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5 de abril de 2010

La lactancia y el vínculo madre-bebé

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Este artículo, escrito magistralmente por la psicóloga Yolanda González, fue publicado en 2008 en el número 1 de la Revista Criar, editada por la Asociación Criar con el Corazón, que se puede leer completa y gratuitamente aquí:

http://issuu.com/meisi/docs/criar_num1?mode=a_p

Es absolutamente recomendable, tanto para las madres que amamantan, como para las que no. Es un buen resumen de los temas más importantes de la crianza: la lactancia, el apego, la mirada, el llanto, el sueño...

Disfrutadlo:


La lactancia y el vínculo madre-bebé, por Yolanda González

«El amor, el contacto emocional, la empatía, son conceptos fundamentales para dar sentido a la primera relación y más privilegiada de un ser humano: la relación madre-bebé.

Socialmente, se parte del "supuesto" de ofrecer la suficiente cantidad/calidad de amor de padres-madres a hijos. Sin embargo, no siempre lo que creemos dar es lo que logramos transmitir y sobre todo, no siempre coincide con las necesidades de los receptores: los más pequeños. A veces, estamos demasiado ocupados en otras exigencias cotidianas y nos alejamos de "contactar emocionalmente" con las demandas afectivas de nuestros hijos. Sin embargo, su necesidad insaciable de amor requiere de una continuidad estable para la constitución del vínculo afectivo, continuum que debe estar presente como expresión firme y como hilo conductor durante todas las etapas del desarrollo psicoafectivo infantil. Todos los períodos de este proceso de crecimiento son importantes: el embarazo y el parto son la base, pero no menos esenciales lo son los primeros siete años de vida para la consolidación de una mínima base de salud bio-psico-social.

Partiendo de esta premisa de continuidad, vamos a centrarnos en el CÓMO de la Lactancia, en este caso natural (siendo extensible a la artificial).

El AMAMANTAMIENTO (Oralidad), representa además de un factor nutritivo saludable a nivel global, la posibilidad de continuar con el "Contacto" que le da seguridad cuando accede al mundo exterior. Es la posibilidad de ir creando un vínculo afectivo seguro, en base a la "interacción" que activamente mantiene con su madre. Stern y otros autores, hablan del diálogo que inician los bebés y secundan las madres de forma armónica o disarmónica. Pero sobre todo, representa la potencialidad de ir experimentando "experiencias de PLACER":

Si el parto es una experiencia sexual, la lactancia es la expresión primera de la sexualidad en la experiencia de un ser humano. Sin entrar a citar autores, ni profundizar en esta fase del desarrollo, "la oralidad" que se inicia con el contacto de la boca del bebé en el pecho materno le permite satisfacer no sólo una función nutritiva sino también y, sobre todo durante los tres primeros años, una gratificación de su necesidad de placer. Si esta experiencia oral con la doble función señalada tiene un hilo conductor estable de permanencia en torno al placer, paralelamente el bebé podrá ir integrando una percepción del mundo externo cada vez más positiva y menos amenazante. Porque, realmente, la oralidad es también una forma de exploración del mundo exterior que de forma natural comienza con el propio pecho materno, se extiende más tarde al rostro de la madre y luego al entorno. Y así progresivamente se irá estructurando su psiquismo, en base a progresivas experiencias que pueden ser placenteras o displacenteras, en función de la relación vincular que establezcan el bebé y su mamá. Muchas manifestaciones psicopatólogicas en edades posteriores (relacionadas con síntomas diversos) podrían evitarse si hubiera un buen abordaje durante este período de la lactancia natural.

Continuando con el establecimiento del vínculo, también LA PIEL es un continente que necesita ser recorrido a través de caricias, masajes y del contacto epidérmico directo del cuerpo materno y del pequeño. Es importante porque permite al bebé ir reconociendo sus límites/fronteras corporales respecto al exterior. Sin embargo, la realidad es que tocamos poco a nuestros bebés: numerosas publicaciones como por ejemplo ésta, afirman que: "los españoles miman poco a los bebés" (D.V.) por temor a malcriarlos. Y paradójicamente, como sabéis, recientes investigaciones (Baylor College of Medicine) han descubierto que los niños que reciben pocas caricias y tienen pocos estímulos "desarrollan cerebros entre el 20% y el 30 % más pequeños que lo normal para su edad". También se ha corroborado que la falta de interacción activa madre-bebé (o sustituto) es nefasta en los primeros años de vida: madres depresivas tienen bebés con un nivel más bajo de pautas de actividad cerebral; es lo que se denomina "cerebros tristes".

Dentro de esta progresiva estructuración biológica y psicológica, LA MIRADA es otra función vital para el desarrollo de la salud no suficientemente valorada. Durante la lactancia, los bebés necesitan mirar, enfocar, disfrutar de los ojos maternos para ir progresivamente saliendo de la indiferenciación (yo-no yo) que los caracteriza. Durante el amamantamiento, no hay mayor atracción para el bebé que los ojos maternos. Quedan embrujados y también nos embrujan con su genuina mirada. La mirada es presencia, contacto emocional, reconocimiento de la existencia del otro...

De esta forma:

-La oralidad

-El contacto ocular

-El contacto epidérmico

-Y la presencia afectivo-emocional-energética, van progresivamente consolidando una relación estrecha entre madre-hijo, que se expresa a través de la manifestación del Vínculo.

Hay numerosos estudios en el reino animal (monos Rhesus) y la especie humana ("hospitalismo"), que demuestran que cubrir las necesidades físicas primarias (alimento, sueño, higiene...), si no van acompañadas de contacto físico, seguridad emocional y amor, genera serios trastornos en el comportamiento, como son, entre otros: actitudes de retraimiento, aislamiento, depresiones, y un largo etc., además de un profundo sufrimiento emocional. Someramente, podemos afirmar que el vínculo tiene una base biológica que cumplió un mecanismo de protección primaria: la garantía de supervivencia de la especie.

En nuestra especie, es un largo proceso que se caracteriza por una relación asimétrica: el adulto "debe" adaptarse al ritmo biológico del bebé para favorecer el vínculo seguro, y no a la inversa como algunos manuales pediátricos todavía a veces aconsejan.

La característica más sobresaliente del vínculo, es la tendencia natural a lograr y mantener un cierto grado de proximidad corporal con respecto a la figura de apego, que permite contacto físico y sensorial ocular privilegiado, es decir vigilancia con la mirada por parte del bebé-niño de los movimientos de la figura vincular.

Otra característica es su jerarquía: esto significa que existe una preferencia por una figura de referencia que luego se amplía progresivamente. Generalmente esta figura recae en la madre biológica, si es la que otorga los cuidados y la atención emocional adecuada.

¿Qué posibilita y cuál es la función de esta base segura a nivel evolutivo que proporciona el vínculo? Basicamente la posibilidad de exploración del mundo exterior. Sólo exploramos si estamos seguros. Aunque la teoría del attachment afirma que comienza a observarse en nuestra especie a los 12 meses de vida con el inicio de la locomoción, se observa mucho antes en la relación madre-bebé.

¿Cómo intenta mantener el vínculo el bebé que interactúa activamente con su figura vinculante?

A través de dos manifestaciones emocionales:

1.La sonrisa: buscando activamente la interacción con el adulto

2. El llanto: cuando desaparece el otro de su campo visual.


El LLANTO es su gran y única expresión no verbal para transmitir sus necesidades internas y afectivas.

Cuando un bebé ve amenazada la estabilidad del vínculo, aunque sea en separaciones breves maternas, se establecen tres etapas de respuesta ante la separación (descrita por varios autores), que manifiestan la vivencia de desolación temporal que vive el pequeño:

VIVA PROTESTA: a través del llanto.

DESESPERACIÓN: si continúa la ausencia no deseada

RETRAIMIENTO: son los bebés buenecitos, pasivos que ya no protestan.

La respuesta altamente adaptativa es la primera: busca el reencuentro con su vínculo afectivo, para recobrar la seguridad y poder volver a explorar el mundo.

Sin embargo, el llanto del bebé no es interpretado según su código no verbal. Es algo que personalmente me llama mucho la atención y no deja de despertarme sorpresa y malestar pese a haberlo observado demasiadas veces en la vida cotidiana. Afortunadamente, en la consulta los padres-madres están en disposición de una mayor apertura para leer el mensaje emocional del llanto de sus bebés.

¿Qué expresa? ¿Por qué nos cuesta tanto entenderlo y a veces atenderlo?.

El llanto no es otra cosa que una llamada de NECESIDAD. Y digo necesidad porque decir llamada de atención, suele malinterpretarse con peligro de malcriarlo. Es una llamada de necesidad para mantener íntegra su confianza en sí mismo y en la vida.

Una revista prestigiosa americana, publicaba textualmente "si un bebé de 2 o 4 meses llora por la noche, no necesita comer. Hay que dejarle llorar de 5 a 10 minutos, pues tiene que acostumbrarse a dormir. Para ello, no hay que cogerlo en brazos. Hay que ayudarle a que "entienda" que debe estar en la cuna y no en brazos de sus padres." En la misma línea va el libro "Duérmete niño" tan vendido y cada vez más aceptado socialmente. Esto entronca con lo que planteaba al inicio de mi exposición: los bebésy niños son vividos en demasiadas ocasiones como un "estorbo" para nuestra vida cotidiana tan ocupada, y máxime cuando no se respeta la necesidad de la madre de "NO" conciliar trabajo y maternidad como ideológicamente y socialmente se pretende. Es decir, puesto que no somos máquinas, si debemos trabajar por falta de una política laboral adecuada que fomente y reconozca la función maternal durante los primeros años de crianza, es casi seguro que libros como el citado sean un best-seller por propia supervivencia (trabajar y no dormir son incompatibles por sentido común).

A través de recomendaciones como la de dejar llorar para que aprendan a dormir, se aborta "la fase de protesta" tan esencial, para el logro del reencuentro necesario por parte del bebé.

Afortunadamente, la sensibilidad de muchos padres y madres, lleva a desoír semejante consejo cultural que carece de fundamento para la seguridad afectiva del bebé.

La O.M.S. retoma el sentido común, o la capacidad de contacto con las necesidades de los bebés, diciendo textualmente:

"cuando un bebé llora entre un amamantamiento y el otro, el motivo no acostumbra a ser el hambre. Por el contrario, es una llamada de atención, para recibir mejores cuidados y más mimos" (¡!). Y continúa, en definitiva "pide que le tengan en brazos más amenudo".

Sin embargo, la presión social y cultural contra el ejercicio del cuidado natural, es enorme en la actualidad. De ahí la importancia capital de los grupos de "apoyo a la crianza" y de las "escuelas de padres." En mi experiencia profesional, es el lugar donde los padres se sienten apoyados, reconfortados y reforzados en su función paternal-maternal. Es una auténtica experiencia de prevención y de promoción de la salud infantil. Y, personalmente, la más gratificante.

¡Cuántas consultas posteriores podrían evitarse si durante los primeros años de vida prestáramos la atención adecuada al desarrollo psicoafectivo infantil!

Finalizo señalando que no debemos olvidar que el bebé-niño, es un ser vulnerable y dependiente de su entorno afectivo. Y que esta característica, NO es ninguna deficiencia, sino un requisito indispensable para poder garantizar la recepción de nuestra atención afectiva, la estructuración de su carácter, y la formación de un vínculo seguro y satisfactorio, garantía para la constitución de posteriores vínculos adultos.

En definitiva, la lactancia materna prolongada y a demanda (más allá del año y preferiblemente hasta los tres aproximadamente), cuando se realiza respetando el ritmo y las necesidades afectivas del bebé, es una de las capacidades emocionales y biológicas que debemos preservar en beneficio del desarrollo saludable del bebé-niño, en el plano corporal, emocional y social.

Es un reto para la sociedad en su conjunto (instituciones, profesionales y usuarios: requiere un cambio de actitud) mirar la primera infancia desde el enfoque de la salud. Esta nueva mirada, exige como condición un abordaje integral comunitario, desde el embarazo, a través del parto y por supuesto durante todo el proceso de crianza.

Reivindiquemos que la lactancia materna y el vínculo amoroso sean la guía para la recuperación del simple y valioso sentido común o capacidad de contacto durante la crianza.

Luchemos por recuperar el derecho de todo bebé-niño a ser respetado en sus necesidades de amor y de ritmo madurativo.

Confiemos en que los pequeños saben mejor que nadie su camino. Sólo desean ser acompañados, protegidos y respetados... y adquirirán la confianza suficiente para sumergirse en la vida.»