30 de septiembre de 2010

La cinta blanca

Por Ileana Medina Hernández

"Haneke rueda el mal que merodea, adormece
y roe a las sociedades civilizadas".
L'Express

Anoche vi, de pronto y sin proponérmelo, la película La Cinta Blanca (Das weisse Band, Alemania, 2009). Fue Palma de Oro en el Festival de Cannes y  Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa, entre otros premios.

La sinopsis oficial reza:
1913-1914. Extraños acontecimientos, que poco a poco toman carácter de castigo ritual, ocurren en un pequeño pueblo protestante del norte de Alemania. ¿Quién está detrás de todo esto? Los niños y adolescentes del coro del colegio y de la iglesia y sus familias conforman una historia que reflexiona sobre los orígenes del nazismo en vísperas de la I Guerra Mundial.
Todo ocurre en un pequeño pueblo alemán en el año 1913. Si alguien no te advierte de que la película es sobre los orígenes del fascismo, cualquier espectador no avisado quizás no relacionaría una cosa con la otra.

Porque la historia es una esas historias universales, que podría haber ocurrido igualmente en un pueblito de España en 1930, o en uno de Argentina en 1900, en Dogville, Lansquenet  o en Yoknapatawpha... En cualquiera de esos predios donde el señor feudal, el cura y el médico del pueblo eran las autoridades más ilustres, y a la vez los seres más abominables y abyectos. Una de esas historias tan frecuentes de pueblos grises, pequeños y opresivos. Una de esas historias crueles, devastadoras, de poder y violencia, que constituye el pasado de cualquiera de nosotros.

Un retrato en blanco y negro del abuso de poder de los padres sobre sus hijos, contado y diseccionado con bisturí hasta el detalle. Una radiografía cruda y brechtiana del mecanismo de dominación del patriarcado.

Lo escalofriante es que esa historia de poder violento y patriarcal, es la historia de buena parte de la humanidad, es la historia genérica de nuestra "civilización occidental". El nazismo pudo encontrar ahí su caldo de cultivo, como también el fascismo italiano, el comunismo ruso, el franquismo español...

No es tan lejano: hace sólo 100 años. Esos fueron nuestros abuelos, nuestros bisabuelos. Apenas tres generaciones. No nos podemos haber librado todavía de ese pasado. Imposible. Eso fuimos. Todavía lo arrastramos. Todavía transmitimos esas heridas de padres a hijos, generación tras generación, aunque por suerte, cada generación es mejor que la anterior.
 
El director Michael Haneke (igual que Alice Miller, parece la película que Alice Miller habría hecho de ser cineasta, una exposición exhaustiva de su "pedagogía venenosa") establece aquí la profunda relación que existe entre los acontecimientos político-sociales y lo que ocurre dentro de nuestros hogares, en nuestra familia. Que la violencia social es hija de la violencia doméstica. Que la violencia engendra violencia y el mal engendra el mal. Y que la clave de todo está en la infancia, en el modo en que tratamos a los niños haciéndolos depositarios de todas nuestras frustraciones. Ahí es donde traspasamos el mal de una generación a otra, ahí es dónde prolongamos la espiral de la violencia.
 
Coincide casi unánimemente la crítica en que la película es pesimista. "Tan cruelmente pesimista que duele" (Luis Martínez: Diario El Mundo). A mí, al revés, me ha parecido que da razones para el optimismo: si esto es lo que ocurría hace sólo 100 años, hoy desde luego estamos un poco mejor. En sólo un siglo hemos logrado cambiar y curar bastantes cosas.
 
Lo importante es que hoy lo veamos. Hoy sabemos que ahí radica el origen y la perpetuación de todo mal. Hagamos todo lo posible por no repetirlo.

29 de septiembre de 2010

La huelga general

Por Ileana Medina Hernández


Hoy es un buen día para venir a trabajar.



Puedes dejar a la niña durmiendo en casita, con su papi, que está en huelga. No tienes que vestirla corriendo, hacerla desayunar corriendo, salir pitando en el coche, buscar una acera colapsada donde malaparcar, agarrarla por una pata y sacarla del coche y soltarla en la fila e irte corriendo para que no te vea y ponga morritos (o para no ver una los morritos, que luego te dejan hecha polvo toda la mañana y sintiéndote la peor madre del mundo). Y luego coger la autopista, meterte en una cola, pasarle por el lado a un accidente, y el nudo en el estómago, y buscar aparcamiento, y desesperarte y angustiarte, y llegar a la oficina, y encontrarte un tocho de papeles sobre la mesa esperando, y tres personas esperando para ser atendidas, cuando tú lo que tienes es ganas de tirarte en un sofá y llorar.

Y luego, dar gracias al cielo porque eres una mujer "liberada".

Hoy puedes dejar a tu niña amorosamente arropadita en el regazo de papá (que nunca está, contentos ambos de tenerse mutuamente un miércoles), vestirte, hasta ponerte un poco de rimmel, subirte a tu coche, conducir a 100 y apreciar el paisaje, abrir las ventanillas, respirar y poner música. Llegar a la oficina, dejar tu huella en la máquina controladora de la asistencia, y pensar: pues sí que está bien esto de ser una mujer trabajadora. Siempre que el resto del mundo esté ausente.

Hay mil razones para hacer huelga. Hoy y todos los días. Cuando un gobierno supuestamente "obrero" (creo que eso significa la O de PSOE) toma medidas para desproteger a los trabajadores, cuando baja el sueldo a sus funcionarios (incluidos maestros, enfermeros, médicos, policías...), cuando no encuentra otras soluciones para la crisis que las que le hacen el juego al gran capital, cuando ayudan a que el pato de la crisis siempre lo paguemos los mismos, se merecen la huelga. Y se merece que encima la DERECHA, la misma derecha que le sugirió esas medidas, rentabilice la huelga también para su beneficio personal, aunque en realidad las causas que llevan a la huelga les beneficien.

O sea, la derecha hoy lo tiene todo: los trabajadores cabreados, las medidas a favor del capital aprobadas, el gobierno supuestamente progresista debilitado, los sindicatos vendidos; y mañana, como si no hubiera pasado nada, todo el mundo currando de nuevo como negros, más desprotegidos que nunca, más a merced del capital que nunca.

Porque la huelga, desgraciadamente,  no va a cambiar nada (ojalá me equivoque). Porque los sindicatos españoles, desfasados y fuera de onda, siguen haciendo las cosas al estilo decimonónico, con un discurso que nadie se cree. Y porque nadie, NADIE MIRA PARA DONDE HAY QUE MIRAR.

Leo la prensa, veo las reivindicaciones, y me parece que vivo en un mundo de ciegos. Que nadie ve lo que es evidente. Que nadie pide lo que realmente podría MEJORAR EL MUNDO.

¿Alguien se ha puesto a pensar QUIÉNES SE BENEFICIAN CON QUE EXISTA PARO?

El sistema está en crisis. El sistema capitalista desarrollado es lo que está en crisis. Y es bueno que lo esté. Porque de las crisis siempre salimos mejores.

España tiene de las peores productividades de Europa. Tiene una clase política de bajo nivel, unos sindicatos bochornosos, y una clase empresarial también atrasada (con mentalidad de caciques).

Los empresarios modernos SABEN. SABEN que cuando los trabajadores están contentos producen más. Saben que lo que hay que hacer no es sacarle el resuello, cual esclavos del siglo XIX. Saben gestionar los recursos humanos. Saben formarse. Saben buscar nuevas formas de gestión más productivas y a la vez más humanas y con más responsabilidad social. Pero esa mentalidad aún es muy escasa en España.

La responsabilidad social no está reñida con la productividad. Se puede ganar dinero, incluso más dinero, haciendo las cosas bien, haciendo que todos ganemos.

Las políticas de CONCILIACIÓN son nefastas. La jornada laboral de 8 horas es una reivindicación del siglo XIX. Es increíble que dos siglos después, y tras la incorporación de la mujer al trabajo (doble mano de obra) y tras la revolución tecnologica digital (robotización, informatización, internet) la jornada de trabajo de los españoles siga siendo de 12 horas diarias.

LA JORNADA PARTIDA con 3 horas de descanso al mediodía es PREHISTÓRICA y desconocida en el resto del mundo. No sirve para criar niños. No sirve cuando tanto madres como padres trabajamos. Cuando trabajamos lejos de nuestra casa, y ni siquiera podemos ir a casa a comer, con lo cual la jornada laboral termina convirtiéndose en una jornada de 12 horas.

La productividad, la flexibilidad horaria, el teletrabajo, el trabajo por objetivos...HAY TANTAS COSAS YA DESCUBIERTAS desde hace tantos años!!! Pero nadie lo quiere ver, parece.

Yo creo sinceramente que el problema español es que SIGUE PREDOMINANDO EL EMPRESARIO DECIMONÓNICO explotador e ignorante, que no ve más allá de sus narices. Con la complicidad de los sindicatos y de la clase política.

Que le conviene que haya paro (porque así los trabajadores saben que o entran por el aro o hay diez afuera esperando), que explota al trabajador de sol a sol, que lo pone a hacer cosas que no sabe hacer mientras otras que hace mejor las hace otro que lo hace peor, que no se forma, que no gestiona recursos humanos, que se gasta dinero en asesores porque queda bien pero luego no les hace caso, que sólo se mira al ombligo y a su nombre puesto en carteles luminosos en la puerta.

Que sólo podemos ser esclavos o esclavistas.

El sentido originario del derecho a la huelga, es que los trabajadores tuvieran la oportunidad de defenderse contra el abuso de sus patrones.  ¿Conocéis en España algún trabajador que se ponga en huelga contra su patrón? Sólo se ponen en huelga precisamente los que más ganan: los controladores aéreos. ¿Conocéis alguna huelga de los infelices que trabajan en las fábricas, o que malviven en los invernaderos de Andalucía?

No, en este capitalismo es al revés: LAS HUELGAS LAS REALIZAN LAS EMPRESAS CONTRA EL GOBIERNO. Los propios empresarios llevan a sus trabajadores a la huelga. Sólo hay huelgas contra el gobierno y contra la administración pública, no contra la estructura económica que es la que verdaderamente corta el bacalao.

Y eso, no lo va a cambiar la huelga de hoy, desgraciadamente.
 
En mi modesta opinión,  EL PROBLEMA MAYOR QUE TENEMOS ES LA RELACIÓN ENTRE PRODUCTIVIDAD Y HORARIOS.
 
Creo, por ejemplo, que REDUCIR LA JORNADA LABORAL ES UNA MANERA DE GENERAR EMPLEO. Contratar dos donde ahora contratas uno. Pero claro, con un salario de mierda ¿quién lo va a compartir? Hay que aumentar la productividad. Y también CONSUMIR MENOS. Consumir menos unos, para que otros puedan consumir también un poco. O SEA, REPARTIR MEJOR LA RIQUEZA.

Creo, por ejemplo, que ampliar las bajas de maternidad y de paternidad es una manera de compartir el empleo. Podrían ampliarse los permisos de paternidad y maternidad y CONTRATAR PARADOS QUE SUSTITUYAN A LOS PADRES DE LICENCIA.

Así, el subsidio iría para la madre o el padre que DESEA PERMANECER JUNTO A SUS HIJOS (en lugar de al parado) y el parado trabaja y cobra un sueldo. Y los niños están atendidos por sus padres. Todos ganando. ¿No es algo posible, estudiable?

El cambio en el mundo laboral sólo es posible si pensamos en compatibilizar todo eso. La entrada de la mujer al mundo laboral, la crianza respetuosa de nuestros hijos, la potenciación de la familia como espacio nutricio de crianza y educación, repartir el tiempo de trabajo y las riquezas, aumentar la productividad y la flexibilidad laboral, abandonar el modelo productivo esclavista de 12 horas al dia...

Necesitamos un modelo laboral productivo que tenga en cuenta:

-La gestión del talento (y el famoso I+D)
-La gestión de las emociones
-La gestión del tiempo (¡trabajar menos tiempo!)
-La igualdad de oportunidades y el reparto más equitativo de la riqueza
-El respeto de los recursos naturales
-La vida familiar como prioridad, como espacio democrático y nutricio emocionalmente
-La crianza de nuestros bebés y niños pequeños por sus propios padres

Necesitamos un cambio real de mentalidad a largo plazo, que INVIERTA HOY PARA RECOGER MAÑANA. Que invierta en desarrollo, en innovación (y que esa innovación se traduzca en menos TIEMPO laboral), en gestión moderna de recursos humanos, en gestión de las emociones y de los afectos, en potenciar la plenitud del ser humano, en integrar el EMBARAZO, EL PARTO, LA LACTANCIA MATERNA Y LA CRIANZA DE LOS NIÑOS PEQUEÑOS como prioridad del sistema. Que no discrimine la MATERNIDAD, sino que la luzca orgullosa, que la integre en sistemas productivos más humanos, sensibles, flexibles, alegres.

NECESITAMOS SER MÁS PERSONAS, y menos robots! Y paradójicamente, ASÍ PODEMOS SER MÁS PRODUCTIVOS Y NO MENOS!

MATERNIDAD, ECOLOGÍA, ESPIRITUALIDAD. Eso es lo que va a cambiar el mundo.

¿ALGUIEN SE APUNTA CONMIGO A UNA HUELGA POR ESTAS CAUSAS?

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Otras opiniones sobre la huelga (si has escrito en tu blog, deja el enlace en un comentario):

Dos mileuristas y un destino

26 de septiembre de 2010

Inocencia Radical, de Elsa Punset

Por Ileana Medina Hernández

Desde que salió tenía ganas de hincarle el diente al libro de Elsa Punset. Había leído algunas cosas en su web, y alguna entrevista promocional, y me había engolosinado.

Debo decir que, lejos de decepcionarme, me tiene atrapada y bien seducida. Es un libro maravillosamente bien escrito (bastante mejor que los de su sabio padre ;-), inserta las referencias bibliográficas y científicas de un modo magistral, y usa un lenguaje accesible, tierno y a veces poético que hace de su lectura un gran placer.

Para las madres y padres interesados en dañar lo menos posible el alma de nuestros hijos, es lectura imprescindible. Así comienza:
"Nacemos inocentes. Sin emociones mezcladas, sin dudas, sin miedos, sin mentiras. Llegamos para descubrir, para compartir, lisos, luminosos y coherentes. Vulnerables pero todavía abiertos al mundo, animados por una curiosidad rotunda y radical, dotados de la pasión por vivir y de un abanico de emociones básicas que ocmpartimos, en mayor o menor medida, con otros seres vivos, von otras especies. Son los dones del amanecer de cada vida, una vida que llega con la mirada llena de curiosidad y de confianza.
A lo largo de estas páginas veremos por qué perdemos, poco a poco, esta inocencia apasionada y radical, por qué migramos hacia la concesión y la tristeza."

Marco varias frases en cada página, pero si he de decantarme por reproducir un fragmento en este blog, voy a hacerlo por uno, no de los más hermosos, pero sí de los más técnicos y útiles, y en relación con la infancia de nuestros hijos (y la nuestra propia).


Se trata de un resumen que hace Elsa sobre la Terapia de los Esquemas, ideada por el psicólogo Jeffrey Young, director del Centro de Terapias Cognitivas de Nueva York, "que propone un sistema sencillo, centrado en los comportamientos del día a día, pero que no renuncia a detectar sus causas profundas". (Sería una terapia integradora que combina elementos cognitivo-conductuales con teoría del apego, gestalt, constructivistas y elementos dinámicos).

"Un esquema es un mecanismo emocional tozudo que aprendimos en la infancia para defendernos de algo que era peligroso o hiriente, y que perpetuamos en la edad adulta, aunque ahora ya no nos haga falta".
Elsa hace una selección de diez esquemas básicos, con sus estrategias defensivas y algunos antídotos que ayudan a romper el círculo vicioso. Se trata de un "mapa del miedo emocional" en el que todos podemos reconocernos.

Reproduzco sólo el primer párrafo de cada esquema, donde ella da la definición. Para saber más, comprar urgentemente el libro o sacarlo en la biblioteca ;-)

Cinco esquemas personales:

1.- El Esquema del Abandono: "Siempre me abandonan"
Este esquema surge a raíz de nuestras reacciones ante las pérdidas: tememos que las personas que nos rodean nos abandonen. El abandono original pudo ser simbólico o real, debido a padres emocionalmente fríos o distantes, a mudanzas incesantes, a muertes, divorcios... Produce una tristeza profunda y la sensación de estar aislado.

2.- El Esquema de la privación o carencia: "A nadie le importan mis necesidades"
En la infancia de las personas que tienen este tipo de esquemas, los padres probablemente no tuvieron tiempo, o interés, en escuchar al niño. Él tuvo la sensación de que nadie quería estar a su lado, o de que sus necesidades emocionales no importaban. Ahora es un adulto hipersensible al hecho, real o imaginado, de que las personas no se fijan en sus necesidades profundas: siente hambre de mimos, de calidez o de afecto. En algunos adultos, este esquema despierta la ira, porque los demás parecen ignorarnos. A veces a estas personas les cuesta mucho expresar sus necesidades, y por ello los demás, simplemente no las captan.

3.- El esquema del dominado: "Nunca me salgo con la mía"
Esta persona tal vez tuvo padres dominantes y controladores que no dejaron al niño ser autónomo. El autoritarismo de los padres pudo expresarse desde la violencia abierta hasta la manipulación encubierta de la voluntad y la vida del niño. Emergerán adultos sin sentido de control sobre sus vidas, que no defienden ni apenas conocen sus propias preferencias. Generalmente, sus parejas también les dictarán lo que deben hacer. En la  infancia, este esquema pudo producir una estrategia de pasividad, para evitar el enfrentamiento, o al revés, una rebeldía que más adelante se convertirá en exagerada susceptibilidad ante cualquier posible señal de manipulación por parte del otro. Así, algunos adultos aquejados de este esquema evitan comprometerse para evitar acuerdos que puedan restarles libertad.

4. El esquema del desconfiado: "No puedo fiarme de la gente"
Estas personas han sido víctimas de abusos físicos, emocionales o sexuales y han perdido la confianza en los demás. A veces, eligen relaciones donde sus peores sospechas se confirman, sólo porque les resultan familiares. Este esquema se diferencia de los demás esquemas porque las personas han sido heridas por otros de forma intencionada. La respuesta ha sido necesaria para sobrevivir, aunque ahora se aplique de forma compulsiva e inapropiada.

5. El esquema del imperfecto: "No merezco amor"
La persona con este esquema tiene la sensación de que no merece amor, de es que de alguna forma defectuoso. Es un esquema que suscita por tanto vergüenza y humillación. La persona aquejada tal vez tuvo padres hipercríticos, que la insultaban o desaprobaban con frases "no eres lo suficientemente bueno" o "me avergüenzo de tener un hijo como tú". Pudo recibir un mensaje no verbal muy negativo que el niño interiorizó: ahora el adulto se mira con desprecio. Las estrategias típicas de este esquema consisten en aceptar el veredicto, capitular y esconderse; o al contrario, en mostrar arrogancia y buscar la adulación de los demás.

Cinco esquemas sociales:

1.-  El esquema del excluido: "No pertenezco, no encuentro mi lugar, nadie me da cobijo"
Este esquema afecta a cómo nos sentimos en los grupos, bien sea en el entorno laboral, familiar o social. Se fija cuando la mirada de nuestra familia ya no es suficiente y buscamos la aprobación de los demás. Aparece aquí el niño con el que nadie quiso jugar, el que tuvo una familia diferente, o el que no encajó tras un divorcio en las nuevas familias de sus padres. Las personas aquejadas de este esquema suelen quedarse en las afueras de la vida social porque temen el rechazo de los demás.

2.- El esquema del miedoso: "Cuidado, el mundo es muy peligroso"
Este esquema se centra en la vulnerabilidad y en la pérdida de control. Tal vez uno de los padres tuvo tendencia a ser catastrofista, a un miedo real o imaginado, como una enfermedad, lastró la vida del niño durante un tiempo. La estrategia más típica ante este esquema se manifiesta a través de una prudencia exagerada, de un miedo al riesgo muy marcado.

3.- El esquema del fracasado: "Todo me sale mal"
La sensación típica de este esquema es que uno es un fracasado a pesar de cualquier indicio de éxito. A veces se debe a unos padres exageradamente exigentes, que hicieron sentirse inepto al niño o que hacían comparaciones odiosas con hermanos o con personas o niños muy exitosos. Ahora este adulto ni siquiera cree que merezca que las cosas le salgan bien. Así que surgen el fenómeno del impostor: estas personas que creen que no merecen triunfar y que si lo hacen, alguien las desenmascarará.

4.- El esquema del perfeccionista: "Tengo que ser perfecto"
El adulto que tiene este esquema pudo tener padres que nunca dieron su beneplácito pleno al niño. Por tanto, este se sintió inadecuado, y ahora cree que vale por lo que consigue, no por lo que es. Como ocurre con el esquema del fracaso, el esquema del perfeccionista tiene que ver con la capacidad para lograr las metas. En el esquema del fracaso esperamos demsiado poco de nosotros mismos; en el del perfeccionista, demasiado.

5.- El esquema del ser especial: "Yo no tengo por qué seguir reglas"
Lo que define este esquema es la necesidad de retar los límites de la vida: conducir a velocidades no razonables, servirse mucha comida cuando apenas hay para los demás, aparcar en una plaza para discapacitados, exigir a la pareja todo a cambio de casi nada... Estas personas se sienten especiales y carecen de la empatía necesaria para preocuparse del abuso que eso pueda suponer para los demás. Los niños que desarrollan este esquema tal vez hayan sido muy mimados, o han crecido en un entorno adinerado, o carente de límites, con padres permisivos o excesivamente serviciales. De adultos, pueden convertirse en personas impulsivas, infantiles y egoístas. Algunas veces, el esquema afecta a hijos de padres muy exigentes, que exageraban sus logros para sentirse especiales. También puede darse en adultos que han carecido de afecto o que han sufrido necesidades materiales: están resentidos y piensan que se les debe compensar con ello.


Punset, Elsa: Inocencia Radical. La vida en busca de pasión y de sentido. Aguilar, 2009.

Puede comprarse también el ebook.

Maternidad Libertaria: "poner al mundo de cabeza para parirlo de nuevo con placer y con poder"

Acabo de descubrir la web de Maternidad Libertaria, y no puedo resistir la tentación de copiar aquí el estremecedor artículo que tienen como Editorial:

¿Revolución social y maternidad?

¿Feminismo y maternidad?

Habitamos, felices, nuestros cuerpos de mujeres convencidas de que ser madres no es un destino inevitable y obligatorio. Muy por el contrario, la maternidad debería ser consecuencia de nuestro deseo más profundo. Y decimos “debería” porque cuando la educación sexual y el acceso a anticonceptivos no pasa de ser una mera declaración de principios que el Estado no termina de decidirse a implementar ¿cómo encontrarse con una misma? ¿cómo atreverse a desoír milenios de mandatos?

Frente a un nuevo Encuentro Nacional de Mujeres pensamos que deberíamos trascender la vieja antinomia que viene dándose dentro del movimiento de mujeres, esto es: el derecho a decidir, a favor del aborto libre, legal y gratuito versus la maternidad patriarcal, la madre sufriente que pare con dolor, una mujer que siente a sus hijos/as como un pesado yunque que la hunden en las profundidades de la mediocridad y del hogar.

Esa antinomia es falsa, entre otras cosas, porque nadie quiere abortar. Si existe la necesidad de hacerlo y los índices de mujeres que interrumpen su embarazo es enorme es porque vivimos en un sistema que nos impide vivir nuestra sexualidad en libertad. Es la opresión patriarcal la que nos niega el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y la que organizó un modelo de mujer que equivale a una madre que es guardiana de los privilegios de los varones, una madre alejada de sus deseos y de las otras mujeres.

Por eso pensamos ¿por qué el viejo slogan feminista Nosotras parimos, nosotras decidimos está pensado en términos de: o decido abortar o decido parir, pero cómo, en qué condiciones de violencia e indefensión parece no importarle a nadie? Pero luego resulta que si las que tuvimos hijas/os hablamos de cómo fuimos tratadas en el parto sobran las historias de terror. Pero cómo ¿no era que lo personal es político?

No hay nada más político que mantener en la clandestinidad el aborto y el maltrato a las mujeres durante nuestra gestación y el parto. Nos infantilizan, nos pesan y nos miden como a vacas y al momento de parir –si es que nos dejan- toman decisiones por nosotras, nos atan las piernas, nos anestesian, nos mandan a callar, nos acuestan, nos cortan, nos separan de nuestras bebes y todo es muy normal, ¿todo es muy normal?. Y decimos que es político porque parir es una experiencia de poder enorme ¿será por eso que el patriarcado nos sentenció a parir con dolor y a obedecer al varón hace ya más de 5 mil años? ¿será por eso que nos separa de nuestros hijos/as y se los apropia como una mercancía imponiendo el nombre del padre como quien marca al ganado o a un producto? ¿será que el capitalismo nos desdibuja como personas? ¿será que el capitalismo necesitaba de nuestra mano de obra que hace unas décadas atrás los médicos –esclavos de los laboratorios- nos mandaban a alimentar con mamadera? ¿será que hay evidencia científica en contrario que ahora la “moda” es amamantar pero el mercado de trabajo nos manda a que volvamos a nuestro puesto de trabajo a los 45 días de nacidas nuestras crías?

Mientras, nosotras nos preguntamos, nos contestamos, caminamos y nos encontramos. Y nos organizamos en esta colectiva para que nuestras experiencias de partos felices dejen de ser un lindo testimonio que se cuenta a los amigos/s o se cuelga en internet y que nuestras experiencias de maltrato dejen de llorar y sean grito que denuncia para que al fin pueda cicatrizar tanto corte en nuestros úteros, en nuestras vaginas y en nuestras almas.


Porque sí, somos madres, madres orgullosas de nuestra elección, madres rebeldes, madres gozosas, madres antipatriarcales, madres anticapitalistas, madres luchadoras, madres que parimos con placer, madres que lamemos a nuestros/as bebés cuando nacen, criamos con amor, dormimos con nuestros/as niños, madres repletas de fluidos. Madres que nos proponemos nada más ni nada menos que cuestionarnos todo, poner al mundo de cabeza para parirlo de nuevo con placer y con poder!

24 de septiembre de 2010

If breastfeeding ofends you...

... put a blanket over YOUR head!



Watch live streaming video from tucomadre at livestream.com


-Para leer un excelente análisis sobre amamantar en público, ve a este artículo de Amor Maternal: Lactancia Materna, ¡en público y a mucha honra!

23 de septiembre de 2010

Dar

Por Ileana Medina Hernández

La red maternal, la tribu 2.0, me provee todos los días de pequeñas y grandes y preciosas satisfacciones.

Muchas lectoras del blog me contactan por Facebook, y allí voy sumando amigas virtuales de gran belleza, interior y exterior, que comparten cada día artículos, imágenes, frases... que me hacen sonreír, reflexionar, aprender...

Una de ellas, sin apenas conocerla, me ha sorprendido con un gesto de valor incalculable: me ha pedido que la ponga en contacto con alguna familia cubana, con alguna mami a la que ella pueda ayudar con algún regalito o alguna pequeña cantidad de dinero de vez en cuando. De más valor, cuanto ella sólo vive ahora de su salario de 600 euros de mamá a tiempo completo (en Francia).

Me ha emocionado y conmovido su gesto, y ya nos pusimos a buscar, entre mis amigos cubanos en el exterior y yo, a cuál de nuestras amigas en Cuba puede hacerle más falta esa ayuda inestimable, que para ellos puede ser como tocarle la lotería.

Solidaridad femenina, maternal, internacional, en su estado más puro.

Entre risas y lágrimas, me he puesto un poco cursi y he pensado que  no hay nada que pueda hacer más feliz a uno que dar, que compartir....Compartir lo que se tenga: dinero, o amor, o conocimientos, o un trocito de tu tiempo, o un abrazo, o un plato de sopa, o un mensaje, o una canción, o un consejo, o un hombro donde llorar, o una oreja que escuche, o lo que sea...

Cada uno da lo que tiene. De eso se trata.

Quizás si supiéramos apreciar lo que cada uno tiene para DAR, en lugar de mirar lo que le falta o lo que nos falta, viéramos cuán ricos somos, y cuanto más felices pudiéramos llegar a ser.

Si apreciáramos lo que nuestra pareja, por ejemplo, tiene para darnos, en lugar de fijarnos en sus defectos o en  lo que quisiéramos que llenara de nuestros propios agujeros.

Si apreciáramos lo que cada uno de nuestros amigos puede regalarnos, cada uno en su línea, en su tónica, en su personalidad, en su talento específico.

Si aprendiéramos a tomar de cada una de las personas que nos tropezamos en nuestro camino lo que esa persona puede enseñarnos o aportarnos: ¡seríamos tan ricos!

Y crearíamos una cadena social a partir de lo que cada uno tiene para dar. Y no a partir de lo que a cada uno nos falta. A la vez, podemos ser felices dando lo que tenemos, sabiendo que todos tenemos algo diferente y valioso que aportar.

Trastocar la lógica: no pidiendo, ni exigiendo, ni comprando. Sino dando. Dando lo que tenemos, y dando también lo que queremos recibir: tiempo, escucha, disponibilidad. Estar. Veremos cómo dando, al poco recibimos también lo que necesitamos.

Y ésa es además, creo, justamente la esencia de la maternidad: dar, darse, darnos. Dar lo que tenemos. Nutrirnos para a su vez poder dar. Sin más.

20 de septiembre de 2010

El cuerpo nunca miente

Por Ileana Medina Hernández

"En mi infancia tuve que aprender a reprimir mis emociones espontáneas a las afrentas -reacciones como la rabia, la ira, el dolor o el miedo- por temor a un castigo. Más tarde, en mi etapa escolar, me sentía incluso orgullosa de mi capacidad de autocontrol y de mi contención. Creía que esta capacidad era una virtud, y esperaba verla también en mi primer hijo.
"Sólo cuando pude liberarme de esta actitud me fue posible entender el sufrimiento de un niño al que se le prohibe reaccionar de manera adecuada a las heridas y experimentar su forma de relacionarse con sus emociones en un entorno favorable, para que más adelante, en su vida, en vez de temer sus sentimientos encuentre en ellos una orientación.
"Por desgracia, a mucha gente le ha ocurrido y le ocurre lo mismo que a mí. De pequeños no se les permitió mostrar sus emociones, por lo que no las vivieron y más tarde las anhelaron. En la terapias algunos han conseguido encontrar sus emociones reprimidas y vivirlas, con lo que éstas se han transformado en sentimientos conscientes que la persona puede entender desde su propia historia, y ya no necesita temer. Sin embargo, otros han rechazado este camino porque no han podido o no han querido confiar a nadie sus trágicas experiencias. Son los que en la actual sociedad de consumo se encuentran como en casa.
"Es de buen tono no mostrar los sentimientos salvo en un estado excepcional, el producido tras el consumo de alcohol y drogas; de lo contrario, lo que gusta es ridiculizar los sentimientos (los ajenos y los propios). El arte de la ironía suele estar bien remunerado en el mundo del espectáculo y el periodismo; es decir, que incluso es posible ganar mucho dinero desde la supresión efectiva de los sentimientos.
"Es más, cuando uno, al fin, corre el peligro de perder por completo el acceso a sí mismo, de no funcionar más que con la máscara, con una personalidad falsa, recurre a veces a las abundantes drogas, alcohol y medicamentos que, precisamente con todo el dinero que ha ganado ironizando, tiene a su alcance. El alcohol ayuda a estar de buen humor, y las drogas, aún más fuertes, logran mayor eficacia. Pero como estas emociones no son auténticas, como no están ligadas a la verdadera historia del cuerpo, su acción es, a la fuerza, transitoria. Siempre se necesitan dosis más altas para llenar el hueco dejado por la infancia. "
Estoy leyendo El cuerpo nunca miente, el tercer libro que cae en mis manos de la psicóloga y filósofa  norteamericana de origen polaco Alice Miller, publicado en España por la potente colección de Ensayos Tusquets.


Los "gurús" más conocidos en el mundo de la crianza con respeto son el pediatra español Carlos González y la psicoterapeuta argentina Laura Gutman, pero Alice Miller junto a Casilda Rodrigañez van mucho más allá, son las dos "bestias negras", las dos grandes sabias que enlazan la cuestión de la crianza y la maternidad con los eternos problemas filósoficos, psicológicos y antropológicos de la especie humana, dando respuesta a las grandes preguntas existenciales del hombre en todos los tiempos.

Su lectura no es facilona ni apta quizás para todos los públicos pero, si estás en el momento vital adecuado, Alice Miller te abrirá los ojos para siempre.

Alice Miller ha sido considerada "la escritora que revolucionó la psicología infantil"  pues su teoría sobre el maltrato infantil como origen de las neurosis y de las enfermedades, inició una cruzada imparable en contra del maltrato y de la "pedagogía venenosa" que domina todavía hoy día en la mayoría de las familias y las instituciones. Al principio chocó con la oposición de muchos de sus colegas, hoy en día pocos discuten el meollo de sus hipótesis, y sus libros han vendido muchos millones de ejemplares a lo ancho de todo el mundo.

La historia de la humanidad es la historia de seres maltratados en su infancia.

Todos lo hemos sido en mayor o menor medida, pues en la sociedad patriarcal el dominio y la explotación ha comenzado por la cuna. A lo largo de toda su obra, Alice Miller nos muestra que el maltrato infantil produce no solamente niños desgraciados, adolescentes destructores y padres que a su vez maltratarán, sino también una sociedad completa extremadamente violenta, que enmascara y oculta el verdadero origen de esa violencia a la vez que lo perpetúa generación tras generación. La violencia ejercida sobre los niños conduce a la violencia global.

A lo largo de todos sus libros, Alice Miller ha investigado cómo la crueldad sufrida en la infancia es la clave para entender la conducta de grandes dictadores genocidas como Adolf Hitler, Stalin, Mao, Napoleón, Milosevic o Saddam Hussein, que humillados y mutilados en su infancia proyectaron el odio hacia sus propios padres convirtiéndolo en odio a la humanidad en su conjunto.

Y también es clave para comprender las vidas desgraciadas de grandes creadores que murieron jóvenes y padecieron largas enfermedades, como Dostoievski, Chéjov, Kafka, Nietzche, Schiller, Virginia Woolf, Arthur Rimbaud, Marcel Proust o Yukio Mishima. Alice Miller se adentra en las biografías de estos "grandes hombres" para descubrir en ellos las huellas del maltrato en sus infancias.

Concretamente en este libro, El cuerpo nunca miente, Alice Miller explica cómo nuestra memoria y nuestra conciencia puede olvidar esos malos tratos, pero no los olvida nuestro cuerpo: "Todavía hoy, a menudo se afirma que los niños no sufren ningún daño cuando se les pega, y son muchas las personas que creen que su propia vida es una muestra de dicha afirmación. Podrán creer esto mientras permanezca oculta la relación que existe entre las enfermedades que padecen en la vida adulta y los golpes recibidos en la infancia".

Así, hace encajar en el puzzle de la vida importantes ideas que suelen aparecer por separado:

-Las enfermedades tienen un origen psicosomático, emocional. La mente y la conciencia olvidan, pero no el cuerpo. Nuestro cuerpo guarda memoria absolutamente de todo lo que ha vivido alguna vez. Lo que nuestra memoria olvida se va al inconsciente y se convierte en sombra, en ira, en violencia, en depresión y en enfermedades de todo tipo.

-Ese origen emocional está anclado en la infancia, cuando nuestro sistema emocional está en formación y nuestras emociones fueron negadas repetidamente, ya sea a través de violencia física, o a través de las diferentes formas de "pedagogía venenosa" que niega las necesidades afectivo-emocionales de los niños: "no llores", "no protestes", "no te enfades", "obedece".

-Uno no puede hablarle al cuerpo de preceptos éticos. Su funciones, como la respiración, la circulación, la digestión, reaccionan sólo a las emociones vividas y no a preceptos morales. El cuerpo se ciñe a los hechos. El cuerpo habla lo que la moral oculta.

-El cumplimiento a ciegas del cuarto mandamiento "Honrarás a tu padre y a tu madre" ha traído mucho sufrimiento. No se puede honrar a los padres, cuando éstos han abusado de su poder, sino al precio de la enfermedad. La veneración incondicional de los padres puede traer trágicas consecuencias. El mismo Moisés fue un niño abandonado.

-La religión y el concepto de Dios está relacionada con las vivencias infantiles y con el tipo de autoridad que tuvimos que obedecer desde pequeños.

-La mayor parte de los terapeutas están incapacitados para buscar el verdadero origen de las dolencias de sus pacientes, dado que ellos mismos están atrapados y nunca han revisado sus propias infancias. Así estamos todos encerrados en el mismo "matrix" del cuarto mandamiento.

-El cuerpo se pasa la vida entera buscando el alimento que con tanta urgencia necesitó en la infancia pero que nunca recibió: "Un niño, cuando nace, necesita el amor de sus padres, es decir, necesita que éstos le den su afecto, su atención, su protección, su cariño, su tiempo, sus cuidados y su disposición a comunicarse con él. Equipado para la vida con estas virtudes, el cuerpo conserva un buen recuerdo y, más adelante, el adulto podrá dar a sus hijos el mismo amor. Pero cuando todo esto falta, el que entonces era un niño mantiene de por vida el anhelo de satisfacer sus primeras funciones vitales; un anhelo que de adulto proyectará sobre otras personas. Por otra parte, cuanto menos amor haya recibido un niño, cuanto más se le haya negado y maltratado con el pretexto de la educación, más dependerá, una vez adulto de sus padres o de figuras sustitutivas, de quienes esperará todo aquello que sus progenitores no le dieron de pequeño. Esta es la reacción natural del cuerpo. El cuerpo sabe de qué carece, no puede olvidar las privaciones, el agujero está ahí y espera ser llenado."

Para Alice Miller, el cuerpo es nuestra última esperanza. Podemos refugiarnos en la moral, las costumbres, el cinismo, la ironía, la filosofía, la literatura, las drogas o los medicamentos. Podrá permanecer oculta la verdadera lacra de la humanidad a los ojos de todo el mundo, pero el cuerpo habla. Por eso hay tanta resistencia a reconocer el origen emocional de la enfermedad. Pero ahí está. Él tiene la última palabra.

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El escritor español Jesús Ferrero habla sobre Alice Miller:


"Un niño castigado y humillado en nombre de la educación interioriza muy pronto el lenguaje de la violencia, y lo interpreta como el único medio de comunicación eficaz", dice Alice Miller en el último capítulo de "El origen del odio": un libro de engañosa transparencia, que sólo tiene un defecto: el haber recurrido a narraciones demasiado simplificadas y llenas de omisiones, transmitidas por sus pacientes y luego reelaboradas por ella misma, para avalar una tesis que nadie, en su sano juicio, va a revocar, y que se puede resumir así: la violencia en la infancia es un asunto determinante, sobre todo porque cuando es una violencia insoportable, con abusos sexuales incluidos, tendemos a olvidarla. Pero es entonces cuando ese dolor (olvidado) se convierte en la sustancia camuflada y envenenada que modifica por completo nuestra personalidad, haciéndonos tributarios de lo que hemos negado y convirtiéndonos en víctimas de nuestra propia anestesia.

Bien es cierto que, como asegura Alice Miller, "la importancia de la infancia en la vida del adulto sigue siendo discutida, incluso en determinados círculos médicos", pero uno tiende a pensar, como la señora Miller, que quienes la niegan o la discuten es porque tienen con su infancia "todo un problema", en el que hemos de incluir una buena dosis de olvido.

Decía Eliot en uno de sus mejores poemas que "el género humano no soporta demasiada realidad". Verso que podría ilustrar la tesis de Miller y la actitud de los que todavía niegan la infancia como época fundamental en la que se llevan a cabo todas las determinaciones del ser que vamos a ser.

Asombra que una cultura como la occidental, con más de tres mil años de historia, tenga tantos agujeros negros en su forma de educar y moldear, asombra la falta de luz, incluso ahora, sobre los primeros y más fatídicos estadios de la vida. Pero, como dice Alice Miller, hay que atreverse a asumir una información que nos ocultamos a nosotros mismos bajo una capa de hielo, hay que exponerse, al menos en determinados casos, "al dolor de la propia historia".
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Más sobre Alice Miller en castellano:

Entrevista a Alice Miller.

Algunos artículos traducidos al castellano

"Si los libros pudieran cambiar el mundo, este sería uno de los más indicados para ello", reseña de Vicente Torres sobre El drama del niño dotado.

Algunos de los conceptos básicos de la obra de Alice Miller.


Todos los libros de Alice Miller.


11 de septiembre de 2010

El miedo

Por Ileana Medina Hernández

Parimos en un hospital por MIEDO, por miedo a que algo pueda ir mal...

Compramos biberones y botes de leche artificial por MIEDO, por miedo a que nuestra leche no sea "buena" o suficiente para alimentar a nuestros hijos...

Dejamos de coger a nuestros hijos en brazos por MIEDO, por miedo a que "se acostumbren" y no seamos capaces de estar disponibles para ellos...

Echamos a nuestros hijos a una habitación solitaria desde bebés por MIEDO, por miedo a que nos "tomen el pelo", por miedo a compartir, por miedo a esperar su propio ritmo de independencia...

Regañamos a nuestros hijos todo el día, impidiendo que exploren y sean libres, por MIEDO a que les vaya pasar algo malo...

Regañamos a nuestros hijos todo el día, impidiendo que toquen y descubran, por MIEDO a que rompan nuestros preciados objetos...

Los metemos en una escuela todo el día desde los 4 meses, por MIEDO a que vayan a ser distintos a los demás...

Aceptamos trabajos que no nos hacen felices, por MIEDO a emprender lo que verdaderamente nos haría sentir realizados.

Nos vestimos, nos maquillamos y nos aderezamos como mandan las modas, por MIEDO a no gustar y a no ser aceptados.

Aceptamos mil humillaciones en el trabajo, por MIEDO a quedarnos sin empleo...

Complacemos a disgusto a padres, hermanos, maridos, familiares... por MIEDO a que no nos quieran.

Gastamos un dineral en seguros, alarmas, video-cámaras... por MIEDO a que nos puedan atacar.

Discriminamos y atacamos a los que no piensan como nosotros, por MIEDO a que no se sostengan nuestras ideas por sí mismas.

Nos hacemos cirugías plásticas, gastamos miles de euros en potingues y tratamientos estéticos... por MIEDO a la vejez y a la discriminación que ello conlleva.

No comemos lo que nos gusta por MIEDO  a estar gordos. Comemos demasiado por MIEDO a enfrentarnos con nuestras propias miserias.

Nos vacunamos, compramos medicinas, hacemos caso a las campañas mediáticas por MIEDO, por miedo a lo desconocido, a esos azotes epidémicos que "vienen de lejos"...

Repetimos estereotipos, prejuicios, frases hechas, lugares comunes... por MIEDO, por miedo a abrir nuestra mente, a aprender, a escuchar nuestros instintos, a conectar con  nuestras emociones profundas, a pensar por nosotros mismos.

Terminamos siendo lo que los demás quieren que seamos, por MIEDO a la desaprobación externa, en la que basamos toda nuestra valía y nuestra autoestima.

Dejamos de vivir por MIEDO, por miedo a lanzarnos a la piscina, por miedo a ser auténticos, por miedo a tomar las riendas de nuestra propia vida...

¿Te has detenido a pensar cuántas de las cosas que haces al día, las haces por MIEDO, y no realmente por deseo auténtico?

¿Podríamos calcular cuántas de las decisiones más importantes de nuestra vida las hemos tomado influidos por el miedo?

¿Te has detenido a examinarte, a intentar conocerte a ti mismo, para descubrir cuántas de tus supuestas creencias son auténticas, o son fruto del acorazamiento que a lo largo de tu vida has tenido que ir fabricando para agradar, para ser querido, para ser aceptado, primero por tus padres, y luego por todos los demás... por MIEDO a perder su afecto?

El miedo es una emoción primaria básica imprescindible para la supervivencia. Gracias al miedo podemos prepararnos para HUIR ANTE LOS PELIGROS.

Pero el miedo es un recurso de emergencia, durante el cual se activan hormonas y neurotransmisores (como el cortisol y la adrenalina) cuya permanencia prolongada en nuestro organismo es tóxica y lesiva para el cerebro y para el sistema emocional. Esas sustancias además ponen a nuestro cuerpo en tensión, en estado de acorazamiento, preparado para la huida o la defensa.

Es como si quisiéramos ir por la autopista a 120 km/h con el coche en primera.

Es al miedo a lo que hoy llamamos finamente "estrés". El estado de estrés y el estado de miedo es similar a nivel biológico. El estrés no es más que la tensión permanente, tensión procedente de agresiones externas, de depredadores, de la presión social que nos obliga a hacer cosas que consciente o inconscientemente no queremos hacer.  Es en realidad MIEDO, miedo a no poder cumplir las expectativas que otros han puesto en nosotros, y que terminamos interiorizando como propias.

Un estudio reciente ha concluido que la principal fuente de estrés para los adolescentes son sus padres, mientras que para los adultos es el trabajo.

Otros estudios también han demostrado que los bebés están cada vez más estresados, y la principal fuente de estrés para los bebés y niños también somos sus padres, por supuesto, los únicos responsables de su bienestar.

Los padres preparamos a nuestros hijos para la "sumisión", que luego aprovechará el mercado laboral, la esclavitud moderna. A través, por supuesto, del mecanismo mágico de la dominación social: el MIEDO.

El miedo no es una emoción más, sino que es una emoción básica. Realmente solo hay dos grandes grupos de emociones: el MIEDO y el AMOR, de las que derivan todas las demás emociones negativas (de repulsión) o positivas (de atracción). "Hay sólo dos modos de relacionarse con el mundo: desde el miedo o desde el amor" -dice Elsa Punset.

El odio, la violencia, la ira, el rencor, la venganza... son formas de miedo. Atacamos como modo de defendernos. Nos formamos como seres violentos, porque primero hemos tenido miedo. Miedo a perder a nuestra madre, miedo a quedarnos solos en el mundo, miedo a no sobrevivir, miedo a ser castigados, miedo a perder el cariño y la aprobación de nuestros padres.

Miedo que no se cura con el desarrollo, ni con el progreso, ni con la riqueza material, ni con todo el dinero y las posesiones que logremos acumular... Hoy somos más ricos que nunca pero seguimos teniendo el mismo miedo (o más).

Porque... ¿de dónde sale ese MIEDO persistente, base de toda la sumisión y la dominación social, no como forma puntual de reaccionar, sino como estado permanente de la condición humana?

Nace de la primera crianza, de la etapa primal, de los primeros meses y años de vida, en los que se forma nuestro sistema emocional. El bebé es emocional, no racional, y es en esa etapa donde se forman las sinapsis de su cerebro, preparándolo para el amor o para la defensa permanente (violencia).

Si el bebé recibe soledad, separación, aislamiento, cuando se ignora su llanto reclamando presencia y cuerpo del adulto, se activan las hormonas del miedo, o sea del estrés, y si esas hormonas se mantienen de forma prolongada, nuestro cerebro termina dañado y nuestro cuerpo rígido, lleno de miedos y tensiones -inconscientes, pero dejando huellas en nuestros órganos y en nuestros músculos- que nos acompañarán de por vida en forma de emociones negativas y de enfermedades físicas.

Así, trasladamos a través de la crianza la espiral del miedo a nuestros hijos. Nuestros propios miedos nos incapacitan para satisfacer sus necesidades, para acompañarles y para amarles del modo en que ellos pueden sentirse amados... y los convertimos a ellos también en las mismas criaturas miedosas, acorazadas, tensas, estresadas y carentes de autoestima que somos todos hoy.

PD: Cinco días después de escribir esta entrada, vi esta película. No puedo sustraerme de dejaros este fragmento por aquí:

9 de septiembre de 2010

12 horas diarias, de lunes a domingo

Por Ileana Medina Hernández

Leo con horror, vía Irene de Ser Mamásesta noticia en el ABC: la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos quiere que las escuelas abran de lunes a domingo, y que los niños no tengan tantas vacaciones.

Las declaraciones de la Sra. Manoli Ocaña me parecen, ya no sólo adultocéntricas y carentes de toda sensibilidad, sino incluso ofensivas e indignantes: "los niños se acostumbran a no hacer nada durante un tiempo excesivo". Hablan de los niños como si fueran objetos.

A estos padres les falta poco para pedirle al Estado internados donde los niños estén desde los 4 meses, y salgan dos fines de semana al año. Como hacen los Estados comunistas y totalitarios. Todos los dictadores y manipuladores saben que la mejor forma de crear seres sumisos y obedientes es privarlos del afecto de su familia.

Quieren criar hijos huérfanos.

Y luego hay quien se pregunta por qué defender la lactancia materna y la crianza con apego es revolucionario.

Lee detenidamente lo que plantea esta señora y esta Confederación: lo que plantea ES QUE TODOS NOS DEDIQUEMOS SIMPLEMENTE A TRABAJAR. Me espanto de que pueda haber quien considere esta postura "progresista".

Eso no es conciliar: es abandonar a nuestra familia para dedicarnos (sic) "a nuestros negocios", a ser robots productivos 84 horas a la semana. ¿Dónde está la vida familiar?

Lo que estos señores piden no son medidas para conciliar la vida familiar con la laboral: lo que hacen es renunciar por completo a su vida privada, a su familia y a su libertad, para ser esclavos toda la semana, a la vez que nuestros hijos se quedan carentes de toda presencia familiar.

Lo peor es que lo pedirán para ellos pero arrastran consigo a toda la sociedad. Eso es lo que le conviene al capital, al explotador, a los dominantes, al mercado, a la lógica mercantil: encima con la COMPLICIDAD DE LOS POBRES CURRANTES que no nos queda más remedio que sumarnos al carro, trabajando 12 horas al día, o perdemos nuestros empleos.

No sé si estos padres esconden su propia incapacidad emocional para permanecer con sus hijos, o una personalidad unidimensional para la que lo único importante es el trabajo y el dinero que se gana con él. Dinero para comprar a los niños todo lo que quieran, menos lo que ellos realmente necesitan: nuestro cariño, nuestra presencia, nuestra atención, nuestra compañía, nuestro ejemplo cotidiano.

Menosprecian además, el trabajo de los maestros, a la vez que pretenden que carguen con todo lo que los propios padres no hacemos. Les exigen cada vez más a los maestros, a la vez que les bajan el sueldo. Protestan porque los maestros tienen muchas vacaciones, en lugar de exigir que las tengamos todos, para poder estar con nuestros hijos.

Atentan, paradójicamente, contra la calidad de la educación, porque solo cuando hay familia, la escuela puede funcionar. Sólo cuando los niños encuentran apoyo, cariño y sostén emocional en casa, pueden avanzar y rendir en el colegio. Sólo cuando hay familia se evita la violencia y el abandono escolar.

Me parecen peligrosísimos estos "talibanes del trabajo". Estos talibanes sí que son dañinos. Talibanes de la robotización, de la falta de afecto, del dinero, de la explotación de los asalariados.

Me niego a que esta Confederación hable en nombre de todos los padres y madres españoles.

¡Dejemos claro que no estamos de acuerdo! Y que todos los padres y madres no somos de esta manera.

Que no se avergüencen nuestros hijos de nosotros.

5 de septiembre de 2010

¿Es la lactancia compatible con el feminismo?

Por Claude-Suzanne Didierjean-Jouveau, antigua presidenta de La Liga de la Leche en Francia.

Artículo publicado originalmente en la revista Spirale 3/2003 (nº27), y traducido parcialmente para Ecopolítica por Lara Pérez Dueñas.


Vía| Bebés y Especias


"Astronauta". Ilustración de Subi para el libro
Dando la Teta de la A a la Z, Editorial Ob Stare, 2009.

“La leche de su madre a la que [el niño] tiene derecho.”

“La lactancia es también una servidumbre agotadora […] la mujer lactante alimenta al recién nacido en detrimento de su propio vigor.”

A priori, no hay nada en común entre estas dos frases. Y sin embargo... ambas han sido escritas por feministas. La primera, por Marie Béquet de Vienne, feminista francmasona que fundó en 1876 la Sociedad de la lactancia materna. En cuanto a la segunda, proviene de El Segundo Sexo de Simone de Beauvoir.

La relación entre feministas y lactancia no ha sido nunca sencilla, y ha variado mucho según las épocas y los países.

Porque hay feminismos y feminismos. Simplificando muchísimo, podemos decir que el feminismo se divide en dos corrientes:

-para el que ser una mujer, con cuerpo de mujer y las funciones biológicas que le acompañan (menstruación, embarazo, lactancia...) es motivo de alegría y de orgullo;

-para el que todo lo que es propio de la mujer es, al contrario, una calamidad que ha traído siempre la desgracia a las mujeres, y para el que la lucha necesaria es alcanzar una igualdad estricta entre hombres y mujeres (entre otras cosas: compartir las tareas domésticas, incluido el cuidado de los hijos).

Así, según que se considere la variante “esencialista” (o “identitaria” o “diferencialista”), o la variante “igualitarista” del feminismo, se podrá pasar de la exaltación de la maternidad o de la lactancia (vistos como poderes específicamente femeninos) a una visión de la maternidad como una esclavitud (“lugar de la dominación masculina”) y de la lactancia como una esclavitud elevada a la décima potencia.

En Francia, durante los últimos decenios, la corriente que claramente ha dominado en el movimiento feminista es la segunda. Pero esto no ha sido siempre así.[…]

Un país como Estados Unidos, al igual que Francia, ha visto confrontarse a las “igualitaristas” y a las “diferencialistas”. En un bando, aquellas para las que el feminismo se basa en el cuestionamiento radical de los determinismos biológicos; que ven en su cuerpo y sus capacidades reproductivas el origen de la opresión de la mujer; que piensan que la tecnología (como el biberón) es liberadora (R. Lazaro); que ven toda información sobre la lactancia como un riesgo de “culpabilización” de las mujeres y que insisten en la “libertad de elegir”.

En el otro bando, las que critican la visión tecnológica capitalista del embarazo, del parto (B. Rothman) y de la puericultura, donde unos “expertos” dictan la conducta a seguir por las mujeres (Ursula Franklin); las que denuncian la dicotomía pecho lactante/pecho erótico y la reducción de los pechos a meros objetos sexuales; las que ven el cuerpo de las mujeres como fuente de espiritualidad y de poder y no de opresión, aún a riesgo de dar una visión “romántica” de la maternidad y de la lactancia (ecofeminism ou biological feminism), o que insisten en la producción social que representa la maternidad (M. Mies) y en la lactancia como ejemplo de politización de la esfera privada.

Como en Francia, la “segunda ola” del feminismo, de principios de los años 1960 hasta mediados de los años 1970, se vio dominada por la corriente que rechazaba la maternidad. Un artículo de revista de la época comparaba incluso el hecho de ocuparse a jornada completa de un bebé o de un niño con “pasarse todo el día, todos los días, con la única compañía de un enfermo mental incontinente”... A mediados de los años 1970, otras voces se hicieron oír, como la de Adrienne Rich (Of Woman Born, 1976) que militaba por una cultura femenina separada.

Podemos hablar igualmente de La Liga de la Leche (LLL) que, desde su creación en 1956, ha acompañado medio siglo de lactancia en Estados Unidos y en el mundo. Algunos se sorprenderán sin duda de que se haga referencia a LLL como movimiento feminista. Sin embargo, los grupos de LLL ¿no constituyen los antecesores de los grupos de mujeres, los grupos de self-help (“grupos de apoyo”) que florecieron en los años 1970? Como afirma Mary-Ann Cahill, una de las fundadoras de LLL, en el libro de entrevistas Seven Voices, one Dream: “Aunque no nos dábamos cuenta en aquel entonces, éramos las precursoras del movimiento de “liberación de la mujer” en la medida en que era primordial para nosotras tener el control de las decisiones importantes de nuestra vida, como la manera de parir o de alimentar a nuestros bebés.”

Marian Tompson, otra fundadora de LLL, añade: “Queríamos tomar un papel activo en el proceso del nacimiento y en la manera de responder a las necesidades nutritivas y emocionales de nuestros bebés. No nos contentábamos con “hacer lo que os digan” ni ser “chicas buenas y obedientes”. Insistíamos en tener algo que decir en estas decisiones que nos concernían profundamente como mujeres, y que afectaban a nuestros bebés y a nuestras familias.”

En los países escandinavos, las feministas lucharon, como las feministas francesas de principio del siglo XX, para que se reconociera la función social de la maternidad (permisos de maternidad, ayudas...). De entre todos los países occidentales, es aquí donde las tasas de amamantamiento son actualmente más altas, cerca del 100% al nacimiento, al igual que el porcentaje de mujeres electas en las distintas asambleas. Un ejemplo: mientras que en Francia, la tasa de amamantamiento tras el nacimiento es del 52% y el porcentaje de diputadas en la Asamblea nacional es de menos de 12% (elecciones de junio de 2002), en Suecia hay un 99% de amamantamiento tras el nacimiento y un 43% de mujeres electas a nivel nacional. Es decir, y al contrario de lo que dicen los que acusan a los defensores de la lactancia materna de estar “contra las mujeres”, la lactancia es totalmente compatible con el compromiso de las mujeres en la vida pública.

La oposición entre los distintos feminismos renace cada vez que feministas de distintos países se encuentran en una reunión internacional. Así, durante el segundo Foro social mundial de Porto Alegre, en febrero de 2002, en un taller que llevaba por título precisamente “Feminismo y lactancia”, la moderadora brasileña anunció desde el principio que en el debate se hablaría principalmente sobre cómo viven la lactancia las mujeres cercanas a la menopausia, y no sobre el feminismo en sí, cosa que según ella ya se había discutido lo suficiente...

La lactancia, ¿poder de la mujer?

La lactancia se escapa del sistema mercantilista, puesto que la leche materna es gratuita (excepto cuando se recoge en bancos de leche) y que, salvo alguna excepción, no requiere de ningún dispositivo para su producción ni su uso. Independiza por lo tanto a la mujer de este comercio.

También le ofrece una confianza extraordinaria en sus capacidades, un sentimiento de fuerza, de poder, de competencia, de plenitud. Sabe, en efecto, que ha podido criar y alimentar a su hijo o hija con algo producido por su propio cuerpo. No ha tenido que remitirse a un producto industrial, ni ha tenido que seguir las directrices de un “experto” en cuanto a las cantidades que administrar, los horarios que respetar, etc. Ella es la experta en lo relativo a la nutrición y al bienestar de su hijo o hija.

No olvidemos el placer experimentado por las mujeres al amamantar a sus hijos e hijas. Se habla poco de ello, como si fuera sospechoso (“le gusta amamantar”); sin embargo se describe en numerosos textos. Como Annie Leclerc, que escibía en Parole de femme: “Es el cuerpo el que es feliz cuando la leche sube a los pechos como savia viva, es el cuerpo el que es feliz cuando el bebé se amamanta.”

Un autor como el canadiense Joël Martine se reconcilia con la “radicalidad politico-psicoanalítica” de los años 1970, insistiendo no solo en la importancia sanitaria de la lactancia, sino también en su “importancia socio-económica”, las “profundidades carnales y fantasmagóricas de la vivencia femenina”, la calidad del “diálogo carnal pre-verbal” de la mujer con su bebé, la importancia que tiene para el movimiento feminista intervenir en el ámbito de la concepción y la crianza, y tomar así un papel ejemplar en la puesta en marcha de una ética de la solidaridad y de la emancipación (1).

Para Penny Van Esterik, feminista estadounidense y activista de la lactancia, los grupos feministas deberían integrar la lactancia en sus luchas por varias razones:

-la lactancia supone cambios sociales estructurales que no pueden más que mejorar la condición de las mujeres;

-la lactancia afirma el poder de control de la mujer sobre su propio cuerpo y cuestiona el poder médico;

-la lactancia cuestiona el modelo dominante de la mujer como consumidora;

-la lactancia se opone a la visión del pecho como un objeto sexual ante todo;

-la lactancia exige una nueva definición del trabajo de la mujer, que tome en cuenta de forma más realista a la vez sus actividades productivas y sus actividades reproductivas;

-la lactancia fomenta la solidaridad y la cooperación entre mujeres, tanto en el hogar, en el barrio, a nivel nacional como internacional.

Como afirma Élisabeth G. Sledziewski (2), “el feminismo podría, si se atreve a pensar la maternidad en términos nuevos, encontrar la ocasión histórica de transformar un discurso defensivo y militante en un discurso sobre las nuevas exigencias de la condición humana, y por lo tanto en un mensaje ético universal”. ¿Lo conseguirá? Eso espero.



(1) ver su web http://joel.martine.free.fr
(2) Conferencia pronunciada en el 3º Congreso de maternología, 10 de noviembre de 1999

Bibliografía

Cova, A. 1997. Maternité et droits des femmes en France (xixe-xxe siècles), Anthropos.
Penny Van Esterik, Breastfeeding : A Feminist Issue, waba (World Alliance for Breastfeeding Action).
Penny Van Esterik. 1994. « Breastfeeding and feminism », International Journal of Gynecology & Obstetrics, 47 Suppl. S41-S54.
Blum, L.M. 1999. At the Breast : Ideologies of Breastfeeding and Motherhood in the Contemporary United States, Beacon Press.
DeJager Ward, J. 2000. La Leche League at the crossroads of medicine, feminism and religion, The University of North Carolina Press.

Feminismo, maternidad y política: ¡cambiemos el mundo!

Edurne Uriarte,  "contra las mamíferas"



Por Ileana Medina Hernández



"El sueño de la razón engendra monstruos"
F. de Goya y Lucientes


El libro de la Badinter aún no ha sido editado en España (todo se andará) pero ya colea, y yo me alegro infinito de que por fin estos temas empiecen a aparecer en la prensa generalista.

La politóloga vasca Edurne Uriarte ha publicado esta semana un artículo en la Revista Mujer Hoy, titulado "Las Mamíferas", en el que básicamente se hace eco de las ideas de Elizabeth Badinter, en lo que podríamos llamar la flor y nata del feminismo burgués. No tiene nada de malo ser feminista y burguesa, pero que no nos lo vendan como progresía ;-)

Busco por la red otras declaraciones de Uriarte sobre feminismo y me encuentro con que ha escrito un libro que se llama Contra el feminismo (que no he leído, claro está) y esta entrevista, donde no sé vosotros, pero yo entre líneas creo vislumbrar que ella está más allá del feminismo porque más que compatibilizar la maternidad con el trabajo, quiere que las mujeres directamente nos ocupemos sólo del trabajo :-)

En el fondo no comprendo por qué estas mujeres parten del supuesto de que practicar la lactancia materna atenta contra la participación social y política de las mujeres. No entiendo por qué se sienten atacadas. Yo creo que es todo lo contrario. Que sí es perfectamente compatible la cada vez mayor presencia de las mujeres en el mundo público y político, con la práctica de la lactancia materna y con una crianza cada vez más amorosa para nuestros hijos.

¿Cómo? Transformando el panorama laboral. Eso sería lo verdaderamente feminista y revolucionario.

Vayamos por partes.

En mi artículo anterior Nos necesitamos las unas a las otras, y en casi todos los que he publicado en este blog, se deja bien claro que no estamos  en contra de la incorporación al trabajo y, menos aún, de la realización profesional de las mujeres, y de que ocupemos puestos directivos en todos los niveles. Faltaría más (yo misma he sido y soy madre trabajadora).

Tampoco pretendemos -como se ha dicho- imponer a ninguna mujer el parto natural ni la lactancia extensa, simplemente queremos poder ejercerlos quienes sí creemos en ella. Para ello, para ampliar los derechos a todos los tipos de maternajes que existen, es necesario cambiar algunas cosas, que no restringen los derechos de nadie, sino que los amplían.

Lo que sucede es que la incorporación de la mujer al mundo laboral, público y político tiene que servir para cambiarlo.

Dice Edurne Uriarte en la entrevista citada anteriormente:
"Eso significa cambiar la organización de nuestras vidas, porque las carreras no van a cambiar para adaptarse a las mujeres que quieren las dos cosas."
Pues pienso que sí: que las carreras sí tienen que cambiar para que las mujeres podamos tener las dos cosas (maternidad y trabajo), como también tienen que cambiar para que los hombres puedan tener las dos cosas (paternidad y trabajo).

El mundo laboral tiene que cambiar. Tiene que cambiar para que todos, mujeres y hombres, trabajemos un poco; y todos, mujeres y hombres, nos dediquemos también a criar a nuestros hijos.

Lo que no puede pasar es que todos estemos 12 horas diarias trabajando, mientras la crianza, el hogar, los cuidados a niños, enfermos y ancianos, los trasladamos precariamente a las mujeres más pobres, a las inmigrantes, a las empresas privadas y al Estado (a través de oficios y profesiones cada vez peor pagados). Inmigrantes que trabajan sin contratos; guarderías privadas que pagan 600 euros mensuales a sus educadoras; y educadoras de guarderías públicas que, junto con los demás funcionarios, han visto incluso su sueldo aún más reducido recientemente.

El amor y el cuidado deben ser reivindicados y favorecidos como algo digno de ser realizado y disfrutado por todos los seres humanos, y no como algo precario que hacen aquellos que no pueden acceder a otra cosa. El amor y el cuidado no cotizan en bolsa y están fuera de la lógica mercantil: ¡hay que defenderlos con política y con dignidad personal!

Me temo que la postura de Badinter y la de Uriarte arrastran parte del rol tradicional de las mujeres de clases altas: figurar en sociedad, mientras otros se ocupan de sus hijos. La crianza en el mismo saco que las labores domésticas. Los hijos al cuidado de otros.

Las mujeres de clases altas nunca amamantaron ni criaron a sus hijos a lo largo de la historia patriarcal (así que no ven por qué tendrían que hacerlo ahora). Tampoco podían antes acceder a las profesiones liberales ni a los cargos políticos. Su rol consistía en ser la señora de Mr. X, parir herederos y decorar los salones con su presencia.
Badinter, Uriarte y el feminismo clásico (de la línea de Simone de Beauvoir) defienden la incorporación de la mujer a las profesiones liberales, a los cargos públicos y económicos, al poder político... pero ni siquiera intuyen la potencialidad del otro lado que también nos fue arrebatado a las mujeres: el embarazo consciente, el parto libre, la lactancia placentera, la maternidad plena; y la capacidad de cuidado, que debería correspondernos a todos.

Lejos de haberse liberado del patriarcado como afirma Uriarte, las feministas clásicas representan el culmen del patriarcado: la mujer totalmente conversa al mundo masculino, al mundo de la competitividad, de la lógica mercantil, del consumo, de la vida exterior, del poder entendido tal como lo han entendido los hombres: jerarquía, privilegios, altos cargos, oligarquía.

Tengo la impresión de que estas mujeres sólo hablan en nombre de aquellas profesionales cualificadas y con éxito que ganan varios miles de euros al mes, y que, como ellas, han accedido a los centros de poder dejando a sus hijos en manos de empleadas (como han hecho históricamente las mujeres de clases altas a las que ellas pertenecen).

Y mucho me temo que sus maridos tampoco se ocupan de las labores domésticas, que quedan en manos de empleados y sirvientes ("de segunda categoría"). Con lo que en esas familias precisamente lo único que se comparte al 50% si acaso es el dinero, porque el trabajo doméstico lo hacen otros. Así lo refleja también la psiquiatra Inmaculada Gilaberte en su libro Equilibristas: entre la maternidad y la profesión, donde cuenta la solución que ella encontró: una amorosa inmigrante que se ocupa de sus hijos.

Tengo la impresión de que estas mujeres sólo defienden el derecho a incorporarnos al modo de vida de los ricos, mientras los pobres se ocupan de aquellas tareas que nosotros no queremos hacer, incluido con ello cuidar a nuestros hijos.

O sea, ese feminismo disfraza el problema de dominación de clases, reduciéndolo a un problema de dominación de los hombres sobre mujeres.
¿Y qué hay de todo el ejército de limpiadoras, cajeras de supermercado, dependientas, cuidadoras de ancianos y niños, oficinistas, auxiliares, obreras...e incluso muchas graduadas universitarias, que trabajan por menos de mil euros al mes, sin realización profesional, y sin poder pagarse una nanny que a la vez cuide de sus hijos? ¿Para estas mujeres la incorporación al trabajo asalariado ha supuesto realmente una liberación, o una doble carga?

Por otro lado, y dejando la discusión sobre las mujeres, están los niños.

Niños que fuimos, somos y seremos todos. Están el amor y las emociones. Algo que no se desarrolla en el mercado laboral, ni en los colegios de élite, ni tampoco con las cuidadoras inmigrantes, que a su vez se ven obligadas a dejar a sus hijos en sus países de origen, perpetuando la cadena del abandono, los hijos de cada una en manos de otras.

Los bebés y niños necesitan ser amados por sus padres. Para eso, para sentirse amados, necesitan pasar tiempo con nosotros. Necesitan leche materna (que sólo las mujeres podemos dar), cuerpo materno y paterno, hogar, comida saludable, comunicación, dedicación personal por parte de sus progenitores. Si para ello hace falta "cambiar las carreras": ¡cambiémoslas! Para eso probablemente teníamos que llegar las mujeres al poder.

Si la maternidad perjudica el desempeño laboral: ¡cambiemos las formas de desempeño laboral! Si el desempeño laboral perjudica a la maternidad: ¡cambiemos las formas de desempeño laboral!

¿Por qué suponemos que podemos cambiar la organización de nuestras vidas, por qué suponemos que podemos sacrificar a nuestros hijos, por qué suponemos que no hace falta ser "buenas madres" ni "buenos padres" y no suponemos que es posible cambiar el mundo laboral y productivo, el mundo social y político, a favor de nuestros hijos y del futuro?

La jornada laboral de 8 horas es una reivindicación del siglo XIX. Parece increíble que 200 años después, con la mujer incorporada al trabajo (o sea, el doble de mano de obra disponible), y con todos los adelantos de la robótica, inteligencia artificial e internet, no sea posible reducir las jornadas laborales. Producir más en menos tiempo.

Parece increíble que cada familia necesite hoy que los dos miembros de la pareja trabajemos entre 8 y 12 horas diarias, dejando a nuestros hijos sin atención familiar, para poder comprar lo que creemos que necesitamos para ser felices.

¿Lo lógico no sería que, tras la incorporación de la mujer al trabajo y tras el aumento exponencial de la productividad que trae la era digital, todos tuviéramos que trabajar menos horas?

¿Trabajar menos horas para estar con nuestros hijos, trabajar menos horas para repartir el empleo, trabajar menos horas para que los ricos no se enriquezcan tanto, trabajar menos horas para consumir menos, trabajar menos horas para repartir mejor las riquezas, trabajar menos horas para disminuir la explotación intensiva de la mano de obra y de los recursos naturales?

Transformar el mercado laboral: reducción de la jornada, eliminación inmediata de esa horrorosa jornada partida española, teletrabajo, trabajo por objetivos, cambios en la organización del trabajo, aumento de la productividad, trabajo sin horarios rígidos, racionalización de los horarios de trabajo, trabajos a los que se pueda ir con nuestros hijos, trabajos en casa, trabajos más motivantes, mejor gestión de los recursos humanos,  más prestigio para los trabajos de cuidado del otro (cuidadores, educadores, enfermeros, auxiliares... que deberían ganar más que un ejecutivo de Banca, más que un notario y hasta más que un Ministro, dado que realizan las labores de mayor importancia social), bajas maternales más largas como en los países nórdicos urgentemente, verdaderos permisos de lactancia, más recursos estatales para guarderías públicas de calidad y al mismo tiempo para las madres y padres que quieran permanecer con sus hijos ahorrándole ese gasto al Estado, hacer compatible el mundo laboral con la crianza de los niños pequeños: ¡de eso es de lo que deberían ocuparse las mujeres políticas e influyentes en el mundo de hoy!

Nuestros hijos merecen que dejemos de pelearnos entre hombres y mujeres, entre feministas y no feministas, entre biberones y "talibanas de la teta", y lleguemos a acuerdos que tengan en cuenta sus necesidades afectivas y emocionales. Nuestros hijos merecen que no les abandonemos, merecen que como sociedad pensemos en el futuro.

Señora Uriarte: los siglos de búsqueda de sustitución de la naturaleza por la cultura, la ciencia y la razón, se han cobrado precios muy altos. Hoy toca, no renunciar a la cultura, la ciencia y la razón, sino hacerlas compatibles con la naturaleza y las emociones, en un escalón humano superior. 

Anuncios para aprender, emocionarnos, sonreír o pensar...

En Youtube pueden encontrarse muchos anuncios promocionales de la lactancia materna, hechos en diferentes países.

Para refrescar el domingo, os dejo hoy una selección de algunos que me han gustado mucho:



















3 de septiembre de 2010

Nunca es tarde



Un día cualquiera aparece un maestro, un libro, un amigo o un pensamiento que cambia el curso de nuestras arraigadas creencias. Dentro de ese viraje personal, lo que hemos hecho con nuestros hijos ya no nos gusta. Hoy no haríamos lo mismo. Nosotros hemos cambiado. Pero lo que no podemos cambiar es el pasado.

Pues bien, llegó el momento de reconocer que ya no nos cabe en nuestro ser interior una modalidad antigua, basada en el prejuicio o el miedo. Tal vez hemos sido demasiado exigentes con nuestros niños, creyendo que hacíamos lo correcto pero alejados de nuestros sentimientos amorosos. Quizás los hemos maltratado sutilmente. Les hemos mentido y hoy son poco confiados. Hemos menospreciado sus sentimientos. Hemos exigido obediencia y nos han respondido con rebeldía. Hemos hecho oídos sordos a sus reclamos y ahora ellos no nos escuchan a nosotros.

Han pasado los años y querríamos rebobinar la vida como una película para hacer las cosas de otro modo. Pues bien, hay algo que sí es posible hacer hoy: darnos cuenta. Luego, hablar sobre ello con nuestros hijos. Incluso si tienen dos años. O cinco. O catorce. O veintiséis. O cuarenta. O sesenta años. Poco importa. Nunca es tarde. Siempre es el momento adecuado cuando humildemente generamos un acercamiento afectivo para hablar de algún descubrimiento personal, de un anhelo, de un deseo o de nuevas intenciones. Para un niño pequeño es alentador escuchar a su madre o a su padre pedirle disculpas, comprometiéndose a ofrecer mayor cuidado y atención. Para un adolescente, es una extraordinaria oportunidad, hablar con alguno de sus padres en una intimidad respetuosa nunca antes establecida entre ellos. Para un hijo o hija adultos, es una puerta abierta para formularse preguntas personales. Para un hijo maduro, es tiempo de confort y de profunda comprensión de los ciclos vitales.

Cualquier instante puede ser la ocasión perfecta para compartir el cambio que uno ha decidido asumir. No hay lección más virtuosa que compartir con los hijos el “darse cuenta” y la intención, la firme intención de devenir cada día mejores personas. Definitivamente, para un hijo es extraordinario encontrarse con la sencilla y blanda humanidad de los padres que buscan su destino, cada día.

Por Laura Gutman

Artículo publicado en la Newsletter de Mayo de 2009