30 de marzo de 2012

Crisis de lactancia: "se me fue la leche"

Por Ileana Medina Hernández


Jasmine and Thomas, by Timbra Wiist, Landslide Photography

Hay una consulta que se repite mucho en la página de Facebook, hoy copio un mensaje que dejó una lectora, y dejo por aquí la respuesta y otros enlaces interesantes. Es muy importante, porque esta creencia es la causa de muchísimos destetes tempranos no deseados. 

«Hola:
Les escribo para hacerles una consulta por un tema que me tiene mal y preocupada.
Tengo una bebé de 2 meses y medio y le doy teta desde que nació.
Suelo tener mucha leche, de hecho si no le doy cada 1 hora y media o 2hs suelo sacarme leche porque me duelen las mamas.
Desde ayer tengo los pechos más "blandos" y menos leche..estoy muy preocupada...tengo miedo que mi beba tenga hambre.
Ayer viví un momento personal muy angustiante por lo que creo que puede ser el motivo... puede ser? Me podrían ayudar por favor? Cualquier cosa que me digan me ayudará.
AMO A MI BEBE Y AMO DARLE LA TETA
Cariños
Gracias»


No te preocupes, de vez en cuando suelen ocurrir lo que se llaman "pequeñas crisis de lactancia": tu cuerpo y la demanda del bebé se desajustan, el bebé necesita chupar más a menudo durante un par de días hasta que vuelve a regularse. Tú dale pecho cada vez que quiera, y verás que en un par de días se vuelve a normalizar.

Además, hay otra cosa muy importante: a partir de los 2 meses, o 2 meses y medio ¡la lactancia se normaliza! ¿Qué quiere decir eso?

Que tus pechos ya no chorrearán tanta leche, que no los sentirás tan duros ni llenos, simplemente porque tu cuerpo se normaliza y va produciendo leche en la misma medida en que tu niño lo necesita. Los pechos no son un "tanque", son más bien grifos, por los que la leche fluye en la misma medida que el niño la demanda.

Muchas mujeres creen a partir de ese momento que ya no tienen leche (su madre y su suegra enseguida se lo confirman: yo también me quedé sin leche), meten biberones y ahí mueren muchísimas lactancias, cuando lo que sucede es justamente lo contrario: a partir de ese momento la lactancia es algo que ni siquiera notamos, fluye, el bebé se alimenta y podemos disfrutarla sin tener que chorrear todo el día, ni sentir los pechos cargados. No existe una verdadera "crisis", no has dejado de tener leche y no hace falta introducir biberones, al contrario: ¡lo que sucede es que la lactancia a partir de ahora va a ser más fácil y placentera!

El pediatra Carlos González lo resume así: 
«Hay lo que se puede llamar "crisis de los tres meses" (no es exactamente a los tres meses), que es el pánico que le entra a muchas madres más o menos a esa edad del bebé porque se juntan varios factores, que son normales, pero que nadie le había advertido que podían pasar:
-Los pechos antes parecían llenos y se llenaban aún más entre las tomas; ahora parecen siempre vacíos (¡pero no lo están!) y blandos.
-La leche goteaba, había que usar un empapador en el sujetador; ahora ya no gotea.
-La madre se notaba al comienzo de cada toma la bajada de la leche; ahora ya no la nota.
-El bebé estaba más de 20 minutos en un pecho; ahora acaba en cinco o en dos minutos y si le intentan obligar a mamar más, se enfada.
-El niño hacía varias cacas al día; ahora está varios días sin hacerla (no es estreñimiento, y no hay que tomar medidas).
-El bebé engorda cada mes menos que el anterior (¡claro!). A partir de los cuatro o cinco meses, el niño vuelve a empezar a despertarse varias veces cada noche.
En estas circunstancias la madre que no tiene nadie a quien consultar, se espanta y piensa que se ha quedado sin leche de repente. Para pasar las crisis lo único que hay que hacer es seguir dando el pecho, no intentar obligar a mamar al niño cuando no quiere mamar, y no dar ningún biberón.»
Sobre si un susto o un mal momento que hayas pasado puede influir en que "se te corte la leche", la respuesta es sí, pero es algo momentáneo. La IBCLC Ana Morales, en el completo reportaje sobre lactancia que publica El dedo en la llaga lo explica así: "Es verdad que un disgusto muy grande (un accidente, una muerte…) puede cortar el flujo de leche porque a nivel hormonal produces una adrenalina y cortisol impresionante y puede inhibir el reflejo de eyección láctea, de salida de la leche que viene promovido por la hormona oxitocina. Esto es algo momentáneo, puede ocurrir que en 1 día no te salga la leche. No es que no tengas, es que no te sale. Un niño no se puede destetar de un susto. Lo dudo francamente."

Carlos González también lo explica con su habitual sentido del humor, comparándonos con una cierva a la que se le acercara un lobo, y concluye: "el efecto del estrés sobre la lactancia es temporal: la leche no sale enseguida, el bebé se enfada y llora un poco... sigue mamando, porque tiene hambre, y la leche acaba saliendo, por estresada que esté la madre. Lo que ocurre en la actualidad y no había ocurrido nunca antes es que, cuando el bebé llora y se enfada, la madre le da un biberón. No son los nervios y preocupaciones los que hacen que se vaya la leche, sino los biberones."

Si ya te sientes mejor, no tienes nada que temer, pon al bebé al pecho cada vez que lo pida, confía en ti, en vosotros, y verás que la lactancia durará mucho tiempo!

Más información: 

Se me fue la leche, por Carlos González
Sobre las crisis o brotes de crecimiento, de Alba Lactancia Materna


28 de marzo de 2012

Adorada Virginia...


"Para ambos sexos —y los miré pasar por la acera dándose codazos— la vida es 
ardua, difícil, una lucha perpetua. Requiere un coraje y una fuerza de gigante. 
Más que nada, viviendo como vivimos de la ilusión, quizá lo más importante 
para nosotros sea la confianza en nosotros mismos. Sin esta confianza somos 
como bebés en la cuna. Y ¿cómo engendrar lo más de prisa posible esta 
cualidad imponderable y no obstante tan valiosa? Pensando que los demás son 
inferiores a nosotros. Creyendo que tenemos sobre la demás gente una 
superioridad innata, ya sea la riqueza, el rango, una nariz recta o un retrato de 
un abuelo pintado por Rommey, porque no tienen fin los patéticos recursos de 
la imaginación humana. De ahí la enorme importancia que tiene para un 
patriarca, que debe conquistar, que debe gobernar, el creer que un gran número 
de personas, la mitad de la especie humana, son por naturaleza inferiores a él. 
Debe de ser, en realidad, una de las fuentes más importantes de su poder."


Un día como hoy, hace 71 años, Virginia Woolf se llenó los bolsillos de piedras y se echó al río... 

27 de marzo de 2012

Maniquíes

El post que ha publicado hoy Mónica en su blog Estudio sobre el útero, me ha recordado este que escribí hace unos meses para El Club de las Madres Felices, y que no había enlazado por aquí. Aprovecho para retomarlo,  para tener a mano los distintos artículos que varias blogueras hemos escrito sobre este tema (los enlaces al final) porque ¡valen la pena!
Maniquíes


Por Ileana Medina Hernández
Escrito y publicado originalmente para El Club de las Madres Felices


Los factores por los cuales a lo largo del tiempo las sociedades van estableciendo sus estereotipos de belleza son múltiples y varían mucho de un grupo humano a otro.
En la mayoría de las culturas más cercanas a la tierra (los “pueblos originarios”) el estereotipo de belleza femenino, que aún sigue prevaleciendo, es el de las mujeres “rellenitas”, no gordas pero con curvas, con reservas, anchas caderas y pechos, que denotan abundancia, fertilidad y aptitud para la supervivencia.
En Occidente, el canon de belleza también fue hasta hace muy poco el de las musas de Rubens: mujeres con la piel blanquísima y el cuerpo redondeado, que se correspondía con los signos de estatus de las clases altas: tener la piel blanca como evidencia de no hacer trabajos duros al sol, y la grasa corporal como señal de disponer suficiente alimento.
Pero en la segunda mitad del siglo XX, como tantas otras cosas, el estereotipo de belleza occidental también cambió: broncearse la piel pasó a ser signo de tener tiempo y dinero disponible para el ocio, la playa, los deportes al aire libre… y ser delgado comenzó a ser más difícil que ser obeso, dada la cantidad de alimentos energéticos disponibles a precios muy asequibles. Las clases bajas y medias engordaron, y la delgadez se convirtió en un “lujo” alcanzable a base de mucha contención, gimnasios, dietas, entrenadores personales, liposucciones y cirugías remodelantes.
A partir de los años ochenta, el estereotipo de belleza femenina y voluptuosa que representaron en los cincuentas mujeres como Marilyn Monroe o Sofía Loren, fue poco a poco perdiéndose a favor de una belleza lánguida, frágil, andrógina y plana como la de Kate Moss o Nicole Kidman.
Un  nuevo fenómeno cultural comenzó a tomar forma: el de las top-models, que llegaron a cobrar sueldos multimillonarios por convertirse en la imagen de las grandes firmas. Un trabajo aparentemente “fácil”, acompañado de una vida glamourosa y una remuneración exorbitante, se convirtió, igual que las estrellas del fútbol, en el sueño que todos, las chicas y los chicos quieren conseguir.
Ignoro en qué momento la palabra ‘modelo’ usurpó el lugar de la palabra correcta para nombrar a esa profesión: maniquí.
Todos conocemos las acusaciones permanentes que se le hacen a la industria de la moda –en manos de un puñado de diseñadores misóginos- por propagar un estereotipo de belleza insano, que raya en muchas ocasiones con la anorexia, enfermedad que muchas maniquíes han confesado padecer.
El primer truco fue precisamente la institución del nombre: modelos. Por modelo se entiende alguien a quien imitar. Según la RAE: “arquetipo o punto de referencia para imitarlo o reproducirlo“. Y creo que ahí es donde está el verdadero problema.
La profesión de maniquí, tan digna como otra cualquiera, no es más que eso. Una profesión u ocupación puntual. Una profesión que consiste precisamente en que la persona exalte a la ropa (y no al revés). Sobre todo en los espectáculos de pasarela, alguno de los cuales parecen más bien la antítesis de la belleza.
El problema no es que muchachas de complexión naturalmente delgada aprovechen su cualidad para ganarse la vida, sino que algunas tengan que someterse a regímenes inhumanos para conservar su trabajo, y que el resto de las mujeres del mundo queramos parecernos a ellas.
Que hayamos convertido una profesión que consiste en pasar desapercibida para que el protagonismo lo ocupe el vestuario, en “modelo” de referencia de la belleza occidental, es lo verdaderamente sintomático. O sea, el problema no es tanto que las maniquíes estén muy flacas (que lo están), como que lo convirtamos en ideal de belleza colectivo.
Si esa transpolación ha ocurrido, es porque las mujeres andamos perdidas. Porque nos anulamos como personas. Y porque la sociedad en su conjunto, premia y estimula, en afán del consumismo, una conducta casi suicida: nos queremos tan poco, que tendemos a desaparecer. Es como decir: no queremos ser humanas, queremos ser maniquíes, perchas. No tenemos valor, sino por la ropa que llevamos puesta. Me anulo, me borro, adelgazo tanto hasta no ser.
La obesidad y la anorexia, dos epidemias complementarias en nuestro tiempo, nos hablan de cosas más profundas que la lechuga o el ejercicio: nos hablan de la autoestima, de nuestra auto-percepción, de nuestra conexión con la femineidad, de nuestras ansiedades, de nuestros miedos, de nuestras corazas, de nuestro desamparo emocional.
La belleza no es inocente.

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Otras blogueras que hablan sobre el cuerpo de mujer: 

Vientre de mujer, de Estudio sobre el útero. 
La mujer que deberíamos ser, de Habichuelas Mágicas

Más que guapas, de Mimos y Teta
Mi cuerpo, mi vida, de La mamá de Mateo
Microreflexiones veraniegas, de Ahora la madre soy yo.
Mi cuerpo, mi templo de Alma de Doula.

Belleza: lo superfluo y lo esencial, de Femenino y Plural

22 de marzo de 2012

¿Qué significa el paro?

Por Ileana Medina Hernández



"Si los jóvenes no siempre tienen razón, 
la sociedad que les ignora y les atropella se equivoca siempre"
François Miterrand


El tema actual más importante para los españoles es el paro. Hablamos de la "crisis", de la generación ni-ni (que no es tal), y de su consecuencia más nefasta, el alto índice de desempleo, que afecta sobre todo a los más jóvenes y los mayores, o sea, a todos excepto a esa franja privilegiada de gente superproductiva entre los 30 y los 45 años (por otra parte, la franja de edad donde se supone nos reproducimos, así que no hay lugar para los niños).

Próximamente, se celebrarán en Gran Canaria unas Jornadas Europeas para el Empleo Joven en Canarias. Son unas jornadas con cartel de lujo, organizadas por el Servicio Canario de Empleo, y en cuyo comité organizador también participa la Dirección General de Juventud, las dos universidades públicas canarias, sindicatos y federaciones de empresarios. El sistema educativo preuniversitario no está representado. Parece que el tema del empleo, la emprendeduría o la profesionalización comience en la universidad.

Se habla mucho de la emprendeduría como solución para el desempleo y para la crisis, y yo también lo creo. De hecho la primera conferencia prevista en las Jornadas se llama VIVIR SIN JEFES. ¿Quién no quiere? O al menos, con los mínimos jefes posibles. Imagino un futuro de trabajadores autonómos y microempresas, donde la gente trabaje en lo que le gusta, conoce y cree en lo que hace, y se realiza a la vez que gana dinero suficiente para vivir, y coopera con otras microempresas de gente igualmente feliz.

Pero un emprendedor es ante todo una persona con ciertas habilidades, con creatividad, con imaginación, y con suficiente autoestima y confianza en sí mismo (amén de luego un marco jurídico que apoye y no castigue la iniciativa personal). Un emprendedor es una persona que se conoce a sí mismo y cree en sus fortalezas, en aquello que tiene para ofrecer a los demás. Justo lo que el sistema educativo se empeña en que no tengas durante los más de 20 años que dura la escolarización.

Para cuando los jóvenes  dejan de estudiar o salen de la universidad, ya arrastran muchos años de escolarización donde se les ha enseñado lo contrario de aquello que caracteriza a un emprendedor: a estar sentado en un aula muchas horas diarias, a obedecer, a callarse, a no salirse de la línea, a cultivar un solo tipo de inteligencia (o en el mejor de los casos dos, la lógica-matemática y la lingüística, pero todo el mundo dice aquello de "yo era de letras") y a sentirse un fracasado si no aprueba unos exámenes diciendo lo que el profesor quiere escuchar.

A mi hija de 4 años ya le están coartando de cierto modo su espíritu creativo y emprendedor: se pasa horas haciendo fichas en las que no puede salirse de la línea de puntos, en las que no puede salirse del dibujo. ¡Pero si son los que se salen del dibujo los que van a llegar a crear lo que no existe!

De la crisis actual solo se saldrá con un cambio en el sistema productivo que también implica un cambio total en el sistema educativo, y por tanto, en nuestro sistema vital. Un sistema en el que trabajemos y estudiemos para vivir, y no vivamos para estudiar y trabajar. En el que el trabajo no sea una esclavitud encima ahora devenida privilegio, sino un medio para alcanzar un fin: una vida plena.

Como todos sabemos, desde el siglo XV más o menos, el Renacimiento y luego la Ilustración trajeron el nacimiento de una nueva clase, la clase comerciante y burguesa, cuya evolución puede considerarse el origen directo de las actuales "clases medias". Sin embargo, en la práctica y reduciendo el caso a España por ejemplo, hasta los años 50 y 60 del pasado siglo, el trabajo para la mayoría de la gente era muy duro. Había tres señores dueños de la tierra, y un médico y un abogado en cada pueblo (que junto con el cura, el alcalde y el señor feudal, formaban la oligarquía patriarcal). El resto, tenían que trabajar muy duro para sobrevivir, en el campo o en oficios muy duros (carboneros, mineros, obreros de las fábricas, etc.).

Tras la Segunda Guerra Mundial, la aspiración de todas las familias para salir de la pobreza era que sus hijos "fueran a la universidad". Hacerse médico, abogado, arquitecto o ingeniero, se convirtió en la forma directa de acceder al paraíso de la "clase media".

Los niños y jóvenes sólo debían hacer una cosa: estudiar. Estudiar y sacar buenas notas, cumplir con las expectativas de los maestros, obedecer e "hincar los codos". En el mejor de los casos, aprender ya no memorísticamente, sino razonadamente, pero siempre sobre el papel. Ir a la escuela en sí mismo ya era un privilegio, pues hasta hace muy poco, la mayoría de la población era analfabeta.

La escolarización se convirtió así en el camino, prácticamente el único camino, de acceso a la cultura, al conocimiento, y posteriormente al mercado laboral. En apenas 50 años, se creó prácticamente una universidad en cada ciudad, y un gran "ejército" de profesionales y graduados universitarios copó todos los centros de producción y de conocimiento.

Hoy en día, la cantidad de graduados universitarios es tal, que el mercado laboral no puede absorberlos. Hasta hace muy pocos años, digamos que lo teníamos relativamente fácil: usted era un buen estudiante, hacía los "deberes", y automáticamente, al graduarse de abogado, médico o veterinario tenía el trabajo asegurado, un despacho propio y la vida resuelta.

Ahora nos encontramos con que no es así. Una gran cantidad de licenciados en Economía, Derecho, Psicología, Filología o Bellas Artes, no encuentran salida laboral. Graduarse de la universidad ya no es garantía de nada. Para diferenciarse de la "masa", el título ya no es suficiente, (las universidades privadas ofrecen hasta dos títulos a la vez), ahora es necesario tener además dos másteres, seguir prolongando hasta el infinito la vida estudiantil  (o sea, más de los mismo), cuatro idiomas, unas prácticas en el extranjero, y aún así, tener la suerte de encontrar una plaza de becario. Acumular durante más de 20 años, una cantidad de conocimientos y esfuerzos de sobrecualificación innecesarios, que luego ni siquiera hacen falta para el puesto de trabajo, porque luego, lo que de verdad harás allí, lo aprenderás sobre la marcha.

Todo eso en medio de un sistema económico saturado, cautivo, deprimido, con solo uno o dos renglones productivos (el turismo, la especulación financiera, el parón de la construcción...) que está en urgencias y necesita regenerarse con nuevas alternativas, con gente que tenga fe en ofrecer otro tipo de negocios, con gente "loca" que se lance a hacer lo que otros no han hecho.

A la vez, y sintomáticamente, España sigue manteniendo grandes cifras de "fracaso escolar". Tenemos pues dos problemas: alcanzar el "éxito escolar", no es garantía de nada. No alcanzarlo, es garantía de menos. El 30% de nuestros jóvenes no termina la secundaria.

Esto hay tres maneras de verlo:

1) tenemos que hacer algo para que la casi totalidad de nuestros jóvenes alcance niveles altos de escolarización, o sea, se ajuste al sistema educativo tal como está y sobreviva en él, o

2) tenemos que dejar de pensar que el fracaso escolar significa fracaso vital, y pensar que los jóvenes que no "sirven" para la escuela sirven para otras cosas igualmente valiosas (dignificar oficios y profesiones mucho más diversas) o

3) tenemos que cambiar el sistema educativo de modo que en él quepan todos los tipos de habilidades, inteligencias y talentos diversos desde la infancia, sacando a los niños de las (j)aulas y devolviéndoles la posibilidad de cultivar talentos diversos: corporales, musicales, sociales, con la naturaleza, etc... todos igualmente valiosos.

Yo me inclino por una mezcla del segundo con el tercero. Ni el fracaso escolar tiene por qué significar el fracaso vital, y las escuelas tienen que cambiar ya. Ahora mismo.

El sistema educativo hasta ahora estaba diseñado para formar seres homogéneos, capaces de hacer tareas repetitivas como mano de obra. El siglo XXI exige lo contrario: un sistema educativo que abra el abanico a la inmensa posibilidad de los talentos humanos, para que desde ahí, desde el talento personal, desde la pasión, desde la creatividad, la autoestima y la confianza en uno mismo, los jóvenes imagineninnoven, inventen, fabriquen, emprendan un nuevo sistema económico más diversificado, más justo, más libre, más creativo, más divertido, más variopinto, más humano.

21 de marzo de 2012

Primavera y poesía

Me entero gracias a mi amiga Tula, que hoy, además del equinoccio de primavera, celebramos también el Día Mundial de la Poesía.


Como la poesía es una de las grandes medicinas y acciones preventivas de salud que tenemos que tomar cada día, hoy dejo por aquí uno de los poemas favoritos de mi adolescencia.

ITACA

Konstantin Kavafis (1911)

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.
(Traducción hecha por Pedro Bádenas de la Peña (en C.P. Cavafis. Antología poética, Madrid, ALianza Editorial, 1999). Tomada de Wikipedia.

18 de marzo de 2012

¡Exitazo! Jornadas Crianza en Red en Barcelona

Las Jornadas que la Editorial Ob Stare celebró el sábado pasado en Barcelona fueron un lujo.

El cartel era de liga de campeones y no esperaba menos, pero la intensidad, la preparación y la calidad sostenida durante la extensa jornada por todos los ponentes superó mis expectativas. En todos los congresos siempre hay un porcentaje de intervenciones aburridas, convencionales o fuera de lugar: ¡pues en este no! Créanme.
Barcelona, Jornada Crianza en Red. Con algunas amigas al final.
Foto cortesía de Conciliación Real Ya. 

Fue un privilegio poder conocer a mucha gente de la red que aún no conocía personalmente, y sobre todo aprender muchísimo de todas sus experiencias, tanto de los ponentes, como otras grandes blogueras y mujeres que asistieron como público (Mamá Pediatra, Con ojos de madreMiriam Tirado, Mamá también sabe Raquel Tasa, Miriam Moya, Crianza Corporal,  Nuestra Pequeña Cría, o Louma Sader... ¡gracias por estar!).

La noticia sobre la Jornada en el telediario de Televisión Española: (espera que se cargue, arrastra el botón hasta el minuto 32 y la tienes aquí):

http://www.rtve.es/alacarta/videos/telediario/telediario-15-horas-17-03-12/1351980/ 


Este fue el intenso y apasionante itinerario que disfrutamos:

Conferencia Inaugural: Advocacy Virtual y el poder de las redes, Claudia Pariente.

Conciliación Real Ya (CRYA), representado por Marta Gual y David Lay

Blog de la Asociación Sina, por Mar Alegre

Crianza, educación y conspiración. El Blog Alternativo, María del Mar Jiménez Redal

Foro Superando un Aborto, Mª Angels Claramunt

Estudio sobre el útero, Mónica Felipe

Historia del Foro Crianza Natural, Rosa Sorribas

Compartir es aprender. Adivina cuanto te quiero y Crianza y Educación,  Maite Lama

Blog De Mamas &de Papas, del periódico El País, Cecilia Jan

Foro Dormir sin Llorar, Rafaela López

En busca del perro verde (el papel del padre en la crianza), Psicología CEIBE, Alejandro Busto Castelli,

Blog El Parto es Nuestro, Angela Muller

Psicoterapia Perinatal On-line, Cristina Silvente y Mónica Álvarez

Madres conscientes con poder, éxito y dinero, Femenino y Plural, Laura Martínez Hortal

y la conferencia de clausura, Redes Sociales, Redes Emocionales, a cargo de una servidora y cuyo resumen dejo por aquí:


REDES SOCIALES, REDES EMOCIONALES

Conferencia para CRIANZA EN RED: I Jornada de foros, blogs y espacios de apoyo virtual

AUTORA: ILEANA MEDINA HERNÁNDEZ

RESUMEN


"Porque todas las comidas se han cocinado, los platos y las tazas lavado;
los niños enviados a la escuela y arrojados al mundo.
Nada queda de todo ello; todo desaparece.
Ninguna biografía, ni historia, tiene una palabra que decir acerca de ello."
 Virginia Woolf (Una habitación propia, 1929)


Desde la pasada década de los 80 (concepto generalizado a partir del libro La condición postmoderna, de Jean François Lyotard) los postmodernos nos han ido anunciando los grandes cambios que ahora, con el desarrollo de Internet  y la web 2.0, no han hecho más que afianzarse.

El fin de los grandes relatos, la valorización de la pluralidad de los sujetos sociales (minorías y sujetos subalternos, o sea: todos los distintos del hombre-blanco-rico-occidental-cristiano) y el relativismo de los discursos e interpretaciones, convierte a la Nueva Sociedad de la Información en un crisol/collage/mosaico de textos e infinitos subtextos que se yuxtaponen en aparente desorden.

Por decirlo de otro modo: hasta ahora (en la Modernidad derivada de la Ilustración) ha habido unos saberes y unas instituciones “sacralizados”, controlados y canalizados a través de líneas unidireccionales de poder (el Gobierno, la Escuela, la Universidad, la Iglesia, los libros, los grandes medios de comunicación…) que en la actualidad están siendo ramificados, aumentados, enredados y enriquecidos por el amplio, vertiginoso e imparable desarrollo de Internet.

A la pluralidad de lenguajes: escritos, visuales, sonoros que ya era anunciada desde finales del XIX con la radio, el cine y la televisión, se une hoy el abaratamiento de los costes de producción de los mensajes audiovisuales (cualquiera graba hoy un video casero); y la posibilidad de compartirlos inmediatamente a través de la red.

Videos en Youtube, redes sociales de contacto inmediato como Facebook o Twitter (la vida retransmitiéndose en directo) y los espacios personales gratuitos de creación (blogs o bitácoras) están otorgando por primera vez una democratización de mensajes sin precedentes.

La barrera emisor/receptor se ha roto, y así es habitual afirmar que la principal característica de la web 2.0 es la posibilidad de que todas las personas se conviertan en generadoras de contenidos. La biblioteca infinita de Borges, el hipertexto infinito de los semióticos, la descentralización definitiva del flujo comunicativo… es hoy posible gracias a la multidireccionalidad e instantaneidad de la red.

El impacto social e intelectual de esta nueva realidad quizás sea pronto para valorarlo en toda su magnitud. Parece el principio del fin de las barreras autoritarias, que hasta ahora dividían el mundo en “preceptores” y consumidores pasivos. La tecnología no es inocente y la forma es inseparable del contenido (el medio es el mensaje, decía McLuhan): la apertura de la red anuncia la apertura de la vida hacia nuevas formas de autoridad (ya sean domésticas o políticas, por eso le temen tanto los dictadores); hacia nuevas formas de producir, distribuir y compartir la cultura (por eso le temen tanto los “intelectuales” de sillón); hacia la pluralidad real de los sujetos que pueden convertirse en protagonistas de sus textos, y quizás con ello de sus vidas.

No sólo se ha roto la línea (cuarta pared) entre productores y consumidores tradicionales de contenidos (el “prosumidor”, del que ya habló Alvin Toffler en 1980) sino que también se borran las fronteras entre lo cotidiano y lo heroico (los “pequeños” relatos sobre la vida diaria cobran protagonismo), entre lo artístico/culto y lo popular, y también, y no menos importante, entre lo intelectual y lo emocional. Revalorizar lo cotidiano (emocional, popular, pequeño, fugaz, íntimo, no nombrado, no valorado socialmente…) frente a lo que hasta ahora se le oponía y parecía superior: lo heroico, lo intelectual, lo culto, lo político…

La web 2.0, formada por las redes sociales, blogs, wikis, foros y chats (clasificación que cada vez se hace más difícil, las distinciones se acortan) es hoy el gran crisol donde se cocinan los relatos de lo cotidiano.

Lo cotidiano hoy se escribe, se comparte, se expone y se debate, para revelarse con un gran sentido público y político: la ecología, la ciudadanía, los feminismos, los discursos gay y lésbicos… los discursos tradicionalmente al margen de los Parlamentos, las agendas políticas y los grandes medios, tienen en la red el medio ideal de expresión y no menos importante, de vinculación.

La Red, las redes, son en primer lugar, una nueva estructura tecnológica, pero también una nueva estructura social y mental, cuyo no-centro es el entramado, el vínculo, la conexión. La estructura en red tecnológica es una estructura en red social y global.

No son simplemente electrónicos: los vínculos humanos son siempre emocionales. Y el paso de la razón a la emoción es otra de las principales características de la Era de la información: ‎"La sociedad necesita personas que se ocupen de los ancianos y que sepan cómo ser compasivos y honestos. La sociedad necesita gente que trabaje en los hospitales. La sociedad necesita todo tipo de habilidades que no son sólo cognitivas, son emocionales, son afectivas. No podemos montar la sociedad sobre datos", ha dicho también el escritor estadounidense Alvin Toffler.

Las emociones son las reacciones humanas que nos permiten el vínculo, las relaciones con nuestros semejantes. Digamos que el “pegamento” que nos une, la fuerza de atracción hacia nuestros semejantes -o en su lugar, lo que nos separa: la repulsión, el odio, la violencia- es de naturaleza emocional.

El futuro del planeta pasa por estas nuevas redes, tecnológicas pero –a la vez y no en lugar de- emocionales, que alimenten las emociones positivas (entendidas como amor, afecto, empatía, solidaridad, vínculo, capacidad de cuidado) y que pasan por lo cotidiano, lo íntimo, lo doméstico, lo sexual… La felicidad, según macro-estudio que ha realizado sobre ella la Universidad de Harvard, depende de la capacidad de amar y ser amados. Michel Odent, cirujano francés al frente de un proyecto de investigación de gran envergadura sobre salud primal, ha afirmado a su vez que la capacidad de amar (por tanto de vincularse) de los seres humanos se desarrolla de manera crítica en el período que rodea al nacimiento.

Así, la maternidad consciente y gozosa, la crianza respetuosa, la concepción de la familia no como lugar de dominación sino como lugar primario de vínculo, la conciliación trabajo-familia, la recuperación de lo femenino, la relación entre el mundo productivo y el reproductivo… aspectos encerrados tradicionalmente en el ámbito de lo privado y lo invisible, se vuelve hoy categoría filosófica de primer orden hacia un nuevo humanismo, basado en la sostenibilidad y en el cuidado: El cuidado incluye un cierto modo de estar-en-el-mundo-con-los-otros y una determinada praxis, protectora de la naturaleza. No sin razón, una tradición filosófica que viene de la antigüedad y que culmina en Heidegger y en Winnicott define la naturaleza del ser humano como un ser de cuidado. Sin el cuidado esencial él no estaría aquí, ni el mundo que le rodea. Sostenibilidad y cuidado, juntos, nos muestran el camino a seguir”, afirma el teólogo Leonardo Boff.

La «blogosfera maternal», foros, webs y espacios de apoyo a la crianza, muchos de ellos en nombre de –o que han dado lugar a- asociaciones de apoyo a la maternidad, la lactancia -en fin, al cuidado esencial y primario del ser humano-  permiten el paso del texto a la vida y de la vida al texto, y encarnan, quizás como ningún otro espacio discursivo en la actualidad, la imbricación de las tendencias inevitables que se abren cauce en el siglo XXI: las redes sociales, los vínculos, lo cotidiano, las emociones, la sostenibilidad y el cuidado. 



13 de marzo de 2012

La lactancia: necesidad humana y divina

Autor: Manuel Juaneda Magdalena

Tomado de: Amigos de la Egiptología, 28 de noviembre de 2002.



Duplica los panes que debes dar a tu madre.
Llévala como te ha llevado.
Ha cargado muchas veces contigo,
Y no te ha dejado en el suelo.
Luego que te dio a luz tras tus meses,
Ha ofrecido su pecho a tu boca durante tres años, con paciencia
Te ha llevado a la escuela,
Y mientras te enseñaban a escribir,
Ella se sostenía durante tu ausencia, cada día, con el pan y la cerveza de su casa.
Ahora que estás en la flor de la edad, que has tomado mujer y que estás bien
establecido en tu casa, dirige los ojos a cómo se te dio a luz, a cómo fuiste
amamantado, como a obra de tu madre.
¡Qué no tenga que vituperarte,
ni levantar las manos a Dios!
¡Y qué Dios no tenga que oír su queja!

Máximas de Ani (Imperio Nuevo)

Los exorcismos y los amuletos profilácticos rodean y afianzan la potencia del entorno mágico de la mujer con la firme esperanza de que los malignos espíritus retornen los pasos hacia su lugar de origen. Los gemidos se interrumpen o se inician, se vigorizan o se debilitan al ritmo de las contracciones; las voces cálidas de las mujeres, las manos de ellas que la ungen de bálsamos y aceites untuosos de cualidades prodigiosas que empapan los músculos implicados, suavizan el duro trabajo de expulsión del nuevo ser.

El momento culminante llega cuando el dolor de la madre alcanza su máxima intensidad y cuando el llanto agudo, hálito vital y mágico que sale de sus entrañas anuncia enérgicamente su presencia. Es cómo si fuera la llamada al desafío a la vida; el anuncio del reto con el que se enfrenta a la dura lucha por la supervivencia.

Una vez más las preces y los amuletos de protección han funcionado. ¡Oh divinas protectoras Mesjenet y Shai o divinas hadas que marcáis el destino de los niños!

La madre agobiada y agarrotada por el dolor pero satisfecha por la dulzura del momento, recoge de las manos de las mujeres al liviano ser todavía abotargado, todavía caliente y húmedo que es su hijo. La superación del miedo ancestral instigado por la experiencia trágica de la muerte durante el parto, se ha disipado y más aún, cuando los signos físicos del niño y los buenos augurios, superan con creces los exámenes y las consultas médicas de los expertos abrigando la esperanza de una larga y saludable vida.

Por fin, la madre con su primer retoño en el regazo, con el rostro de él contra el rostro de ella, en entrañable aposición, le impondrá el nombre secreto: el nombre de la madre, algo tan importante que quedará como un estigma imborrable como una parte constituyente y capital de su personalidad humana y que ya nunca debería abandonarle. Es sin duda el primer lazo maternofilial que se establece entre el neonato y la madre después de abandonar la vida intraútero.

Ella, dichosa y consciente ante la perspectiva del ascenso en la consideración familiar y social, sabedora de que el esposo la mirará con ojos amorosos y de agradecimiento, y éste, sabedor del nacimiento de un hijo varón quien sostendrá algún día la memoria de su padre, espera impaciente alejado de la tienda del parto.

Las comadronas solícitas alaban la entereza y gallardía de la recién parida y su exitoso esfuerzo mientras continúan con el aseo. Y ya la incorporan del soporte mágico: de los ladrillos, símbolos de la diosa del parto Mesjenet que otrora sostuvieran a su madre y a la madre de su madre, generación tras generación.

Ya ha comido el pan del nacimiento que ella ha fabricado según la tradición. Y han pasado los catorce días de purificación establecidos por la ley. Y del apéndice carnoso del pezón materno y de la vecindad pigmentada de su areola, de entre el ambiente cálido y protector de la madre, emana el rico calostro, el líquido precioso que presagia el comienzo de una excelente tetada y de una leche pródiga en nutrientes de dulce sabor. El lactante animado por el rico néctar succiona con glotonería hasta con cierta avidez, que sólo sacia cuando el líquido caliente rellena su estómago y el cansancio se apodera de los carrillos.

Con el tiempo la leche será más espesa, grasa, untuosa, y él se convertirá en un experto succionador y conocedor de la geografía anatómica de la madre que todavía vislumbra brumosa pero que con el tiempo se hará nítida y precisa.

Pero ahora, en este instante, el pequeño de pocos días es a duras penas conocedor de un estrecho universo de sensaciones casi primarias e instintivas que obligadamente le vinculan con su madre. En este momento, él ya ha olvidado el dolor del nacimiento en cambio ella lo recuerda cada vez que los labios de su hijo la succionan cómo si un cordón de dolor uniera el vientre y el pecho.

Desde arriba la madre sonríe con dulzura y el lactante le devuelve la mirada con complicidad e interés. Gozosa o molesta, generosa o sufrida, pero siempre pacientemente, coloca una y otra vez la boca del niño en el pezón, porque o bien la precipitación o porque el aprendizaje de aquél todavía es incipiente, el acoplamiento de ambos se interrumpe con incómoda frecuencia.

El jadeo del niño, el sudor de ambos, el gracioso aleteo de la nariz, el chasquido de la lengua contra el velo del paladar, los movimientos compulsivos de los labios en círculo que se aceleran en ráfagas ansiosas. Y el niño persiste en su provechosa y dulce tarea ignorante de que la maceración de su lenguecilla, la saliva y la leche, provocará en la glándula mamaria de la madre, en algún momento, un infinito escozor rebelde y recurrente, que se traducirá en malvadas grietas que surcarán de no ponerse remedio, el seno materno.

El hartazgo hace su aparición finalmente. Instantes antes, la madre ya advirtiera con el gesto el cuidado de que el lactante no ocluyera con su minúscula nariz la entrada de aire ante la a veces amenazante proximidad del pecho.

La voz susurrante, melódica y maternal, induce a ambos a un efecto hipnótico y, finalmente ambos, se entregan como un único organismo a un sueño reparador y reconfortante.

Esta descripción maternofilial me suscita el recuerdo de escenas antiquísimas gravadas en la memoria de los hombres antiguos. Compendia el significado biológico -antropológico- y lo transciende hasta el mundo de las emociones y de los afectos que surgen desde las más profundas raíces de la Humanidad. Es algo más que el nexo o la dependencia biológica del hombre con su madre.

Una vez que el desgarro carnal se ha roto entre los dos se producirá otra nueva relación, en otra dimensión, otro tipo de contacto también íntimo: la lactancia; pero no sólo hay que ver en ella únicamente el mantenimiento o la continuidad de la promisión de alimentos imprescindibles para el niño. Hay algo más profundo e inmensurable físicamente; es claramente el punto de partida de la dependencia psicológica, afectiva al principio, ciertamente, pero es también el inicio hacia un desarrollo pleno para la madurez de la personalidad del ser humano en su totalidad. Porque en definitiva, con el parto comienza la separación de dos Universos que se van distanciando paulatina e inexorablemente, y de aquella afinidad o cohabitación biológica de ambos en el útero materno, quedará un cúmulo de sentimientos que se percibirán definitivamente en el futuro. ¿Se puede encontrar una afinidad más estrecha en la Naturaleza?

Y ya que un mundo extraño y nuevo se cierne sobre él, benévolo y pérfido a la vez, estas primeras experiencias marcarán definitivamente el viaje vital del ser humano. Más allá de la sección del cordón umbilical, sin la dependencia placentaria, es cuando se fragua el primer capítulo del drama humano en la definición del ser. Y cuando el niño egipcio concluya el destete después de tres años, un nuevo paso surgirá hacia su próxima independencia, y él empezará a estar preparado para que con confianza y seguridad un día decida proseguir su propia andadura. Es un rasgo común extrapolable a toda la humanidad.

- Probablemente no dejará de añorar entre las brumas del inconsciente la unión con la madre perdida -.

Tan alta y estimada era la consideración de la figura de la madre para el hombre egipcio o tal vez sería más exacto afirmar de la propia mujer - que no se ha encontrado deferencia más alta en toda la historia humana hasta nuestros días - que bien merece el esfuerzo de reunir en este espacio el significado biológico, cultural, y la simbología religiosa inclusive, o si se quiere y por añadidura aún más, en el sentido más amplio y más antropológico del término. Este es mi discreto homenaje a la mujer en general y a la madre en particular.

La leche materna aportaba el alimento básico y el líquido del niño en condiciones de esterilidad natural. Las madres egipcias eran muy conscientes de ello por su experiencia, considerando que sus conocimientos de puericultura no tenían parangón con los actuales; aún así, nos es muy dificultoso hallar esqueletos infantiles con lesiones de raquitismo, lo que manifiesta que la dieta infantil era bien equilibrada. Es bien conocido y lo era entonces, porque hay fuertes evidencias, de que en condiciones favorables la crianza prolongada puede dar lugar a intervalos entre partos de tres o cuatro o más años, y ello con un grado de fiabilidad comparable al que poseen los modernos anticonceptivos químicos y mecánicos. (Short, 1.984)

Era muy frecuente, y el arte egipcio nos lo enseña con relativa frecuencia, ver a la mujer ofreciendo su pecho al niño sin que hubiera falsos remilgos, era un gesto en el que el pudor se pasaba por alto. La imagen de la mujer sentada sobre los talones o en actitud genuflexa, o sobre un taburete, cuajó por fuerza de la costumbre en el símbolo de la fertilidad por antonomasia, y por añadidura en emblema o galardón de la maternidad más fecunda. Por esta razón el arte egipcio la adoptó de forma permanente en sus representaciones iconográficas.

Los papiros médicos exigentes con la importancia de la calidad y cantidad de la leche materna como fuente de vida no se cansan de pregonar estas características.

Al respecto de la calidad dice el papiro de Ebers:

Examen de una leche mala: tú deberás examinar su olor semejante a la peste del pescado. (Eb 788, 97, 17-18

Examen de una leche buena: su olor es semejante al de la harina de algarroba. (Eb 796; 94, 8-10).

O la cantidad:

Para hacer subir la leche de una nodriza que amamanta a un niño: espina dorsal de la Perca Nilótica. A cocer con aceite. Se untará su espalda. (Eb 836)

El pequeño infante estaba permanentemente al lado de la madre quien con abnegación y cariño llevaba a todas partes metido en una especie de bolsa que le pendía del cuello, dejándole las manos libres en las labores del hogar y en las faenas cotidianas, y a su vez, el niño podría satisfacer su frecuente apetito con cierta despreocupación y tranquilidad por parte de ella. De esta guisa gozamos de múltiples representaciones populares; citaremos las más representativas: en la tumba gemelar de Ni-anj-Jnum y Jnum-hotep(V Dinastía- Saqqara) una madre amamanta al niño mientras cuece el pan; o aquella otra de Menna(TT 69) del Reino Nuevo o la de Mentuemhat de la XXVI Dinastía, no menos famosa igualmente; ambas imitan el mismo detalle de una madre colaborando en la recolección del fruto que cuelga del árbol mientras se ocupa de los menesteres de su maternidad.


Pero en ocasiones el niño era remiso como ha sucedido siempre y no aceptaba el pecho. En previsión, no cabría otra cosa que recitar la fórmula mágica que se esboza en el Ramesseum III B, 10-11:

Horus engullirá y Seth masticará(...)

Otras de las preocupaciones eran que no se produjeran gastroenteritis que provocaban grandes bajas entre la población infantil. Interés que por su conocimiento nos causa asombro hoy en día. El "National Institute of Child Health and Human Development de Bethesda", Maryland-USA, observó en un estudio reciente desarrollado en el entorno rural de Egipto, que la iniciación precoz de la lactancia se asociaba a una reducción importante de diarreas durante los seis primeros meses de la vida del niño y por ende de la mortalidad infantil. Posiblemente a causa de los efectos protectores y promotores de la inmunidad de las primeras secreciones del pecho materno.

Es curioso encontrar figuras-recipientes que provistas de poderes mágicos fomentaban ciertamente, según su creencia, la producción de leche en momentos en los que su cantidad fuera escasa, o para que de forma profiláctica su producción no decayera o también para conceder al precioso líquido poderes mágicos.

Tenemos célebres ejemplos en el propio Museo del Louvre de una vasija de terracota vidriada - AF. 1660 -, entre otras, representando a imágenes de mujeres amamantando que nos parecen recordar la archisabida frase repetida hasta el cansancio: leche de mujer que ha parido un hijo varón.

¡Es una frase que encontraremos repetida tantas veces en los viejos tratamientos médicos egipcios!.

Para su ilustración detengámonos en este viejo encantamiento - uno más entre tantos - para curar unas quemaduras, un ejemplo entre muchos donde se habla de las cuantiosas aplicaciones y el protagonismo que la leche de una mujer de reciente parto, sobretodo si siendo su hijo varón, tenía en remedios cada cual más curioso:

(Diálogo entre un mensajero y la diosa Isis)

- ¡Tu hijo Horus ha sido quemado en el desierto!
- ¿hay agua(allá abajo)
- No hay agua(allá abajo)
- (Pero) hay agua en mi boca así como un Nilo entre mis piernas.
- Yo apagaré el fuego.


Palabras para decir sobre la leche de una mujer que haya echado al mundo a un hijo varón, goma, pelos de gata(*). (Esto) será colocado sobre el lugar quemado.

(Ebers 499 y Londres 47)

(*) O de un carnero según la versión del papiro de Ebers

No debemos olvidar que la leche materna contiene una gran cantidad de componentes hormonales, algunos de ellos muy similares en su estructura química a los utilizados en la moderna cosmetología.

Hallamos otras figuras de similares características en el Rijksmuseum Van Oudheden (Leyde) de diosas como Tueris, implicadas por el mito en el amparo o patrocinio de la maternidad. Una de las figuritas de esta diosa tenía en sus mamas un pequeño tapón-pezón que impediría merced a la magia simpática la detención de la producción de leche -auténtica "agua de vida"- Se comenta que dentro de ella se acostumbraba a guardar un pedazo de vestido de la mujer embarazada cuando se sospechaba un parto difícil.

A parte de estas funciones como curiosidad no desprovista de intimidad y simpatía por su rareza, se hace mención de dos figuritas contenidas en una misma pieza en la que una madre en el trance de amamantar a su hijo es peinada por una sirvienta que está situada a su espalda. XIID. -The Metropolitan Museum of Art, New York, nº 22.235-

La Sítula quedó asimilada en la memoria de los hombres - entre otras razones, seguramente - por la semejanza con la glándula femenina - y por esta connotación con el pecho de la diosa Isis, o tal vez sería más adecuado decir lo contrario ¿quién sabe?. En todo caso, por su valor simbólico fue enseguida atribuida a la diosa. Por su función de cántaro para almacenar agua o leche sirvió también como una parte consagrada de la diosa en los ritos de Osiris y como representación de su papel maternal como madre de Horus.

Pero no siempre las madres lactantes tenían la obligación de demostrar esta capacidad de sacrificio, y bien por la incapacidad de criarlos, o bien porque pertenecieran a familias de alta alcurnia, se podía recurrir a otras mujeres a las que se alquilaba con el beneplácito y el agrado de toda la comunidad a cambio de su servicio, asumiendo el papel de auténticas profesionales porque así eran consideradas realmente.

En otras ocasiones realmente especiales en virtud de este fenómeno se concedía el gran honor de ostentar el título de la "madre de leche" de un futuro faraón, lo que implicaban atributos, prebendas y consideraciones muy especiales en nada desdeñables, no sólo para ellas, sino también para sus propios hijos biológicos quienes en el futuro eran considerados hermanos reales con todas las consecuencias. Algunas, las afortunadas, eran elegidas entre las mujeres del harén y de las esposas de los altos funcionarios del palacio. Es evidente que estamos hablando de las nodrizas.

Algunas nodrizas adquirieron un rango altísimo en la corte de Egipto. La esposa del faraón Ay, Tiy II, quien a su vez fue nodriza de la reina Nefertiti, recibió el título de Gran Nodriza más los calificativos propios de la pompa tradicional: -de la que criaba y educaba al futuro rey, la que ha educado al dios, la del dulce pecho, vigorosa cuando amamanta, la de la piel tocada por Horus-

Un personaje llamado Paheri, en agradecimiento a sus nodrizas las inmortalizó haciéndolas representar en las paredes de su morada eterna. A su vez, Sitra, nodriza de la reina Hatshepsut, recibió el privilegio de serle erigida por su "hija de leche" una estatua dentro del recinto del templo de Deir el Bahari en un lugar muy especial del Santuario de Hathor. Se conserva a duras penas una estatua fragmentaria de la reina en el regazo de su niñera en el Museo egipcio de El Cairo(56264).

Merit, esposa de un jefe de tesoreros llamado Sebekhotep (TT 63) fue la nodriza de una hija del faraón seguramente Thutmose IV y el mismo faraón elogió los buenos servicios de esta mujer. El mismo agradecimiento sintió Amenhotep II por la madre de Kenamon, Jefe de los Porteros del Rey (TT 93), quien consintió ser eternizado sobre el regazo de la nodriza Amenemopet; encima de la escena se puede leer una inscripción que dice:

"Nodriza principal, quien alimentó al dios" (Metropolitan Museum o Art (30472)

Es destacable que estas nodrizas representadas no parece que cumplieran requisitos de representación ritual o que fueran asimiladas a diosas que cumplían con la misma finalidad (Hathor). Más bien parecen conmemorar por otra parte las relaciones muy humanas entre ellas y sus hijos de leche. Otro hecho curioso es que los hombres podrían ostentar títulos similares - Tutor Real - y ser representados en la misma pose excepto que aquéllas se veían en una actitud más cálida e incluso más próxima que la de éstos.

El tutor normalmente era un alto oficial y con el tiempo cuando el príncipe crecía pasaba a ser un consejero o un confidente. Seguramente a todos nos viene a la mente la figura del personaje Senenmut y su protegida la princesa Neferura. Otro ejemplo lo tenemos en la tumba tebana (TT 64) de Hekarneheh; el varón Hekareshu tutor de Thutmose IV sujeta en brazos al rey en una escena que recuerda las anteriores.

De seguro que no encontraremos en el arte egipcio a un súbdito tan cercano a su Señor rompiendo con las convenciones canónicas en las que el rey era de un tamaño más pequeño, incluso, que su vasallo.

Pero no siempre eran las nodrizas las perpetuadas en el arte egipcio por lo que se traduce de la imagen en cobre de una princesa de época incierta - Dinastía XIII - llamada Sebeknajt (Brooklyn Museum, 43.137). Porque es ella misma la que se muestra ofreciendo el pecho al hijo en la misma postura con la que las mujeres del pueblo lo hacían con los propios; es decir, elevando la rodilla izquierda que suavemente flexionada acaba por crear un hueco o cuna natural con la que cobija al pequeño vástago. Muy similar es la postura de otra princesa en bronce que hay en Berlín (Ägyptisches Museum, 14078).

Sitneferu debió ser una nodriza con un carácter muy especial pues viajó tan lejos su fama que recibió la llamada de un personaje importante en el extranjero. Precavida como buena egipcia ante el temor de cruzar el tránsito obligado al Más Allá cuando residiera fuera de su tierra natal, dejó encargadas antes de su marcha, las diligencias y disposiciones para su futuro óbito y lugar de descanso. Y además, una estatua que por su actitud y gesto nos recuerda su oficio de nodriza algo que siempre pretendió. Dicha estatua procedente de la actual Siria, está hoy expuesta para admiración de los curiosos que algún día visiten elMetropolitan Museum of Art.

El reciente descubrimiento en Sakkara por un equipo francés dirigido por A. Zivie de la tumba de una dama llamada Maia, que en vida recibió los calificativos de "Amada del Señor de las dos Tierras" y "La que ha alimentado el cuerpo del dios", permite conjeturar que estos títulos eran de una "nodriza real". Era la dama que había tenido el privilegio de nutrir al joven Tut-anj-amón. Con él se podrá admirar entre sus brazos una vez que su tumba pueda quedar apta para ser visitada. Al final de sus días mereció el honor de poseer su propia tumba algo inasequible para una mujer de su condición social. Muchas esperanzas aguardan a los investigadores sobre los futuros descubrimientos que la tumba de esta dama desvelará sobre los lazos sanguíneos de la familia real amárnica.

Las costumbres debieron sufrir cambios a lo largo de los tiempos puesto que en ciertas épocas la nodriza recibía estipendios como trueque de los servicios deseados. Sabemos que la mujer accedía a alimentar al bebé durante el tiempo que se estipulaba por contrato, corriendo con la contingencia de no poder cumplir con lo pactado si sufría algún tipo de eventualidad como el agotamiento de sus reservas lácteas; o si seguía manteniendo relaciones sexuales asunto del que debía guardarse. No nos quepa la menor duda de que en aquella situación la contrariada mujer iría con premura a los remedios señalados anteriormente.

Qué ocurría si todos los medios previstos para el sostén alimentario del niño no estuvieran al alcance de la familia. Habría que recurrir a las leches supletorias de origen animal, por supuesto, de entre ellas la de vaca era la más utilizada. La procedente de la cabaña lanar se reservaba como vehículo para la preparación de remedios farmacológicos.

Algunas de estas costumbres debieron asentarse por transmisión cultural en la Antigua Roma. Se cuenta que nada más llegado al mundo un recién nacido (de buena familia) se le cedía a una nodriza. Pero ésta hará mucho más que amamantar, a ella se le conferirá también la educación durante la infancia y hasta la aparición de la pubertad. Es entonces cuando hará entrada el pedagogo que curiosamente se le llamacriador ("nutritor, tropheus"). Un nombre con curiosas sinonimias y que bien seguro trae a colación el papel del tutor real en Egipto. ¿Es un destello trasmitido al mundo romano a través de las épocas faraónicas? La reflexión es bien tentadora. Realmente los tres personajes que influirán precozmente en la vida del niño serán: la nodriza, el pedagogo, y el hermano de leche.

Desde el arte hasta las variantes dictadas por las gramáticas egipcias la madre o en su defecto la nodriza son perfectamente reconocidas. Unas veces son las propias diosas asumiendo dicho papel con sus divinos hijos; en otras, por simbolismo, el segundo papel lo interpreta el rey como Horus amamantado por su madre. La representación de Isis como madre del dios, Mut-Necher, gozó de tanto éxito que se implantó en la iconografía cristiana en la Virgen María.

Con un significado muy distinto -evidentemente funerario- hay en el Museo de El Cairo una estela (GC, 34125) de la XVIII D en la que una madre está dando el pecho a su hijo, mientras una de sus hijas derrama agua en un vaso, otra le ofrece una flor de loto. Excepcionalmente, los hijos pretendían de esta forma perpetuar la memoria de la madre difunta ejerciendo eternamente la lactancia de sus hijos, así sería fuente de vida en la tierra, ahora, y siempre para toda la eternidad. Posiblemente la fuente literaria que inspiró la dedicatoria funeraria de estos buenos hijos fuera la lectura de las Instrucciones de un escriba contemporáneo:

Cuando llega la muerte arranca al niño de los brazos de su madre igual que lo arranca cuando es viejo.

La representación del rey amamantado por las diosas es bien antigua, de los muros templarios de su propietario el rey Sahura, procede un relieve hoy en día custodiado en el Museo egipcio de El Cairo (JE 39533). Se tiene como el gravado más antiguo de estas características. Este intento primerizo, qué se sepa, se prodigó reiteradamente en posteriores muestras hasta el periodo romano y se mantuvo rígidamente en su esencia:

-abraza al rey la diosa con la boca de él frente a su pecho-

También Unis se hace representar mamando del pecho de una diosa anónima en su templo de Saqqara. En ocasiones es la propia madre carnal de Pepy II la reina Anjnesmerira quien se ve acogiendo al hijo en su maternal regazo con la peculiaridad de que éste se representa con los rasgos de la madurez y provisto con los emblemas reales. Es un formato pequeño de alabastro que está en el Brooklyn Museum de Nueva York, 39121.

En el templo de Luxor (Sala 13 y14), la madre de Amenhotep III, Mutemuia, vigila como su joven y real hijo es amamantado junto a su Ka por diversas diosas. Podríamos seguir así con múltiples ejemplos hasta el final de la historia egipcia con los gravados de los mammisis de los templos de los periodos grecorromanos.

Estamos obligados a distraer la mirada por un instante en el detalle del interior de la tumba de Thutmose III (KV 34), un auténtico papiro desenrollado; en una columna de la cámara sepulcral, se puede ver el instante en el que el rey es amamantado por la diosa Isis que ha adquirido la imagen del sicomoro sagrado. El tronco del árbol se fusiona con el cuerpo de la diosa de la cual sobresale el perfil péndulo del pecho esbozado por el trazo negro del dibujo: el único aspecto anatómicamente humano de la diosa; si exceptuamos el brazo vegetal gigantesco con que se ofrece al empequeñecido rey la glándula de la madre. Él con sus minúsculas manos no puede hacer otra cosa que tocarla. Por si quedaran dudas de la razón de ser del dibujo detrás del monarca aparecen una inscripción en la que se lee:

"Men-jeper-ra amamantado por su madre Isis".

Una aceptable y esmerada coincidencia pues así se llamaba su madre terrena. De esta forma, se aúnan ambos conceptos humano y divino mediante la homonimia de ambas madres en su función nutricia.

Pero la mama femenina para el hombre egipcio de la antigüedad al igual que acontece en nuestra cultura, no sólo cumplía con los cometidos que la madre naturaleza le había destinado o con el contenido simbólico que el mito la había asignado. La poesía erótico-amorosa nos informa de que la mama femenina podía asumir ocasionalmente el papel de reclamo central en la expresión amorosa entre dos amantes, sin que hubiera al contrario de lo que se podría maliciar, un ápice de lascivia. Se trata más bien, del arte sutil del devaneo o "el tira y afloja" del juego amoroso entre dos amantes:

"(...)Estoy contigo
Y mi corazón salta de gozo.
Cuando tú estás (en mi casa)
Si no son brazos ni acaricias.
(¿Qué otra cosa puede ser para nosotros) el placer?
Si deseas acariciar mis piernas y mi (no) te (rechazaré) senos(...)
(...)¿Es qué te vas porque tienes sed?
¡Toma mis pechos!"


U otro fragmento del mismo papiro.

"(...) La boca de mi amada es como una rosa,
sus senos son como un fruto de mandrágora(...)"


Papiro Harris 500.

Por qué daban los egipcios una importancia tan grande al significado de la lactancia que sobrepasaba con creces la esfera biológica estrictamente maternal, o concretamente de la salud de una mama. Por qué enlazaban mediante cuentos o mitos sucedidos a diosas nutricias en sus propias glándulas para que posteriormente éstos revirtieran, una vez transformados, en fórmulas de curación para las madres de los hombres. Por qué hay que dar un significado especial al hecho de ver al rey tomando la leche de las ubres de una diosa vacuna o de una diosa serpiente o de los pechos de una humana. ¿Cuál puede ser el fundamento de todo esto?.

Dice Goyon, al respecto, (Rituels funéraires): "Horus, hijo de Isis y Osiris, cuyo nacimiento tiene lugar de una forma muy humana, da a luz a su hijo al cabo de diez meses, tiempo muy poco habitual pero necesario, se pensaba, para la constitución de un ser divino vigoroso y lo alimenta durante tres años. "- Pero su madre no estará sola en el cumplimiento de esta sagrada tarea; Neftis, y las diosas Uadyet y Nejbet le cuidarán como nodrizas y niñeras. Aquí se subraya plenamente ambas tareas.

Entre las múltiples aventuras que le suceden al pequeño Horus recordamos su extravío y vagabundeo en el desierto. Advertido de la ausencia de su madre y de la falta de alimento, pues ya lleva mucho tiempo sin mamar y aunque divino tiene las mismas necesidades de un niño humano, la debilidad hace presa de él finalmente. Es cuando su madre retorna acongojada a su lado y afligida diciendo:

(...)Volví para abrazar a Horus y lo encontré, al hermoso Horus dorado, al pequeño infante que no tiene padre, que había bañado la tierra con el llanto de sus ojos y la saliva de sus labios. Su cuerpo era inerte y su corazón inconsciente; los vasos de su carne ya no palpitaban. (...)Lancé un grito diciendo: ¡Desgracia para mí! Al niño le faltaba alimento: mis pechos estaban vacíos de leche e inútilmente su boca buscaba de que alimentarse. La fuente está agotada, ¡oh mi hijo!

Estela de Metternich (Metropolitan Museum of New York). Traducido de E. Drioton (Le Théâtre Égyptien).

Al igual que el niño Horus, el faraón, dios en la tierra de Egipto, necesitaba dentro del ceremonial obligado de entronización, el alimento lácteo cargado de poderes divinos que la diosa del trono, Isis, le procuraba. Esta función nutricia es asumida también por Hathor indistintamente lo que conferiría inmortalidad al entronizado. La consagración por medio de la lactancia - uno más de entre los ritos de la coronación - implicaría más que la invocación de una protección mágica de la divinidad, el tránsito desde el estado de candidato al trono al definitivo de soberano. No en vano, si Horus alcanzó la realeza fue gracias a que Isis lo amamantó. Por tanto, el soberano amamantado por las diosas regresa a la infancia para garantizar su crecimiento y su aptitud para ejercer los designios de la realeza.

Dice Leclant: en el amamantamiento tiene lugar algo más de una bebida de eternidad... se trata de una especie de iniciación.

Y por supuesto, por extensión, el monarca fallecido, consecuentemente, se beneficiaría de los mismos privilegios de renovación continuada en el Otro Mundo.

(...) Oh rojiza, Oh Corona, Oh Señora de las dos tierras de Dep, Oh mi madre, digo yo, dame tu pecho para que yo pueda mamar de él, digo yo.

Oh mi hijo, dice ella, toma mi pecho y mama de él, dice ella, para que tú puedas vivir, dice ella, y ser pequeño (otra vez), dice ella. Tú ascenderás como dos halcones siendo sus plumas las de dos ánades, dice ella(...)
Textos de las Pirámides (911-913).

En otro de estos textos de las Pirámides, amamanta Nut a su hijo Osiris el rey muerto:

"Nut la Grande coloca sus brazos sobre él, la de los cuernos largos, la de las mamas péndulas. Ella amamanta a este rey y no lo desteta". (Pirámides 1344)

Idénticas referencias podríamos encontrar en los Textos de los Sarcófagos (39-61).

En el ámbito de las divinidades y ya en las historias de la creación y del ordenamiento cósmico encontramos situaciones similares. Al niño-Sol lo amamanta una vaca en la Isla de las Llamas. Y el mismo Seth se declara beneficiario de los atributos de otras deidades y receptor del preciado nutriente. Él dice ser:

Ayer y el Mañana y la vasija de la leche que mana de la mama de Bastet.

Es lógico deducir que a causa o a consecuencia de lactación las glándulas de las lactantes egipcias sufrirían los inconvenientes más frecuentes. En la actualidad, bien podemos reconocer o creemos identificar - más apropiadamente - algunas patologías que interfieren el tiempo de la lactancia como las grietas de las areolas, las mastitis puerperales, o los abscesos mamarios. Es obvio, que estas afecciones preocupaban mucho a los egipcios de aquellos lejanos tiempos como sigue ocurriendo en nuestra época, y se socorrieran de remedios específicos más entroncados con la medicina real o porqué no decirlo de la magia y el conjuro. Hagamos una corta reseña.

Pongamos tres casos:

Otro remedio para una mama dolorosa: calamina, 1; bilis de toro, 1: excrementos de mosca, 1; ocre, 1. ( Esto) será preparado en una masa homogénea. Untar la mama con (eso) cuatro días seguidos. (Eb 810, Berlín 17)

Remedio que se debe aplicar a una mama que está enferma: parte bedet del fruto hemayt, cocer con miel; planta djaret. Untar la mama con (eso) (Berlín 18)

Remedio para echar un tumor que supura que se encuentra sobre una mama o sobre no importa cualquier otro lugar del cuerpo: granos de trigo almidonado blanco, harina de coloquíntida; harina de dátiles; natrón, jugo de dátiles fermentados. (Esto) será molido finamente y mezclado en una masa homogénea. Untar con eso. (Berlín 14)

O bien se acudía a los magos expertos quienes conjuntaban sus fuerzas para que la madre siguiera manteniendo su deber natural si se veía afectada de alguna dolencia en sus mamas. Cuando esto sucedía bastaba con acudir al Mito que cuenta los sufrimientos padecidos por la diosa Isis en los cañaverales de Jemis, y por asociación simpática al igual que ella, la madre, podría librarse de estos inconvenientes recordando aquella antigua historia.

La fórmula formalmente conocida como la Conjuro del Seno (Eb 811; 95,3-5), reza así:

" Esto es el seno donde sufría Isis en la marisma de Jemis (...) Exorcizar unas cañas, fibras de juncos, y sus estambres (todo eso) que se había traído para echar la acción de un muerto, de una muerta (...). Con esto será preparada una cuerda retorcida a la izquierda y será colocada sobre el lugar de la acción del muerto o de la muerta(...). Y decir, no provoques supuración, no produzcas picor ni sangre".

Y cuando seguían sin funcionar las medidas más socorridas dentro de la farmacopea habitual, habría que volver nuevamente a solicitar la vía de otro de los conjuros; Adolf Erman, nos lo muestra:

"Tú protección es la protección del cielo(...)de la Tierra(...) de la Noche(...) del día(...)
Tú protección es la protección de las Siete Entidades divinas,
Que pusieron la Tierra en orden cuando ésta estaba desierta,
Y situaron los corazones en el lugar adecuado(...)
Cada leche que bebas,
Cada seno que te acoja,
Cada rodilla sobre la que te asientes,
Cada ropa que te vistan,
Cada lugar en el que pases el día(...)

Indudablemente la madre debía encontrar después de su recitado cierto descanso psicológico que seguramente sería beneficioso para la abundancia y la calidad de su leche. Sabido es que una madre en pleno sosiego cumplirá con el requisito de la maternidad más satisfactoriamente.

En el Egipto de nuestros días los hábitos de la lactancia siguen en paralelo los avatares de nuestro mundo occidental. Las madres egipcias van perdiendo las costumbres alimentarias de sus antepasadas y esto se traduce en la aparición de estudios modernos mostrando profundas preocupaciones en el maremagno de las publicaciones médicas o de la salud.

Egipto sigue siendo un país conservador en sus costumbres y aún más desde luego en el ambiente rural, pues bien, paradójicamente, en este medio se viene observando un retroceso de la costumbre de dar el pecho al niño a favor de una incorporación cada vez más precoz cuando no absoluta de las leches preparadas artificialmente. El Departamento de la Salud Infantil (National Research Center, Giza, Egypt); hizo un estudio recientemente sobre la alimentación infantil entre las poblaciones rurales de Giza, en el que se observaba la precoz incorporación de alimento sólido en los primeros seis meses de vida en detrimento de la propia lactancia materna.

Ésta noticia se vio refrendada en algunos de los barrios periféricos de la ciudad de El Cairo realizado por la Universidad de California, el cual, permitió comprender cómo los patrones tradicionales en los cuidados alimentarios del lactante iban cambiando velozmente. Se modificaban según el origen rural o urbano de la madre. Sin embargo, aún quedaba algún destello de los viejos tiempos, porque la capacidad de amamantar satisfactoriamente se asumía por las madres encuestadas como un rasgo de madurez, paciencia y un gran sentido de la responsabilidad. La cantidad y la calidad de la leche dependían de la influencia de un abanico de factores: la edad del niño, el estado sicológico y físico de la madre, y por supuesto de la dieta materna. El suplemento con aguas azucaradas era muy precoz y así mismo la introducción de otros alimentos comenzaba muy pronto - después de los cuarenta días - El destete se adelantaba fundamentalmente por la enfermedad de la madre, el deseo de otro embarazo, y la creencia de que la leche materna pudiera ser inadecuada. Curiosamente el destete se veía como un período de transición no exento de peligros.

Estudios similares en la Sharqiya (Bilbeis) del Epidemiology Study Center vienen a decir que la rápida incorporación (80%) de los suplementos alimentarios a las 0-11 semanas de vida del niño es la contraria a las recomendaciones actuales.

El significado de la lactancia desde tiempos antiguos ha cambiado sustancialmente hasta nuestra época. La mujer que amamantaba a su hijo siempre había gozado del respeto de la estima y una excepcional posición en las sociedades primitivas. Los antiguos egipcios sabedores de la importancia vital de este gesto para la supervivencia y el crecimiento de sus vástagos, incorporaron las virtudes de la leche materna hasta hacerla partícipe de las costumbres y de la dieta de los niños divinos. El propio rey se mostraba en posturas propias del lactante succionando el riquísimo néctar fuente de vida eterna de las ubres de las diosas maternas como tránsito a la entronización o como alimento para proseguir con paso firme el viaje al más allá.

Pero es significativa también la consideración que la alimentación materna presta en la madurez sicológica del niño y claro está también en la madre. Cuando el niño salga del mundo confortable y poco exigente del vientre materno a otro incómodo y perturbador; el nivel de exigencia se hará más intenso. La lactancia desde los primeros momentos aliviará la sensación de pérdida. El niño seguirá percibiendo la presencia de la madre cerca de él, y a partir de ese instante, esa lejanía se verá atenuada hasta el momento en que los dos se separen definitivamente y ya no la precise biológicamente. Y cuando el niño haya enterrado en la esfera del inconsciente estas percepciones y cuando adulto formen parte del mundo del olvido; la imagen de la madre todavía se mostrará afianzada entrañablemente en el recuerdo.

A pesar del reciente decaimiento de la lactancia materna como hábito alimentario en las sociedades modernas por el acicate de la entrada de la mujer en el mundo laboral, fundamentalmente. El ahorro de un tiempo tenido por precioso, la interrupción de la actividad laboral para dedicarse a la labor de la lactancia, el avance de la legislación laboral apoyando estas medidas, etc., han paliado las dificultades inherentes al problema y han desprovisto a las madres de insólitas excusas para no proseguir con el deber materno.

¿Qué sucedería si la lactancia natural sufriera un descrédito amplio entre las madres de todo el mundo a favor de la artificial? ¿Se podría soportar el notable incremento de los riesgos para la salud del niño y por ende para su supervivencia? y por otro lado, ¿podríamos tolerar y justificar el despilfarro del presupuesto para la economía de las naciones y principalmente para los bolsillos paupérrimos de los países pobres?

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Nota del autor: Con devoción a mi hermana Isabel en su recién estrenada maternidad, a mi esposa Marisa madre también y a todas las madres del mundo para que perseveren en la idea de que la lactancia natural, es una fuente de enriquecimiento biológico y síquico para sus hijos y para sí mismas.