30 de noviembre de 2011

A la luz de la risa de las mujeres

Por I.M.H

Ése es el sugerente título del último disco de la artista catalana Rosa Zaragoza.



Rosa, que comenzó en los años ochentas cantando canciones sefardíes y de los judíos catalanes, se ha convertido en la cantora por excelencia de la maternidad, los nacimientos humanizados, la femineidad, la fertilidad, y la alegría de las mujeres y los niños bienvenidos.

Su disco Nacer, Renacer, de 2005, con canciones para ayudar a dar a luz, incluía la Rumba de las Madres, que ya se ha convertido en un himno a la maternidad placentera, consciente y mamífera.

En este, su decimocuarto disco, está "la canción que da nombre al cd, hay otra sobre el vientre y lo que es a muchas mujeres, otra sobre la menstruación, una que se llama "los hombres que tanto nos gustan" que habla de los hombres nuevos, un mágnificat esplendoroso, unas "letanías de la madre" y un canto carnático para cantar en el trabajo de parto, un conjuro de brujas, mis "recursos para el estrés", una "rumbina del sano amor" que trae una sonrisa,"dulce cuerpo" que habla sobre la importancia de amar nuestro cuerpo sea como sea, "si reconozco mi belleza, permito que ilumine el mundo" etc...» ha comentado Rosa en su perfil de Facebook, donde los comentarios y felicitaciones de sus seguidoras tejen una fiesta de bienvenida al nuevo trabajo:



Estoy ansiando poder escucharlo completo. Un exquisito regalo para agasajar a nuestras amigas en estas fiestas. Arte, sensibilidad, magia, alegría. Gracias, Rosa, muchas gracias. 

El disco puede encargarse a la propia Rosa a través de su página web, se puede encontrar también en Olokuti y en la librería Prolég, de Barcelona, y poco a poco irá llegando a los establecimientos habituales. 

Página web oficial: Rosa Zaragoza 

20 de noviembre de 2011

Una política laboral ecológica

Lo que me resulta sorprendente, es que yo, desde la maternidad, pensando en cómo mejorar nuestras vidas y en los niños pequeños, sin haber leído jamás ecología política, llegué (casi) a estas mismas conclusiones ;-)


«Para mantener el nivel de producción y consumo anual tan solo se requiere que las personas activas dediquen al trabajo remunerado en torno a 25 horas de media a la semana»


Artículo de Florent Marcellesi, miembro de la Comisión Gestora de Equo

Hoy día existe una norma profundamente arraigada en nuestras mentes y hábitos: trabajar de forma remunerada a tiempo completo. Por qué negarlo, la jornada completa, agitada frenéticamente como señuelo aún más en tiempos de crisis y de desempleo brutal, supondría para las masas trabajadoras la plena integración social así como un poder adquisitivo a la altura de sus hipotecas bancarias y de la avidez promocionada por la obsolescencia programada y la publicidad. De hecho, según la Encuesta de Población Activa, la mayoría de las personas que trabajan a tiempo parcial afirma que su situación laboral de media jornada no se debe a su propia elección, sino a las necesidades de la empresa o a la situación laboral general del país.


Es cierto que el discurso dominante de las élites políticas y económicas ha allanado el camino. A la conquista del poder en 2007, el presidente francés Nicolás Sarkozy proclamaba que era prioritario “trabajar más para ganar más”. Mientras tanto, Mariano Rajoy no quiso parecer menos en su carrera a la Moncloa y, en una entrevista en marzo pasado al periódico El Correo, inauguró un desacomplejado “trabajar más y ganar menos”. La crisis económica terminó de asentar esta idea: Portugal, una de las dianas favoritas de los mercados y de las políticas de austeridad, ha decidido aumentar en media hora al día la jornada laboral en su sector privado. Para alimentar el crecimiento económico continuo y la promesa del pleno empleo, no quedan dudas ni alternativas ante la recesión: trabajar más (y consumir más) es un deber patriótico de la ciudadanía moderna.
Sin embargo, ¿saben los exegetas de la economía del crecimiento infinito que para mantener el nivel de producción y consumo anual tan solo se requiere que las personas activas dediquen al trabajo remunerado en torno a 25 horas de media a la semana? ¿Les importan las desigualdades ante el empleo que hacen que en España más de un 21% de personas estén desempleadas, un 13% trabaje a tiempo parcial y un 66% a tiempo completo (sin hablar de las millones de personas trabajadoras pobres y precarias)? ¿Saben que, sumando su trabajo remunerado y no remunerado, las mujeres trabajan diariamente casi una hora más que los hombres? ¿Saben que España agotó su capital ecológico del año apenas llegado el 19 de abril (es decir, que este día su huella ecológica ya superaba su biocapacidad)? ¿Han pensado que si el 100% de la población activa trabajara a jornada completa en el modelo socio-económico actual, nuestro país produciría un 33% más, lo cual ni siquiera nos dejaría empezar el año siguiente con algún superávit ecológico?
Sean o no conscientes de ello, es indignante comprobar que están promoviendo políticas exactamente opuestas a los intereses de la gran mayoría de la ciudadanía y del planeta. En todo caso, no nos quedemos en la indignación: transformémosla en un compromiso positivo hacia una política laboral global y ambiciosa que sepa combinar justicia social y ambiental.
Primero, apostemos todos los sectores de esta sociedad por el reparto del trabajo. Es una de las soluciones más simples para mantener el empleo sin aumentar la producción, si se quiere ir hacia una economía próspera sin crecimiento. Dicho de otra manera, trabajar menos horas para trabajar más personas, a la vez que respetamos los ecosistemas y cumplimos con nuestras obligaciones climáticas internacionales. En esta senda, hablemos a través del diálogo social de una ley de 35 horas semanales y luego avancemos progresivamente hacia una mayor reducción de jornada para favorecer la compatibilidad entre vida personal, laboral y cívica, la igualdad entre mujeres y hombres, y la plena inclusión laboral de la mayoría de la ciudadanía.
En paralelo, incentivemos –y hago especial hincapié en los sindicatos– acuerdos voluntarios de reducción de horarios en las entidades privadas y públicas, racionalizando los horarios de trabajo tal y como propone la Comisión Española de Expertos. Tras años de constante aumento del trabajo remunerado tanto para mujeres como para hombres, la reducción de la jornada laboral es asimismo una apuesta por transformar los aumentos de productividad en tiempo libre no consumista (lo que implica en paralelo políticas sociales y educativas para salir de las lógicas de consumo de masas). Es hora también de favorecer el trabajo a tiempo parcial y el teletrabajo, siempre y cuando vayan acompañados de condiciones de trabajo dignas y salarios justos y suficientes, para evitar en cualquier momento la trampa de la pobreza.
Asimismo, si trabajamos menos tiempo y más personas desde condiciones laborales decentes, supone reducir las horas extraordinarias, combatir la precariedad laboral, la flexibilidad no deseada, los contratos basura, el estrés, la intensidad y los accidentes laborales, así como reforzar los derechos de las personas trabajadoras inmigrantes. Trabajar mejor es trabajar con criterios de calidad y el orgullo de ser útil a la sociedad. Esto significa también una transformación ecológica de la economía para desarrollar sectores ricos en empleo verde y poco intensivos en energía (agricultura ecológica, cuidados a las personas, economía social, energías renovables, etc.) y, al revés, una contracción para los que exigen mucha energía fósil y/o especulación financiera (industria manufacturera, sector automovilístico, pesca industrial, bancos y seguros, etc.). Lo que supone a su vez la reconversión laboral pactada y planificada de las personas trabajadoras –y de sus valiosos conocimientos– desde los sectores en contracción hacia los emergentes.
Ante la crisis y el desempleo de masas, nuestra generación necesita un cambio urgente de normas laborales: para vivir mejor hoy y para que las generaciones futuras puedan simplemente vivir. Una política laboral eficiente y compatible con la ecología y la equidad es por tanto un ejercicio de realidad a la altura de los retos sociales y ambientales del siglo XXI.

17 de noviembre de 2011

A las tres en casa para conciliar

«La cuestión de los horarios remite a un modelo de sociedad más justo, más amable, más humano y más responsable. Modelo que no existe en la realidad y que debemos crear. Quizá la crisis sea una oportunidad de oro para vislumbrar esa sociedad. Es el reto para las nuevas generaciones porque la nuestra ya ha mostrado su absoluta incapacidad para lograrlo».



Vía| Conciliación Real Ya

Tomado de: Diariovasco.com

Empresas vascas dan ejemplo de conciliación. «No sólo es posible, sino que es rentable». Directivos y expertos defienden en el Kursaal un cambio de cultura para racionalizar los horarios laborales



Vaya por delante que quien espere encontrar en este reportaje algún mensaje inédito sobre las políticas de conciliación no verá cumplidas sus expectativas. Probablemente sí se le pongan los dientes largos y sienta envidia de quienes ya se benefician de una cultura laboral tan lógica como resistente en la mentalidad de muchos directivos. Porque de lo que se trata no es de revelar una receta secreta, sino de recalcar las ventajas «para el trabajador y también para la empresa» de contar con un horario laboral racional hasta que cale definitivamente esa filosofía en todas las compañías.

Con ese empeño se han reunido por sexto año consecutivo expertos y directivos concienciados en el Congreso nacional para racionalizar los horarios que se celebra hasta hoy en el Kursaal. «La conciliación no es ninguna utopía. Funciona y hay que contarlo», anima Alberto García Erauzkin, consejero director general de Euskaltel, que ha vivido en su propia persona esa transformación de directivo escéptico a defensor acérrimo de los planes de empresa que conjugan el verbo mágico.


La primera sesión de trabajo del congreso se convirtió en una especie de clase de pedagogía sobre la conciliación, con mucha retórica al respecto pero también ejemplos prácticos para motivar a los más recelosos. El mensaje fue insistente: «Conciliar no sólo es posible sino que es rentable». Alberto García Erauzkin habla con conocimiento de causa. Euskaltel, la empresa en la que trabaja, arrancó este año con una 'revolución' en su forma de trabajo. Asesorados por la consultora Deloitte y tras participar en un programa piloto de la Consejería de Asuntos Sociales del Gobierno Vasco, el 80% de los 550 empleados de la empresa de telecomunicaciones vasca concentró la jornada laboral entre las 7.30 y las 15.15 horas.

Adiós a las jornadas partidas, a las pausas para comer de dos horas y a la vuelta a casa cuando ya se ha hecho de noche sin tiempo para ver a la familia. El resto de la plantilla no pudo acogerse al deseado horario por desempeñar una labor incompatible con una jornada continua (servicios de asistencia 24 horas, por ejemplo), pero sí son recompensados con más horas libres a cambio, explica García Erauzkin. El resultado once meses después satisface a las dos partes, a empleados y a directivos. «Hemos logrado un mayor rendimiento de nuestros trabajadores, se han reducido los desplazamientos en automóvil y con ellos la siniestralidad. Incluso muchos padres nos han comentado que el rendimiento escolar de sus hijos ha mejorado porque ahora les ven más», asegura.

Begoña Murguialday decidió intentar poner en marcha por su cuenta todo lo que echaba de menos en su puesto en la Administración. Hace dieciséis años creó la empresa Murgibe, una consultora que trabaja con empresas e instituciones que promueven la igualdad de oportunidades. Como responsable de la compañía predica con el ejemplo. «Trabajamos 35 horas a la semana, no hay horarios de entrada ni de salida, los tiempos de ausencia no se recuperan, hay dos periodos de descanso obligatorios, en Navidad y Semana Santa para oxigenar la mente que siempre hace falta, tenemos más días de permiso por fallecimiento de algún familiar... Muchos dirían que a pesar de todo nos va muy bien. Yo digo que es gracias a todo eso que estamos así», relató ayer.

Como empresaria, pero sobre todo como mujer, habló Ana Bujaldón, presidenta de la Federación española de mujeres directivas, ejecutivas, profesionales y empresarias (Fedepe). «El problema de la conciliación es hoy por hoy más problema para las mujeres que para los hombres», denunció. La estadística no invita a levantar las campanas al vuelo, más bien a reconocer la desigualdad de género en el mundo laboral y las distancias todavía insalvables respecto a otros países europeos en los que la conciliación pasa desapercibida dentro de la normalidad cotidiana. «Seamos sinceros. Cuando se crean las facilidades para compaginar la vida laboral y familiar están pensadas para las mujeres. Son facilidades que permiten compaginar ambas facetas, pero impiden el desarrollo de una de ellas, la carrera profesional. La doble carga de obligaciones agota el tiempo, agota esa dedicación extra que la empresa demanda a directivos y a los puestos de responsabilidad». Bujaldón citó una encuesta de Adeco a mujeres directivas. Casi la mitad de las ejecutivas renuncia a la maternidad. La tasa de natalidad en este colectivo es de 0,54 hijos frente al 1,3 de la media nacional. «Aún sentimos impuesta la elección entre el desarrollo familiar y el desarrollo profesional».

Hay más peligros que acechan para lograr una conciliación real. Bujaldón alertó de la doble cara de las nuevas tecnologías: «Internet elimina la anacrónica necesidad de la presencia física en la oficina. Sin embargo, puede ser una trampa porque las jornadas se dilatan hasta el infinito ya que existen las herramientas para trabajar a cualquier hora, en cualquier lugar y situación. No parece la solución. Hay que aportar flexibilidad a los horarios pero no ampliarlos las 24 horas al día».

«Una sociedad más justa»

Ana Andueza, socia de la consultora Deloitte, puso más cifras al debate para reforzar la petición del «necesario cambio» en la cultura empresarial, anclada en las jornadas interminables que los expertos y las nuevas generaciones cuestionan. España es una 'rara avis' en el modelo laboral, nada de lo que alardear, todo lo contrario. «España es uno de los países de Europa en los que más horas se trabaja y sin embargo tiene los datos de productividad más bajas», en concreto, 232 horas más de trabajo al año. Andueza confía en que la reflexión que se ha abierto desde hace algunos años sobre esta cuestión ha abierto el camino a «una nueva era». Pero queda casi todo por hacer. Como regla general, dice que no se puede aplicar un mismo modelo de conciliación para todos, porque no todos pueden conciliar de igual manera. «Las medidas homogéneas no son factibles. Habrá que atender a las necesidades de cada empresa, pero todas sí pueden conciliar», aclara.

El sociólogo Javier Elzo reflexionó sobre la conciliación como uno de los valores necesarios para una sociedad más justa. «La cuestión de los horarios remite a un modelo de sociedad más justo, más amable, más humano y más responsable. Modelo que no existe en la realidad y que debemos crear. Quizá la crisis sea una oportunidad de oro para vislumbrar esa sociedad. Es el reto para las nuevas generaciones porque la nuestra ya ha mostrado su absoluta incapacidad para lograrlo».

A Joaquín Nieto, director de la oficina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), le tocó cerrar el turno de intervenciones antes de que se iniciara un breve debate. Nieto hizo un repaso histórico al papel de la OIT, cuya primera decisión legislativa se refirió precisamente a la regulación de los horarios de la sociedad industrial de principios del siglo XX. «La conciliación no es un asunto privado de las personas, sino que implica una responsabilidad social de los Estados y de los gobiernos», defendió. Convencido de que el modelo laboral del futuro «no tiene por qué ser como el presente», cree conveniente afrontar el reto del futuro sin perder más tiempo, que es de lo que se trata.

16 de noviembre de 2011

¿Y a qué partido político voto?

Por Ileana Medina Hernández

¿Y qué partido político piensa en los derechos de los bebés y niños pequeños, en la ecología del nacimiento, en nuestro sistema emocional, en el "principio" -en las dos acepciones de la palabra- de la vida?

A ver. Tradicionalmente la derecha, ha dado sus hijos a cuidar a chachas y criadas. Las familias de clases altas, no cuidan, en general, ellos mismos de sus hijos. (¿Es lo mismo derecha y clases altas? Bueno, ya no sé, parece que la derecha tiene un gran colchón de votos popular, de hecho se llaman "populares". Es que esto de la política es muy complicao. ¿Qué es la derecha?) En fin...  del tema que nos ocupa, ése es el modelo aristocrático de crianza que queremos copiar, pero en cutre: los bebés a la guardería.

Izquierda Unida, igual que el PSOE, proponen más escuelas de 0 a 3 años, e igualar la baja paternal a la maternal, todo ello antes de prolongar la baja maternal, para que no se discrimine a las mujeres en el empleo. Es la política feminista institucional generalizada, impulsada por mujeres en el poder que, paradójicamente, hacen con sus hijos lo del punto anterior (contratar a una "amorosa inmigrante" para que los cuide).

Al parecer, todos los partidos apoyan la propuesta de PPIINA, y parece, que de moverse algo en el sentido de la "conciliación" en los próximos tiempos, van a ser más guarderías desde los 0 años y si acaso, más baja paternal, pero nadie habla de unos míseros 6 meses de baja maternal, que protejan el DERECHO sexual de las mujeres a la lactancia, el derecho de los bebés a recibir el mejor alimento, el derecho de ambos a la lactancia materna exclusiva, principio de SALUD para bebés y mujeres, o sea, para toda la sociedad y su futuro.

Equo me parece con distancia la mejor de las opciones, la única del siglo XXI. Entre otras cosas de un programa excelente, cita expresamente, por ejemplo, el "apoyo a la lactancia materna en los hospitales" y la atención a los mayores. Sin embargo, lleva a Beatriz Gimeno (supongo que cuestiones de incluir, no me parece  mal aunar fuerzas) como número 3 al Senado, quien en su blog escribe cosas como estas: "quiero que las mujeres disfruten de todos los beneficios de la ciencia, de la técnica y de la civilización y que su cercanía/adscripción a la naturaleza sea como la de los hombres, ni más cercanas, ni menos." Una frase muy poco afortunada, muy poco libertaria, muy poco feminista, muy poco ecologista. Machista, en tanto la medida de todas las cosas es "como la de los hombres". Antiecologista, porque precisamente lo que necesitamos es una cercanía mayor de todos hacia la naturaleza. Es precisamente la escasa adscripción de la raza humana a la naturaleza el mayor desequilibrio y el mayor peligro de nuestra especie y del planeta hoy día.  Para todo lo demás, ciencia, técnica y civilización. O sea, mastercard.

Deberíamos repartir los libros de Michel Odent en el Congreso de los Diputados. Ponerles de tarea leerlos y refutar lo que allí se explica.

¡No somos talibanas ni neomachistas, simplemente queremos ser noruegas! Es el mejor país para vivir, y también el mejor país para ser madre (¡y ambas cosas están obviamente relacionadas!)

Voto al partido que prometa y cumpla con honestidad acercar el modelo social español al noruego, por ejemplo. O al que se atreva a hacer lo que hizo Islandia: proteger a la sociedad y no a los banqueros, con magníficos resultados para todos.

Vengo de una dictadura, y sé que votar, aunque a veces parezca que no resuelve nada, es mejor que no poder hacerlo. El sistema político está agotado, pero es el que hay.

Por tanto, votaré. No en blanco ni nulo. Tampoco al bipartidismo quítate-tú-para-ponerme-yo. Votaré a Equo, que en mi isla va en una pequeña coalición, junto con unos desertores del partido socialista y un interesante partido pequeño que se llama Sí se puede, al cual ya voté en las municipales. Al menos por el slogan merecen el voto. Por la esperanza. Que es lo último que se pierde.

¡Felices elecciones!

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Ecología y feminismo 

Sólo un 11% de las madres europeas prefieren trabajar a tiempo completo

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Las mujeres que nos mandan

14 de noviembre de 2011

Lunes sin palabras

Esta foto tiene más de 170.000 "me gusta" en Facebook.

No sé en qué fecha ni en qué circunstancia fue tomada, tal vez algún lector pueda informarme.

Para mí, debería ganar el Pulitzer por representar la esencia humana de quienes nos gobiernan.

11 de noviembre de 2011

Ecología y feminismo

Por Ileana Medina Hernández




(El lugar donde el feminismo y la ecología institucionales pueden encontrarse)

"En la actualidad, además de poder optar libremente a la maternidad, 
es necesario recuperarla, dignificarla y restituirla a la Humanidad"
María Jesús  Blázquez

El eco-feminismo no puede ser la unión chapucera de cualquier ecología con cualquier feminismo: sólo puede ser la comprensión coherente de nuestra condición mamífera, y las consecuencias que de ello se deriva.

El encuentro entre la ecología y el feminismo se produce, de modo personal y sangrante, o de modo universal y sanador, sobre todo en la maternidad, en nuestros cuerpos, en nuestros úteros, en nuestros partos, en nuestras lactancias, en nuestros bebés...

Ahí es donde empieza y se reproduce todo. Donde se transmite de una generación a otra la desconexión emocional que caracteriza al patriarcado.

Y es desde ahí donde podemos, desde el empoderamiento femenino, incluir a toda la humanidad: nuestros hijos. Sanando la crianza des-amorosa y anti-mamífera de la que provenimos.

Como mujeres, cuando elegimos ser madres, todo el dilema filosófico entre la naturaleza y la cultura se nos viene encima.

Como seres humanos (hombres y mujeres) necesitamos incluir a los bebés, a los bebés que fuimos y seremos todos, en cualquier proyecto humanista, ecologista, feminista o progresista.

¿Se puede ser ecologista y no hablar de la ecología del nacimiento humano, de la primera ecología que experimentamos en nuestra vida, de nuestro primer hábitat: el cuerpo materno? ¿No hablar de la necesidad de que los hombres y las mujeres sostengamos, desde el respeto, el acompañamiento y el cuidado, la crianza mamífera de nuestros bebés? ¿Podemos construirnos como ecologistas institucionalizando como primer alimento de nuestra vida un bote de leche de vacas explotadas, convertido en polvo industrializado, chupando trozos de plástico? ¿Podemos aprender a cuidar, a cuidar la vida en todas sus formas, si primero no somos cuidados, amados, en el entorno mamífero y amoroso que merecemos? Entorno que no hemos conocido en más de dos mil años de civilización violenta, entorno que parte de la violencia primaria: la de los padres y madres sobre sus propios hijos.

¿Podemos declararnos "feministas" y dejar afuera nuestros úteros, nuestros embarazos, nuestros partos, nuestros puerperios, nuestras tetas, nuestros órganos reproductivos y su funcionamiento?

Mientras para el feminismo institucional la maternidad, la lactancia, el cuidado (y nuestros bebés) sea una cosa de la cual "liberarnos", una "carga" a repartir... no habremos encontrado el centro, nuestro centro.

La ética del cuidado, concepto manejado por el ecofeminismo, me parece el concepto adecuado para trabajar en el siglo XXI, pero no desde la actitud de que el cuidado se reparta entre todos como una "carga", sino reivindicando para sí, para nos, el cuidado como un privilegio, un goce, un placer... como el lugar AMOROSO en el cual todos nos sentimos bien, dándolo y recibiéndolo.

¿No será entonces de AMOR de lo que tenemos que hablar cuando hablamos de humanismo, de ecologismo, de feminismo, de cuidado? Quitarle al amor esa connotación cursi, romántica o mística, y dejarnos de eufemismos, para comenzar a hablar de las formas tangibles del amor: las conductas cotidianas. Toda ética es en el fondo una forma social del amor, una conducta amorosa socialmente codificada. Si hablamos de ética y de cuidado, ¿no estamos hablando de amor? No del amor que sentimos en nuestros pechos, sino del amor que ofrecemos a los otros a través de nuestros actos. 

El cuidado, para que funcione desde el único lugar posible, desde nuestras entrañas, nos exige salirnos de la ética del deber, del sacrificio, y entrar en el terreno de los placeres, de la sexualidad, de las emociones. 

Estaríamos hablando de salirnos de un marco civilizatorio construido sobre el concepto de DEBER (la conducta modelada desde afuera, desde el mandato, desde la dominación, desde el poder...) para construir otro sobre el concepto de PLACER, empatía, sentimientos, amor. Es a eso a lo que muchos llaman "cambio de era". Solo desde ahí se vislumbra la LIBERTAD y la dignidad humana, y solo desde ahí se sana la herida, el malestar entre la naturaleza y la cultura, entre lo biológico y lo social, entre lo femenino y lo masculino, entre las clases sociales, entre los dominantes y los dominados.

Cada mujer individual elige ser o no ser madre, o ejercer la maternidad desde su lugar personal, el único modo en que puede ejercerse. Pero el problema (el problema de la sociedad patriarcal con mayúsculas) sangra cuando la mayoría de las mujeres devenimos madres y andamos desconectadas de (nuestra) la naturaleza, porque esa desconexión trasciende más allá de nosotras mismas, y perpetúa el status quo. 

Un bebé solo puede ser cuidado desde el DESEO. No desde el deber. Nunca estaremos seguros dejando a un bebé en manos de alguien que lo cuida por deber, y no por empatía, con amor... Es pues, volviendo la mirada hacia el bebé humano, donde podemos encontrar el punto de contacto entre humanistas, feministas, ecologistas y todos los ---istas... dándonos cuenta de dónde se inicia y se reproduce generación tras generación la ruptura, la imposición de la fuerza, el condicionamiento, la rendición ante la voluntad del más fuerte, el modelado conductual, la negación del DESEO... rompiéndonos la sinergia amorosa, la capacidad para actuar con los otros desde el lugar amoroso y placentero para ambos. 

Para sentirnos bien cuidando a otros, a nuestros hijos, a los seres vivos, a la naturaleza, al universo que nos rodea, (solo es posible un cuidado verdadero cuando es amoroso, sentido, empático, cuando es ENTREGA) tenemos primero que haber sido cuidados amorosa y empáticamente en nuestra infancia. 

Y es esa espiral de desamparo emocional, de desamor, la que intentamos sanar. ¿Cómo? 

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Bibliografía:




La represión del deseo materno..., por Casilda Rodrigáñez

Ecofeminismo y lactancia, por María de Jesús Blázquez

¿Es la lactancia compatible con el feminismo?Por Claude-Suzanne Didierjean-Jouveau

Feminismo y maternidad, entrevista a Yvonne Knibiehler

Lactancia materna: un asunto feminista, por Penny Van Esteryk, para WABA. 

"Transformar la ciudadanía en cuidadanía", entrevista a Isabel Aler

4 de noviembre de 2011

La madre que somos y la madre que queremos ser

Por Ileana Medina Hernández




Acabo de recibir la carta desesperada de una amiga, de una mujer inmensa, luchadora y maravillosa, madre de dos niños hermosísimos de pocos años.

Y esta es su carta, la carta que cualquiera de nosotras podríamos haber escrito en algún momento de nuestra maternidad.

Conmovida, removida y sacudida, intento, desde la distancia, ofrecer a mi amiga lo único que puedo: mis palabras.

Y le he pedido poder compartirlas también con todas mis lectoras y lectores, con todas mis amigas de la red, con todas las madres que tantas veces flaqueamos. Gracias, muchas gracias por acceder a que sea publicada.

CARTA DE UNA MADRE CUALQUIERA

«Hola Ileana. No se por dónde empezar. Igual pidiendo disculpas por confiar en ti. Curioso que quiera saber tu opinión y criterio en algo tan delicado como lo que voy a contarte, pero la quiero saber. No me sirven juicios ni opiniones de las mujeres que me rodean porque la conozco de antemano y no tienen nada que ver conmigo en mi forma de entender y vivir la maternidad.

Estoy viviendo algo así como una crisis de maternidad, si es que eso existe. Me siento angustiada y culpable por ello. No tolero a mis hijos, no les disfruto. Pierdo la paciencia enseguida, me cuesta empatizar, conectarme con su mundo, me molestan sus gritos, sus peleas constantes, sus llantos, sus exigencias, sus demandas. Cuento las horas para que se duerman, no juego con ellos, no les escucho, no les abrazo.

Siento a ratos que me ahogo y sólo quiero llorar. Me falta la energía y añoro un poco de silencio, de serenidad. El día empieza temprano y ahí mismo los conflictos, las peleas, los accidentes, los "no quiero", "no, no y no", los "porque yo lo quiero", sus pequeñas tiranías. Lavarse las manos para comer es una cruzada digna de un ejército, lavarse los dientes, meterse en el agua, lavarse el pelo, recoger la ropa del suelo, no tropezar con los miles de juguetes esparcidos a cientos por todo el suelo, y así, inventando cada segundo qué hacer para canalizar toda esa energía pasan horas y horas, sin un minuto para mí, sin un minuto para leer una hoja de un libro, escribir a una amiga, llamar por teléfono, cruzar tres frases seguidas con mi marido, hasta las once de la noche donde todo se vuelve aún más difícil por el efecto del cansancio. Y luego está el resentimiento de mi pareja, que me exige la perfección, la paciencia, la dulzura, la compresión, la contención, la improvisación, la fuerza que siento que no tengo, que tal vez no poseo.
 
Y me traslado a un lugar oscuro donde lo peor de mí misma aflora y veo a una madre incompetente, que no sabe dar lo que los otros necesitan, profundamente imperfecta, llena de agujeros por donde se escapa la que quiero ser, la que aspiro a ser, pero obviamente no soy. Miro hacia afuera y veo el país de las maravillas: madres seguras, amorosas, llenas de recursos, pura poesía. Te veo a ti, por ejemplo, enamorada de tu hija, percibiéndola aún como el mayor regalo que te ha hecho la vida, disfrutándola. Y me pregunto qué me está pasando, qué coño se me está rompiendo por dentro y cómo hago para salir de esta sensación de asfixia. En fin Ileana, también entendería que ni contestaras, a veces determinados ejercicios de desnudez emocional resultan soeces para quienes los reciben. Un abrazo.»
 
 
Mi respuesta:


LA ACEPTACIÓN COMO ÚNICA VÍA DE SANACIÓN

Querida M:

Aunque las noticias no sean buenas, no sabes lo que me conmueve y me remueve tu confianza. Gracias.

Vamos a ver si puedo ayudarte en algo,  intentando ir por partes.

Lo primero: una madre necesita ser sostenida para poder sostener a sus hijos. Estás sola, estamos muy solas. El sostén que recibimos en nuestra infancia, a ojos vistas fue muy insuficiente para servirnos hoy. El que recibimos hoy sigue siendo insuficiente: no familia, no tribu, no amigas, solo un marido que a duras penas llega de noche a casa, con el pan de cada día y las facturas pagadas. "Patrocinador" llamo yo al mío a veces, medio en broma medio en serio. Llegará el día en que los dos podamos trabajar cada uno 4 horas, y el resto dedicarlo a la familia, pero todavía el sistema laboral es decimonónico. Lo que te pasa: la niña desamparada, rabiosa y necesitada que fuiste, sigue estando ahí, y aflora precisamente cuando más fuerzas necesitas. No las hay, simplemente, y hay que aceptarlo.
 
Lo segundo: qué fácil es para tu marido salir a trabajar 8 horas y volver a casa, y esperar que tú hayas tenido las toneladas de paciencia y de dulzura necesarias. Qué fácil es para él (como para mí, como para ti) saberse tan bien la teoría. Y no digo que no sea una persona maravillosa, que también lo es. No se trata eso. Se trata de energías emocionales para estar día tras día 24 horas  amorosamente con los niños: no las tenemos. Necesitamos apoyo, como dice Laura Gutman, una madre sola, la familia nuclear, no es buena para criar hijos. Necesitamos una tribu amorosa y sostenedora (tampoco depredadora como han sido muchas veces las familias hasta ahora).

Por eso, quizás, mi hija va al colegio. En el fondo de mi inconsciente, y cada vez más consciente, sé que yo no puedo permanecer 24 horas con ella y que todo fluya, darle todo lo que necesita. No, yo sola no puedo. Por eso, quizás piensas en el fondo si no debes escolarizar a los tuyos. Yo sé que no sirvo para homeschooling, no tengo la disponibilidad  la paciencia, la capacidad organizativa para estar con mi hija en casa, al menos desde dentro de este sistema, en la casa y en las condiciones en que vivo. Todavía si pudiera largarme a estar tirada todo el día en una playa del Caribe... descalzos y corriendo por la naturaleza... a lo mejor...

Por eso, todo el mundo hace lo que mejor puede en sus circunstancias. También el que escolariza pronto, la que no da la teta, la que aplica el Estivill... porque si se auto-exigiera más, no puede, enloquecería o maltrataría todavía más.

Por eso, tenemos que dejar de pretender ser perfectos, y aceptar que nuestros hijos van a un colegio, que no es ideal, que tiene miles de fallos, que el sistema educativo es caduco y necesita un revulsivo urgente... pero que dentro de eso, intentaremos darles lo que el sistema no les puede dar. O que ven la tele más de lo que debieran, o que comen más chuches de lo recomendable...


Aceptar que no podemos llegar a donde teóricamente vislumbramos que podríamos o deberíamos llegar, que la perfección no existe, que en todas las familias hay basura bajo la alfombra, y que bastante hacemos con cobrar conciencia de tantas cosas... pero que de ahí a ir sanando las nuestras hay un largo camino por recorrer, que nos llevará toda la vida. Abrazar nuestra sombra como tú lo has hecho, es el acto verdaderamente sanador. 

Negar que los niños necesitan teta, tiempo, compañía, disponibilidad, juego, compañía para dormir... es el camino inconsciente que la gente utiliza para no reconocer que en realidad lo que sucede es que no estamos en condiciones de ofrecérselo, que no tenemos la disponibilidad emocional necesaria. Que ni nosotros individualmente, ni nuestras familias, ni nuestra sociedad está organizada y preparada para ofrecer todo ese confort que los niños necesitan.

Aceptar que sí, que todos los bebés y niños pequeños necesitan eso, es el primer paso para la sanación sincera de nuestra maternidad y nuestra crianza. Ése ya lo hemos dado, al menos a nivel personal. Falta darlo a nivel social.

Pretender que somos superwoman, heroínas, todo el tiempo enamoradas de nuestras crías y con una sonrisa en el rostro para jugar con ellos, para satisfacer sus demandas, para no levantar la voz, para llenar el agujero negro de amor que chupan todo el día... para estar todo el día disponibles para ellos, para el marido, para nuestros jefes, para la suegra y para las vecinas, es también falso e imposible.

Aceptar esto, es el segundo paso para la sanación de sincera de nuestra maternidad y nuestra crianza.

Sólo desde la aceptación simultánea de esas dos realidades, se produce la toma de conciencia y podemos avanzar. Tanto la negación de la verdad ("nuestros bebés no nos necesitan, están igual de bien con cualquiera") como el autoengaño ("qué madre tan perfecta soy, qué bien lo hago") son neuróticos y peligrosos. Es en la humildad, en la conciencia, que comienza la cura, la posibilidad de reubicarnos y de construir una maternidad legítima, con más felicidad, desde ahí quizás recobremos la energía necesaria.

Reconocer nuestra humanidad, aceptar nuestras limitaciones, y confiar en que aún así lo que ofrecemos a nuestros hijos es mucho, es todo lo que somos capaces, que estamos en el camino, que les estamos dejando una herencia psico-emocional mejor que la que nosotros recibimos, nos permite darnos un respiro, dedicarnos unos momentos para nosotras, pararnos para recuperar fuerzas, recuperar nuestra dignidad y nuestra autoestima maltrechas, y seguir andando hacia ese lugar mejor donde estamos seguras podemos llegar. Mañana mejor que hoy. 

Nuestros hijos deben saber también que somos humanas, que no somos perfectas, que se nos acaba la paciencia, que flaqueamos, que nos enfadamos sin querer, que pedimos perdón cuando los tratamos mal a nuestro pesar... para que ellos puedan permitirse también flaquear, enfadarse, o entristecerse, expresarlo, y pedir ayuda.

Intenta buscar tribu, en casi todas las ciudades están surgiendo grupos de apoyo a la crianza, grupos de madres amorosas que podemos apoyarnos unas a otras. Quizás puedas acercarte con los niños por las mañanas y cambiar aires, recibir energías.

Y aquí estoy, para lo que necesites y desde aquí pueda ayudarte.

Un abrazo inmenso, hondo!!! A ti, y contigo a me abrazo a mí misma, y a todas las madres del mundo. 

3 de noviembre de 2011

Los sistemas sociales controlados por el macho se vuelven adversos a la vida

Por Ileana Medina Hernández

(Una reflexión políticamente incorrecta, todavía más :-)


“El Homo sapiens es el primate más violento del planeta 
contra la hembra de su misma especie y contra sus propias crías”
James Prescott

Los sistemas sociales diseñados y dominados por el macho -y también por la hembra patriarcalizada, acorazada, frígida o dominada, aniquilada- pierden la sutileza del cuidado, el amor, la sensibilidad y la magia de la vida, que tiene su momento crítico en la gestación, el parto, el cuidado de las crías, la sexualidad y la emoción.  

Se vuelven adversos a la vida.

El macho dominante (léase también la hembra patriarcal, que somos muchas o todas en algún grado) no puede verter su conducta depredadora, hasta el punto de interferir en la forma de concebir, de gestar, de nacer, de parir, y de alimentar y cuidar sus propias crías, porque la esencia de la vida se pierde. En esa fase primal es donde desarrollamos nuestro sistema emocional, donde adquirimos la capacidad de amar y cuidar a los otros. Lo que somos, pensamos y hacemos cuando estamos ante un bebé, un niño, un anciano, un enfermo o una persona más "débil" que nosotros nos define, como personas y como sociedad.

Cuando las  hembras sometemos nuestra sexualidad, nuestro sistema reproductivo, nuestros ciclos, nuestros bebés, nuestros procesos vitales... a un orden social (ecónomico, político, científico, industrial, sanitario...) diseñado por unos seres ni mejores ni peores -solo que lo desconocen porque no gestan paren ni amamamantan (ni funcionan desde la empatía y el respeto con la que funcionarían si hubieran sido suficientemente maternados), que muchas veces han ido y van más allá y nos oprimen, reprimen y violentan- perdemos la calidad de la vida en sus inicios, y ponemos en situación de violencia, en peligro de muerte y de extinción a toda la raza humana.

En los sistemas sociales diseñados y dominados por el varón, han ocurrido históricamente dos cosas: o se tienen una cantidad de hijos desproporcionados al cuidado que podemos dispensarles (cuando la hembra aniquilada pierde todo poder sobre sus ciclos y su cuerpo); o disminuye la fertilidad y la natalidad hasta límites de envejecimiento poblacional peligroso (cuando la hembra se inserta acritícamente en el mundo productivo y competitivo masculino, que no tiene lugar para los afectos, la reproducción, el tempo de la maternidad). En ambos casos, las hembras nos desconectamos de nuestros cuerpos, de nuestro sistema reproductor, de nuestra sexualidad, de nuestros úteros, de nuestros pechos, de nuestros ciclos vitales, de nuestra capacidad maternante... en una sociedad hecha y diseñada según patrones masculinos y adultocéntricos reduccionistas.

Por eso, las mujeres (y los hombres que son nuestros hijos, gestados, nacidos y criados todos -ellos y nosotras- en violencia y desamparo emocional) contaminamos, destruimos los ecosistemas, se extinguen las especies, perdemos las ganas y la capacidad de amamantar, de prodigar amor,  de cuidar, de empatía, de cooperación mutua, y nos constituimos como seres egoicos y patriarcalizados que solo nos sentimos importantes en lo externo, en la competencia, en el triunfo sobre el otro y en la guerra. O por el contrario, nos vemos condenados a la miseria y la desgracia.

En este pequeño lapso de 2000 ó 3000 años, la civilización patriarcal ha ido construyendo una línea invertida, suicida (inversamente proporcional al "progreso" técnico) a punto de autodestruirnos y de destruir la Tierra, si no hacemos algo antes.

Si queremos recuperar o reconstruir la capacidad de cuidarnos los unos a los otros, de amarnos, y con ella, la capacidad de cuidar del planeta, de la naturaleza, de la vida que nos rodea en todas sus formas, tenemos que recuperar la conexión con nuestros úteros, con la oxitocina, con el parto poderoso y libre, con nuestra leche, con nuestros bebés, con nuestros niños, con la niñ@ que fuimos, de manera que los machos y nosotras mismas (re)construyamos la sensibilidad, la integridad cuerpo/mente, el equilibrio masculino/femenino, y podamos así retomar el rumbo, hacia la ética del cuidado, hacia las emociones y los afectos, hacia el amor, hacia la bondad de la condición mamífera primate (teteadora y porteadora) que nos une con el resto de la naturaleza y al continuum de la vida. 

2 de noviembre de 2011

Mi bola de cristal

Por Ileana Medina Hernández

(Reconstruyendo la utopía en otro lugar, o sea, en este aquí y ahora)



Yo veo un futuro de jornadas laborales de 4 ó 5 horas diarias, donde podemos trabajar y además estar con nuestros hijos…

Veo un futuro de escuelas llenas de alegría y creatividad, donde los niños son libres, saltan, bailan y juegan al aire libre, entre los árboles y las flores.

Veo un futuro de negocios y empresas pequeños y hermosos, donde la gente crea y siente en lo que trabaja, donde trabajamos con amor y vocación, en lo que nos gusta, en nuestro talento único, y donde podemos ir con nuestros bebés colgando de fulares, y negociar en igualdad nuestros horarios, nuestras misiones laborales, nuestra aportación/remuneración, nuestra productividad.

Veo un futuro de ciudades amables, limpias y diseñadas para los niños, que quiere decir aptas para todos, llenas de paseos, parques, jardines, y sitios que dicen: “bienvenidos los niños, bienvenidos los ancianos, bienvenida la alegría, bienvenida la vida”.

Veo un planeta cuidado, amado, sostenido, pacífico, donde las especies convivimos en armonía y disfrutamos unos de los otros.

Quiero ese mundo para mi hija, para los tuyos y para los de todos.

El planeta azul y vivo es la bola de cristal.

¿Lo hacemos juntos? Visualícemoslo, soñémoslo, hagámoslo. Está ahí y es posible.