12 de febrero de 2014

Contra el (mi) perfeccionismo

«La grandeza humana y la verdadera compasión no vienen de sentirnos buenos, sino de sabernos malos e imperfectos y amarnos y amar con ello. Es a través de lo imperfecto como nos igualamos con los demás. Por el contrario, quienes se sienten mejores o más justos que los demás siembran como consecuencia inevitable una cierta violencia. En el fondo, todo maltrato interpersonal crece de una semilla muy simple: 
alguien que en su fuero interno o externo dice «soy mejor o peor que tú».
El escenario en el que fermenta la violencia requiere bailar una danza en la que unos interpretan el papel de perseguidores (soy mejor que tú), otros el de víctima (soy peor que tú) y otros el de supuestos salvadores (soy mejor que ambos). Juegos que sólo desembocan en sufrimiento.»
JOAN GARRIGA

Dedicado a Ondine, amiga que comparte bellezas e imperfecciones



ABRAZANDO LA IMPERFECCIÓN


Últimamente ando rumiando que el perfeccionismo es un problema muy gordo, no por sí mismo, sino por todas las zonas erróneas de las que se alimenta. En la crianza se convierte especialmente en un arma de doble filo, porque queriendo hacerlo todo "tan bien" (ser los mejores padres, no expresar ira ni perder la paciencia, elegir los mejores colegios (o no colegios), preparar las mejores comidas, practicar las mejores y  más creativas actividades, elegir los productos más sanos y más responsables, jugar todo el tiempo, hacer terapia, "iluminarnos", etc. etc. etc.) , terminamos cultivando una tensión que estropea el bienestar propio y el de nuestra familia. Además de aumentar la sobreexigencia sobre nosotros mismos y de paso, sobre nuestros hijos, imponiendo nuestra forma de ser y nuestros valores "superiores" (frecuentemente, por ejemplo, prohibiendo(nos) comer chuches o ver la televisión, te suena, ¿verdad?). Nuestros hijos no nos quieren ni nos necesitan perfectas, nos quieren como somos y nos necesitan disponibles. 

El perfeccionismo, la ambición, la valentía, el coraje en la "lucha por un futuro mejor" se nos han vendido como virtudes deseables, casi indiscutibles. Sin embargo, sin negar que a veces son útiles, que en muchos casos funcionan como energía motriz para la acción, y que en el equilibrio suele estar la virtud, me parece útil que notemos que el perfeccionismo se alimenta de-y retroalimenta a- una buena cantidad de lugares emocionales carentes o sombríos. Se me ocurren unos cuantos: 

-Incapacidad real de reconocer nuestros fallos y errores. Somos en realidad tan débiles que no podemos permitirnos flaquear, no podemos enfrentarnos con nuestras sombras sin derrumbarnos, necesitamos construirnos un personaje perfecto, a la medida de nuestro ideal, para poder funcionar. Cuando olemos que algún defecto nos achaca, nos ponemos nerviosos y nos descomponemos. 

-Incapacidad por tanto para aceptar los fallos y errores de los demás, base de toda violencia. La Biblia dice aquello de "amarás al prójimo como a ti mismo" como si fuera un mandato. Pero en realidad es lo único posible. Solo puedes amar a los demás como te amas a ti mismo, aceptarlos en la misma medida que te aceptas. 

-Necesidad de tener siempre la razón y de convencer a otros de que nuestras ideas son mejores. "Militar" en causas diversas: lactivismos, feminismos, ecologías, políticas, defensa de los animales, etc... donde buscamos un lugar, una etiqueta en la que nuestro ego se siente cómodo, más avanzado y de cierto modo "superior" a otras opciones... 

-Ansiedad por llegar a un lugar al que no llegas nunca. Siempre se puede ser mejor. Sentimiento de lucha y de alteración nerviosa perpetuas. Siempre estás en guerra por algo o contra alguien. 

-Incapacidad para vivir en el presente y disfrutarlo. Para estar presente aquí y ahora. Siempre estás haciendo planes, poniendo objetivos, analizando errores del pasado, buscando culpas o culpables, o por el contrario proyectando hacia el futuro. Mientras, el presente, lo único que es, se va yendo. 

-Insatisfacción permanente. Incapacidad general para aceptar a las cosas y a las personas tal como son. Sensación de que tienes que hacer más, llegar a más, irte a otro lugar lejos, vivir en otro sitio o en otras condiciones,  y de que la felicidad nunca llega. 

-Competitividad: El perfeccionismo se basa en logros tangibles y en un criterio único de medir los resultados. Habría un solo lugar a donde llegar. El éxito tendría una sola manera (dinero, medallas, jerarquías, etc...) de manifestarse. 

-Narcisismo:  El narcisismo en realidad es una forma patológica de baja autoestima. No es exceso de amor por sí mismo, sino su falta, que se suple con la "performance" contraria. En realidad, como nuestra percepción sobre nuestra valía personal es baja, necesitamos compensarlo a través de una necesidad excesiva de admiración y aprobación externas

-Baja autoestima: Solemos fijarnos más en lo que hacemos mal que en lo que hacemos bien. En lo que no tenemos que en lo que tenemos. En lo que nos falta que en lo que hemos alcanzado. Es quizás la base oculta y real de todos los trastornos de personalidad. 

Me ha resonado por eso tanto la frase de Joan Garriga de arriba... Es desde la aceptación de la imperfección que desarrollamos nuestra empatía y nuestra capacidad de amar y amarnos... Lo perfecto lo ama cualquiera.  He ahí el origen del fascismo y su obsesión por lo grandioso y lo perfecto. Hay que ser mucho más fuerte para decir, con Teresita, "a las cosas que son feas ponles un poco de amor"... 


14 comentarios:

  1. Bravo Bravo y Bravo...y lo poco que se disfruta por el camino?

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  2. Esplendido. Ha llegado a mi en momento justo

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  3. Me ha gustado mucho este post. ¡Gracias y saludos!

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  4. Ile, como siempre, dando donde más nos gusta. Estoy contigo pero también me perdono haber pasado por la autoexigencia y la reconozco como lo que soy, o lo que he construido para ser porque también me ha permitido llegar hasta donde estoy y ver todas estas cosas que nombras como etapas de mi vida, necesarias para amarme. Para amar a otros primero hay que aprender a amarse, es lo que debería aparecer en cualquier consultorio (del tipo que sea). Gracias de nuevo :).

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    1. Claro, tenemos que abrazar nuestra imperfección (incluido el perfeccionismo)
      :-D
      Abrazos a todas!!!

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    2. muy bueno el post! para meditar en silencio y en medio del dia a dia con nuestros hijos, gracias!

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  5. La verdad es que este post me ha hecho pensar, porque la verdad siempre he sido una persona bastante exigente y autoexigente. Creo que es hora de cambiar...

    Saludos!

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  6. Justo lo que hoy estaba necesitando, pusistes palabras a mis pensamientos, muchisimas gracias.....me quedo meditando en todas ellas.

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  7. Hola, esto no solo me resuena es mi pan de cada día. Es la base de mi trabajo personal pero q difícil esto de abrazar lo q no te da respiro. Q liberación cuando estoy en la máxima exigencia, sobre todo con mi hijo, y me digo no soy perfecta y respiro. Es un aprendizaje reciente en el que a veces descanso. Os recomiendo un par de libros que me han ayudado mucho uno sobre la intolerancia "una botella en el océano" y otra sobre la sombra en el q tb se habla del perfeccionismo "el encuentro con mi propia sombra". Los dos de enrique Martinez lozano. Y es que a veces ayuda conocer cual es la raíz de nuestra sombra que empezamos a construir en nuestra infancia, y es ahí donde la adulta de hoy abraza aquella niña con amor y compasión y puede así y sólo así ser amorosa y compasiva con los demás. Un trabajo que me temo no acaba en toda la vida. A mi lo que mas me cuesta y me ayuda es la meditación. Gracias por este blog que tanto me ha acompañado en este camino desde que me quedé embarazada. Un abrazo .

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  8. Precioso, y muy enriquecedor. En la maternidad es fácil caer en ese ansia de perfección. Por amor a los hijos, queremos que todo a su alrededor sea perfecto, incluyendo a sus padres...

    De vez en cuando es bueno hacer un alto en el camino y pararnos a reflexionar cosas como esta.

    Un abrazo.

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  9. Uff, ¡muchas gracias! ¡Me da mucho que pensar!
    Un abrazo.

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  10. Buena reflexión! lo comparto en el repaso de blogs semanal de Bebés y más. En un ratito se publica.

    Un abrazo!

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