

¡Excelente iniciativa a la que desde Tenemos Tetas deseamos mucho éxito!



Más información en Facebook: EL MUNDO ES MI SALA DE LACTANCIA

27 de junio de 2010

Monika o la sexualidad femenina

Por Ileana Medina Hernández


Estoy leyéndome "Monika y la Revolución",*  la autobiografía de Monika Krause-Fuchs, sexóloga alemana, coordinadora durante los años 80 de las únicas politicas de educación sexual que se han hecho en Cuba, al amparo de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), organización dirigida durante cuarenta años (hasta su fallecimiento) por Vilma Espín Guillois, la esposa de Raúl Castro, dirigente supuestamente feminista que firmaba ella misma como Vilma Espín "de Castro".

Este libro del año 2002, adquiere hoy nuevas luces, si tenemos en cuenta que su sucesora al frente de las políticas "de sexualidad" en la Cuba nepotista es ahora Mariela Castro Espín, precisamente la hija de quien ella llama "la Presidenta" (de la FMC) y del hoy "Presidente".

El de Monika es un texto sencillo, sin pretensiones intelectuales, sin hablar mal de nadie, sin chismes ni titulares mediáticos (creo que calla mucho más de lo que cuenta), pero tremendamente emotivo y descriptivo de la vida femenina cotidiana en la Cuba comunista.

Cuenta la difícil historia de su propia maternidad en Cuba, sola (su marido cubano -un alto oficial, seguramente de la Inteligencia aunque ella no lo dice- siempre estaba viajando), chocando a la vez con la enorme miseria material del país y con la mentalidad machista tropical.

Y cuenta también la apasionante labor que asumió, apoyada por la misma Vilma Espín, para estructurar y coordinar un programa oficial de Educación Sexual para toda la isla. Los embarazos adolescentes, la falta de planificación familiar, el aborto usado comúnmente como método anticonceptivo (las estadísticas arrojaban casi tantos abortos como nacimientos al año),  el sistema educativo de escuelas-internado donde la sexualidad de los adolescentes tiene vía libre sin el apoyo familiar ni la educación correcta por parte de los maestros, el machismo endémico... pintaban (y pintan aún) un panorama desolador en la isla tropical.

Monika emprendió con entusiasmo un programa formado por estudios e investigaciones, formación a los profesionales de la educación y la salud, conferencias directas en la escuelas, publicación de libros científico-divulgativos, y programas de radio y de televisión. La oposición que recibió fue también feroz.

Una de las anecdótas más interesantes que cuenta es cuando recibe la visita de un "macho herido" que casi quiso golpearla y que le espetó lo siguiente:
"Mónica, tú eres culpable de los muchos divorcios, de la destrucción de tantas y tantas parejas; tú tienes la culpa de que las mujeres de repente nos exijan cosas de cuya existencia ni siquiera sabían antes de la existencia de este libro maldito. Mira, yo tengo mucha experiencia, he tenido muchas mujeres y ahora la mía está en huelga. Me echa en cara que yo soy como un gallo que monta a una gallina, hace dos o tres movimientos y cuando suelta la leche se baja y se echa a dormir y que ella no siente nada y que ella tiene derecho a sentir placer, que esto lo dice este libro de mierda, que yo soy un egoísta, un macho chapucero, sí, me llamó macho chapucero, y desde entonces no se me levanta más. Esta muerta. No hay forma de que se me levante. Esto no lo aguanta nadie. Tú tienes la culpa de haberme convertido en un guiñapo impotente y que me mi mujer me exija algo que no puedo dar. "(...)
Me resulta increíble que en plena década de los 80 cosas como estas fueran comunes, y probablemente lo sigan siendo. Me pregunto cuán lejos estamos los seres humanos todavía de conocer nuestra sexualidad y mucho más aún la "misteriosa" sexualidad femenina. Monika misma lo describe:

"Muchas mujeres aceptaban, además, las exigencias sexuales de sus maridos o compañeros como una necesidad auténtica y se sentían en el deber de satisfacerlos a ellos, aun en detrimento de la propia satisfacción -en el supuesto caso de que conocieran las posibilidades de disfrute sexual-. Recibí llamadas de mujeres, cartas de mujeres que me reprochaban haber inventado cosas que no existían, como las de las necesidades sexuales iguales, del orgasmo, de las sensaciones fabulosas, que todo esto era cuento, pura fantasía morbosa. Algunas incluso llegaron a decirme que estos fenómenos tal vez existirían en Alemania, donde la gente no tenía vergüenza, donde hombres y mujeres juntos iban a la playa en cueros ¡qué barbaridad! pero que para las mujeres cubanas decentes que se respetaban a sí mismas todo esto resultaba inadmisible y que dejara de meterles el mono en el cuerpo."
Esto me ha recordado inmediatamente a las reacciones y debates actuales frente a la evidencia de que el embarazo, el parto y la lactancia son parte de la sexualidad femenina.

¡Si hasta hace muy poco tiempo las mujeres incluso desconocían -o desconocemos- la naturaleza del orgasmo femenino, ¿qué podemos esperar?! Decir hoy que el parto es una parte importante de la sexualidad femenina, y que como tal puede ser vivido, que no necesita ser intervenido ni observado ni perturbado, sino simplemente protegido, parece algo de locos para muchos.

Reivindicar la lactancia con placer como la última parte del ciclo de la sexualidad femenina, durante la cual la libido de la mujer, bajo la égida de la oxitocina y la prolactina, está dirigida hacia el cachorro que necesita ser alimentado y cobijado por su madre permanentemente, parece más que una utopía.

Las mujeres -y también los hombres- desconocemos la mayoría de los aspectos que tienen que ver con nuestra sexualidad, empezando por el propio acto sexual, y también por todo lo que de él se deriva. Los medios de comunicación nos venden una sexualidad infantilizada, llena de tópicos machistas y superficiales, en una sociedad cada vez más "erotizada" pero muy ignorante de cómo funcionan los procesos más básicos de nuestros propios cuerpos.

La lectura del libro de Monika ha sido para mí reconfortante desde muchos punto de vista, como cubana, como mujer, como madre. Da una idea, gigante, del camino que aún queda por recorrer.

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*Krause-Fuchs, Monika: Monika y la Revolución. Una mirada singular sobre la historia reciente de Cuba, Centro de la Cultura Popular Canaria, Tenerife, 2002. Prólogo de Jesús Díaz.

Me entero ahora de que existe también una película sobre Monika, llamada "La reina del condón", cuyo tráiler puede verse aquí.

23 de junio de 2010

El abrazo materno no es un "método"

Por Casilda Rodrígañez Bustos

"Lo peor que le puede suceder a una criatura al nacer
es no ser recibido por su madre, y permanecer separado de ella."


El pasado 2 de junio salió en El País este articulo, que también esta circulando por nuestras redes. Las personas no informadas pensarán: qué bien, que la criatura esté con su padre y no en manos de un personal sanitario que le aplica un protocolo de inspección clínica. Y yo creo desde luego que es un mal menor para la criatura. La pregunta es ¿por qué no se hace el tipo de cesárea con anestesia epidural que se ha comprobado permite a la madre estar consciente y recibir ella misma a su bebé?

Nils Bergman (2002) dice que para la criatura al nacer sólo hay dos situaciones posibles, que resume con un juego de palabras: ‘mother’ y ‘other’ (‘madre’ y ‘otros’); y lo hace para trazar una línea divisoria que deja claramente definido el único hábitat que la criatura reconoce como adecuado y tranquilizador, el cuerpo de su madre; y que el estar sobre cualquier cosa o persona que no sea su madre no lo reconoce y le produce stress. Bergman insiste en ello aunque es obvio que los grados de stress pueden ser muy diferentes, y la gravedad de los impactos correspondientes también; y que es mejor que escuche voces familiares, aunque su principal fuente sensorial que en esos momentos guía sus impulsos, el olfato, esté recibiendo señales irreconocibles.

Creo que si Bergman centra su explicación en la dicotomía mother/other (madre/otros), es porque si dedicamos nuestro esfuerzo y nuestro trabajo a reducir el mal menor del ‘other’, podremos incluso sin quererlo, estar de hecho participando en el mantenimiento del mal esencial, la eliminación de la madre, por utilizar una expresión de Odent.

Lo peor de la dominación y del sistema represivo no es la conducta que impone sino la que impide que se desarrolle. (Lo segundo peor es que la devastación se produzca de manera invisible, porque entonces no se puede actuar conscientemente para evitarla).

Y lo que se impide con la eliminación de la madre es el normal desarrollo del sistema neuro-endocrino-muscular del que depende todo el metabolismo basal de la criatura recién nacida, convirtiendo un proceso natural en un proceso patológico (Bergman 2002). Además, al bloquear el sistema de la criatura, también se bloquea el de la madre, con lo que también se bloquean los sistemas de retroalimentación y autorregulación mutuos. En cambio, la introducción de la patología sirve para retroalimentar la intervención de la medicina. Así se produce el sabotaje de la función femenino-materna y de la vida humana en su etapa primal.

Por ello, dice también Bergman (2005), cualesquiera que sean las circunstancias, lo peor que le puede suceder a una criatura al nacer es no ser recibido por su madre, y permanecer separado de ella. Y también sabemos que la cesárea no tiene por qué ser un motivo que impida que la madre abrace a su criatura desde el momento en que es extraída del útero.

Seguimos pues con todo tipo de excusas en nombre de la ciencia para la eliminación de la madre (Odent), aunque la ciencia ya haya probado que dicha eliminación es una violación del cuerpo de la criatura (Bergman 2005).

Asi es como llegamos a esta propuesta del método madre canguro, aliado de un tipo de cesárea que físicamente elimina a la madre. Césarea y método madre canguro se convierten en otra fórmula para ejecutar el matricidio moderno.

La conversión en España del Kangaroo Mother Care en el Metodo Madre Canguro no es inocente. El Método Madre Canguro, a diferencia del abrazo materno, lo puede practicar cualquiera, convirtiéndose en otro ritual de interferencia del continuum del sistema sexual materno y del acoplamiento de la díada madre-criatura.

El abrazo materno brota del interior del cuerpo materno, y es el único cuerpo que puede producirlo; no tiene nada que ver con método alguno, funciona por el propio impulso del deseo y tiene su propia sabiduría.

La diferencia entre el abrazo definido por el método y el abrazo que brota del impulso interior, la experimentamos a menudo y es fácil de reconocer; es la diferencia entre un abrazo o un beso que se da porque nos sale de dentro, y un abrazo o un beso que se da en cumplimiento de una formalidad convencional, socialmente establecida.

El beso y el abrazo que recibimos nos alcanza de modo diferente según el deseo de quien nos besa y nos abraza. No hacen falta palabras para saber si un beso es un protocolo formal o si hay algo de deseo y de afecto verdadero; nadie nos tiene que decir la intensidad y matices del deseo de quien nos abraza y nos besa, ni tampoco medir la cantidad de oxitocina en la sangre para saberlo. Aunque en el caso de la maternidad, sí se han medido las descargas de oxitocina en la madre inmediatamente después del parto y sabemos todo lo de la impronta, etc... A pesar de lo cual parece que da igual que sea un cuerpo que otro, puesto que no se trata de que actúe el sistema sexual del continuum materno, sino de seguir un método; un método que puede seguir cualquiera, incluso el cuerpo más disciplinado y aséptico.

Y así nace una nueva función patriarcal del hombre y una nueva legitimación de la eliminación de la madre: practicar el método madre canguro. Como dice Victoria Sau, ¡La Madre ha muerto! ¡viva el Padre! Y como diría Agustín García Calvo: ¡Pobres hombres!.

P.D.

1) Las referencias de Nils Bergman son:
* 2002 : Restoring the original paradigm: documental en inglés que se puede conseguir a traves de La Liga de la Leche (Francia) o www.kangaroomothercare.org. Existe una versión en castellano que se puede descolgar en Youtube, en seis partes: Nils Bergman Restaurar el Paradigma 1, 2, 3, 4, 5 y 6.
Hay que advertir que en esta versión en castellano hay dos errores de traducción:
- uno de ellos es que a veces el 'care' inglés (= 'cuidado' en castellano) se ha traducido por 'método';
- el segundo error es la traducción del 'niche' inglés (= 'nicho' en castellano). En biología el nicho es el conjunto de funciones que una especie realiza en su hábitat correspondiente;
Bergman utiliza estos conceptos para explicar que la relación madre/criatura es una relación de habitat/nicho, puesto que un bebé recién nacido solo puede desarrollarse con normalidad en su hábitat, el cuerpo materno; pues este 'niche' inglés se ha traducido por 'nido', trastocando muchas explicaciones.


* 2005 : Le Portage Kangaroo, Jornadas de la Liga de la Leche, Francia, Paris, marzo 2005, publicadas en un monográfica de  dicha asociación. Este texto esta traducido por mí y colgado en : sites.google.com/site/rescatandotextos. La traducción de La liga de la leche de España presentada en sus Jornadas de Bilbao, Noviembre 2005, contienen varias decenas de errores en frases y conceptos importantes.

2) En cuanto a la expresión de Michel Odent 'eliminación de la madre': es de su artículo ¿El Final del Asesinato de Cristo?, en la revista L' Arc nº 73. Se puede descargar también en castellano (traducción de Jerónimo Bellido) en sites.google.com/site/rescatandotextos

3) La expresión de Victoria Sau es de su artículo en la revista Duoda: La maternidad: una impostura; m = f (p) (madre igual a función del padre), 1996.

4) La de Agustin Garcia Calvo: es el título de su conferencia en el ciclo sobre LA CONDICIÓN MASCULINA (1989) organizado por la Asociación Antipatriarcal (del lado de los niños y de las niñas) en colaboración con el departamento de Sociología IV de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, de La Universidad Complutense de Madridcuyo director era en aquellos añosJESUS IBAÑEZ, también ponente del ciclo. Otro ponente fue el también fallecido JOSEP VINCENT MARQUES (por cierto que el título de su ponencia también es jugoso por demás: 'La importancia de ser importante').

El ¡Pobres hombres! de Agustín hace referencia a lo que supone para los hombres su condición patriarcal.

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Artículo tomado del Blog de Casilda Rodrigáñez Bustos, Pulpos y Medusas.

22 de junio de 2010

¿Cuánto me quieres? ¿Más que...? ¿Tanto como...? ¿Menos que...?

                                                (Reflexiones sobre la adopción II)


Por María Berrozpe**


Hace unos años, a raíz del nacimiento de su primera hija, un viejo amigo me comentaba que si no fuera porque la pequeña llevaba sus genes, no aguantaría las noches que le daba. Yo le dije que yo no llevaba los genes de mi padre, pero que él se había pasado muchas noches de mi primera infancia paseando conmigo en brazos, pasillo arriba/pasillo abajo, hasta que me quedaba dormida. Él me contestó que yo no podía saber si mis padres me querían tanto como si hubiera sido hija biológica. Que eso era algo que nunca sabría. Que yo sí les quería a ellos porque no tenía a nadie más, pero que ellos hubieran querido más a un hijo biológico. Me diréis que, con este tipo de amigos, ¿quién necesita enemigos? Pero yo conozco las circunstancias personales de este viejo amigo y por eso ni me ofendieron, ni me dañaron sus palabras. En cualquier caso fue sincero y puso sobre el tapete unas palabras que más de uno piensa pero nadie se atreve a decir.

Seamos sinceros: generalmente la adopción es la segunda o tercera opción para tener hijos. Ciertamente, hoy en día me estoy encontrando muchas parejas que tienen una visión más “igualitaria” de la adopción como medio para formar una familia y la encaran como la primera opción, o una opción al mismo nivel que la paternidad biológica. Pero esto no es lo más común. La paternidad biológica suele ser lo más deseable, hasta el punto de someterse a verdaderas torturas con tratamientos para conseguir una fecundación “in vitro” o incluso llegar a “alquilar” el vientre de otra mujer que geste su propio hijo biológico (o debería decir “genético” porque en este caso entra en juego una mujer embarazada que es la “madre biológica”, sea o no sea la generadora del óvulo fecundado). Muchas parejas, cuando llegan a los procesos de adopción, llevan años de sufrimiento, dolor y desencanto. En este caso ¿qué encuentra el niño que pasa a ser su hijo? Se dice que somos los hijos más deseados ¿es cierto? Ellos desean con locura ser padres pero, ¿nuestros padres? O ¿los padres de su propio hijo biológico?

Preguntas duras que seguro que han pasado por nuestras cabezas de niños adoptados. Da miedo hacérselas. Da miedo abrir la caja de Pandora para mirar dentro y sumergirse en todos los sentimientos que conlleva esta situación.

¿Me quieren mis padres tanto como si me hubieran parido? Muchos padres adoptivos contestáis: “incluso más”. Yo personalmente eso no me lo creo. No se puede querer más de lo que se quiere a un hijo, a cualquier hijo. Yo no me imagino queriendo a mi hijo mayor más que al segundo, ni al segundo más que al tercero, ni a ninguno más que a uno adoptado. Les quiero “hasta el infinito” y ya está. ¿Los querría menos si no los hubiera parido? No , de eso estoy segura. Si ahora me viene un fulanito y me dice: señora, mire, le cambiaron a su bebé en la maternidad y este no es su hijo. Bueno, pues lo siento en el alma pero SÍ es mi hijo y no me separan de él ni con una grúa. Entonces ¿se quiere a un hijo adoptado como a uno biológico? Pero ¿acaso quiero igual a cada uno de mis hijos? ¿Qué significan ese “cómo” y ese “igual”?

Intentemos analizarlo y para eso me voy a uno de los momentos más importantes de mi vida: el día que vi una puntito positivo en mi primera prueba de embarazo. Ese día se cumplía uno de mis sueños: el de ser madre. Era un hijo deseadísimo, que nos había venido fácilmente, sí, pero no por eso menos deseado o valorado. Desde ese momento empecé a quererlo. Durante nueve meses lo incubé dentro de mí, lo imaginé y lo amé. Llegó el día en que nació, en un parto largo y difícil con epidural y oxitocina sintética. ¿Qué le dije?: “Hola cariño, soy mamá….. ayyy!!! pero que feito eres!”. Y es que el bebé rosado y redondito que tenia en mi cabeza no cuadraba con aquella ranita larguirucha, azulada y con cabecita de marciano. Me costó sentirlo mío.

Siguiendo mi costumbre, haré de nuevo referencia a los estudios que Michel Odent ha recopilado en su banco de datos sobre salud primal. Basándome en ellos, puedo suponer que posiblemente fue la oxitocina sintética que utilizaron para acelerar mi parto la que, al inhibirme la oxitocina natural, evitó toda la cascada hormonal necesaria para que me “enamorara” de mi bebé nada más nacer. El caso es que lo miraba y no sentía ese amor arrebatador que me había imaginado que iba a sentir por él. Sólo me sentía extenuada y con ganas de irme a mi cama. Y durante las horas siguientes, no sentí ninguna necesidad de cogerlo en brazos o darle el pecho. Estaba como alucinada y simplemente miraba a esa criatura que acababa de salir de mi cuerpo.

En cambio, con los dos siguientes fue muy diferente: en estos casos no hubo oxitocina sintética, sólo hormonas naturales. Sobretodo con el tercero, que fue mi parto soñado. Cuando vi al bebé que Carolina (mi comadrona) había dejado entre mis piernas, pensé que era la criatura más impresionante, maravillosa, milagrosa y amada del universo.

Por lo tanto, basándome en mi experiencia y en los estudios recopilados por Odent, puedo deducir que la preparación hormonal natural en mi organismo durante los dos partos siguientes (no intervenidos) me predispuso para enamorarme instantáneamente de mis bebés ese primer momento tras el nacimiento. Y a la larga ¿Qué influencia tuvo? ¿Quiero más a mi hijo pequeño que a mi hijo mayor? Absolutamente NO. A la larga el amor se desarrolló y llegó “al infinito” en los tres casos. Cierto que me costó un poco más sentir mío a mi primer hijo, que tuve más problemas con la lactancia (ya que no me lo puse al pecho en esa primera hora tras el parto, sino casi 24 horas más tarde) y que necesité más días para “conectar” con él que con el tercer bebé (lo que también se puede explicar porque con el primero no tenía experiencia y con el tercero sí). Pero parece evidente que, a largo plazo, el amor maternal en los humanos es independiente de esa cascada hormonal que se da durante el nacimiento y determina absolutamente el instinto maternal en el resto de mamíferos (Hasta el punto de que si se interfiere en el proceso, las madres mamíferas ”no racionales” rechazan y abandonan a sus crías hasta dejarlas morir).

Entonces ¿cuál es la clave en los humanos para amar a nuestros hijos? A diferencia del resto de mamíferos, nosotros tenemos un neocórtex que domina sobre partes más primitivas de nuestro cerebro, de manera que nuestro comportamiento no está absolutamente determinado por nuestros instintos. Para mí, la clave del amor maternal en las mujeres (y no hablo de los hombres porque yo no se lo que podéis sentir vosotros, pero una frase que acabo de leer en un post y que dice: "Los hombres siempre adoptamos. Mi primer contacto con mis hijos fue cuando me los pusieron en brazos", me da una idea) está en saber que esa criatura tan pequeña e indefensa es TUYA y depende de ti. Eso, junto con el deseo sincero y profundo de ser madre, activa nuestro antiguo y animal “instinto maternal” permitiendo que se desarrolle en nosotras ese “amor hasta el infinito” que sentimos por nuestros hijos (paridos y adoptados).

Pero ¿qué ocurre con la herencia? ¿Está en esta pregunta el “kit” de la cuestión? Porque tu hijo biológico va a tener la mitad de tus genes (y la otra mitad de tu pareja) y eso lo vas a ver en mil detalles como su nariz, o su pelo, o sus andares o su temperamento. Seamos sinceros, ya lo dice Joan Manuel Serrat: “a menudo tus hijos se te parecen, así nos dan la primera satisfacción” (de “Esos locos bajitos”).  Nos encanta ver trocitos de nosotros en ellos. Por eso muchos padres adoptivos buscan y encuentran similitudes, y les encanta cuando les dicen que su hijo se les parece en tal o cual característica. Y a los hijos también nos gusta parecernos a nuestros padres. A mí me encanta que me digan que tengo el genio de mi madre o que soy tan buenaza como mi padre. De niña decían que era igualita a mi tía (y madrina) Julia, que tenía sus mismos ojos.

Lo cierto es que cuando crías un niño éste se te va a parecer, incluso físicamente. En una telenovela que vi hace años, un padre adoptivo (cuya hija acababa de enterarse de que no era su padre biológico) decía: “no tendrás mis ojos pero tendrás mi mirada, no tendrás mi boca pero tendrás mi sonrisa”. Pensé que era cierto. Al fin y al cabo los seres humanos somos los que nacemos más prematuramente entre los mamíferos y eso nos da una oportunidad única: la de “aprender”. Durante nuestro desarrollo aprendemos de nuestros padres más que ninguna otra especie. Nacemos con una genética determinada, eso es cierto, pero la manera en que nos hemos desarrollado (y se han expresado esos genes) depende de nuestro ambiente mucho más que en el resto de mamíferos. Así que ni es exagerado ni forzado decir que nos parecemos a nuestros padres, porque nos parecemos realmente. A diferencia del resto de animales (*), los seres humanos no sólo transmitimos una herencia genética, sino también una herencia cultural, y creo que esta última, a la larga, acaba teniendo mucho más peso que la primera, ya que determina en gran medida la expresión de la primera. Cuando un hijo adoptado llega a adulto, creo que no es inexacto decir que ya tiene muchas más características debidas a la herencia cultural de sus padres adoptivos que a la herencia genética de sus padres biológicos.

En cualquier caso, la realidad es que nuestra herencia genética no viene de nuestros padres y creo que todos los adoptados tenemos ciertas características que no acaban de “encajar” del todo con nuestra familia y en concreto con nuestros padres. Esto es especialmente evidente con las adopciones interraciales, pero incluso en las adopciones intrarraciales se nota. En general las más evidentes son las características físicas porque son las menos influenciadas por el ambiente: somos más morenos o más rubios, o más altos o más bajos, o nuestras facciones son claramente diferentes.

Pero también hay características que conciernen a nuestro temperamento claramente determinadas por nuestros genes. Eso no es un problema por sí mismo. Al fin y al cabo los hijos biológicos tampoco son clones genéticos de sus padres. El problema es vivirlo como algo negativo. Si a los padres les afectan e intentan ignorarlas, o las ven como algo amenazador y negativo, el hijo también lo hará y se avergonzará de ser como es. Intentará camuflarse inventando ese “falso yo” que se parezca más a su familia adoptiva. No se da la oportunidad a sí mismo de ser como es y de adaptarse desde ese “yo” verdadero. Tal vez esta idea no sea del todo consciente pero está ahí. Algunos adoptados hemos pasado por la fase de intentar parecernos todo lo posible a nuestra familia porque creíamos que así hacíamos felices a quienes más queríamos en el mundo: a nuestros padres.

Y la pregunta que tanto miedo nos da hacernos: ¿pero condiciona realmente esta falta de consaguinidad el amor de nuestros padres? ¿Nos quieren menos porque no llevamos su ADN? Y, si nos parecemos más, ¿nos quieren más?

Es evidente que en el mundo de los mamíferos no humanos sí es así, hasta el punto de que en diversas especies – como gorilas y osos - los machos matan a las crías de otros machos para acoplarse con la madre y dejarle su propia descendencia. Pero nosotros somos humanos. Ya he comentado anteriormente que no me imagino cambiando el amor que yo siento por mis hijos, si de repente me dijeran que no son mis hijos naturales. Imposible. El amor que siento por ellos es tan inmenso, tan profundo, tan “infinito”… totalmente imposible de saber cómo es hasta que te toca sentirlo. Durante mi primer embarazo no tenía ni idea de que iba a sentir algo tan fuerte por mi hijo. Y en el segundo embarazo me parecía imposible poder querer al segundo bebé como quería ya al primero. Pero evidentemente pude. Desde luego esa frase que dice que “el amor es lo único que cuando se divide toca más a cada parte” tiene toda la razón.

No sé si existen estudios que comparen la maternidad/paternidad biológica y adoptada en cuestiones de amor. Por mucho que los estudios en salud primal demuestren la importancia del parto natural en el enamoramiento entre madre e hijo, o en la capacidad de amar del hijo, no se pueden ignorar los sentimientos de millones y millones de padres y madres por sus hijos, hijos adoptados o nacidos en partos no naturales o cesáreas. No, en este caso sólo me puedo basar en lo que yo siento y en mi propia experiencia. Mi experiencia me dice que no me puedo imaginar a mis padres queriéndome más de los que me quieren, ni queriendo a un hijo natural más de lo que me quieren a mí. Se que me quieren “hasta el infinito”, me lo han demostrado toda mi vida, y me lo demuestran cada día. Un amor que sólo tiene un “rival”: el amor que sienten por sus nietos, por mis hijos. Seguramente mis padres nunca hubieran adoptado de haber podido concebir, pero una vez que me adoptaron me amaron “hasta el infinito” como yo amo a mis hijos, como todos los padres deberían amar a sus hijos (y afortunadamente, la mayoría hacen).

Desgraciadamente existen madres y padres que no aman a sus hijos, pero desde luego no depende de la consaguinidad porque, precisamente, creo que se ven más casos de desamor relacionados con padres y madres naturales que con padres y madres adoptivos. Estoy convencida de que mucha gente que piensa que sería incapaz de querer a un hijo adoptado con la misma intensidad que quiere a uno natural, lo dice desde el desconocimiento. No te puedes imaginar lo que vas a querer a tu hijo hasta que lo tienes en brazos y esto es aplicable a los hijos naturales y biológicos. Creo que si a estas personas les ponen un bebé/niño en brazos y les dicen: a partir de ahora depende de ti, es tu hijo/hija, sólo entonces verían que no tenían razón, y que el amor por esa criatura va a llegar a donde tiene que llegar: hasta el infinito.

Hace aproximadamente 40 años (uff, 40!) una enfermera me puso en brazos de mi madre a los dos días de nacer. Mi madre y mi padre se abrazaron y lloraron juntos. Desde entonces me sintieron suya y como tal me amaron y me aman. Yo no tengo ninguna duda.


(*)Aunque muchas especies también tienen capacidad de apredizaje y una cierta transmisión de conocimientos de padres a hijos, no llega, ni de lejos, al nivel de los humanos.
 
 
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(**) María Berrozpe es madre de tres hijos, doctora en Ciencias Biológicas, monitora de La Liga de la Leche, y colaboradora de Tenemos Tetas.



21 de junio de 2010

¿Dónde está la fuerza?


¡¡¡Frente a la violencia, la guerra, la competitividad, el egoísmo, la avaricia, la desigualdad y la prepotencia del patriarcado desarrollista, no hay arma más fuerte que esa: la madre, la tierra, la teta, el amor, la calma, la ternura, la oxitocina!!!!

¿Quién tendrá que vencer para que la vida continúe?

Foto| "La lucha de los Sin Tierra", Luiz Vasconcelos

19 de junio de 2010

La "mala semilla", el "falso yo" y el período primal

(Reflexiones sobre la adopción I)

"Muchas características que tradicionalmente se han considerado hereditarias son el resultado del ambiente vivido durante la etapa primal."

Por María Berrozpe*

Muchas veces he reflexionado sobre los dos tipos de paternidades: padres adoptivos versus padres naturales (o biológicos), hijos adoptivos versus hijos naturales. ¿Cuáles son las diferencias? ¿Cuáles las similitudes? ¿Cómo lo vivimos todas las partes? Se me ha ocurrido ir escribiendo estas reflexiones y compartiéndolas con vosotros. Esto me ayuda a sacar de mí pensamientos relativamente “amorfos” para ponerlos en palabras exactas que me ayudan a tener una idea clara de lo que pienso y siento.



----------------- “La Mala Semilla”, el Falso “Yo” y el Periodo Primal ----------------------


Como hija adoptiva –adoptada a los dos días de nacer en el año 1970- he vivido la adopción de una manera muy diferente a como la viven hoy miles de niños varias décadas más tarde. Los cambios han sido, sin ninguna duda, para mejor. La adopción ha dejado de ser un tabú, algo que ocultar o, en el mejor de los casos, disimular. Hoy se reconoce el derecho de los hijos a conocer su situación de hijos adoptados, ya que existe una ley que obliga a los padres a dar esta información. Hoy, muchos padres adoptivos son los que se preocupan de conocer las circunstancias exactas en las que se produzco el nacimiento y posterior cesión de su hijo, para tener toda la información en la mano el día en que su hijo esté preparado para preguntar y querer saber. Hoy se reconoce que la separación de la madre natural ha dejado una huella - una herida primal - en el bebé adoptado, por pequeño que este fuera en el momento de la adopción.

En mi época la adopción era la segunda opción cuando la pareja no podía concebir de manera natural. Cuando un hombre y una mujer se casaban, ser padres era algo automático y obligatorio. Las mujeres tenían que ser madres ya que para ello eran educadas desde su más tierna infancia. Cuando ese hijo tan deseado no llegaba, no había más opción que adoptar. Pero lo más deseable era que la adopción pasara lo más desapercibida posible: que el bebé llegara recién nacido y que pasara por natural a partir de ese momento y para el resto de su vida. Se suponía que no tenía que tener ningún recuerdo de su cambio de padres y por lo tanto, en el futuro no tendría ninguna curiosidad ni ninguna necesidad de saber o contactar con su familia biológica.

Hemos de entender que en la época en la que se desarrolló esta actitud había un absoluto desconocimiento sobre la etapa primal del ser humano y su repercusión en la vida adulta. El término “periodo primal” lo acuñó Michel Odent en 1986 y se refiere a la etapa que cubre el periodo de desarrollo intrauterino, parto y primer año de vida extrauterina. Hasta el momento había una total ignorancia sobre el efecto que tendría esa etapa de nuestro desarrollo en nuestra vida adulta.

Se pensaba que el bebé no sentía, no pensaba y no recordaba. Se llegó al extremo de operar a los bebés sin anestesia, convencidos de su incapacidad para sentir dolor. El bebé recién nacido se veía como una hoja en blanco, sin historia previa, que todavía necesitaría unos meses para convertirse en un ser  “racional”. Con esta filosofía y falta de conocimiento sobre el desarrollo físico y psicológico del ser humano en esta importantísima etapa de su vida, no es raro que la idea de “herida primal”, recientemente expuesta por Nancy Verrier (en 1993 fue la primera edición de su libro The primal wound. Understanding the adopted child), hubiera sonado a cosa de locos. Para llegar a aceptar este concepto han hecho falta muchos estudios en neurología, psicología y biología del desarrollo.

En este contexto, muchos de nuestros padres optaron por “ignorar” la adopción, llegando a extremos realmente absurdos, como en el caso de la típica pregunta en la consulta de un médico: “¿Tiene antecedentes de tal o cual cosa?” a lo que nuestros padres respondían sin ninguna duda “sí” o “no” dependiendo de sus propios antecedentes. Muchos padres incluso prefirieron no informar a sus hijos de su condición de adoptados: ¿para qué? No vieron ninguna necesidad. Muchos de estos hijos se han enterado de su condición de adoptados siendo ya adultos y por pura casualidad, como nuestro Enrique Vila. Otros lo hemos sabido siempre, pero hemos sentido esa necesidad de disimular nuestra condición, como si fuera algo “no tan bueno” como ser “hijos naturales”. Por mucha naturalidad que nuestros padres han intentado mostrarnos cuando hablábamos del tema o preguntábamos, siempre hemos sentido que no era algo de lo que ellos quisieran hablar, que se sentían incómodos, que mejor callar, olvidar y hacer como si no existiera.

¿Qué consecuencias tiene esta actitud? La principal, bajo mi punto de vista y por mi propia experiencia, es la creación del “falso yo”, perfectamente explicado por Nancy Verrier en su libro The primal wound. El adoptado necesita crear una personalidad que le permita integrarse sin problemas en su familia adoptiva. Aprende a camuflarse: hace suyos características y deseos que no lo son. Todos los hijos pasan una etapa de “diferenciación” natural y deseable, en su proceso hacia la independencia. En nuestro caso, por lo menos en el mío, intenté anular esta necesidad de “diferenciación” respecto a mis padres por el miedo a que mis diferencias pusieran en evidencia esa “gran verdad oculta” subyacente y dormida en mi interior que era mi desconocido origen biológico. Pero los humanos no somos camaleones y asfixiar así una personalidad tiene un precio.

Uno de los problemas principales está en la interpretación de todo el comportamiento conflictivo del hijo adoptado como consecuencia de su origen biológico y de su condición de adoptado. Esta interpretación no sólo la hacen los padres o la familia adoptante en general sino, principalmente, la hacemos los propios hijos. De esta manera se crea un sentimiento de vergüenza y culpa totalmente desproporcionado a la acción que lo genera. Ciertamente, parte del comportamiento “conflictivo” del hijo adoptado será consecuencia de todas las circunstancias que han rodeado la adopción, pero una gran parte será, simplemente, normal. Y la parte que es consecuencia de su condición de adoptado no lo será tanto por su herencia genética sino por el trauma de la separación - la herida primal al la que se refiere Nancy Verrier – y/o el estrés en el útero materno al que estuvo sometido como consecuencia de ser el producto de un embarazo no deseado, y/o las condiciones en las que tuvo que vivir hasta llegar a los brazos de su familia. Precisamente, los bebés adoptados nada más nacer, somos los que más hemos sufrido con esta mentalidad de determinismo biológico porque se ha ignorado completamente el efecto que el periodo primal tuvo en nuestro desarrollo, dejando como único responsable de nuestras características personales a la herencia genética.

A raíz de mi propia maternidad empecé a sumergirme en la nueva línea de investigación que suponía el periodo primal del ser humano. Estudios como el de Huttunen et al (Huttunen MO, Niskanen P. Prenatal loss of father and psychiatric disorders. Arch Gen Psychiatry 1978 Apr;35(4):429-31) que demostraban que un factor estresante afecta más al ser humano en su periodo intrauterino que en su primer año de vida extrauterina, llamaron fuertemente mi atención. Descubrí otros trabajos que demuestran el impacto de un embarazo no deseado en el feto y el posterior desarrollo de una psicopatología (Myhrman A, Rantakallio P, Isohanni M, et al. Unwantedness of a pregnancy and schizophrenia in the child. Br J Psychiatry. 1996 Nov;169(5):637-40), o el impacto que tiene la depresión durante el embarazo en el comportamiento social del feto en su vida adulta (Maki P, Veijola J, Rasanen P, et al. Criminality in the offspring of antenatally depressed mothers: a 33-year follow-up of the Northern Finland 1966 Birth Cohort. J Affect Disord 2003 May;74(3):273-8). Con estos y otros muchos estudios, ha quedado demostrado que el desarrollo del cerebro de una persona está fuertemente influenciado por el estado anímico de su madre durante el embarazo.

Se ha demostrado que la tendencia a desarrollar comportamientos antisociales y enfermedades como la depresión o la esquizofrenia, puede venir determinada no sólo por los genes (aunque, en ciertos casos, también) sino por el ambiente intrauterino en el que se desarrolla el feto. Muchos son estudios relativamente antiguos, pero ha hecho falta que alguien los recopile y los ponga en perspectiva para que podamos tener una idea general de un tema que ha sido sistemáticamente infravalorado durante años: la salud primal y su repercusión en la salud del ser humano adulto. (Si estáis interesados sobre el tema os remito a esta página web donde Michel Odent hace una interesante recopilación de estudios sobre salud primal en diversos ensayos). Creo que todos estos descubrimientos son especialmente importantes para nosotros porque podemos asumir que nuestra gestación ha sido - cuanto menos - problemática ya que, o bien somos hijos no deseados, o bien fuimos gestados en unas condiciones estresantes para nuestras madres biológicas.

Pero el periodo primal no concluye con el desarrollo intrauterino. Michel Odent da especialmente importancia en sus escritos a la influencia que el parto, su evolución y su medicalización, tienen a largo plazo en la salud del ser humano (Michel Odent, The long term consequences of how we are born. Primal Health Research. A New Era in Health Research. Summer 2006. Vol 14, Nº1). Si un parto natural no intervenido es de por si difícil (en las condiciones que se han dado y se dan en nuestra sociedad en los último siglos), en nuestro caso (bebés cedidos tras el parto) es prácticamente imposible.

Sólo tras parir a mis hijos he sido capaz de comprender un poco el trauma terrible que supone para una mujer parir a un bebé del que no será madre. Yo, gran defensora del parto extático, del parto como una experiencia sublime y única en la vida de una mujer, no puedo más que pensar que el parto de nuestras madres naturales debió de ser el infierno en la tierra porque en esas circunstancias sólo hay un sentimiento que predomina: dolor, dolor y más dolor. Si a eso añadimos el intervencionismo absurdo (como el hecho de dormir a la madre (sólo) en el momento del expulsivo para que no viera a su bebé) y el manejo duro e impersonal que sufrimos tras el nacimiento -privándonos de nuestra madre natural de manera brusca y definitiva- a la luz de las teorías de Odent, Chamberlain, Gerhard o Gutman, no podemos ignorar el efecto que todo esto ha podido tener en nosotros y en nuestro desarrollo posterior.

Según Odent, durante gran parte de la historia reciente de la humanidad el ser humano ha interferido en el momento justo después del nacimiento interrumpiendo toda la cascada hormonal que permite un “enamoramiento” entre madre e hijo y que determina, no sólo el apego instintivo de la madre por su bebé, sino también la capacidad de amar (amar al otro y amarse uno mismo) que tendrá en el futuro el bebé recién nacido. De esta manera se han conseguido individuos más agresivos y capaces de competir en sociedades cada vez más agresivas ( Michel Odent. La vida fetal, el nacimiento y el futuro de la humanidad. Textos escogidos de Michel Odent, Ed. Obstare, 2007).

¿Qué repercusión puede tener todo este conocimiento para nosotros, hijos adoptados, bebés cedidos o abandonados? En primer lugar cuestiona claramente el determinismo biológico y esa creencia popular tan arraigada de “la mala semilla”. Incluso muy recientemente, amigos con los que he tocado el tema de la adopción, expresaban su preocupación de que el bebé adoptado tuviera una genética desconocida y potencialmente “mala”. Creo que todos estos estudios demuestran que muchas características que tradicionalmente se han considerado hereditarias, de hecho son el resultado del ambiente vivido durante la etapa primal.

¿Cuál es la diferencia? Pues que una cosa es pensar que un ser humano es intrínsecamente “malo” y otra muy diferente es ver que un determinado ambiente lo ha empujado a ello. Esto último deja la puerta abierta para producir un cambio, por mucho que un determinado ambiente “negativo” haya configurado las conexiones neuronales de una determinada manera, o haya desarrollado más o menos determinados centros cerebrales. Pongamos un ejemplo: un bebé adoptado que es realmente difícil: llora continuamente independientemente de lo que sus padres intenten hacer para calmarlo. Si la madre piensa que su hijo es así porque su madre biológica es una persona “problemática” y el bebé lo ha heredado, se siente absolutamente incapaz de cambiar una situación a la que el determinismo biológico hace imposible cualquier solución. Es posible que el niño ya quede tildado de “difícil” para el resto de su vida y que todo su comportamiento se interprete desde el punto de vista de “la mala semilla”.

Si en lugar de eso ella sabe que su bebé está exteriorizando el dolor que sufrió durante un embarazo no deseado y estresante, o en un parto traumático, o durante el abandono en el orfanato, o debido a la separación de su madre de acogida temporal, sabe que puede hacer algo por su hijo. Puede cogerle, quererle, trasmitirle su amor y su seguridad. Sabe que lo que ella haga tiene una consecuencia positiva en su hijo y, sobretodo, que puede contrarrestar esas primeras experiencias negativas de su pequeño. Sabe que, si bien el cerebro de su hijo sufrió durante su desarrollo las consecuencias de un periodo primal “estresante”, puede redirigir este desarrollo, desarrollo que sigue produciéndose porque los seres humanos somos los más plásticos de todos los mamíferos y nacemos prematuros precisamente para poder aprender, más que ninguna otra especie (Sue Gerhardt: El amor maternal. La influencia del afecto en el desarrollo mental y emocional del bebé, Ed. Albesa, 2008). Saber que su hijo no está determinado a ser conflictivo sino que un determinado ambiente le obliga en este momento a ser conflictivo, conlleva una gran diferencia a la hora de enfrentar el problema.

Desgraciadamente, la teoría de “la mala semilla” pertenece a una de las leyendas populares más arraigadas hasta nuestros días (aunque muchos al leerme ahora pongáis cara de “noooo, yo no creo eso”). Numerosos ejemplos en la literatura clásica (como Oliver Twist de Charles Dickens) o diferentes películas, mayoritariamente de terror (como La mala semilla del director y productor Mervyn LeRoy), han perpetuado esa idea del bebé que nace malo porque sus padres o antepasados son malos. Un pensamiento inconsciente que nos ha afectado a todos los adoptados en mayor o menor medida, condicionando nuestro desarrollo.

Afortunadamente la ciencia apunta en sentido contrario: Si bien es cierto que hay patologías claramente hereditarias y relacionadas con mutaciones en uno o varios genes, en la gran mayoría de los casos de comportamientos conflictivos y/o antisociales no es así. La selección natural no puede crear seres humanos “malos” porque esto iría en contra de su supervivencia individual y de la propia especie. La maldad no está inscrita en nuestros genes. Pero un determinado ambiente puede condicionar a un ser humano desde el mismo momento de su concepción a tener determinados problemas de salud físicos y mentales, a la vez que puede incrementar la probabilidad a que desarrolle comportamientos antisociales. Lo bueno de este punto de vista es que deja abierta una puerta al cambio y a la sanación, de manera que nuevas influencias positivas pueden compensar las anteriores negativas.

¿Y como nos influye este conocimiento a nosotros, hijos adoptados? ¿Cuántos no hemos pensado en algún momento que la tristeza, ansiedad, rabia, odio…  y todo el arsenal de sentimientos negativos que hemos sentido en nuestras vidas no eran producto de unos genes o de una naturaleza “mala”? ¿Cuántos no hemos pensado que tal vez nuestros padres biológicos no eran de la misma “calidad” que los adoptivos, y por lo tanto nosotros tampoco estaríamos a la altura de nuestra familia? ¿Cuántas veces nos hemos sentido obligados a esconder todos los sentimientos negativos, todos esos comportamientos conflictivos porque los achacábamos a nuestros orígenes biológicos y no al desarrollo normal de una persona o a la expresión de un dolor verdadero y genuino que debe de ser reconocido?

Todo lo que he aprendido sobre salud primal me ha abierto los ojos y ha dado sentido a una gran parte de mi vida. Empecé a profundizar en el tema por mis hijos, pero al final la gran beneficiada por esto conocimientos soy yo misma porque me ha reconciliado con una parte de mi misma que trataba, infructuosamente, de sofocar. Para la mayoría de nosotros, nuestros padres han sido unos padres maravillosos pero, como bien dice María Barbon, ni han podido ni han sabido (porque nadie les ayudó ni les enseñó) ser buenos padres adoptivos.

Afortunadamente para las nuevas generaciones de adoptados, la mentalidad de la sociedad está cambiando. Desgraciadamente todavía quedan rescoldos de la vieja mentalidad determinista, como bien se ve en numerosas anécdotas que cuentan los padres adoptivos en la página de FB del grupo Sí, es negro/chino; sí, es mi hijo… y sí, me estás tocando los cojones, anécdotas que aunque en su mayoría hacen reír, también dan mucho que pensar.

Pero los nuevos padres adoptivos están mucho mejor preparados y se enfrentan a su maternidad/paternidad de una manera más abierta y sana. En muchos casos, la maternidad/paternidad adoptiva ya no es una mera sustituta de la biológica. Los padres adoptivos ya no sienten esa necesidad de equiparar su maternidad/paternidad con la maternidad/paternidad biológica como si esta última marcara un nivel al que la primera debe llegar (de lo que sea ese nivel). Ahora, cada vez más, la adopción es otra opción para formar una familia, con unas características propias que no se intentan ni ignorar ni obviar. Esto juega claramente a favor de los hijos, que podrán expresar abierta y totalmente su naturaleza, sus sentimientos y sus conflictos sin vergüenzas ni sentimientos de culpa.

Pero todavía no todo es de color de rosa. A mi entender, la legislación actual todavía ignora la importancia del periodo primal en la vida de una persona. Ciertamente poco pueden hacer para mejorar el estado psicológico de una mujer embarazada que ha decidido dar a su hijo en adopción (aunque todos los esfuerzos en mejorar las condiciones de estas mujeres, sobretodo en cuanto a la aceptación social de su decisión, serían bien recibidos). Pero todavía se puede hacer mucho para que los bebés recién nacidos estén cuanto antes en brazos de sus padres definitivos. Ya se que es muy difícil. Compaginar el derecho del bebé a permanecer con su madre biológica, con su derecho a estar cuanto antes con una madre que le desee y le quiera y le dé las condiciones necesarias para crecer sano en todos los aspectos, cuando la madre biológica no quiere o no puede, parece casi imposible. Pero habrá que hacer un gran esfuerzo. Porque hoy en día miles de bebés se pasan sus primeras semanas o meses de vida en familias de acogida y, cuando ellos ya han establecido el vínculo con su cuidador (tan fundamental para su supervivencia), son entregados a la familia definitiva, lo que debe de suponer un trauma terrible que hoy por hoy se ignora. Y porque miles de niños crecen en centros para menores ante la imposibilidad de la ley de quitar la custodia a unos padres que en realidad no se ocupan de ellos, por lo que sea, eso aquí da igual, pero lo que debe primar es el bienestar de los niños.

 
*María Berrozpe es mamá de tres niños, doctora en Ciencias Biológicas, monitora de La Liga de la Leche y colaboradora de Tenemos Tetas.

14 de junio de 2010

Los cuentos infantiles

Por Ileana Medina Hernández

Corrió el rumor por ahí de que la Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, quería "prohibir" los cuentos clásicos, y, como siempre, la crítica le ha llovido encima. A veces, determinadas ministras (siempre ministras y no ministros) se ganan la fama de "tontas de la película" y en cuanto abren la boca todo el mundo se "descojona" de ellas. Creo que esto le pasa a la pobre Ministra de Igualdad por diversas causas, algunas de ellas
más o menos justificadas por sus propias pifias, y otras venidas de reacciones -sin ninguna duda- machistas.

Ya el Ministerio ha explicado que en ningún momento pretendió prohibir estos cuentos, sino que se trata de una campaña que propone el uso de otro tipo de materiales didácticos. No prohibir unos, sino incentivar otros:
"Este cuaderno propone buscar cuentos no sexistas, ya que las historias infantiles "suelen estar llenos de estereotipos", pues "casi todas las historias colocan a las mujeres y a las niñas en una situación pasiva en la que el protagonista, generalmente masculino, tiene que realizar diversas actividades para salvarla", como son los cuentos de la Bella Durmiente, la Cenicienta o Blancanieves."(La Razón, 7 de abril de 2010, Igualdad propone vetar cuentos "sexistas" como Blancanieves).
Aunque algunas veces estoy en contra de las llamadas políticas "de género", en muchas otras estoy completamente a favor. Esta vez estoy de acuerdo con el Ministerio de Igualdad (no con prohibir Blancanieves ni con mandar a la hoguera ningún libro, que eso sería una estupidez además de una violación de libertades) sino en alentar la lectura de otro tipo de cuentos más constructivos.

Estoy a favor, aunque creo que no por las mismas razones que se alegan habitualmente, y que intentaré explicar en este post.

En mi casa tengo ediciones preciosas de los cuentos de Hans Christian Andersen y de los hermanos Grimm, elegidas cuidadosamente por amor a la literatura, al diseño gráfico, a la cultura popular y pensando que seguro mi hija los disfrutaría también.

Es mi hija todavía pequeña (no ha cumplido aún los tres años), pero me encuentro con que ella solita, sin que nadie aplique censura previa, rechaza -al menos de momento, con tan tierna edad- este tipo de cuentos.

Mi hija de tres años no sabe de enfoques "sexistas", ni se da cuenta aún de que las princesas de los cuentos populares son "pasivas y dominadas por el macho" ni le produce a priori ningún rechazo que el único objetivo vital de la princesa sea casarse con un príncipe.

A mí tampoco. Confío sobradamente en la forma en que estoy educando a mi hija, y sé que estos cuentos no harán que ella en el futuro tenga como único objetivo en la vida "dar un braguetazo". Claro que no.

¿Qué es lo que ve mi hija entonces en estos cuentos que le produce rechazo? ¿Y qué me ha hecho ver a mí?

Comienzo a leer el cuento de Blancanieves. De pronto aparece una señora con una cara de muy mala, y ya mi hija me dice "mamá, pasa la página". Procuro seguir leyendo y me encuentro con un texto como este:
Entonces la reina, llena de ira y de envidia, mandó a llamar a un cazador y le ordenó:

- Llévate a Blancanieves al bosque, mátala y como prueba de haber realizado mi encargo, tráeme en este cofre su corazón.
No sé si a un niño de 10 ó 12 años este pasaje le pueda resultar interesante o divertido. A mi hija le produce repulsa, aún sin saber muy bien qué es "matar" ni qué cosa es siquiera el corazón (como órgano biológico).

La sensibilidad de mi hija -y seguramente la de muchos otros niños cuya alma haya sido suficientemente cuidada- rechaza de plano la violencia de la que parten la mayoría de estos cuentos clásicos: lobos que comen, cuartos oscuros, brujas asesinas, madrastras malignas ("¿y por qué mamá? ¿por qué la tienen encerrada en la cocina? ¿por qué no le prestan su traje? -Porque es muy mala, mi amor. -¿Y por qué es mala, mamá?)

No tengo respuesta para esas preguntas tan inocentes de mi hija. Así, que las preciosas ediciones de los Hermanos Grimm han vuelto a lo alto de la estantería, esperando que algún día sepa apreciar en ellas otras cosas, quizás la belleza de sus ilustraciones.

Creo que la razón principal por la que proponer a los niños otro tipo de cuentos diferentes a los clásicos, no es el peligro de los trajes brillantes de princesas: es la violencia implícita que hay en ellos.

Al menos cuando los niños han sido criados con amor, con teta, con acompañamiento nocturno, con satisfacción de sus necesidades emocionales, con seguridad y confianza, con un clima familiar amoroso... es muy probable que esos cuentos terminen resultándoles violentos, terminan siendo rechazados por ellos mismos, sin que haya necesidad previa de censurarlos.

Todos sabemos que los cuentos infantiles clásicos son tremendamente crueles. No comparto la filosofía de "más cruel será la vida". No. Creo que cada uno tendrá la vida que sea capaz de labrarse, la vida que él mismo atraerá. Tampoco creo en el hecho de, porque la vida vaya a traer crueldades, ya tiene uno que irlas dando en casa de antemano. Al contrario, creo que es precisamente el amor y la paz que se vive en casa, lo que les protegerá y hará fuertes frente a las crueldades externas que algún día se presentarán.

Es verdad que la infancia de la humanidad fue así de cruel hasta hace muy poco tiempo, sabemos que los derechos de los niños son un invento bien reciente. Quizás esos cuentos reflejan los sueños que provienen de infancias maltratadas, huérfanas, llenas de miseria, de injusticia, de autoritarismo, de soledad, de incomprensión, de rechazo en el propio hogar... que ha sido lo común durante siglos de dominio patriarcal, de madres e infancias abusadas. Esos cuentos son hijos de una época y un lugar, de una época que no debe olvidarse, pero creo que tampoco es necesario presentarlos como modelos a los niños, al menos antes de que sepan captar la dimensión histórica de los mismos.

Y voy más allá. Sí, son cuentos patriarcales. No sólo porque la princesa sea pasiva (mi hija ayer mismo jugaba ser ella la "caballera" que va a "poner a dormir" al dragón, para rescatar a la princesa), no sólo porque reproduzcan estereotipos machistas... sino porque en su mayoría guardan en su seno el secreto patriarcal que los Ministerios de Igualdad y los feminismos al uso no se atreven a desvelar: el CRIMEN DE LA MADRE.

Todos los cuentos clásicos parten de una madre muerta.

La muerte de la madre sería el desecandenante total de la desgracia, lo que trae como consecuencia la llegada de la madrastra mala, de la suplantadora cruel, enemiga de la princesa y causante de todos sus sufrimientos, que sólo podrá exorcizar y remediar a través del matrimonio, a través de la unión con el hombre "ideal".

Aparte de cruel, este principio trágico de la mayoría de los cuentos infantiles es de un gran simbolismo. Un simbolismo que, paradójicamente, contribuye a desenmascarar al propio poder patriarcal que se reproduce a través de ellos.

La desgracia de la humanidad provendría pues del matricidio, de la ausencia de madre, de la Falta Básica, de la ruptura primal. Esa es la lectura oculta que hay detrás de los mitos patriarcales, todos los cuales parten de una madre pecadora, virgen, ausente o muerta.

La madre amorosa, el principio femenino, la madre corpórea y sexual,  la madre valorada y apoyada socialmente, la madre plena presente en la infancia de los niños... evitaría la tragedia, la violencia, el sufrimiento, el mal. Esa es la segunda vuelta de tuerca que el feminismo al uso (el de "que da lo mismo una madre que un padre" y "una teta que un biberón") no alcanza a vislumbrar.

Mi madre me trajo de Cuba hace poco algunos libros infantiles que aún quedaban por casa, de cuando nosotros éramos pequeños. Muchos eran rusos, editados en español en la propia Unión Soviética para enviar a Cuba.

Hay uno que no recordaba de nada, y cuando lo abro, me quedé boquiabierta. Cualquier psicoanalista elemental haría su agosto con este autor. Voy a dejarles con un fragmento para concluir este post, para que veáis de qué clase de violencia hablamos, de la violencia originaria, de la violencia primaria, de  la raíz de toda la violencia humana:

"A Mus le han pegado.
Chipa, la mamá de Mus, le ha dado una paliza. Lo aleja de sí.
Mus la molesta. Chipa no le hace caso a Mus ahora.
Chipa espera y espera: pronto tendrá otros gatitos, nuevos mamonzuelos muy pequeñines. Chipa ha encontrado ya sitio: la cesta. Allí dará de mamar a los gatitos y les cantará tonadillas.
Mus teme ahora a su mamá, y procura mantenerse a distancia. A nadie le gusta que le peguen por nada. Los gatos tienen la costumbre de amamantar a los pequeños y ahuyentar a los mayores. Pero a mamá Chipa le han quitado los cachorros recién nacidos. Chipa anda buscando a los gatitos, los llama. Chipa tiene mucha leche y no puede dar de mamar a nadie."
(Charushin, Evgueni: Por qué Mus no caza pajaritos. Editorial Progreso, Moscú, 1976.)

11 de junio de 2010

Tejedoras de amor y amistad

Por Ileana Medina Hernández


"Las mujeres somos tejedoras:
nos tejemos con hombres, niños y unas a otras
para proteger la tela de la vida."
Maureen Murdock

La blogosfera es una de las grandes maravillas de la era Internet. Por primera vez, ciudadanos comunes podemos poner por escrito aquello que sentimos y pensamos, y dejarlo por ahí, al alcance de quien quiera leerlo, al alcance de quien tropiece con nosotros y quiera compartir estos retazos de reflexiones, pedazos de vida, intentos de hacernos comprender, de comunicar, de compartir...

Un nuevo género ¿periodístico? ha nacido: el "post" o entrada de blog, tan diverso como blogueros existen, pero caracterizado casi siempre por sus contenidos de la vida cotidiana -que no tienen cabida en los medios tradicionales; por mezclar otros géneros (opinión, crónica, relato literario, humor...) y por mezclar lenguajes (escritura, música, videos, hipertexto...)

La red, como su nombre indica, permite que tejamos lazos, que vayamos saltando de un sitio a otro, encontrar y que nos encuentren personas que aunque viven al otro lado del mundo, coinciden con nuestra forma de ver y entender la vida.

Especial dimensión han cobrado dentro de la red los blogs dedicados a la maternidad  y la crianza (y también a la paternidad, aunque más escasos, no menos importantes). Un tema de la vida cotidiana, que queda fuera de las agendas de los grandes medios, pero que es importantísimo para la sociedad en su conjunto, y que ha encontrado en Internet un espacio donde dedicarle la reflexión que merece en nuestras vidas.

En esta "blogosfera maternal", una encuentra también buenas amigas, y eso es precisamente lo que premia este regalo que me han hecho Mamá de Mateo, e Irene, de Ser Mamás.

Paso pues este premio a su vez a mis preciosas amigas de la red, mamis nutricias que combinan gran inteligencia con generosidad sin límites, maravillosas tejedoras de amor y amistad:

Hago recíproco el premio a Caro, Mamá de Mateo, que parecemos almas gemelas. ;-)

Hago recíproco el premio a Irene, de Ser Mamás, bióloga lúcida y alegre, que desde que descubrió FB, alegra mis mañanas por allí :-)
Aprecio y premio la amistad de Elena y Ramón, de Mente Libre, maestros y amigos, cuyo espacio es un oasis de sabiduría.
Aprecio y premio la amistad de María Giachino, del blog Espacio Nutricio, mujer sensible e inteligente, discípula de la Gutman, con quien encontré gran "feeling" desde el primer momento.

Aprecio y premio la amistad de Dara, del blog Tu encuentro con la maternidad, es un placer leer sus análisis lúcidos y compartir con ella puntos de vista y de encuentro.

Aprecio y premio la amistad de Begoña, de Ahora la madre soy yo, que venimos del mismo mundo profesional y a ambas nos ha pillado y cambiado del mismo modo la sorpresa de la maternidad.

Aprecio y premio la amistad de Esther, de 38 años y 1 día, que me encanta su estilo de escribir, su humor y su enfoque maternal.

Aprecio y premio (y echo un poco de menos, que está un poco perdidilla de la red) la amistad de Mónica de Felipe, del blog Grupo Maternal, mujer inteligentísima y con un enfoque científico-racional-espiritual-transpersonal integrador de la maternidad, que me encanta y me enseña muchísimo.

Aprecio y premio la posibilidad de compartir el mundo lírico y ternísimo de Áurea, de Tetonitos, su blog es un regalo de amor, belleza y paz.
Aprecio y premio la amistad de Louma, de Amor Maternal, que compartimos juntas ciento y una razones para defender la lactancia materna ;-)-
Aprecio y premio la amistad virtual con Paola, de AventurEcofeminista, gran defensora del parto libre y de los derechos femeninos.
Aprecio y premio la amistad de Nohemi, de Mimos y Teta, mujer valiente y emprendedora, ejemplo para mí de madre y mujer luchadora, de vivir de acuerdo con aquello en lo que cree, y de ayudar a los demás.
Aprecio y premio la amistad de Miriam, de Crianza y Confianza, otra mujer valiente, sensible, y encantadora, cuyas reflexiones conmueven y hacen pensar.

Y para terminar, aunque no pertenece a la blogosfera maternal, quiero mencionar otro blog:
 Aprecio y premio los consejos musicales de un buen amigo, La gramola de Locomotoro, diseñador de la banda sonora de muchos de mis días. ;-)
A todos ellos, muchísimas gracias por hacer mi vida cada día un poquito mejor!!!

10 de junio de 2010

¡La leche materna: primer alimento para campeones!

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La Organización Panamericana de la Salud (OPS) está celebrando el acontecimiento deportivo más importante del mundo con una campaña para promover el mejor alimento para bebés del mundo: la leche materna.

La campaña, vinculada a la Copa Mundial de la FIFA de este año en Sudáfrica, se centra en los beneficios de la lactancia materna para los bebés y las madres. Su lema es: “La leche materna: ¡Primer alimento para campeones!”.

El eje de la campaña es un afiche que los aficionados al fútbol pueden usar para llevar la cuenta de los resultados de los partidos de la Copa Mundial. El afiche, que lleva como título: “Dos grandes pasiones de mi vida: Fútbol y pecho”, transmite a los lectores el mensaje de que: "Para el mejor comienzo en la vida, su bebé debe recibir sólo leche materna durante los primeros 6 meses. Luego, la lactancia materna debe continuar con alimentos complementarios por 2 años o más".

El afiche, que está disponible en el sitio web de la OPS, se puede bajar, imprimir e incluir en un periódico como apéndice o como solo como afiche. También se puede incluir en los sitios web como archivo electrónico.

Por medio de folletos producidos en español, francés, inglés y portugués, la campaña de la OPS subraya los siguientes datos sobre la lactancia materna:

El inicio temprano de la lactancia y la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida de un bebé previenen la defunción de los recién nacidos y los lactantes, principalmente porque reduce el riesgo de que padezcan enfermedades infecciosas.

Alrededor de una quinta parte de las defunciones neonatales (menos de 1 mes) podrían evitarse si se amamantaran a todos los recién nacidos durante la primera hora de vida.

Los niños que son amamantados durante siete a nueve meses tienen, en promedio, un cociente intelectual seis puntos más alto que los que fueron amamantados durante menos de un mes.

La lactancia materna reduce el riesgo de que los bebés contraigan enfermedades crónicas como la diabetes de tipo II.

Los beneficios de la lactancia materna son aún mayores para los bebés prematuros y de peso bajo al nacer.

La lactancia materna ayuda a las madres a que pierdan peso y reduce el riesgo de que padezcan cáncer de mama y ovárico, así como diabetes de tipo II.

Aunque casi todos los recién nacidos pueden amamantarse en la primera hora de vida, en casi la mitad de los países de las Américas a más del 50% de los recién nacidos no les se da esta oportunidad.

Las notas descriptivas y los afiches pueden bajarse del sitio web de la OPS y se están distribuyendo en toda América Latina y el Caribe.

El jugador Hernanes habla de la importancia de la lactancia materna:


 
El jugador Miranda habla de la importancia de la lactancia materna:
 

Otra psicóloga habla de la maternidad y sus dilemas

.-.

Si algo está claro es que el tema de la maternidad, paternidad, crianza... merece más espacio en la opinión pública. Que se hable, que se debata, que se escuchen y se expresen todas las partes. Que cada una sea libre de construir su maternidad desde dentro de sí misma, y no desde los estereotipos sociales.

Esta entrevista publicada hoy por el diario La Vanguardia, contribuye a ello. (Como nota curiosa, Gemma Cánovas es hija de la conocida feminista Victoria Sau, autora de El vacío de la maternidad).

Gemma Cánovas: "La mujer vive la maternidad como si fuera una delincuente"


La psicóloga clínica trata a mujeres que sufren psicológicamente a causa de la actual percepción social y cultural del hecho de ser madre

Raquel Quelart
Barcelona
10/06/2010

Es una de las experiencias más gratificantes pero, a la vez, comporta sufrimiento. Ser madre requiere un gran esfuerzo en la sociedad de hoy en día, donde los referentes clásicos de la maternidad se entremezclan con estereotipos tan dañinos como el de "mujer 10" - activa, bella y trabajadora incansable. Sin embargo, lejos de alcanzar la felicidad, muchas de las que se empeñan en conseguir estas metas irrealizables acaban desarrollando cuadros de ansiedad, estrés, malestar crónico y demás enfermedades. Así lo ha podido comprobar la psicóloga clínica Gemma Cánovas, autora del libro El oficio de ser madre. La construcción de la maternidad, a lo largo de su amplia carrera profesional asesorando a centros psicopedagógicos, escuelas, guarderías y centros de atención para la mujer. En este escenario se ha encontrado "abuelas ejerciendo de madres más que de abuelas, madres desgastadas por horarios pensados para hombres de perfil clásico y jornadas extenuantes". Cánovas asegura que "a veces se olvida que toda madre es una mujer, un ser humano con una trayectoria vital determinada, con sus propios deseos y necesidades".

- ¿Por qué es un oficio ser madre?

- La palabra "oficio" tiene una connotación artesanal. El ejercicio de la maternidad es una labor a largo plazo, una construcción, que no se puede hacer en serie como una pieza de fábrica.

- Exacto. El título de madre no lo dan en la sala de partos ni con el certificado de idoneidad para adoptar a un hijo. ¿En qué se fundamenta?

- En la experiencia vital, aunque ninguna mujer parte de cero: todas hemos tenido una madre y hemos ido asimilando los mensajes que nos llegan a través de la sociedad y la cultura.

- ¿Los estereotipos sociales y culturales sobre la maternidad han perjudicado a la mujer?

- Sí, ya que le atribuyen una capacidad innata para criar a los hijos sin esperar nada a cambio. Como colectivo, nos han adjudicado el rol de grandes cuidadoras no cuidadas.

- Vaya, qué injusticia.

- Ser madre no significa dejar de tener tus propios deseos, expectativas, limitaciones, ni dejar de escucharte a ti misma. Pero, en cambio, social y culturalmente, cuando una mujer tiene un hijo pasa a existir sólo en función de su rol como madre.

- …

- Pondré un ejemplo: una mujer que decide pedir una excedencia o una reducción de jornada para criar a su hijo no lo está haciendo mejor o peor que otra que decide trabajar. Son maneras diferentes de enfocarlo y todas tienen que ser respetadas. La cuestión básica es que sean libres para escoger, pero ahora no lo son.

- ¿Ah, no?

- Antes se las presionaba para que se quedaran en casa cuidando de los hijos, ahora es a la inversa: no pueden dejar de trabajar. Si deciden hacerlo, habrá, incluso, otras mujeres que las miren mal.

- Y esto también repercute en los niños.

- La maternidad será mejor cuando las madres aprendan a escucharse a sí mismas, porque si están mal, los hijos también lo estarán. Y esto que parece tan simple, no es tan fácil a la práctica. Los arquetipos clásicos de la maternidad la idealizan potenciando el perfil de la madre sacrificio, lo cual no es sano. Tampoco significa que tengan que ser narcisistas, pendientes todo el día de sí mismas.

- Según esta lógica, ¿qué es la maternidad?

- Es importante que las mujeres no lo vivan como un mandamiento, que quieran ser madres porque toca – comprarse el piso, casarse y tener hijos. No se puede plantear así una cuestión tan trascendental en la vida.

- ¿Y qué debemos hacer antes de tener un hijo?

- Reflexionar, contactar primero con el deseo, porque si una mujer busca la identidad femenina en la maternidad, no la encontrará. Además, un niño nota cuando realmente la madre está insatisfecha y buscando respuestas en él que no puede encontrar.

- ¿Qué tipo de respuestas?

- ¿Qué es una mujer? Es la pregunta que siempre tenemos en el inconsciente. La respuesta no está únicamente en la maternidad, sino también en el trabajo, la amistad, la familia, ámbitos a través de los cuales también se puede sentir realizada.

- ¿Y qué ocurre cuando centra su vida en la maternidad?

- Puede surgir el síndrome del nido vacío, que padecen muchas mujeres cuando sus hijos se hacen adultos y se emancipan. Sienten un gran vacío existencial y se preguntan: Y ahora, ¿cuál es mi misión en el mundo? Lo pasan muy mal.

- ¿Surgen otros problemas?

- Existe otro peligro: la inhibición del niño, que no rinde en el colegio y/o actúa como si fuera mucho más pequeño para la edad que tiene. Aparece como consecuencia de una demanda inconsciente de la madre para que no crezca. ¡Traté el caso de un niño a quien la madre le daba de comer en la boca con ocho años de edad!

- Increíble.

-La otra cara de la moneda son los padres que hacen crecer a sus hijos antes de tiempo, una tendencia que aumenta año tras año, según explican psicólogos, educadores y maestros. Y es que cada vez hay más niños que hacen cosas que no les pertenecen para su edad.¡Hay que con siete años ya no juegan con juguetes y niñas que con diez años van pintadas a clase!

- ¿Y cómo reaccionan los padres?

- Se sienten impotentes delante de esta tendencia social. Si en la familia no hay conciencia de ello y no se cultiva suficientemente el diálogo con los hijos o los temas que se tratan son superficiales, estos mensajes encuentran un terreno abonado. Los padres tendrían que ir contracorriente y plantar cara a las presiones económicas y mediáticas.

- Pero muchas veces no tienen suficiente tiempo para dedicar a los hijos.

- También es cierto. Muchas madres tienen que hacer largas jornadas laborales y cuando llegan a casa, cansadas, aún les esperan las tareas domésticas.

- ¿Ser madre es más difícil hoy que hace 30 años?

- En este aspecto sí. Las mujeres reciben un doble mensaje: por un lado, tienen que continuar ejerciendo a la perfección la maternidad, como hicieron sus abuelas o sus madres, y por el otro, hacer frente a un estilo de vida completamente diferente, con presiones para ser siempre activas y económicamente solventes.

- Vaya, el estereotipo de "la mujer 10".

- Y como es difícil compatibilizarlo todo, se sienten culpables. Esto causa altos niveles de ansiedad, ciertos grados de depresión y sobre todo malestar psicosomático que se traduce en enfermedades físicas.

- ¿Cómo cuáles?

- Cansancio crónico, dolor en las articulaciones, problemas para conciliar el sueño, irritabilidad, dificultades al tratar con la pareja o al mantener relaciones sexuales. Un síntoma es que cada vez hay más mujeres de 40 años con reuma, una enfermedad que antes padecían más las mujeres de 60 años.

- Pero siempre se ha dicho que las mujeres son más fuertes que los hombres.

- La mujer ha sido durante años la sostenedora tradicional de la familia y se ha acostumbrado a sufrir, pero eso pasa factura. Las mujeres jóvenes de hoy podrían llegar a la vejez en peores condiciones que sus madres o abuelas.

- Pero cada vez son más las que deciden retrasar la decisión de tener un hijo.

- Es cierto, aunque es muy importante que no vean en la maternidad sólo la dimensión de sacrificio. Lo que tiene que cambiar es la mirada social respecto a este tema: una mujer que se quede embarazada no debería ser penalizada en el trabajo. En cambio, actualmente, la mujer vive la maternidad como si fuera una delincuente, cuando es algo que se tendría que cuidar y proteger. Una sociedad que descuide a sus mujeres y niños es una sociedad que no se quiere a sí misma porque los niños son el futuro.

- ¿Los roles del padre y de la madre son diferentes?

- Las funciones son cada vez más intercambiables – no todas, obviamente-, pero hay que diferenciar las vivencias. Está comprobado que cuando una madre llega cansada o irritada a casa, ese estado anímico lo transmite al niño. La criatura recibe con más intensidad los sentimientos de la madre que los del padre hasta los cinco años de edad.

- Pero a veces las madres tienen sentimientos negativos respecto a sus hijos.

- La maternidad se ha mitificado y se habla poco del sentimiento de hartazgo respecto a los hijos que pueden sentir algunas madres en determinados momentos de su vida. En este sentido, hay madres que me han llegado a decir que sintieron ganas de soltar el cochecito del bebé en plena calle porque tenían un mal día. Pero no es lo mismo pensar que actuar. Lo primero es admitirlo y hacerse preguntas. A lo mejor descubren que no se están dando suficiente espacio para ellas mismas.

- ¿Los futuros padres sin demasiado tiempo deberían tener hijos?

- Sí, en esas condiciones tienen que tratar de priorizar la calidad del tiempo que estén con sus hijos y no tanto la cantidad. Cuando estén con ellos, que disfruten al máximo de la relación, que favorezcan el diálogo y sepan captar sus necesidades.

- ¿Algún consejo más?

- Si se tiene que distanciar a menudo de su hijo, intente trazar un hilo invisible con su subconsciente.

- ¿Cómo hacerlo?

- Una amiga que por razones de trabajo tenía que viajar bastante me explicó que, cuando estaba fuera de casa, le decía a su hijo pequeño que cada noche mirara una estrella, que ella al mismo tiempo también la estaría mirando y así se conectarían. También hay madres que les dibujan un corazón y les dicen: "Mira, mientras yo esté trabajando, tú estarás en la guardería o con los abuelos, pero, ves, acuérdate de que siempre te llevo dentro de mi corazón".

Nota: Los destacados en rojo son míos.

8 de junio de 2010

Sobre el valor "normativo"

Por Ileana Medina Hernández

A partir de los interesantísimos comentarios que se han suscitado en el post anterior, voy a poner en limpio un comentario que dejé allí. He disfrutado muchísimo con los comentarios que se han formulado, con un gran nivel de profundidad y respeto.

Dice Ecohumanist,  que el problema que ella le ve al enfoque científico- fisiologista de la maternidad, es que tiene "valor normativo" y creo que tiene razón. Me encantó el concepto de "valor normativo" y me parece muy útil para trabajar con él.

Tendríamos que intentar distinguir entre el "valor normativo", y el "valor descriptivo/ explicativo".

La ciencia por sí misma no tiene valor normativo. Sólo explicativo.

Que luego el ser humano utilice las explicaciones del mundo, las visiones del mundo que se generalizan en un momento determinado, para construir sus normas, es otra cosa.

Cuando yo uso el paradigma fisiológico, o el paradigma psicoanalítico (este último sólo en parte, que su falocentrismo no lo quiero para nada) lo uso para explicarme el mundo, no con valor normativo. Uno no vive según dice ningún autor, ni ningún paradigma científico. Yo vivo, y luego, en el mejor de los casos, intento explicarme por qué soy así.

Para explicar por qué somos cómo somos, hay que tirar de aportaciones de distintas disciplinas... de conocimientos y experiencias distintos que uno va adquiriendo a lo largo de la vida, hasta que en un momento determinado dice: todo encaja, este es el mosaico ¿coherente? de mi visión del mundo.

Yo podría intentar explicar mi conducta maternal desde la espiritualidad. Hay maravillosos blogs de madres que así lo hacen, y coinciden en la visión con nosotras. (Como por ejemplo, El rumor de las libélulas). Creo que el relato de la maternidad se ha convertido en un género importantísimo dentro de la blogosfera, un género que no había existido en ningún soporte anterior.

Me formé en el conocimiento científico, y prefiero explicarla desde el punto de vista científico, aunque de vez en cuando se me van ramalazos de espiritualidad, porque me resulta más adecuada a lo mejor para expresar lo que siento... y porque veo cada vez más puntos en común entre ambas. (Leer a Fritjof Capra: El Tao de la Física).

(Con los argumentos científicos, puede pasar otra cosa: que la gente esté dispuesta a admitir la información científica aséptica, tal como se publica en las revistas especializadas, pero luego rechace como "impositivo" el análisis y las opiniones que se generan a partir de ella).

Partiendo de la biología, de la espiritualidad o simplemente de la descripción sencilla de mi conducta maternal (hay otros blogs de madres que lo hacen de maravilla, desde la sencillez de su vida amorosa, por ejemplo, Tetonitos) podemos llegar al mismo resultado: la descripción, la explicación y la difusión de UNA forma de maternar (minoritaria en la sociedad occidental actual, que tendría motivos de sobra para sentirse "discriminada" y sin embargo se exhibe con orgullo).

Creo que ahora comprendo mejor lo que quería decir Una mamá española en Alemania. El valor "normativo" es probablemente lo que estábamos discutiendo Mamá en Alemania y yo en la susodicha polémica. Cuando Mamá en Alemania (y la misma Badinter) nos acusan de "imposición moral ilegítima" creo que se refiere precisamente a eso: a que le damos un valor "normativo" a nuestras exposiciones.

Es decir. Mi enfoque no sería sólo descriptivo. No me limitaría a decir: así materno yo. Sino que diría: así se "debería maternar" (porque lo digo yo). Esto por supuesto, sería de una prepotencia absurda y ridícula.

Suponiendo que no seamos prepotentes, suponiendo que no tengamos la intención de hacer sentir culpable a nadie ni de hurgar en las heridas de nadie, suponiendo que no tengamos la intención de convertir nuestros criterios en "norma", suponiendo la buena fe por parte de todo el mundo: ¿Qué tiene entonces de interesante esta forma de maternar para que merezca ser contada, para que merezca ser explicada, para que merezca la pena su difusión?

Desde mi humilde punto de vista, lo que tiene de interesante la difusión de esta forma de maternaje es: primero, que se acerca a la comprensión de los bebés como sujetos y sus derechos. Lo segundo, que se acerca a la comprensión de la naturaleza de los procesos humanos de gestar, parir y amamantar (muy ignorados y perturbados, precisamente por ser femeninos). Lo tercero, y no menos importante, que contribuiría, de ser escuchado y tenido en cuenta por los poderes públicos, a ampliar derechos, hacia las mujeres que queremos parir conscientemente y con más libertad, y hacia las familias que quieran permanecer más tiempo junto a sus hijos, sin que se perjudique por ello sus derechos laborales.

En todo cambio social, hay siempre "valor normativo", en cuanto unas conductas sociales viejas, para ser cambiadas por otras nuevas, necesita que el "valor normativo" de las nuevas se extienda.

Eso pasa con todo: con la defensa de la democracia, o con los derechos de los homosexuales o de los inmigrantes: valor normativo en toda ley.

Lo mismo pasó con el feminismo, como es natural: valor normativo total, empezando por las "cuotas" de mujeres en las organismos, y terminando por penalizar toda forma de discriminación contra la mujer.

¿Cómo podríamos entonces, ahora, en este momento, defender los derechos de los bebés, despojándonos de todo "valor normativo"? Me encantaría de verdad, pero no veo cómo.

¿Y  cómo podríamos, aún sin intención normativa, evitar que se pueda asumir por los demás este valor normativo, ante la evidencia de los argumentos?

Resumiendo, no es muy descabellado entonces formularnos estas dos preguntas:

1.- ¿Cómo pueden defenderse los derechos de los bebés, suponiendo que consideremos legítima esa defensa, sin que haya "valor normativo"?

2.- ¿Cómo puedo evitar, suponiendo que logremos nosotros mismos despojarnos de toda "intención normativa", que los demás puedan presuponer ese valor cuando intentamos describir/explicar cómo funcionan los bebés humanos?

El problema es que el conocimiento implica de por sí cierto "valor normativo". Eso es lo que quiso decir Maslow cuando dijo que "el miedo a saber es miedo a hacer, porque todo conocimiento entraña una responsabilidad."

Cuando sabemos cómo funcionan las cosas, nos sentimos impelidos (moralmente) a actuar según ese conocimiento (precisamente para evitar la disonancia cognitiva).

O apoyados, si lo que hacemos no es bien visto socialmente (como sucede muchas veces con la lactancia prolongada, el parto en casa, etc.)

Y ahí es donde está el meollo de todo el asunto.