3 de septiembre de 2014

De poderes y empoderamientos

Por Ileana Medina Hernández

El otro día publiqué un estado en la página de Facebook de Tenemos Tetas, que decía así:

«Las mujeres verdaderamente "empoderadas" aman a los hombres, aman a las otras mujeres, y aman a los niños y a las niñas.
El empoderamiento real va siempre acompañado del aumento de nuestra capacidad de amar.
El buen amor propio y el amor a los demás, son directamente proporcionales, son el mismo amor.»

Como comentario, Tania Gálvez San José me enlazó un artículo suyo, muy bueno, que quiero enlazar ahora aquí para que ustedes lo conozcan:




Su blog completo es un gran trabajo de investigación muy minucioso que vale la pena revisar, aún cuando no estemos de acuerdo en todo (yo hace tiempo que no estoy de acuerdo en todo con nadie). Le dejé un comentario allí tan largo, que voy a copiarlo aquí, y así seguimos el debate:


Gracias, muchísimas gracias, Tania, por el trabajo de investigación y búsqueda de referencias que te pegas, y por lo bien que ordenas y escribes.

A ver. En postura política, yo tengo una visión menos anarquista y "radical" que tú, quizás porque he vivido el comunismo real y desgraciadamente no creo que haya ahora mismo alternativas mejores, viables y posibles, al capitalismo democrático. En ese aspecto, apuesto más por la evolución de las conciencias individuales, grupales y colectivas, hacia reformas sociales que sin desbaratar de cuajo lo que hay, vayan haciendo que la gente pueda vivir más y mejor desde esa capacidad de decisión que tú tan bien explicas, y sobre todo, desde la conciencia: la capacidad de ver la realidad tal cual es.

En lo que sí estoy completamente de acuerdo contigo es que buena parte del feminismo, precisamente el que ha triunfado en las instituciones por eso mismo, es completamente compatible, útil y funcional al sistema capitalista enajenante. Incluso a lo peor de él: el que pretende que solo trabajes y trabajes sin dedicar tiempo ni espacio a nada más que no sea la producción y el consumo. Lo cual no tendría nada de malo, hay muchas cosas funcionales al sistema, pero ellas mismas se venden como una ideología progresista, incluso por ejemplo, mucho más cerca de la izquierda clásica que yo, y para mí eso es lo peor. Lo peor siempre es la mentira y el autoengaño. Y pretenden, y están consiguiendo a través de las instituciones públicas, vender ese modelo como el deseable para todas las mujeres y para toda la sociedad.

Obvio es que las mujeres tenemos que poder acceder a todos los derechos humanos, incluidas las instancias de poder, en igualdad de condiciones con los hombres, y que aún estamos lejos de ello, pero,
una vez logrado eso, ¿qué? ¿cambiaremos en algo al mundo? No, si lo único que hacemos es simplemente acceder a los puestos de poder masculinos, para seguir ejerciendo el poder al estilo patriarcal.

Para mí es tan obvio, que no sé como un sector importante del feminismo puede ser tan ciego. Van de "progres", y solo se miran su propio ombligo, sus propias batallitas personales de "su derecho" a ser soltera, a no tener hijos, a no criarlos o delegar su crianza, etc... como si alguna ley se lo impidiera.

Pero están lejos de una visión de conjunto social. Cuando su pensamiento se generaliza al análisis social, a mí me parece hasta peligroso. Vale, muy bien. Por supuesto que toda mujer tiene derecho a no tener hijos. Pero ¿qué pasaría si esa conducta se generalizara para todas las mujeres? La humanidad desaparecería. A nivel social y colectivo pues, esa no puede ser una condición deseable. Puede existir y debe ser totalmente respetada mientras sea minoritaria, pero no puede ser algo generalizable a todas las mujeres. Y si no puede ser generalizable, para mí no es algo a lo que haya que dedicarle tanto tiempo, energía y recursos en la "cosa pública". Es un asunto privado respetable y ya. Pero la protección de la maternidad, de la crianza y de los niños y niñas, por ejemplo, ¡sí que necesita urgentes cambios de legislación, recursos, tiempo, investigación, debate y dinero de la "cosa pública"! De ahí que no me parezcan ambas cosas comparables.

Con respecto al concepto de "empoderamiento" es que depende de lo que entiendas por PODER. Y buena parte del feminismo sigue entendiendo el poder al estilo masculino: poder basado en la jerarquía, la autoridad, la propiedad, el dinero, el estatus, la capacidad de influencia sobre las personas, etc... Entonces su lucha por los derechos consiste en "déjame ponerme ahí a mí también". Que no digo que no sea respetable, pero es a todas luces insuficiente. 

Para mí el poder desde luego no es el poder que estamos acostumbrados en la sociedad patriarcal, asociado a la jerarquía, el dominio, la propiedad o el dinero. Tampoco la que me temo es la acepción que más se está usando últimamente entre las feministas: hacer lo que me da la gana, lo que quiero, cuando quiero y como quiero. 
Porque si a todas y todos lo que nos diera la gana fuera no parir, o asesinar gente, o dejar de cuidar a niños y a ancianos, o no tener sexo, etc... eso yo no lo vería como un empoderamiento. 

Creo que ese concepto de empoderamiento como "hacer lo que quiero" le falta ver las condicionantes tanto sociológicas, políticas, como grupales, familiares, psicológicas, etc... que hay detrás de "lo que quiero". Le falta el contexto. Porque cuando el contexto es inhumano, a la gente le puede dar por querer cosas inhumanas. Que aunque egoístamente parezcan empoderamiento, a nivel colectivo puede ser perjudicial. Y tampoco me refiero a sacrificar el individuo al colectivo. Sino a darnos cuenta de cómo determinadas prácticas e ideas sociales nos llevan a desear o querer cosas que van contra nuestra propia existencia como individuos y como especie. 


Para mí el poder o poderío interior, individual, va relacionado con el crecimiento personal, la conexión con nuestro verdadero yo integral, la identificación de lo inconsciente que nos frena o nos ata, de nuestros miedos y emociones, nuestra indefensión aprendida, nuestras carencias afectivas, o sea, con que nuestra unión mente-cuerpo trabaje en todo su potencial. Y eso, va directamente relacionado con la salud, y también con la capacidad de amar y de cuidar, por cierto. Y de amarnos y de cuidarnos, que es la misma. 
Y para mí es lo único que puede unificar verdaderamente la felicidad personal (el interés individual) con la felicidad colectiva (el interés común). La naturaleza no está tan equivocada como para que nuestros deseos, goces y placeres individuales no puedan ser compatibles con la permanencia de la vida en toda su extensión.

Buena parte del pensamiento feminista y queer (tengo pendiente leer bien a Beatriz Preciado) intelectualiza y generaliza filosóficamente lo que en el fondo solo parece una pataleta del tipo: acéptame como soy, no me excluyas. ¡Y yo claro que te acepto y defiendo todos tus derechos! Sin menospreciarte ni siquiera marcarte como diferente. Empiezo y parto de ahí. Y te acompaño en tu lucha por ello, donde haga falta.  No hay que restar de ninguna manera importancia a esa demanda de aceptación, igualdad de derechos e integración. Pero cuando se extienden a filosofar en general, a negar el cuerpo, la biología, etc... a mi juicio caen en posturas muy peligrosas, que rayan en la robotización, el útero artificial, la extinción humana, la negación de la importancia de lo afectivo... ya ni contar en relación con el cuidado de los niños pequeños, la maternidad y la crianza que ven como una "esclavitud" (de ahí que tenga que ser remunerada) y no como algo que puede ser gozoso en condiciones psicosociales de confort, ni ven la necesidad de tiempo, cariño, presencia y cuerpo maternante hacia los niños y niñas, como una prioridad de la especie humana para ser más libre y más feliz.

Me temo que el punto de contacto es difícil, porque cada una generaliza su experiencia personal. Y todas las experiencias personales son válidas. Pero la discusión pública sería sobre qué es aquello que la sociedad debe potenciar o al menos permitir... La igualdad de derechos, sí. La presencia de la mujer en todas las instancias, también. La conciliación laboral y familiar también. La crianza presente también. Y si me apuras, la reducción de la jornada laboral como algo inminente, también. 

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