27 de octubre de 2017

Mis 10 mandamientos

(Es que, Jodo, caramba, 83 son muchos, los judíos sabían que incluso 10 ya son difíciles de cumplir.) Todo el mundo tiene los suyos, pues he aquí los míos:



1.- Salir a la naturaleza: La vida nos llega a través de la madre, pero ella no es más que el eslabón entre nosotros y la naturaleza, el canal a través del cual la materia se hace en nosotros . La naturaleza es la madre, la madre es la naturaleza. Si algo puede reparar el amor que nos falta, rellenar los vacíos crónicos, hacernos llegar la energía que necesitamos, es la naturaleza, la Fuente. La naturaleza es la que provee y nutre, en todos los sentidos. De ahí viene el alimento físico y espiritual. Respirar aire puro, abrazar los árboles, enraizar los pies desnudos en la tierra.

2.- Amar el agua: El agua es yin, y la sociedad en que vivimos padece un exceso de yang. El agua limpia, purifica, relaja, se lleva la mierda, literal y simbólicamente. Mares, ríos, lagos, manantiales, lluvia, piscinas, spa, chorros, bañeras, duchas... meternos cada vez que podamos en el agua. Del agua venimos. En el agua surgió la vida. Los monos de los que evolucionamos y los primeros humanos probablemente vivían cerca de los ríos y en las marismas. Las primeras ciudades se fundaron a la vera de los ríos. En el paraíso intrauterino flotamos en líquido amniótico. Un mar calentito y calmo es amnios reparador.

3.- Escuchar música: La música, como el agua, es fluido y nos permite fluir. La música nos conecta con los ritmos del universo, desde los tambores que imitan los sonidos del corazón, hasta las complejas filigranas de Bach o Mozart que expanden el espíritu y el plexo solar. Dicen que la música es la única de las artes que llega directo al corazón sin paso necesario por la mente. La música tiene propiedades curativas, alinea las energías, moviliza el cuerpo, mueve y conmueve.

4.- Cultivar el sexo: La energía sexual y la energía vital son la misma. La civilización humana se basa en una gran represión sexual, necesaria para el funcionamiento de la dominación. A los bueyes se les capa para que trabajen mejor. El sexo libera, conecta y sana. Moviliza todas las hormonas de la felicidad. Es un arte que debe cultivarse, y no solo físico. El sexo no es performance ni gimnasia. La intimidad sexual es intimidad emocional. El sexo se disfruta, nos cura y nos transforma cuando va acompañado de conexión emocional. No me refiero a amor (al menos no en el sentido romántico) ni a fidelidad. Sino a verdadera conexión, apertura de almas, confianza, seguridad, aunque sea ocasional. (Intuyo que se logra mucho mejor cuando se crece durante años con la misma pareja, o al menos esa ha sido mi experiencia.)

5.- Bajar al cuerpo: Claudio Naranjo y Christiane Northrup definen el patriarcado como la separación cuerpo/mente. La civilización a la que pertenecemos vive escindida. La escuela se dedica a cultivar la mente y las labores intelectuales son mejor pagadas y consideradas superiores a las labores físicas. Practicar deportes, mucho menos si son competitivos, no significa necesariamente atender al cuerpo. Bajar al cuerpo es vivir en él, habitarlo, sentirlo, conocerlo. El cuerpo es el lugar donde habitan las emociones, donde se acumulan los traumas (aunque los olvidemos) y donde se manifiesta el inconsciente en forma de enfermedad. No se trata tanto de domar el cuerpo como de amarlo tal cual es y sentir en él. Sentir.

6.- Ser consciente: Intentar estar presente en cada momento, y ser consciente de lo que hacemos, de lo que decimos, de nuestra postura corporal, nuestra respiración, nuestros miedos, nuestras verdaderas motivaciones para actuar como actuamos. El miedo está a menudo solapado detrás de muchos de nuestros impulsos. Meditar es todo aquello que hagamos siendo conscientes. Está de moda ahora el mindfulness, que intenta enseñar esto. No se basa tanto en concentración hacia afuera como hacia adentro. Hacer lo que estamos haciendo, estar aquí y ahora.

7.- Construir vínculos: El estudio más serio y extenso que se ha realizado hasta ahora sobre la felicidad, en la Universidad de Harvard, concluyó que felicidad es igual a amor. Que la felicidad depende de la capacidad de amar y ser amado. Se asocia a menudo la espiritualidad a vivir o meditar en soledad, pero eso es fácil :-) Lo verdaderamente difícil es construir vínculos de calidad. Pulir las fricciones con los otros, o sea, con determinadas partes de nosotros mismos. Reconocernos en el otro, descubrir lo que nos causa rechazo, ira, asco, miedo. Cuidar de otros. Descubrir nuestra capacidad para dar o estar con los otros, para acompañar sin juicios, para nutrir emocionalmente a otros o dejarnos nutrir. Si existiera algún "barómetro" para medir el desarrollo espiritual yo diría que es la calidad de los vínculos humanos que seamos capaces de establecer, la capacidad de amar, en real, día a día, no en abstracto.

8.- Honrar la infancia: Sea en nuestros hijos, en los hijos de otros, o en nuestra niña interior, el amor por los niños es directamente proporcional al amor propio. La infancia es la edad de oro de los humanos. Infancia es espontaneidad, alegría, sabiduría innata, libertad, libro en blanco donde todo es posible. El cuarto mandamiento bíblico debería ser cambiado por este, honremos a la niña que fuimos, a la que somos, a la que habita en nosotras. A la que no ha sido domesticada ni dañada por la cultura autoritaria. A la inocencia. A la verdad interior que clama por ser liberada de las normas y los límites impuestos. A la posibilidad permanente de renacer.

9.-Aceptar lo que ocurre: Aceptación no es resignación. Es serenidad, calma, seguridad. Es contemplar el mundo como si lo viéramos desde fuera, desde lo alto, comprendiendo el mapa de las fuerzas y energías, y saliéndonos del matrix de la dualidad del bien y del mal. Es salirnos nosotros mismos de estar siempre en un bando, negando el otro. Es no dejar que los acontecimientos nos dominen y provoquen en nosotros desasosiegos, miedos, iras, reacciones inmediatas. Aceptar es comprender que el mal puede disfrazarse de bien, o convertirse en bien, y viceversa. Que todo muta. Que a veces "Dios escribe derecho con renglones torcidos". Que los enemigos se parecen mucho entre sí, se retroalimentan y vibran en los extremos de la misma cuerda. Que todo es un continuum y una unidad. Que la realidad es la que es, y podemos atrevernos a mirarla con objetividad sin derrumbarnos. Que no hay nada que maquillar, negar ni rechazar. Aceptar es contemplar. Comprender. Confiar.

10.- Ser normal: Se puede ser único -de hecho todos los somos- y ser "normal". El mundo "normal" no es un desfile de seres grises, sino un desfile de muchos fueguitos individuales, cada uno único en fuerza, luz y color y a la vez formando parte del fuego total. La diversidad es lo normal. Los genios que salen a comprar el pan o los grandes artistas que cultivan el anonimato lo saben bien. Si existen los iluminados, no están todo el día en la tele ni en un púlpito, estarán probablemente haciendo un trabajo sencillo en un lugar sencillo. Se puede ser auténtico y arder con luz propia en el supermercado, en la oficina, en el metro o en la cola del paro. Vivir con luz en el mundo real. De hecho, la "normalidad" es la única que pone a prueba que nuestro fuego interior es de verdad auténtico, poderoso, inextinguible, con independencia del contexto. La búsqueda deliberada de la fama o la exclusividad revela ego no satisfecho. La exclusividad es separación y la separación duele. La unión con el todo, ser y ser en armonía con el todo, expande, alivia y cura.


Mis otros décalogos:

10 cuestiones de sexo que no sabía a los 20 años

"Décalogo de la madre feliz"

1 comentario:

  1. Y amar a un animal, a un perro, a un gato... tambien los animales son amor

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