31 de julio de 2011

¿Y tú de qué te nutres?

Por Ileana Medina Hernández

Nutrirse es algo mucho más amplio que comer.

La comida es sólo una de las formas de nutrirse. El alimento puede ser material, emocional, racional o espiritual.

Todo lo que INCORPORAMOS al cuerpo, a la mente y al alma, es alimento, es nutrición. Cada vez que RECIBIMOS algo (material o espiritual) nos estamos alimentando (y no es metáfora).

Las formas de alimento son, digamos, intercambiables. Todas cumplen la misma función. Cada ser humano se nutre de unas cosas más que otras. Y, como se dice, somos lo que comemos.



Los hay que se nutren de mirada. Los artistas son un ejemplo. Se nutren de mirada, de aplausos, de atención. También los maestros, los conferenciantes, los periodistas, los políticos... todos los que se exponen ante el público. Se alimentan de la fama, del reconocimiento, de los vítores. (Su pecado suele ser la vanidad). Suelen ser gente delgada: no necesitan comer demasiado.

Los hay que se alimentan del deseo ajeno. Mujeres bellas, sobre todo. Que se saben y les gusta sentirse deseadas. También hombres, pavos reales. Se visten siempre a la moda, se acicalan, dominan el arte de seducir, son promiscuos, guapos, coquetas, pizpiretas, adonis, afroditas. (Su pecado suele ser la lujuria). Tampoco suelen padecer sobrepeso.

Los hay que se alimentan del conocimiento. "Devoradores" de libros, lectores empedernidos, marisabidillas, ratones de biblioteca, sabelotodos con gafas, hackers informáticos, nerds, científicos, intelectuales, cinéfilos, autodidactas, empollones, enciclopédicos. (Su pecado suele ser la soberbia).

Los hay que se alimentan de objetos materiales. Consumistas, pijos, adictos a las tiendas, a la tecnología, obsesos de las marcas, de los grandes coches, de la buena ropa, de las joyas, del dinero en cualquiera de sus signos externos. (Su pecado suele ser la avaricia).

Los hay que se alimentan del poder. De mandar sobre otros, de tener autoridad, de sentirse plenipotenciarios. El ejemplo clásico son los dictadores y todos los padres y jefes autoritarios, sobre todo sin son austeros y no se combinan con el grupo anterior. El fin en sí mismo es el poder, humillar al de abajo, sentir que tienen el control y que siempre se hace su voluntad. (Su pecado suele ser la ira, la violencia). Proviene de la inseguridad y el miedo profundos.

El resto de los mortales, los que no tenemos ni dinero para consumir, ni belleza para seducir, ni poder para ejercer, ni conocimientos enciclópedicos, ni dotes artísticas, solemos caer en la gula. Es relativamente fácil hoy en día tener la despensa llena de alimentos energéticos. Así la obesidad es epidemia.

La inmensa mayoría combinamos en proporciones distintas las formas de nutrición, picamos de varios sitios,  caemos en varias adicciones/pecados diferentes. (Combinación por ejemplo de vanidad y lujuria, o de ira y soberbia, son bastantes frecuentes).

Todos, nos alimentamos de amor. Deseamos ser queridos, abrazados, acariciados, admirados, aceptados, amados. Si lo fuéramos incondicionalmente, no necesitaríamos tanto sustituto de pacotilla.

Pero perdemos pronto, desde la primera infancia, la sensación de ser amados tangiblemente, corporalmente. Y con ello, también la capacidad de amar a otros. Y así andamos luego, borrachos tambaleantes, adictos a los sustitutos del amor.

Una sociedad carente de amor es siempre una sociedad adictiva. Una sociedad consumista, obesa, vanidosa o violenta... O todas las cosas a la vez. Que busca NUTRIRSE, consolarse o evadirse con sucedáneos baratos y comprables del amor.

Otros, los espirituales, aprenden que la respiración también es una forma de nutrición. Dicen los médicos que la mayoría de la gente respiramos mal, y que tomamos menos aire del que necesitamos para vivir. Aprender a respirar bien, a tomar AIRE en cantidad y en calidad, nos ayuda a vivir mejor y a comer menos. Nos alimentamos también de aire, y de agua, y de belleza, y de espíritu.

Echo de menos que los nutricionistas y los que hablan de dietas, de obesidad, de anorexia, de trastornos alimentarios y de todas las ADICCIONES varias (ludopatías, alcoholismo, tabaco, drogadicción, etc.) alcancen a comprender esta DIMENSIÓN AMPLIA E INTERCAMBIABLE DEL ALIMENTO.

Alimento es todo lo que incorporamos a nuestro cuerpo a través de los sentidos, toda la ENERGÍA que viene hacia nosotros, TODO LO QUE RECIBIMOS DE LA NATURALEZA Y DEL OTRO: mirada, atención, cariño, mimos, masajes, sonrisas, abrazos, conocimiento, empatía, solidaridad, ayuda, sostén, apoyo, regalos, objetos, comida, belleza, arte, mensajes, comunicación, signos, música, arrullo, aire, ejercicio,  deporte, aliento, compañía, ternura, presencia, deseo, diversión, sexo, entretenimiento, satisfacción, éxtasis... Alimentarse es el arte de recibir (biunívoco al arte de dar, de nutrir a otros).

Todo lo PLACENTERO que llega a nosotros, produce el mismo efecto en el cerebro que el azúcar, las drogas, el chocolate o el sexo: serotoninas, neurotransmisores del placer, oxitocina, bienestar neuronal y general.

Somos unos animales simples: al obtener placer, nos alimentamos. Y viceversa.

Los mecanismos del placer están bien perfilados cuando nacemos. Pero pronto, sin lactancia, sin brazos sostenedores, sin cuerpo maternante, sin compañía, sin mirada, sin atención, sin aceptación incondicional... aprendemos a resignarnos a no obtener placer, o a luchar por él con uñas y dientes, y ahí se abre entonces la puerta a TODAS LAS ADICCIONES: ya que no tenemos amor, ni aprobación, ni mirada cuando somos pequeños, cuando nuestro cerebro está formando los mecanismos duraderos del placer, entonces nos pasamos el resto de la vida buscándolo en los sustitutos efímeros que tenemos a mano: objetos consoladores, comida, sexo, poder, dinero, violencia... (lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia, soberbia).

Los siete pecados capitales tienen que ver con la ALIMENTACIÓN, no solo la gula. Tienen que ver con el AMOR.  Mejor decir, con la falta de amor. Nutrirse es una cuestión de amar, de relacionarse, de solazarse, de abrirse al conocimiento, al sexo bien entendido, al espíritu y a la belleza.

Así podemos comprender por qué la teta es todo para el niño recién nacido, que aún no tiene otros recursos: es madre y amor y alimento y placer y seguridad y confort. La lactancia quizás es el único alimento total, el mejor ejemplo para comprender por qué el alimento, el amor y el placer son las tres caras (material, emocional y espiritual) del mismo proceso.

Así podemos intuir cuán mal va una sociedad que todo lo mercantiliza. Ahora podemos quizás comprender qué nos pasa. Y quizás podamos comenzar a hacer algo pequeño para remediarlo.


PD: Ahora se me ocurre que esto de los pecados capitales (y la combinación particular que cada uno hacemos de ellos) es la esencia del eneagrama. 

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Artículos relacionados: 

La satisfacción de necesidades básicas (fragmento de Laura Gutman)
El alimento de la psiquis
La leptina y el amor

30 de julio de 2011

Libertad


Nos llenamos mucho la boca para hablar de libertad.

Pero cuando se trata de la libertad de los niños, enseguida aparecen peros, pitos y flautas.

Y yo me pregunto:

¿Dónde si no se construye la libertad?

28 de julio de 2011

Manuel Bueno: "La leche artificial aumenta el riesgo de obesidad, enfermedades cardiovasculares y diabetes"

Manuel Bueno, médico, investigador y profesor emérito de la Universidad de Zaragoza y una de las personalidades más respetadas de la Pediatría española (y padre de seis hijos, ¡los seis médicos!), lleva muchos años investigando sobre el origen de la obesidad y la diabetes infantil.

Sus hallazgos son muy interesantes: apuntan a la etapa INTRAUTERINA y a la LACTANCIA MATERNA.

Curioso: los niños que fueron gestados en circunstancias de hambre (como la II Guerra Mundial, pero inmediatamente me viene a la mente la obsesión que tienen hoy día los obstetras con que las embarazadas no subamos de peso) desarrollaron un mecanismo de adaptación en sus genes para "aprovechar las grasas", lo que hace que sean obesos en la adultez:

«Los hijos de aquella época, que tienen ahora unos 60 años, presentan más problemas de obesidad que personas que crecieron en condiciones normales. Esos fetos adaptaron sus genes para sobrevivir, provocando que sus células grasas en la edad adulta no metabolizaran correctamente las grasas y se queden adheridas a ellas.»

Muy interesante entrevista que publica hoy EL PAÍS (aunque se le podría sacar mucho más jugo ;-)

"Los esquimales toman el pecho hasta los tres años y sus índices de obesidad son muy bajos"


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Otras entrevistas a Manuel Bueno:

"La lactancia con biberón aumenta la obesidad en la adolescencia"

"Las deficiencias nutricionales en el útero determinan obesidad y otras enfermedades durante la vida"

"Ninguno de los fármacos contra la obesidad es eficaz"

"La humanidad no termina de aclararse hacia dónde quiere ir en alimentación"

"El número de niños obesos en edad escolar se ha triplicado desde 1982"

27 de julio de 2011

"La criatura que duerme sola es una novedad histórica"

«La ciencia occidental se ha equivocado al pretender que los bebés humanos podían ser más independientes fisiológicamente de sus madres de lo que en realidad son»


(Antídoto contra Estivill y compañía :-)


Todo lo que necesitas saber sobre el colecho. Reproduzco la ponencia presentada por el antropólogo James MacKenna en 2005 en Paris, en las VI Jornadas Internacionales de Lactancia, sobre las cuestiones del sueño infantil. La ponencia se titula:


Autor: James MacKenna (Estados Unidos)


VIª Jornadas Internacionales de Lactancia, París, marzo 2005

James MacKenna (Estados Unidos) es profesor de antropología y también director del Mother-Baby Behavioral Sleep Laboratory, y del Departamento de Antropología de la Universidad de Notre Dame, Indiana. Su investigación trata sobre el sueño ‘mamá-criatura’.


Voy a exponer unos hechos que muestran por qué el contacto intenso y prolongado, el sueño compartido (*) durante la noche y la lactancia, son tan importantes para la salud materna e infantil.

Voy a explicar por qué la lactancia y el sueño compartido durante la noche constituyen un viejo mecanismo de adaptación, que sigue siendo perfectamente eficaz, que regula la fisiología de la madre y de la criatura de manera beneficiosa. La re-emergencia de la lactancia (la nueva moda en las sociedades occidentales) nos permite recordar que la lactancia y el sueño compartido madre-bebé son comportamientos que han evolucionado conjuntamente en tanto que componentes que constituyen un mismo micro-entorno beneficioso, protector, favorable al desarrollo, que palía la inmadurez del bebé (el volumen cerebral en el nacimiento es sólo el 25% del adulto), al tiempo que le protege de los riesgos de un medio externo potencialmente peligroso.

Utilizo la noción de entorno adaptado evolutivamente (según Bowlby), en el cual el sistema nervioso central en pleno desarrollo de la criatura recién nacida y del bebé encuentran al mismo tiempo su significado y su contexto, para mostrar que la ciencia occidental se ha equivocado al pretender que los bebés humanos podían ser más independientes fisiológicamente de sus madres de lo que en realidad son, habiendo hecho con frecuencia, erróneamente, una definición científica de lo que deseábamos que fuesen los bebés en lugar de lo que en realidad son.

En esta presentación os contaré las investigaciones que muestran que la madre y la pequeña criatura humana se regulan la una a la otra fisiológicamente, y me referiré a los datos obtenidos de primates no humanos que nos pueden permitir predecir esta relación; voy a explicar los datos que hemos recogido en nuestro laboratorio de sueño, que ilustran la importancia de las relaciones biológicas y comportamentales que existen entre el sueño compartido durante la noche por la madre y la criatura, y la lactancia.

Además voy a presentar datos sobre la seguridad del sueño de la criatura, sobre las relaciones entre la Muerte Súbita Neonatal (MSN) y la lactancia, y la MSN y el colecho (o práctica de dormir madre y criatura en la misma cama), y sobre las diversas modalidades de regular el sueño (arquitectura del sueño, nivel de vigilia, ritmo cardíaco, posturas para dormir, orientaciones de la madre y de la criatura, así como de la frecuencia y duración de las tetadas) que están asociadas a una determinada organización del sueño que permite el que la madre y la criatura estén próximas la una a la otra.

Veremos las razones por las que se puede decir que los profesionales de la pediatría y los especialistas en MSN sustituyen unas ideologías sociales por la evidencia empírica, y sus propias preferencias por las preferencias de las madres y de los padres, colocando a estos últimos en una situación de tener que defender legalmente su derecho a dormir con sus criaturas, puesto que están dando recomendaciones erróneas contra toda forma de colecho sin ninguna base válida. Veremos a continuación como se pueden conciliar estos diversos puntos de vista, respetar las necesidades fisiológicas de las criaturas, asegurando unas condiciones seguras de sueño.

LA LACTANCIA Y EL SUEÑO COMPARTIDO: UNAS PRÁCTICAS ANCESTRALES QUE SIGUEN SIENDO ÚTILES.

Con el fin de valorar y de comprender mejor lo que constituye el entorno óptimo para los bebés humanos y sus madres, un entorno que reduzca el riesgo para la criatura de muerte por MSN o por cualquier otra causa, es necesario utilizar unos términos muy precisos para referirnos a los medios con los que podemos satisfacer las necesidades biológicas del bebé. Estas necesidades son en resumidas cuentas, una lactancia totalmente a demanda, y un contacto físico tanto durante la noche como durante el día.

Quizá nunca haya habido una noción más exacta que la que dió Winnicott hace ya bastantes años: ‘Un bebé solo, eso no existe; lo que existe es un bebé con alguien’.

El sueño compartido -el hecho de que madre y criatura duerman la una junto a la otra- constituye el contexto evolutivo del desarrollo del sueño en el bebé. Hasta muy recientemente, para las criaturas recién nacidas, era un pre-requisito para su supervivencia. Sigue siéndolo para la mayoría de los pueblos contemporáneos excepto para la población occidental industrializada. En la medida en que el cuerpo del bebé humano continúa estando adaptado únicamente al cuerpo de la madre, el sueño compartido con las tetadas nocturnas sigue siendo importante desde el punto de vista clínico, y puede potencialmente salvarle la vida.

Esto está ligado al hecho de que los humanos son los mamíferos que nacen más profundamente inmaduros (el cerebro del bebé sólo es un 25% de lo que será su volumen adulto), su desarrollo es el más lento, y es el más dependiente durante un periodo de tiempo más largo, en lo que se refiere a sus necesidades nutricionales, sociales, emocionales, y a la necesidad de ser transportado. De hecho, llevar, cuidar, o acariciar a un bebé, emitir un olor y respirar a su lado, induce en el bebé un aumento de su temperatura, una baja en la duración de su llanto, una variabilidad más importante del ritmo cardíaco, menos apneas, un nivel de stress más bajo, un mayor almacenamiento de glucosa, y un mejor crecimiento cotidiano (1).

Además, en la medida en que la leche humana es relativamente pobre en grasas y en proteínas, y que es relativamente rica en azúcares que se metabolizan rápidamente, y en la medida en que la criatura humana es incapaz de moverse por sí misma, necesita de contacto y de ser llevado de manera continua, con tetadas frecuentes noche y día. En consecuencia, todo estudio que tenga por objetivo comprender los ritmos ‘normales’ del sueño de la criatura humana, y que no tenga en cuenta el rol vital del contacto nocturno en forma de lactancia y de proximidad de la madre, debe considerarse inadecuado, engañoso y/o fundamentalmente sesgado. (2)

EL SUEÑO COMPARTIDO: LA IMPORTANCIA DE LAS DIFERENCIACIONES TAXONÓMICAS

Lo esencial de la controversia en torno a la cuestión de si es o no seguro el sueño compartido madre-criatura, está en la manera en que los autores lo definen y lo conceptualizan. El sueño compartido no es como lo supone la Comisión estadounidense de Seguridad de los Productos de Consumo (Consumer Products Safety Commissión - CPSC) una práctica única y homogénea. Es más bien un término genérico que recubre un cierto número de formas de organizar el sueño, que incluye diversas prácticas diferentes, y cada una de ellas requeriría su propia descripción y tomar en cuenta sus características específicas antes de empezar a debatir sobre su seguridad y sus consecuencias.

Un entorno seguro para el sueño compartido debe permitir que el bebé perciba y responda a las señales y manifestaciones de la persona que le cuida, tales como el olor de su madre, el sonido de su respiración, sus movimientos, su voz dirigida a la criatura, las invitaciones a mamar, las caricias, y todo estímulo sensorial sutil, sea o no intencionado (3). Además, para poder definir un entorno físico y social de sueño compartido como seguro, hace falta la implicación de una persona activa y motivada que ha escogido practicarlo específicamente para cuidar, nutrir y estar próxima a la criatura, con el fin de cuidarla o de protegerla.

El entorno de sueño compartido debe también estar cuidadosamente concebido con el fin de evitar factores de riesgo constatados en estudios epidemiológicos (4). Las prácticas de sueño compartido peligrosas son por ejemplo dormir en una butaca o en un sofá, el dormir con una madre que fuma, o el colocar al bebé junto a un niño o una niña mayor. Las madres y los padres, o la persona que se ocupe de la criatura, constituirán un entorno peligroso para compartir el sueño si están anestesiados por las drogas o por el alcohol. Otros entornos peligrosos son el que la criatura duerma con una persona obesa, sobre colchones blandos, o en la cama con el padre o la madre cerca de una gran almohada. (5, 6, 7).

Todas las formas de compartir cama son ejemplos de sueño compartido, pero el compartir la cama de los padres es sólo una de las numerosas formas de la práctica del sueño compartido en el mundo. Por ejemplo, ciertos padres de América Latina, de Filipinas o de Vietnam duermen con sus hijos e hijas en hamacas, o bien colocan al bebé en una hamaca cerca de ellos, mientras que duermen sobre jergones o sobre una cama. Ciertos padres meten a la criatura en un cesto de juncos que colocan sobre su cama, entre ambos. Otros padres duermen junto a su bebé en jergones de bambú o de paja, o sobre futones (como en Japón). Otros tienen a la criatura en su cuarto, y el bebé duerme en una superficie diferente, como una cuna o una cama pequeña pegada junto a la cama de los padres

COMPARTIR EL SUEÑO NO HA PERDIDO SU UTILIDAD BIOLÓGICA

Aunque las prácticas del sueño infantil varían considerablemente de una cultura a otra, el impacto físico regulador potencialmente beneficioso del contacto de la madre con la criatura durante el sueño, es el mismo. La temperatura de la criatura puede bajar hasta un grado cuando se le quita del vientre de su madre después del nacimiento, incluso aunque se la coloque en una incubadora cuya temperatura está regulada para que sea igual a la del cuerpo de la madre (8). Richard ha constatado que los bebés de entre 11 y 16 semanas tenían una temperatura axilar cuando dormían solos más baja que cuando compartían la cama de su madre (9). Thomas y Graham descubrieron que si se colocaba un peluche provisto de un dispositivo que le hacía ‘respirar’, junto a recién nacidos que sufrían apneas, el riesgo de apnea podía disminuir hasta un 60 % (10). Además, cuando permanecían apegados al pecho de su madre (o de su padre) en contacto piel con piel, tanto los prematuros como los nacidos a término, respiraban de manera más regular, utilizaban más eficazmente la energía, crecían más deprisa, y experimentaban un nivel de estrés más bajo (11, 12, 13).

EL RESULTADO CLINICO DEPENDE DE LA MANERA EN QUE SE PRACTICA EL SUEÑO COMPARTIDO.

El hecho de que el sueño compartido pueda ser beneficioso o peligroso para la criatura, está en función del entorno social y físico (las circunstancias familiares) en las cuales se practica. Por esta razón no hay un único resultado asociado a las diversas formas de sueño compartido, particularmente en las culturas occidentales; por ello hay tanto debate en torno a la inocuidad del sueño compartido, y muy en particular sobre si la criatura debe o no dormir en la cama de los padres.

Por ejemplo, en las sociedades occidentales industrializadas, entre las familias de nivel económico medio y alto, se constatan la práctica de la lactancia y del sueño compartido en la cama de la madre y del padre, sobre todo si las mujeres no son fumadoras; la mortalidad infantil, incluida la MSN, es baja. El estudio internacional más reciente sobre las prácticas de atención a la infancia en relación con el riesgo de MSN, llevado a cabo por el SIDS TASK FORCE, ha demostrado de manera indiscutible que la prevalencia de la MSN era tanto más baja cuanto más alta era la prevalencia del sueño compartido y del colecho.

En la más reciente conferencia internacional sobre el MSN en Auckland, Nueva Zelanda, Sankaran et al presentaron unos datos recogidos en Saskatchewan (Canadá) que muestran que allí donde se practicaba la lactancia y diversas formas de sueño compartido, el número de muertes por MSN descendía (14). Estos resultados concuerdan con los de un estudio sudafricano que indica que los bebés que comparten la cama con sus padres tiene una tasa de supervivencia más alta que los bebés que duermen solos (15).

En Hong Kong, donde el sueño compartido es la norma, la prevalencia de MSN es la más baja del mundo (16,17). Lo mismo se puede constatar en Japón, donde la tasa no solo de MSN sino en general de mortandad infantil se encuentra entre las más bajas del mundo, según un informe de la SIDS Family Organization del Japón, publicado en 1999. Además, la prevalencia del tabaquismo ha descendido en un periodo de 4 años, mientras que la de la lactancia, la del sueño compartido y la del sueño del bebé cargado en las espaldas, ha aumentado; la tasa de MSN ha descendido, lo contrario de lo que supuestamente tendría que haber ocurrido, visto el aumento del número de criaturas que duermen en la cama con sus padres.

En numerosos países asiáticos, en los que el sueño compartido es la norma, tales como China, Vietnam, Camboya y Tailandia, la MSN, o bien es desconocida, o bien es muy rara (19, 20, 21). En un estudio realizado en Australia, se habló con una madre vietnamita sobre la MSN, que era desconocida para ella. Ella dijo que “la costumbre de estar siempre con la criatura debe prevenir esta enfermedad. Cuando se duerme con la criatura, siempre se duerme ligeramente. Se da una cuenta si su respiración cambia... no se debería dejar nunca solos a los bebés”. Otra madre vietnamita añadió: ”los bebés son algo demasiado importante para dejarles solos sin nadie que les vigile.” (20).

De las 40 madres interrogadas por Elisabeth Wilson, una investigadora especializada en el estudio de la MSN, en el hospital universitario de Guagzho, más del 66% dijeron que tenían la intención de meter el bebé en la cama conyugal por las noches, y el resto había previsto poner el bebé a dormir junto a su cama. El conjunto de ellas estaban de acuerdo en que el bebé “era demasiado pequeño para dormir solo”, y que el dormir juntos “hacía feliz al bebé” (23).

En cambio, entre la población urbana occidental, se asocia el dormir juntos con un riesgo más elevado para la criatura, en particular, aunque no exclusivamente, si se realiza en asociación con el tabaquismo en la madre, consumo de alcohol o de drogas, o bien, con un modo de vida caótico, falta de educación y de información, con la colocación del bebé boca abajo y otros factores de riesgo (24). Por ejemplo, el número de fallecidos ligados al colecho (que a menudo, en los datos del CPSC, incluyen los bebés fallecidos mientras dormían en un sofá) es excepcionalmente alto en Estados Unidos, entre mujeres afro-americanas pobres que viven en grandes ciudades como Chicago, Cleveland, Washington y Saint-Louis, ciudades de donde provienen los datos utilizados para promulgar las recomendaciones que refutan la inocuidad del sueño compartido, sean cuales sean las circunstacias (25, 26). Además, los estudios epidemiológicos interculturales han demostrado ampliamente que en los grupos económicamente desfavorecidos de origen indígena, tales como los Maoris de Nueva Zelanda, los Aborígenes de Australia, los Cree de Canadá y los Aleuts de Alaska, el sueño de las criaturas en la cama conyugal y otras formas de sueño compartido, pueden también estar asociadas a un riesgo más alto para la criatura, y a un aumento de la mortalidad infantil (27, 28).

La SIDS Task Force tiene en cuenta estas diferencias a la hora de determinar las consecuencias de que la criatura duerma en la cama de sus padres, de una manera que concuerda con mi punto de vista personal, a saber, destacando factores tales como el tabaquismo de los padres, el uso de drogas y del alcohol, que el bebé duerma boca abajo o sobre un colchón blando, o el dejar al bebé dormir sólo en una cama de adulto si existen huecos entre el colchón y los bordes de la cama, o entre el colchón y la pared u otro mueble, el hecho de que los muebles sean peligrosos o estén colocados de manera peligrosa, que el bebé duerma junto a otros niños o niñas mayores, o bien en un sofá con un adulto o adulta obesa.

Sería preferible quizá definir los factores que guardan relación con la práctica de dormir en la cama de la madre y del padre, según el continuum de ventajas-inconvenientes. Por ejemplo, si la madre decide llevarse al bebé a su cama con el fin de darle calor maternal y de mamar, y si está informada de las medidas de seguridad que debe tomar (como utilizar un colchón duro, no cubrir demasiado al bebé, acostar al bebé bocarriba (contra su espalda), etc.), entonces podemos esperar que el sueño de la criatura en la cama de la madre y del padre tenga un impacto protector y produzca un descenso en el riesgo de MSN. Pero si el que la criatura duerma en la cama de la madres y del padre, no se ha sido decidido como una forma de maternaje, sino que se ha producido como una necesidad porque no tenían ningún otro lugar donde colocar a la criatura, si la madre fuma, se droga, y si hay otro niño o niña que también duerme en la cama y un adulto o adulta no se coloca entre el bebé y el otro niño o niña , se puede predecir un aumento del riesgo de MSN o de asfixia.

LA CRIATURA QUE DUERME SOLA: UNA NOVEDAD HISTORICA

Las emociones, configuradas por una selección natural y controladas por el sistema límbico del cerebro, hace que pequeñas criaturas, niños y niñas protesten llorando, cuando duermen separadas de sus padres-madres. Estas emociones son indiscutiblemente el resultado de una evolución destinada a limitar los riesgos unidos a lo que ha sido, a lo largo de toda nuestra evolución, una situación de riesgo vital: la separación de la persona que nos asegura los cuidados (29).

En estos últimos decenios, las estrategias occidentales del cuidado de las criaturas han dado una valoración positiva a la autonomía precoz de los bebés. Los profesionales de la salud han propagado el que los padres y las madres tenían que poner a dormir a los bebés solos toda la noche, y con las menos intervenciones posibles de los padres o madres, incluido las menos tetadas posibles (según algunos de los que se dedican a dar consejos, cuantas menos tetadas, mejor –30-31). Ciertos profesionales de la salud animan a los padres y madres a ‘acostumbrar’ a sus criaturas a ‘dormirse solas’. Los consejeros pediátricos en materia de sueño dicen que no se debería permitir jamás que un bebé se durmiera tomando el pecho o en brazos de su madre, a pesar de que estas son precisamente las situaciones en las que los bebés se suelen dormir. Muchos padres y muchas madres pueden dar testimonio de que se trata de un consejo que se presenta muy difícil de seguir.

El miedo exagerado de asfixiar al bebé durmiendo con él, pudiera estar, en parte, unido a la historia de la cultura occidental. Durante los últimos 500 años, numerosas madres muy pobres de París, Bruselas, Munich, Londres (por no citar más que algunas ciudades) reconocían en confesión a los sacerdotes católicos, que habían matado a su bebé, tumbándose encima de él, con el fin de limitar el número de hijos/as. Los sacerdotes reaccionaron con la excomunión, con sanciones y prisión, y también prohibiendo que la criatura durmiera en la cama de la madre y del padre (32, 33).

Esta herencia histórica específica del mundo occidental se ha producido probablemente en convergencia con otras modificaciones de las normas morales y de las costumbres sociales, con una determinada valoración de la intimidad, de la autonomía y del individualismo, poniendo las bases filosóficas de las creencias culturales que nos llevan a que nos resulte más fácil percibir los peligros asociados al colecho que a constatar (o imaginar) sus numerosos beneficios. La diseminación por toda Europa de la idea del amor romántico, asociada a la importancia de la relación marido-mujer, también ha podido favorecer el que la criatura duerma en una habitación separada. La separación física, y en particular la separación del padre de las criaturas, también se ha considerado como un medio de aumentar la capacidad del padre de impartir la instrucción religiosa o para asumir la autoridad moral.

SUEÑO COMPARTIDO Y SUEÑO SOLITARIO: LOS EFECTOS EN LAS CRIATURAS

Como ya he indicado, los primeros estudios publicados sobre poblaciones que duermen con sus criaturas, contradicen las convicciones occidentales convencionales, según las cuales el sueño compartido tiene consecuencias nefastas más adelante en la vida, psicológicas, emocionales y sociales. (34, 35, 36). Un estudio transversal reciente efectuado en criaturas inglesas, pertenecientes a una clase socioeconómica media, ha demostrado que había una mayor proporción de criaturas que no habían dormido nunca en la cama de los padres que eran consideradas por éstos y por sus maestras-os, 'más difíciles de controlar’, ‘menos felices’ y ‘más caprichosas’. Las criaturas que nunca habían sido autorizadas a dormir en la cama conyugal, también tenían más miedos que las que sí habían dormido en la cama conyugal (37)

Hay otras constataciones que también están a favor de las ventajas del colecho sobre el sueño solitario. Un estudio realizado sobre estudiantes ha constatado que los chicos que habían dormido con sus padres-madres desde el nacimiento hasta los 5 años, tenían una imagen de ellos mismos significativamente mejor, manifestaban menos sentimientos de culpa y menos ansiedad, y tenían relaciones sexuales más frecuentes. Los chicos que habían compartido el sueño entre los 6 y los 11 años también tenían una mejor imagen de sí mismos. En las chicas, el sueño compartido durante la infancia estaba asociado a un nivel más bajo de malestar ante el contacto físico y en las manifestaciones de afecto en la edad adulta (38). Otro estudio concluía que las mujeres que habían tenido el sueño compartido durante su infancia tenían también una mejor imagen de sí mismas que las que no lo habían tenido (39). Indiscutiblemente, compartir el sueño parece que favorece la confianza en un@ mism@ y la intimidad, quizá porque refleja una actitud de aceptación por parte de los padres y madres.

Un estudio realizado en 86 niños y niñas, que vivían en una base militar ha demostrado que l@s que compartían el sueño tenían mejor comportamiento desde el punto de vista de su profesores que l@s que dormían sol@s, y que la proporción que necesitaba atención psiquiátrica era menor que la de l@s que dormían sol@s. Los autores concluían: “Contrariamente a lo esperado, los niños y niñas que no habían tenido necesidad de atención profesional por problemas emocionales o de conducta, habían compartido el sueño con una mayor frecuencia que los niños y niñas que habían necesitado atención psiquiátrica y cuyos padres-madres tenían un nivel menos bueno de adaptación. Las mismas constataciones se han hecho con un grupo de niños en una situación que podemos calificar de ‘edípica’ (niños de 3 años y más que dormían con la madre en ausencia del padre), constataciones totalmente opuestas a las concepciones psicoanalíticas tradicionales” (40).

El estudio de mayor amplitud y probablemente el más metódico, llevado a cabo sobre 1400 personas pertenecientes a 5 grupos étnicos residentes en Chicago y Nueva York, ha constatado que el sueño compartido durante la infancia, tenía en la edad adulta muchas más consecuencias favorables que negativas. Los resultados eran los mismos para casi todos los grupos étnicos (afro-americanos, portorriqueños residentes en Nueva York, portorriqueños, dominicanos y mexicanos residentes en Chicago). Una constatación particularmente evidente en todos los grupos étnicos, era que el sueño compartido daba como resultado un sentimiento de satisfacción más grande ante la vida. (41)

ESTUDIOS PSICOLÓGICOS EN LAS DÍADAS MADRE-CRIATURA

Un estudio llevado a cabo en la Escuela de Medicina Irvine de California, ha cuantificado las diferencias en el comportamiento y en la fisiología del sueño en 70 madres de origen hispano y en sus hijos e hijas. Se efectuaron más de 200 registros polisomnográficos de 8 horas de duración en madres e hijos-hijas mientras dormían en la misma cama, o en dos habitaciones separadas durante 3 noches consecutivas.

Comparamos en particular cómo el entorno del sueño solitario y del sueño compartido afectaba a dos categorías de díadas madre-criatura: las que tenían el hábito del sueño compartido y las que tenían la costumbre de dormir separadas.

Cada díada pasó dos noches (determinadas por un sorteo al azar) durmiendo según su hábito, y una noche durmiendo de la manera diferente; las madres que tenían el hábito de dormir con su criatura durmieron en una habitación separada, y las madres que tenían la costumbre de dejar a la criatura dormir sola durmieron con ella. Todas las madres así como las criaturas estaban en buena salud y alimentadas con lactancia prácticamente exclusiva. Las criaturas tenían entre 11 y 15 semanas (edad en la que el riesgo de MSN es más elevado).

Encontramos que compartir la cama duplicaba la frecuencia de las tetadas nocturnas, y triplicaba el tiempo que la criatura estaba al pecho. El colecho también estaba asociado a un periodo de tiempo más corto entre tetada y tetada. En las 70 criaturas alimentadas con lactancia materna casi exclusiva, constatamos que el intervalo entre dos tetadas era de alrededor de una hora y media en el grupo que practicaba el colecho, es decir, la duración aproximada del ciclo del sueño de la madre (de un adulto o adulta). Esto quiere decir que las necesidades nutricionales de las criaturas y su ciclo alimentario, cuando se comparte el sueño, es correlativo con la duración media de los ciclos ‘ultradians’ del sueño (90-120 m.) de una persona adulta, una correlación que no se había observado ni planteado nunca hasta entonces. Cuando dormían en habitaciones separadas (pero lo suficientemente cerca para poder oír de una habitación a la otra) el intervalo entre las tetadas era casi el doble de largo (42).

La posición de dormir boca arriba (de espaldas) es la posición universal para los bebés, específicamente concebida para facilitar y favorecer las tetadas nocturnas. De hecho nuestros estudios constataron que sin haber dado instrucciones al respecto, las madres que tenían la costumbre de dormir con sus criaturas, prácticamente todas las acostaban boca arriba, probablemente porque es difícil, si no imposible, dar de mamar a una criatura echada boca abajo (sobre el vientre). Según los vídeos tomados en infrarrojos, de madres que dormían con sus criaturas, parece que la posición boca arriba de éstas maximiza su capacidad de controlar su micro-entorno, y en particular su capacidad de provocar las tetadas (43, 44). Además de permitir el movimiento de la criatura para acercarse o alejarse del pecho, el hecho de dormir boca arriba le permite quitarse una manta que le cubra la cara, girar la cabeza hacia su madre o hacia el otro lado, tocarse la cara, despejarse la nariz, chuparse el dedo gordo o los otros sin demasiado esfuerzo, y emitir sonidos que puedan despertar a la madre, quien entonces, a menudo, le ofrecerá el pecho.

Nuestro estudio nos permite también pensar que la postura boca arriba, en el contexto de la lactancia materna y del colecho, maximiza las oportunidades del bebé de percibir los movimientos, los sonidos, el contacto de la madre, y viceversa (45, 46, 47), de responder a los mismos en sincronía con ella. La postura boca arriba favorece una comunicación fácil y constante entre la madre y la criatura, lo que refuerza la confianza y la atracción mutuas (un pre-requisito para el buen desarrollo de la criatura); además, puede estimular a la criatura, por medio de los estímulos olfativos, e inducir el deseo de mamar más a menudo, y por lo tanto mantener bloqueada la ovulación de la madre.

Esta es otra razón para contemplar la relación madre-criatura no solo en términos de regulación de la criatura por su madre, sino más bien como la manera para la madre y la criatura de regular recíprocamente sus fisiologías, incluido el status reproductivo de la madre.

El aumento de la frecuencia de las tetadas que acompaña al sueño de la criatura en la cama de la madre y del padre, permite plantearse la hipótesis de una protección más eficaz del bebé frente a las bacterias y a los virus potencialmente peligrosos. En la medida en que compartir el sueño, en el contexto de la lactancia materna, favorece el sueño de la criatura boca arriba, uno de los principales factores de protección frente a la MSN, estimamos que la combinación de la lactancia materna con el sueño compartido es la base de unas ventajas significativas para las criaturas y sus madres no fumadoras, entre las que se incluye un descenso del riesgo de MSN. De hecho, desde el comienzo en 1992 de las campañas para que el bebé duerma boca arriba, lo que en gran parte e incontestablemente es la causa del descenso de la frecuencia de MSN, la tasa de lactancia materna ha aumentado. Si como indican los estudios, la lactancia materna propicia la opción del colecho, y si ahora más padres que nunca duermen con su bebé en nuestros países, entonces quizá estas prácticas también han contribuido a la reducción de la tasa de MSN desde 1992. Muchas madres que dan de mamar no fuman, y tienen acceso a la información sobre las conductas seguras para compartir el sueño con el bebé. En consecuencia, la situación actual con una tasa de lactancia materna en alza, un porcentaje importante de criaturas que duermen boca arriba, un descenso del tabaquismo en las mujeres, y con buenos hábitos de sueño compartido, puede compararse con la situación de Japón antes expuesta.

PROBLEMAS DE SUEÑO PADRES-MADRES/CRIATURAS

«Despertarse por la noche es un problema
sólo para los padres-madres que esperan que su criatura duerma durante toda la noche.»


En la medida en que la biología del sueño de las criaturas cambia mucho menos deprisa que los valores culturales, puede que el entorno óptimo del sueño de las criaturas no sea el propiciado por nuestra cultura. Además, las estrategias y las prácticas de compartir el sueño que normalmente se aceptan para las criaturas, pueden ser correctas para unas y no serlo para otras. Algunas familias aplican a su propia criatura unas normas establecidas para criaturas alimentadas con leche industrial y que duermen solas, aunque no sean las apropiadas, lo cual lleva a los padres-madres a pensar que o bien son ell@s incompetentes en tanto que padres-madres, o bien que su criatura no es cooperativa.

Irónicamente, es exactamente lo que he descrito lo que sucede en países industrializados tales como los USA o Gran Bretaña y Australia, en donde hasta 1 de cada 3 criaturas, por otro lado en buena salud, tiene problemas para dormirse o para permanecer dormida, después de haber sido obligada a dormir sola (48). Este alto porcentaje, más que un problema de los padres-madres o de la criatura, probablemente refleja sobre todo nuestra exagerada confianza en la validez de nuestras definiciones y de nuestras expectativas en lo que respecta a la manera en que las criaturas deben dormir, y la rigidez con la que los padres-madres interpretan y aplican los mensajes ofrecidos por los profesionales de la salud.
Indiscutiblemente, el nivel de rigidez de los padres-madres, en lo que concierne a la manera en que deben dormir la criaturas, permite predecir la posibilidad de que aparezcan trastornos en el sueño del bebé o del niño o niña: cuanto más rígidas son las expectativas, más padres-madres tenderán a quejarse de problemas de sueño en su hijo o hija (49). Despertarse por la noche es sólo un problema para los padres-madres que esperan que su criatura duerma durante toda la noche.

Ha sido solo a partir del siglo XX básicamente, y en un número relativamente pequeño de culturas, que l@s padres-madres y l@s profesionales de la salud se han empezado a preocupar por la manera en que habría que hacer dormir a las criaturas. Y son solo las culturas occidentales las que ‘enseñan’ a dormir a l@s bebés, y a hacerlo sol@s y sin contacto con l@s padres-madres. La mayoría de las culturas dejan simplemente que la criatura duerma cuando tiene ganas de hacerlo.

LOS SESGOS CULTURALES Y CIENTÍFICOS CONTRA EL SUEÑO COMPARTIDO

Ha sido fácil para las instancias oficiales, sacar la conclusión de que no merecía la pena resolver los problemas asociados al sueño compartido, en parte debido a las particularidades culturales e históricas propias de nuestras sociedades. En los libros sobre el cuidado de las criaturas dirigidos al gran público, en las revistas para padres-madres, el sueño compartido se trata, bien sea como un concepto homogéneo, o bien ignorándolo totalmente, o bien presentando unicamente los inevitables ‘problemas’ que pueden sobrevenir, en particular el peligro de asfixiarlas. A veces, el sueño compartido se desaconseja abiertamente.

Otras veces el discurso es más sutil. Las razones más frecuentemente aducidas para recomendar que la criatura duerma en una habitación separada son la salvaguarda del matrimonio, la promoción de una mayor autonomía y de un mayor individualismo en la criatura, el hecho de evitar el incesto o la asfixia, la promoción de una mejor inserción social de la criatura, y el reforzamiento de la identidad sexual.

En general, cuando se identifica un problema o un riesgo potencial unido al sueño compartido, en lugar de considerarlo como un problema a resolver, se convierte en un argumento en contra de su práctica, como si todas las familias que comparten el sueño tuviesen los mismos problemas. Además, los problemas asociados al sueño compartido se presentan como si no pudieran ser resueltos de las misma manera en que se pueden resolver, por ejemplo, los problemas asociados al sueño solitario.

En toda la literatura, el sueño compartido se describe como una causa de discordia entre los cónyuges, a pesar de que los datos de Suecia lo refutan (50). También se le acusa de causar celos entre hermanos y hermanas; si es posible que esto sea verdad, probablemente sólo sea una de sus causas. Se pone en guardia a los padres de que el sueño compartido crea ‘una mala costumbre’ que será ‘difícil de quitar’. Se acusa al sueño compartido de perturbar a la criatura en el plano emocional o sexual, o de inducir una sobre-estimulación: ‘el hecho de que duerma en vuestra cama, más que relajarla y darle seguridad, va a hacer que la criatura se sienta confundida y ansiosa. Incluso la experiencia repetida puede ser para algún niño o niña sobre-estimulante’ (51). Pero no se presenta ningún dato para demostrar cómo, cuándo y en qué circunstancias esto ocurre; ni ningún reconocimiento al hecho de que quizá la infra-estimulación podría constituir un problema clínico y psicológico más grave.

Se dice que la criatura necesita dormir sola con el fin de adquirir buenos hábitos de sueño, y de aprender a reconfortarse sola, cosas que se presupone que favorecen la autonomía y un fuerte sentimiento de identidad sexual, ambas cosas consideradas ‘valores morales’. De nuevo no existe ninguna prueba que sostenga estas afirmaciones; de hecho, muchos estudios prueban lo contrario. Cuando el sueño compartido sobreviene en un contexto de relaciones sociales sanas, l@s bebés y los niños y niñas que se benefician del mismo son más, y no menos, independientes; cuando crecen, tienen un sentimiento más fuerte, y no más débil, de su identidad sexual, y son capaces de sobrellevar mejor el stress.

Los paradigmas científicos no cambian ni fácil ni rápidamente. El concepto del sueño compartido entre madres-padres y criaturas no es fácil de asimilar por personas que han pasado su vida científica a hacer estudios basados en la normalidad del sueño solitario de la criatura, aceptando sin discusión las consecuencias supuestamente nefastas del sueño compartido. Es probable que pocos investigador@s, pocos clínic@s y pocos padres y madres hayan experimentado la costumbre de dormir con sus propios padres y madres, factor éste susceptible de tener un importante impacto en su percepción de esta práctica. Es posible que se empiecen a evaluar diferentes prácticas de cuidado de las criaturas, incluida la del sueño compartido, solo gracias a las poblaciones emigrantes de los países occidentales. De hecho, según los datos demográficos actuales, podemos decir que la cuestión no es saber si el paradigma va a cambiar, sino cuándo va a cambiar.

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

«Ninguna criatura debería dormir lejos de la supervisión y la compañía de una persona adulta y responsable»

La gran mayoría de estudios científicos llevados a cabo sobre distintos aspectos del comportamiento y del desarrollo de las criaturas, durante los últimos cien años, permiten pensar que la cuestión principal a la que hay que dar una respuesta no es ‘¿Es bueno que duerma con mi bebé?’ sino más bien ‘¿es bueno no hacerlo?’ Una lectura objetiva de los datos recogidos por el CPSC nos lleva a una conclusión muy diferente de lo que habitualmente se dice: ninguna criatura debería dormir lejos de la supervisión y la compañía de una persona adulta y responsable.

Esta cuestión es demasiado compleja para que sea posible recomendar a todas las familias que compartan la cama con sus bebés; seguirá siendo necesario llevar campañas de información al menos sobre la manera en que la criatura debe ser colocada, preferentemente al alcance de los brazos, sobre una superficie diferente, junto a una persona adulta y responsable. El simple hecho de que las criaturas duerman en la habitación de los padres-madres es suficiente para dividir por cuatro el riesgo de MSN, según el mayor estudio epidemiológico jamás emprendido (52).

Hay que recordar que hasta muy recientemente, el amamantamiento nocturno y el sueño compartido madre-bebé funcionaban conjuntamente y en todas las sociedades, y que estas dos prácticas siguen siendo inevitables e indisociables en la mayoría de los pueblos incluidos un número cada vez más importante de padres-madres occidentales.

Cuando se practica en buenas condiciones, el sueño compartido ( sea o no la criatura durmiendo en la misma cama del padre y de la madre) y la lactancia, representan un sistema de cuidar a la criatura muy eficaz, adaptado e integrado, capaz de favorecer el vínculo, la comunicación, la nutrición y la eficacia del sistema inmune de la criatura, gracias a una mejor vigilancia de la madre y del padre, y al afecto mutuo que acompaña estas prácticas. Además, el colecho y la lactancia materna contribuyen indirectamente a la salud materna e infantil, al aumentar el intervalo entre dos nacimientos, lo cual hace descender la competencia entre los miembros de la fatria en lo que respecta la producción materna.

L@s bebés que gozan del sueño compartido parecen más satisfech@s que l@s que duermen (o intentan dormir) sol@s. Como consecuencia del aumento de contacto con la madre y de la frecuencia de las tetadas, el llanto se reduce significativamente, y contrariamente a lo que a menudo se piensa, la duración del sueño de la madre y de la criatura puede aumentar. Con lo cual, se sustrae menos energía a las tareas esenciales del bebé: el crecimiento y la defensa de las enfermedades infecciosas.

D. Winnicot, un prestigioso psicoterapeuta pediátrico, dijo hace medio siglo: “un bebé solo, eso no existe; existe el bebé y alguien más”. La lactancia y el dormir cerca de la madre, al proporcionar una vigilancia amorosa y protectora, son quizá las prácticas del cuidado de las criaturas que mejor expresan esta verdad.

Por todas estas razones, ni las agencias gubernamentales, ni las asociaciones de fabricantes de cunas, ni las autoridades médicas, que en gran medida se han dejado llevar por sus preferencias personales y sus ideologías científicas, no deberán nunca negar a las madres-padres y a las criaturas lo que naturalmente desean hacer, que es dormir y alimentarse l@s un@s junto a l@s otr@s.

(*) Se ha respetado la traducción literal del francés ‘sommeil partagé’, aunque en castellano usamos el concepto de ‘colecho’ para describir esta práctica.

Para revisar las referencias, ir a la página final del archivo en pdf.

Las negritas son mías (IMH).



25 de julio de 2011

Hace cuatro años...

Por Ileana Medina Hdez

Y entonces sus talleres
La luz les abre.
J. Martí, "Musa traviesa"


Mariposa, crisálida rompiste, para crear un mundo nuevo lleno de alas y colores... batiendo el aire recién estrenado con vibraciones transoceánicas.

Princesa, nieve, oro, rubí, coronaste la existencia con voz fuerte y urgente, avidez insaciable de tragarte el mundo, hacerlo tuyo, como si toda la vida del planeta renaciera en ti para salvar el tiempo.

Flor pequeña y olorosa que con tu breve presencia transformas el paisaje, truecas la piedra en útero palpitante, el desierto en esperanza...

Arcoiris que retas a la lluvia y al sol, alquimia de luz, belleza infinita, en tu pequeño cuerpo condensas toda la perfección del universo.

Libélula inquieta, musa traviesa, energía que fluye en armonía con el cosmos, ser libre y numinoso que cura, ilumina, repara...

Maestra poderosa: todos los libros del mundo se hacen innecesarios ¿quién dijo que hace falta la filosofía para comprender cuál es la esencia de la vida humana? ¿quién dice que hacen falta políticos, científicos, leguleyos, curas, mandamases? Toda la sabiduría del mundo está concentrada simplemente en tu sonrisa. La diosa eres tú.

18 de julio de 2011

Ama al cisne salvaje

De Luis Rogelio Nogueras


©Huaico, Flickr

Ama tus ojos que pueden ver,
tu mente que puede oír
la música, el trueno de las alas,
ama al cisne salvaje.
Robinson Jeffers

No intentes posar tus manos sobre su inocente

cuello (hasta la más suave caricia le parecería el

brutal manejo del verdugo).

No intentes susurrarle tu amor o tus penas

(tu voz lo asustaría como un trueno en mitad de la noche).

No remuevas el agua de la laguna no respires.

Para ser tuyo tendría que morir.

Confórmate con su salvaje lejanía

con su ajena belleza

(si vuelve la cabeza escóndete en la hierba).

No rompas el hechizo de esta tarde de verano.

Trágate tu amor imposible.

Ámalo libre.

Ama el modo en que ignora que tú existes.

Ama al cisne salvaje.

Caso Habiba: el pecho que desató una revuelta

«No fue la economía, estúpidos: algo tan esencial como la leche materna ha cohesionado un movimiento social fuerte y operativo.»

Publicado en Periódico Diagonal

La retirada a Habiba de la tutela de su hija por darle el pecho en un centro de acogida deja en evidencia a las instituciones y desvela nuevas formas de hacer política.

Raúl F. Millares
Jueves 7 de julio de 2011. Número 153 Número 154

Foto: David Fernández
A Habiba le quitaron a su hija, Alma, el día 30 de mayo y se la devolvieron el 22 de junio. El relato de aquella separación conmocionó a miles de personas durante esas tres semanas. La narración triste habla de funcionarios llenos de poder y vacíos de formación, de burocracias lentas y espesas y de viejas normas agujereadas por la realidad.

El final feliz cuenta la historia de unas madres que enseñaron ciencia a un gobierno, la de una tecnología que ya nadie nunca podría parar, y la de unas tetas que armaron una pequeña revolución.

Antes de la revuelta, la joven Habiba vivía al este de Madrid, en un Centro de Apoyo a la Familia, como los llama la Comunidad. Había recalado allí después de que su ex pareja fuese condenada por violencia machista y ella se quedase sin recursos y con un bebé en brazos. A Habiba no le gustaban los empleados del centro y a los empleados no les gustaba Habiba. Ella era temperamental, respondona y le daba teta a su hija cada vez que lo pedía; ellos, simplemente, no sabían que Habiba tenía razón.

En la mañana del 30 de junio, mientras Alma estaba en la guardería del centro, Habiba fue llamada a un despacho. Le comunicaron que el Instituto Madrileño del Menor y la Familia (IMMF) acababa de quitarle la tutela de su hija y que, como ya no tenía hija, aquel centro para madres no era su lugar. A la calle. Sin despedirse de su bebé.

Más tarde, otras madres del mismo centro contarían que aquella tortura psicológica en forma de amenaza era frecuente: si no haces lo que decimos, te quitamos a tu bebé. Los informes que habían servido al IMMF para deshacerse de Habiba, sin ningún peritaje ni respaldo pediátrico o psiquiátrico, son un cúmulo de anécdotas que parecen esbozar la caricatura de una madre pésima que a veces le pone a su hija calcetines desparejados o una joven inestable que a veces se ha peleado con compañeras.

No parece tan grave como para quitarle la tutela de un bebé a su madre. Los técnicos aderezaron el expediente con un dato que les parecía irritante. No satisfacía los requisitos del programa de habilidades y aptitudes maternales que el centro imponía. En concreto, seguía dando el pecho a su hija en lugar de destetarla como exigían las normas. Habiba le daba el pecho a Alma cuando ésta se lo pedía y se negaba a tomar la medicación que el centro proporcionaba para cortar la lactancia.

Recomendaciones cumplidas

Acaso sin saberlo, Habiba estaba cumpliendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, la Academia Americana de Pediatría o la Asociación Española de Pediatría: lactancia exclusiva como mínimo hasta los seis meses y lactancia a demanda hasta los dos años o más. Pero la imagen de una mujer dando el pecho a su bebé en los pasillos del centro “de apoyo a la familia” escandalizó a sus cuidadores y Alma ya no pudo mamar más.

La Fundación Raíces acogió a Habiba y difundió el caso. El IMMF no sabía a quién se enfrentaba. Habiba no estaba sola, miles de madres dan el pecho a sus hijos y muchas de ellas tienen que librar una carrera de obstáculos para lograrlo. Estas madres (y padres) forman un comando silencioso de ‘lactivistas’ listo para saltar en defensa de la teta ante cualquier ataque.

En apenas 48 horas, miles de personas se organizaban en la red para defender a Habiba. Y esta vez Facebook no sirvió sólo para acallar conciencias haciendo clic en “me gusta”. Desde ofertas de trabajo y alojamiento, hasta comunicados de psiquiatras y pediatras escandalizados, pasando por llamamientos a tetadas de protesta en plena Gran Vía madrileña o avalanchas de cartas a cualquier institución que pudiese mediar en favor de Alma y Habiba.

Aquella reacción de solidaridad masiva, en medio de una sociedad que acababa de indignarse, reveló el poder insospechado y natural de la empatía. No fue la economía, estúpidos: algo tan esencial como la leche materna ha cohesionado un movimiento social fuerte y operativo.

Al final, el IMMF reculó. Tras la intervención de la fiscalía madrileña y la Defensora del Pueblo, que pidieron la reunificación inmediata, la institución dijo haber notado de sopetón un cambio de actitud en Habiba: madre e hija se reencontraron. En aquellas tres semanas, pudieron verse apenas tres horas en tres días separados y siempre bajo la mirada de hasta cinco personas, guardia de seguridad incluido.

El último día Alma quiso mamar y, de nuevo, se lo prohibieron: cuando su olfato infalible la guiaba hacia el pezón de su madre alguien rompió el silencio para decir “¡No!”. Su lactancia se ha resentido, aunque tratan de recuperarla. Cientos de personas se unen ahora a una nueva organización: All Loving Mothers Association (ALMA). La Liga de la Leche se ha ofrecido a la Comunidad de Madrid para impartir formación sobre lactancia materna al personal de sus “centros de apoyo a las familias”.

EL INFORME PEDIÁTRICO QUE DEJÓ EN EVIDENCIA AL INSTITUTO DEL MENOR

Cuando la Defensora del Pueblo empezó a recibir el aluvión de cartas sobre el caso de Habiba, se puso en contacto con el IMMF, que le ofreció su versión de los hechos. La Defensora aceptó aquel retrato de una Habiba desequilibrada, pero aun así instó a que madre e hija pasasen el mayor tiempo posible juntas y creyó demostrado que su relación era feliz.

La defensa de Habiba contraatacó y movilizó a un panel de expertos de la Asociación Española de Pediatría que revisaron el expediente que justificó la retirada tachando la lactancia de Alma como “caótica”.

El informe de los pediatras fue demoledor. Cada argumento del IMMF contra Habiba resultó ser un acierto pediátrico: “Los argumentos esgrimidos en el informe al que hemos tenido acceso no sólo no justifican que la relación maternal de Habiba con su hija pueda ser perjudicial para Alma, sino que demuestran que Alma estaba perfectamente alimentada, cuidada y querida. La decisión de separar a Alma de Habiba es dañina para ambas. Para Alma, porque se la somete a un estrés excesivo, el estrés de la separación, para la que todavía no está preparada, y se le priva del mejor alimento y de los mejores cuidados que puede recibir, cortando bruscamente una relación de apego seguro con su madre. El estrés tiene consecuencias físicas (mayor riesgo de infecciones, pérdida de peso...) y psicológicas. Cuanto más dure la separación, mayor será el daño inflingido a Alma. Se debería revocar dicha decisión cuanto antes para minimizar los daños causados. Rectificar es de sabios”.


14 de julio de 2011

Con-placer

Por Ileana Medina Hernández

Cuando hice mi tesis de licenciatura en Periodismo sobre los procesos de recepción de la comunicación de masas, mi vida dio un vuelco porque aprendí algo muy importante: es el receptor quien, con su lectura, termina de construir el mensaje. El mensaje sólo existe realmente en la mente del lector, una vez que lo ha pasado por su filtro psicológico personal.

Esa cura de humildad le vendría muy bien a un montón de periodistas y publicistas, que se creen con la capacidad de manipular el mundo. Y a un montón de lectores que creen que su interpretación es lo que el otro ha dicho. En realidad, que haya comunicación verdadera entre dos personas es algo mucho más milagroso de lo que nos imaginamos. 

Mi tesis (publicada luego como libro en La Habana) se llamó Desde el otro lado, porque era una aproximación a la comunicación de masas desde el lado del receptor, de la audiencia. Un enfoque postmoderno que me abrió la mente para siempre, y que nunca imaginé que años más tarde me serviría para el otro momento más grande de mi vida: la maternidad. En realidad, sirve para todo tipo de relaciones humanas: para tener la capacidad de ponernos en el lugar del otro, del bebé, de nuestra pareja, de nuestros amigos, de nuestros compañeros de trabajo, incluso de nuestros jefes :-) Lo que en sociología se llamó "la vuelta del sujeto": el reconocimiento del OTRO como principio epistemológico.

Para entender el funcionamiento de las audiencias de la comunicación de masas, un concepto era mprescindible: el de PLACER. Las grandes masas no hacen un uso intelectual de los medios de comunicación, hacen un uso lúdico, cotidiano, placentero. Nunca podremos entender cómo funciona en realidad un producto masivo (por ejemplo, las telenovelas o los videojuegos) sino nos bajamos del pedestal "intelectual" y re-valorizamos el concepto de placer y la importancia que tiene en nuestras vidas.

El PLACER ha sido una cualidad humana reprimida y despreciada a lo largo de toda la civilización. Hoy, la psicología de las emociones y la neurobiología empiezan, por fin, a hacerle justicia. Los placeres, junto con las emociones y los sentimientos, han sido reprimidos, menospreciados y considerado "inferiores" frente a cualidades supuestamente más "elevadas" como la razón, el intelecto, la valentía, el honor o el deber.

El placer es en realidad el mecanismo que autorregula nuestras vidas, y que por oposición al dolor, nos indica o nos deberia indicar (en condiciones ideales no perturbadas por demasiado sufrimiento previo) lo que es conveniente para nosotros. La oxitocina, la prolactina, las serotoninas, los neurotransmisores del placer, guían nuestra conducta, de ahí que su privación primaria nos convierta en seres adictivos de por vida.

La civilización occidental, patriarcal, violenta y de dominación, ha reprimido el placer vital desde el mismo momento del nacimiento, porque es el único modo de romper nuestros mecanismos de autorregulación vitales, y de convertirnos en mano de obra barata, en soldados dispuestos a luchar por un "ideal" o en sacrificados al servicio de Dios, del capital, de las oligarquías, del consumo, de las "causas" o de las ideologías dominantes.

La energía vital, la libido, la capacidad de sentir placer, de construir nuestra personalidad desde el DESEO, es algo que no contemplan la mayoría de los sistemas educativos ni de crianza. "La letra con sangre entra", el autoritarismo, el "por tu propio bien" ha sido la base sobre la cual educamos, formamos y construimos la humanidad generación tras generación.

Recuperar el placer corporal, la energía sexual (y vital que es la misma), la conexión con nuestros mecanismos autorreguladores nos permite pensarnos desde adentro, desde nuestra autenticidad, integridad y dignidad básicas. Pasa por abandonar el autoritarismo, los métodos conductistas y considerar los DESEOS DE LOS NIÑOS Y SUS NECESIDADES EMOCIONALES como algo tan digno de tener en cuenta como sus necesidades fisiológicas (de comida, higiene, sueño, etc.).

"Los bebés y los niños piden lo que necesitan, y muchas veces, muchas, piden también lo que NO (eso lo sabemos absolutamente todas).  Sólo hay que conocer a tu hijo para saber si su lloro es por necesidad (le duele algo, le molesta algo, etc…) o por llamar la atención y que estés pegado a él todo el día." afirman algunas madres o padres, defendiendo por ejemplo, el uso del método Estivill.

No puedo estar más en desacuerdo: recibir atención y compañía, tanto de día como de noche, es para los bebés y niños una necesidad tan fundamental como el hambre o el dolor físico. Reducir el concepto de "necesidad" a las necesidades fisiológicas más elementales es obviar todo el mundo emocional de los niños pequeños. Ya lo dijo el psicólogo Abraham Maslow hace mucho tiempo en su famosa pirámide de las necesidades humanas: la necesidad de ser amado y aceptado es tan importante como la necesidad de comer en los humanos.

¿Quién decide qué es una necesidad y que no lo es? Es ya difícil para nosotros mismos diferenciar entre lo que es una necesidad y un deseo (esos zapatos que acabas de comprarte, ¿eran una necesidad o un deseo?), ¿cómo juzgar entonces lo que no es una necesidad para un bebé recién nacido o para un niño muy pequeño?

Los bebés no tienen caprichos, tienen deseos. Igual que los adultos. A los adultos también nos gusta que nuestra pareja nos acompañe a comer o a dormir. ¿O consideramos un "capricho" que nuestro marido quiera dormir con nosotras, o que nos pida una caricia?

A mí me parece importante COMPLACER ciertos deseos de mi hija, en realidad complazco la mayoría que puedo, porque me parece importante no menospreciar sus emociones, sus mecanismos de PLACER. Que los construya según sus propios deseos y no según los míos. Desde ella misma, que aprenda a escucharse a sí misma y que sus instintos son correctos y dignos de ser tenidos en cuenta. Creo interesante cambiar el lenguaje, y hablar de deseos y placeres, no de caprichos.

Los seres humanos al nacer nos movemos por el principio del placer. La naturaleza ha previsto que aquello que necesitamos sea PLACENTERO PARA NOSOTROS: mamar, comer, dormir, defecar... y también estar acompañados y protegidos por nuestros padres, familia y tribu, porque solos no podemos sobrevivir. Somos mamíferos: nacemos en la intimidad, mamamos, y nos acurrucamos.

La educación, tal como la ha entendido la sociedad patriarcal desde hace unos 5 ó 6 milenios, se basa en la represión y en la negación de ese placer desde el mismo momento del nacimiento. No queremos saber ni siquiera que existe. No lo nombramos. No lo reconocemos en nuestros hijos, como mismo no lo reconocieron con nosotros. Y ello -¡vaya falacia!- no es para hacer a los niños más "independientes", sino para hacerlos precisamente más "disciplinados", más MANIPULABLES.

La seguridad, la autoestima, la independencia real cuando el niño sea adulto, la entereza, la dignidad,  se crea a partir de unos sólidos vínculos afectivos en la infancia, de la seguridad y la confianza que cobramos en la humanidad a través de la confianza que construimos con nuestros adultos de referencia. "Los niños depositan toda su confianza en nosotros porque nos aman y nos necesitan. Romper esa confianza no disminuye su amor por nosotros, pero sí su fe en ellos mismos", afirma la psicóloga Eva Drake en el Psicotaller.

A mí me parece muy liberador -la única revolución en que hoy puedo confiar- cambiar la educación y la crianza hacia el PLACER, abrirnos nosotros mismos al placer. De hecho me parece la única manera de romper el patriarcado, el autoritarismo, y de quitarnos de encima, sino todos, por lo menos una buena parte de los malestares psiquicos que tenemos.
 
Es cierto que a veces dos deseos o placeres diferentes no pueden coexistir, entran en conflicto. Es lo que Laura Gutman define como violencia. Efectivamente, cuando una persona tiene que renunciar a su deseo para que se cumpla el del otro, uno de los dos tiene que ceder, generalmente el más maduro, generoso y bondadoso, para que no haya violencia, manipulación, imposición.
 
En la medida que nuestra capacidad de DAR, nuestra generosidad, nuestro espacio psíquico aumenta, menos violentos nos vemos obligados a ser, más capacidad tenemos para convivir con los deseos de los otros.
 
Además, a veces hay deseos que humanamente no pueden ser complacidos. Muchos, quizás la mayoría. ¿Entonces para qué aumentarlos? ¿Sólo para "que aprendan"? ¿No son ya suficientes todas las veces que inevitablemente vamos a tener que decir NO?

A las personas que uno ama, se las complace. A todas, también y con más razón a los niños pequeños. Duermo contigo, hija mía, porque te complazco, y me complace. Te doy de mamar, porque te complazco, y me complace. Estoy contigo y te acompaño, hasta donde puedo, porque te complace y me complace. Y si no lo hago más, es porque no puedo o no sé más, no porque tú no lo necesites ni lo merezcas. Por lo menos lo intento.

Placer y complacer. La única fórmula contra la dominación, la sumisión y el autoritarismo. La única forma de abrirnos a los otros, no ya por ética, ni por deber, ni por valores, ni mucho menos por hipocresía, sino porque nos nace de adentro, de las tripas. La única forma de sanarnos, de conectar con nuestra esencia, y de poder dispensar amor hacia quienes queremos.

12 de julio de 2011

"Parimos en cautiverio, como las hembras del zoológico"

Entrevista a Laura Gutman:

«El instinto materno es la reacción innata de querer y proteger a la cría. No tiene nada que ver con el deseo de tener hijos. Si una no está en contacto con la cría, el instinto no aparece. Aun así hay mujeres que dicen no tenerlo, porque no les nace estar con el bebé, no quieren verlo. Pero la mayoría de las mujeres parimos en cautiverio, atadas, pinchadas, apuradas, anestesiadas, entre muchas personas que no conocemos. En esas condiciones nos pasa lo mismo que a las hembras del zoológico, a las que les cuesta mucho parir y después encima desconocen a la cría.»
09/07/2011
Por DANIEL DOS SANTOS.
Vía| Clarín.com

Resultaría tal vez demasiado pesimista decir que el hombre, desde que nace, cae en desgracia. Y no por aquello del pecado original, que supuestamente nos condena para la vida por venir sólo por haber nacido, si resulta, claro, que viene. Sino por la vida en este valle de lágrimas -léase, aquí-, que precisamente nos recibe llorando como bebés. No abundaré demasiado en penurias. Sólo que “nacer es, después de haberlo tenido todo, carecer súbitamente de todo...”, como ya dijo al francés Maurice Blanchot. Pero bueno. Ahí está la madre para hacerse cargo del paraíso perdido que significó su vientre para el recién nacido. Pobre mamá, en el sentido más profundo del lamento. Porque quizás su bebé también le recuerde el paraíso que ella perdió en similares circunstancias. Suficiente. En París, que como ya sabrán cosecha aquel infundio cierto -para dejar en el aire si es mentira o verdad- sobre que los bebés atesoran más rechazos que las mascotas. Laura Gutman se puso a pensar en esta relación excluyente madre-hijo, motivada por esa frialdad no climática. Y no paró. “De familia judía normal”, como ella misma dice, autora entre otros siete libros de La maternidad y el encuentro con la propia sombra y Crianza, violencias invisibles y adicciones, e instalada ahora en una cortada de Barrio Norte que le hará acordar a Montmartre, responderá con voz rápida a interrogantes básicos. Bah, los que le planteé.

¿En qué consiste el instinto materno?

Es la reacción innata de querer proteger y cuidar a la cría.

¿Así de fácil?

No tanto. Hay confusiones. Por ejemplo, no tiene nada que ver con el deseo de tener hijos. Y si una no está en contacto con la cría, el instinto no aparece. Aun así hay mujeres que dicen no tenerlo, porque no les nace estar con el bebé, no quieren verlo. Pero la mayoría de las mujeres parimos en cautiverio, atadas, pinchadas, apuradas, anestesiadas, entre muchas personas que no conocemos. En esas condiciones nos pasa lo mismo que a las hembras del zoológico, a las que les cuesta mucho parir y después encima desconocen a la cría.

¿Diría que nuestra sociedad está contra el instinto materno?

En nuestra cultura patriarcal y ciudadana la mayoría de las experiencias actúan en detrimento del instinto. Es como si el instinto materno intentara aflorar pero nuestras propias razones, juicios y prejuicios entraran en contradicción. Ahí se produce una lucha y, por lo general, el instinto materno pierde.

¿Un ejemplo?

Si la madre respondiera instintivamente nunca dejaría llorar a su bebé.

¿Qué siente el bebé cuando llora?

Que el mundo resulta demasiado diferente a los 9 meses que vivió en el útero, en ese paraíso perfecto donde el alimento, la contención, el ritmo, el calor, el movimiento eran permanentes. Y ahora resulta que aparece la espera. Y la espera duele.

¿Responder inmediatamente a todo no daría un bebé con escaso nivel de adaptación?

Los bebés humanos dependemos totalmente de los cuidados maternos. No hay nada que podamos hacer por nosotros mismos. La mínima espera es dolorosa, el hambre es doloroso, respirar es doloroso, la certeza de que está en peligro si no está cobijado por el cuerpo materno ya es doloroso. Ser bebé y ser niño ya es suficiente frustración como para agregarle otras.

¿Cómo marca al bebé y a la mamá el puerperio, esos primeros 40 días de vida?

Circunscribo a los dos años el fenómeno de fusión emocional, el tiempo en el cual el niño se considera parte de su madre; que es en la medida que es ‘niñomamá’. De la misma forma que una mamá conectada con lo que le pasa empieza a percibir el mundo también como si fuera bebé. La presencia del bebé nos devora hacia un lugar raro: nada de lo conocido en la vida adulta, pero parecido a las sensaciones que hemos vivido de niñas. Como si el bebé trajera a la superficie historias contundentes de la realidad de la madre, noticias de la sombra.

¿Y cómo reacciona la mamá?

Es tan enloquecedor que la mayoría de las madres anhelamos volver a ser como éramos antes de que naciera. A muchas les encantaría que el niño hubiera nacido de un repollo, pero salió de acá adentro, del vientre, y de nuestro territorio emocional.

¿Y cómo sigue el proceso?

Nos aferramos a cualquier invitación para regresar al mundo más público, al trabajo, a la actividad que sea. Y tenemos muchos más avales para ‘vení, dejá el bebé; estás muy pegada; ponete linda’, que para quedarnos con él.

¿Cuál es la verdadera encrucijada para la mujer?

La mayor encrucijada es saber cuáles son sus capacidades, sus limitaciones, decidir con plena conciencia cuánto puede y quiere quedarse con su hijo. Y cuánto puede y quiere circular por el mundo laboral. El problema para una mujer no es ir a trabajar; el problema es volver a casa. Y encontrarse con un niño que demanda y demanda a una mujer que tal vez provenga de una historia de desamparo y esté hambrienta por cubrir sus propias necesidades. Es devastador.

¿No trabajar es volver al rol de ama de casa al que estaba destinada la mujer hasta no hace mucho?

No digo volver a ponerse los ruleros y encerrarse. Yo trabajo desde los 15 y trabajar es una necesidad para la mujer. Digo que no es excusa. La mujer no puede quedarse con el niño porque no está en contacto con su realidad emocional y busca un refugio como el trabajo, donde no le piden tanto, para no ingresar en un lugar de intensidad emocional.

¿Por qué no puede ingresar?

Porque el hijo exige conexión, y eso trae dolor. ¿Por qué duele? Porque en épocas en que la mujer necesitaba su propia intensidad emocional, tal vez haya vivido con vacío, terror, o simplemente con preguntas que todavía le faltan responderse.

6 de julio de 2011

Claudio Naranjo: "la respuesta a nuestros males ya no está al alcance de la política"

Comparto algunos pequeños fragmentos del libro Sanar la Civilización, del inmenso psiquiatra y pensador chileno Claudio Naranjo. Me gusta subrayar, marcar y comentar los libros cuando los leo, pero este, tendría que subrayarlo completo. Cada frase es un compendio de sabiduría.

Sobre el autoritarismo:

"A nivel interpersonal, el autoritarismo representa una posición que podría traducirse en: "me debes respeto y debes reconocer que tengo razón, porque soy más sabio que tú", "tus actos deben ceñirse a mi consejo o voluntad aún cuando ésta no concuerde con tu propia preferencia o juicio". "No solo deberías prestarme tus oídos y tu mente, sino que deberías entregarme la totalidad de tu comportamiento, dejando que yo sea quien lo guíe". Lo que entraña nada menos que una toma de posesión del otro, comenzando por su cuerpo.

Pero también cabe reconocer algo semejante en el nivel emocional: no se satisface un padre autoritario con la mera obediencia automática, sino que espera que a su hijo le sea grato obedecer, y que obedezca "por amor". El niño, entonces, sintiendo que debería gustarle la postergación de sus preferencias u opiniones, no tiene más remedio que desvincularse de su propio sentido del placer o desagrado. Debe, entonces, distanciarse de su cuerpo (y de sus emociones verdaderas) en aras de lo que le debe gustar y lo que debería sentir. En vista de tal posesión emocional se comprende, entonces, que la prohibición del placer, o por lo menos la desvalorización de lo instintivo y lo erótico sea intrínseca al mantenimiento del autoritarismo".

Sobre los ideales:

"Está claro que enarbolar el ideal de la compasión no es lo mismo que ser compasivo: más bien contribuyen nuestros ideales a que, sintiéndonos virtuosos por sólo adorarlos, descuidemos serles fieles con nuestros actos."

(...) Pero no sólo es el amor apreciado en tanto ideal que estamos lejos de alcanzar, sino también como algo que nos conviene, porque, en su generosidad, se deja explotar. Cuando existe conflicto entre dos personas, es seguramente la más cariñosa quien cede. Quien sea capaz de mayor empatía respecto a las necesidades del otro acaba dando más de sí, y por ello no es de extrañar que una cultura explotadora acoja la bondad, a pesar de que no consiga alimentarla."

Sobre al amor erótico:

"Podemos distinguir entre un amor que es voluntad de dar y darse placer, y una forma pasiva o inversa, que es el deseo de ser objeto del deseo ajeno. Pueden confundirse ambas cosas cuando no se conoce más que la sed de amor, y se llama amor a eso que no pasa de ser un idealizado "deseo del deseo", pero la diferencia entre ambas refleja la diferencia entre algo que es una parte de nuestra naturaleza esencial (lo instintivo) y una necesidad carencial, cuya función patológica es la de servirnos como alivio ante una vivencia de vacío. En un caso podemos hablar propiamente de eros, en tanto que en la segunda sería más apropiado de usar el término freudiano libido: pues no es el instinto de placer el que domina ahora, sino una necesidad neurótica de silenciar una vivencia de insignificancia o soledad".

(...) "El amor más completo es aquel en que los amantes pueden intuir lo divino en el otro, de modo que no sólo se desean y se quieren bien, sino que se adoran".

Sobre la mente patriarcal y el conductismo:

"La esencia de la mente patriarcal, más allá del predominio de la razón sobre el amor y el sano instinto, ha sido una disrupción del equilibrio amoroso entre nuestras tres personas interiores, que nos ha tornado en seres castrados, fríos de corazón y aunque aparentemente movidos por sus ideales, en realidad impelidos, como máquinas, por un programa patriarcal que los hace compulsivamente adaptables, en su dependencia del afecto y su vulnerabilidad, al castigo y las recompensas".

Sobre el poder:

"La respuesta a nuestros innumerables males ya no está al alcance de la política, y nuestra esperanza debe cifrarse en la conciencia misma de las personas".

"Los gobiernos se han visto influidos por una sed de poder, y a quienes buscan el poder no les interesa dar demasiada importancia a la virtud y a la verdad".

"No es tan evidente que en un mundo en el cual los gobiernos sirven a los intereses de corporaciones lucrativas, y los ciudadanos se ven esclavizados por su trabajo y sus salarios, hayamos alcanzado una situación más feliz".

"No  es posible detener la corrupción, la violencia, la injusticia, la explotación o la indiferencia hacia el bien común y el egoísmo solamente con la aplicación de las leyes y la acción de la policía, ni es siquiera posible que sean sustentadas las conductas virtuosas por normas sociales, sin que estas a su vez lo estén por la madurez psico-espiritual".

"Conviene al sistema económico que la gente no sepa qué hacer con su libertad, pues así trabajan con más ahínco y gastan buena parte de su tiempo, si no dinero, en las diversiones y el turismo, que tan bien se prestan para alejarlos de la conciencia de lo que sienten y piensan".

"He aquí entonces, una primera tarea que un hipótetico gobierno sabio y libre podría hacer por sus ciudadanos: velar por su posibilidad de ocio -que es tiempo liberado de la compulsión de ganarse la vida "con el sudor de su frente": tiempo sabático, para vivir y convivir, y para simplemente, ser y crecer."

Sobre la salud:

"Bien sabemos que la salud pública apenas reconoce el aspecto psicológico de las enfermedades, prefiriendo los fármacos (y así servir a los intereses de los laboratorios) antes que la psicoterapia, y entendiendo la salud mental más como una adaptación social, que como una adaptación de las personas a su propia naturaleza o a la vida"

"Sanar, que es también llegar a esa plenitud del desarrollo humano que conlleva la percepción espiritual de la verdad metafísica, la sensibilidad a la belleza y la orientación espontánea hacia el bien, requiere por lo general un heroico viaje contra la corriente que pocos llevan a término, y mucho más fácil que curar nuestros males psico-espirituales es prevenirlos".

Sobre el autoconocimiento y la psicoterapia:

"El proceso vivencial del autoconocimiento, ya aludido, es ya una de las componentes de esa transformación afectiva que constituye el meollo de lo terapéutico, y que tiene el carácter de un "descenso a los infiernos" que es al mismo tiempo un proceso de purificación -es decir: en el que los aspectos disfuncionales de la vida emocional van siendo desactivados a través de la comprensión. Pero el autoconocimiento no lo es todo: también es necesaria la catarsis de emociones infantiles reprimidas, que no sólo deben ser recordadas sino plenamente sentidas -es decir, re-vividas a través de una plena inmersión en ellas, y es necesario, también desaprender las conductas automáticas o habituales a través de las cuales nuestras "emociones negativas" se han expresado".

Sobre el sistema educativo:

"De vez en cuando me encuentro personas que piensan que el mundo estaría mejor si tuviéramos más educación y me parece apropiado comenzar diciendo que no pienso igual. Es decir: no pienso que nos ayude tener más de lo que hoy en día llamamos educación, y más bien simpatizo con un movimiento hoy en día fuerte en EEUU de padres que optan por sacar a sus hijos de los colegios y dejarlos explorar la cultura por sí mismos a través de un aprendizaje en casa y, más ampliamente, del mundo (...) Sólo pienso que ya que tenemos escuelas, más vale que las utilicemos para algo útil".

"El modelo educacional hoy en día imperante surgió a comienzos de la era industrial y se orienta en gran medida a un currículo implícito de enseñar a la gente a respetar a sus superiores, a quedarse quieta y a tener paciencia con actos repetitivos; pero lo que necesitamos, y cada vez más urgentemente, es una educación que se ocupe de estimular el desarrollo de las personas- -no sólo físico e intelectual, sino emocional, y también espiritual".

"Somos una cultura pedofóbica, y nuestro supuesto amor a los niños enmascara nuestra incapacidad de ser buenos padres: es un simulacro que esconde nuestra escasa capacidad de amar. (...) Los padres dañan a sus hijos mucho más de lo que sospechan en sus existencias sonámbulas, sin saber siquiera cómo -pese a sus amorosas intenciones -los infectan con la patología de la sociedad".

"Es evidente que a través de la educación patriarcal o tradicional con su carácter autoritario (y hasta despótico) se implanta en nosotros un desprecio al placer que perpetúa la sociedad con una especie de castración psíquica de sus hijos. A la implícita pero inequívoca criminalización del placer y de la desobediencia se agrega la desatención a los deseos de los niños, que conlleva el mensaje de que éstos no importan, que termina por internalizarse, y seguramente es una componente importante de nuestra infelicidad -con todo su cortejo de complicaciones derivadas".

"¿Qué más necesita una sociedad de la educación que la felicidad de las personas? ¿Y qué más deberíamos querer para nuestros hijos que su felicidad? (...) El interés por el placer y la alegría de los niños naturalmente lleva un aprecio a su espíritu lúdico, pues de pocas cosas gustan tanto los niños como de jugar; pero no sólo me parece importante llamar la atención sobre la importancia del juego en el desarrollo infantil, sino también señalar la importancia de su violación por la educación autoritaria, que característicamente avasalla a los niños haciéndolos instrumentos de las fuerzas del mercado (...) No es otra cosa que explotación la prioridad que se le ha llegado a dar en la situación escolar a la aprobación de exámenes y a la competencia por las calificaciones, que premian la vanidad y despojan al aprendizaje del placer en la medida en que arrasan con el deseo natural de aprender".